Homilía Misa Exequial Papa Juan Pablo II

JUAN PABLO II – MISA EXEQUIAL

Homilía de monseñor Mario Maulión, arzobispo de Paraná en la misa exequial de Juan Pablo II (Catedral de Paraná, 7 de abril de 2005)

Queridos hermanos:

En esta jornada todo el mundo es como un gran templo en el que nos unimos a Jesús en la fe celebrando la Eucaristía para acompañar (nosotros a la distancia) el doloroso y piadoso momento de la sepultura de nuestro querido Papa Juan Pablo II.

1. “Se mantuvo firme como si viera al Invisible…” (de la carta a los Hebreos). La descripción que la Carta a los Hebreos da de Moisés tiene una aplicación exacta a Juan Pablo II.

Moisés fue el conductor de un pueblo en camino hacia la libertad, de un pueblo por momentos rebelde a Dios, reacio a la libertad, hostigado por culturas diversas y por poderes colaterales. Un pueblo proclive a mimetizarse con ídolos atractivos.

Moisés fue el pastor que lo condujo, lo corrigió, lo reprendió, lo consoló, le alentó la esperanza y la cultivó. Fue la esperanza de ese pueblo, en el Señor.

“Como si viera al Invisible…” marca las dos facetas de Moisés: la constante mirada al Señor, siempre invisible a sus ojos, y la firme y serena conducción de un pueblo cuyo recorrido señaló, recorriéndolo él mismo, al frente de su pueblo, como guía, como modelo. Siempre avanzando “como si viera al Invisible…”

2. Juan Pablo II así vivió su pontificado. Con fuerza intensa, con incuestionable vigor, con dedicación constante e infatigable, cumplió la consigna de los Papas: siervo de los siervos de Dios.

Su servicio fue su oración, su magisterio, su conducción pastoral su incansable y agotadora misión de ir, literalmente, a todos los confines de la tierra.

Su servicio fue igualmente su cercanía a cada hombre. Cumpliendo como Papa la consigna dada por él mismo, Juan Pablo, a la Iglesia: “el camino de la Iglesia es el hombre”. El término concreto y singular (el hombre) tiene mayor fuerza y riqueza que “la humanidad” o “los hombres”. En estas últimas palabras pueden resonar algo impersonal o masivo. Por el contrario,  Juan Pablo buscó a cada hombre, como pudo y cuanto pudo. Así lo hizo. Así lo enseñó a obispos, a sacerdotes, a religiosos, consagrados, laicos.

3. “Tú, Pedro, una vez convertido a mí confirma en la fe a tus hermanos”. Jesús lo había pedido para Pedro.

También lo pidió y lo realizó con su sucesor Juan Pablo II. Como Papa confirmó en la fe a los hermanos: a sus hermanos obispos, a los presbíteros, a los consagrados, a los laicos.

Confirmó en la fe que es la seguridad de lo que no se ve, es la vida escondida en Dios y la visión de la realidad en Dios, para ser manifestada a el mundo, en la plaza y en la calle.

Escondida en Dios, manifestada al mundo.

Es la visión en Dios, en el misterio del Señor Jesús, a Quién él abrió su corazón e invitó a todos los hombres a hacer lo mismo: “Abran el corazón a Jesucristo”.

4 La enseñanza de Juan Pablo II nos llevó, paseando y recorriendo como las avenidas del Misterio, a Jesucristo, Salvador, Señor de la Historia. A Jesucristo que a los hombres frecuentemente huérfanos nos anuncia al Padre, rico en misericordia. Y a los hombres desorientados el Papa nos llevó a poner la segura mirada en el Espíritu, que es el Señor y que es el que hace vivir. Nos llevó a la profunda dignidad del trabajo en “Laborem Exercens”. Su gloria, sus riesgos. Nos llevó a considerar La indispensable vinculación entre Evangelio y cultura. Nos impulsó a poner filialmente la mirada en María, sostén y modelo de fe del creyente. Nos alentó a la misión, como una dimensión esencial de la vida de la Iglesia.

5. Y desde este recorrido por el Misterio escondido en Dios, nos llevó a la presencia activa en el mundo, anunciando y enseñando a anunciar su Evangelio, que es siempre una buena noticia para el hombre que la espera y para el que no la espera. Por eso tuvo y nos enseñó a tener una mirada profunda en lo social en esas dos magníficas encíclicas: “Solicitudo rei socialis” y “Centesimus anus”.

Caminó y nos enseñó a recorrer el camino que penetra hasta descubrir el “Esplendor de la verdad”, de la verdad que libera al hombre, para sumergirnos con emoción, con contemplación, con cuidado y también con preocupación y sufrimiento, en el maravilloso misterio que es la vida que es realmente la Buena noticia, “Evangelio de la vida”: la familia, la vida, toda vida en particular la más frágil, la más expuesta, la más castigada.

6. La verdad, la vida, la solidaridad, el dolor, son los distintos recorridos que el creyente tiene que realizar y manifestar en su vida. Desde el Misterio de su vida escondida en Dios hacia la manifestación al mundo, a hombre de buena voluntad.

La vida, la verdad, la solidaridad, el dolor son, y han de ser, el camino de la Iglesia. Para vivirlo, para recorrerlo, para anunciar y realizar en ellos la misión dada por Jesús. No son, como puede parecer a veces, enunciados abstractos. Por el contrario, o alcanzan a hombres concretos o se reducen a palabras y abstracciones.

El Papa nos recordó vigorosamente la dignidad de cada persona: de los que viven, los que están buscan la verdad, lo que la ocultan o tergiversan, de los que están sometidos, de los que sufren de los que viven y quieren vivir y de los que sufren la agresión contra la vida. Siempre son seres concretos, de nombre y apellido singulares, con historias distintas e irrepetibles: son personas. No son ni números, ni estadísticas que pueden ser importantes y necesarias hasta para actuar, pero que no agota la realidad de cada ser que vive, sufre, espera, ansía, busca. Son amores personales, ilusiones, dolores, tragedias, expectativas siempre personales, siempre únicas, nunca repetidas.  Para todos y cada uno de estos hombres concretos es la persona de Jesús y su  Evangelio. Cada uno de estos hombres es el camino de la Iglesia. El que Juan Pablo II, siguiendo a Jesús, recorrió y enseñó a recorrer.

En su Carta Al acercarse el tercer milenio nos recordó el valor del tiempo y la eternidad y, sobre todo, nos impulsó al examen de conciencia, tanto en forma personal como Iglesia, a la búsqueda de reconciliación, al humilde y sincero pedido de perdón, como lo hizo en distintas oportunidades y con distintos destinatarios. Y nos enseñó que la paz es el resultado de la reconciliación. Perdón por las faltas contra las personas, contra la unidad, contra la dignidad del hombre y reconciliación. Búsqueda constante de reconciliación. Los conflictos nos separan. El perdón y la misericordia reúnen. “La expresión más honda de la justicia es llegar a la caridad que se hace perdón”. Son palabras de él.

Y al comenzar el nuevo milenio nos impulsó nuevamente hacia el hombre en esa síntesis de trayectoria pastoral para toda la Iglesia que es su carta “Tertio Millennio Ineunte”.

7. Escuchamos en la primera lectura bíblica: “la riqueza del hombre es su prudencia”.

La lectura del Apocalipsis nos mostraba el Cielo Nuevo en el cual ya está entrando Juan Pablo II.

El Evangelio nos traía el diálogo de Jesús Resucitado con Pedro,  en el que se ratifica el encargo que le hace. Esto nos lleva a mirar a Juan Pablo y su vida como Papa, preparada por su vida anterior y desarrollada como Sumo Pontífice en un dialogo como el de Jesús con Pedro, que podemos señalar como el examen de amor y la prueba de amor:

“¿Me quieres?

‘Sí!

¡Apacienta a mis ovejas!”.

Su vida fue el cumplimiento de una misión realizada como expresión de obediencia y de opción amorosa por su Señor: “¿Me quieres? ¡Sí! ¡Apacienta…!” Irás, a dónde no esperas ir, y siempre atado al Señor.

8. Lloramos a este Papa formidable porque se nos fue un padre. Como Jesús lloró a su amigo Lázaro. Y le agradecemos al Señor por el Papa que nos dio a nosotros, a la Iglesia y al mundo.

Al sepultar sus restos mortales recordamos las palabras del Apocalipsis: “…sus obras lo acompañarán para siempre…”Esas obras son su vida y su enseñanza. De esas obras brota también el compromiso que el Señor nos está pidiendo. Lo que el Papa hizo y enseñó es un camino y un estilo de acción eclesial que estamos estimulados a adoptar. Un compromiso personal, diario, intenso, en el encuentro personal con Jesús. Y un compromiso diario, intenso y fuerte de presencia activa, servicial en el mundo.

Como argentinos, agradecemos al Señor todo lo que el Papa hizo por nosotros. Por su intervención nos libró de una guerra con Chile que hubiera sido  atroz. Nos acompañó en los difíciles momentos de  la guerra en Malvinas. Y recorrió nuestro país, también aquí en Paraná, dejándonos no solamente un recuerdo simpático, sino una invitación a recorrer. Por eso, como creyentes y argentinos, sentimos su partida pero agradecemos al Señor por el regalo que, con Juan Pablo, nos ha hecho a todos.

Juan Pablo, pastor de la Iglesia.

Totalmente de Cristo para hacer a la Iglesia totalmente para el hombre.

Juan Pablo, totalmente de María, Estrella de la Evangelización, Madre de la Iglesia.

Totalmente de María, por eso, totalmente de Jesús. Totalmente para el hombre. Totalmente misionero.

Con María, mujer siempre orante, encomendamos al Padre Dios a nuestro querido Papa Juan Pablo II para que lo ponga junto a su Hijo Jesús que, seguramente, le está diciendo en la eternidad a la que ha entrado, las mismas palabras que dijo en el Evangelio: “Siervo bueno y fiel, entra al descanso de tu Señor… porque distribuiste a tus hermanos la ración necesaria en el momento oportuno”.

¡Amén!

Mons. Mario Maulión, arzobispo de Paraná

Homilía Iniciación del Pontificado de Benedicto XVI

INICIACIÓN DEL PONTIFICADO DE BENEDICTO XVI

Homilía de monseñor Mario Maulión, Arzobispo de Paraná en la Misa por la iniciación del Pontificado de Benedicto XVI (Iglesia catedral, 24 de abril de 2005)

1. Hace tres semanas, la Iglesia extendida por todas partes, unida a innumerables hombres de buena voluntad de todo el mundo, se sintió y se vivió unida, acompañando la enfermedad, la agonía, la muerte y la sepultura del querido Juan Pablo II. Hasta el último instante de su vida terrena, hasta la culminación de su existencia humana, él fue testigo de Jesús, maestro por su palabra y, sobre todo, por su vida, fue un hermano cercano a todos, un hombre entre los hombres, y para el creyente, un abnegado padre y propulsor de la fe. Vivimos esos momentos y esa experiencia de dolor por la partida de alguien a quien, con muchísimos  hombres, lo sentíamos parte de nuestra vida.

Fueron momentos, también, de una serena esperanza, porque el clamor con que él inició su pontificado (“Abran el corazón al Redentor”) fue la expresión de su propia vida: abrió su corazón al Redentor y, así, entró en el misterio de Dios en el momento de su muerte. Fueron momentos de esperanza de toda la Iglesia y la serena esperanza es fruto del Espíritu que anima a la Iglesia.

Hoy continuamos unidos en sentimientos de esperanza y de gratitud al Señor porque también, con la elección de Benedicto XVI, sigue cumpliendo su promesa: “Yo estaré con Ustedes, siempre.”.

Al iniciar su tarea de “servidos de los servidores de Dios”, vemos también, cómo en Benedicto XVI, se cumple y se cumplirá la relación que tuvo y mantuvo Jesús con Pedro, el pescador galileo.

2. Cuando Jesús preguntó cómo la gente lo veía a Él, los Apóstoles recogieron algunas opiniones favorables. Pero cuando les preguntó directamente a ellos qué pensaban ellos Sobre Él, fue Pedro quien hizo la solemne profesión de fe: “Tú eres el Hijo de Dios”.

Pedro vio a Jesús como los hombres no llegaban a verlo. Lo vio como “Enviado de Dios”, como “Salvador” del hombre. Vio a Jesús más allá de las opiniones humanas. Y llegó a verlo así porque el Padre Dios se lo revelaba. La mirada de Pedro con la acción del Padre Dios, con su poder, se vuelve más penetrante: llega a ver lo que los hombres, por nosotros mismos, no alcanzamos a ver. En esa oportunidad los hombres veían en Jesús a un gran hombre. Pedro vio al Hijo de Dios. Y Jesús le hace una solemne promesa que ha cumplido y seguirá cumpliendo: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. No le dice: Tú harás una gran Iglesia, sino Yo edificaré mi Iglesia.

3. Sobre  Benedicto XVI, como en tantos otros Papas, convergen muchas miradas y se dan diferentes apreciaciones. Los hombres, al verlo, lo ven y lo aprecian de distintas maneras. Somos testigos por lo que hemos pido y leído de cuántas maneras conservador para unos (como si fuera un delito) y lúcido para otros, rígido para unos y firme para otros, distanciado de los hombres para unos y cercano a la problemática actual para otros. Un gran investigador de la fe con una lúcida visión de la cultura actual. Son distintas visiones que los hombres tenemos hoy del Papa como en aquel tiempo los hombres tenían de Jesús. Opiniones favorables o descalificadoras Pero el creyente llega a ver que sobre Benedicto XVI, ahora, hoy, en este tiempo, Jesús construye su Iglesia.

La fuerza, el vigor, la solidez del Papa, Padre y Pastor de la Iglesia Católica, no le vienen de sus condiciones humanas, que son ricas y muy apreciadas: le vienen de Jesús.

Esta misteriosa relación entre la condición humana y su responsabilidad que tiene como Papa, Benedicto XVI la experimentó desde el momento de su elección: testimonió su limitación cuando se presentó como “humilde trabajador de la viña del Señor. Lo acaba de ratificar al iniciar su ministerio como Vicario de Cristo. Confiando y pidiendo la oración de todos, el acompañamiento de todos: con esto testimonia que es Jesús quien hace la Iglesia sobre él.

Como Papa preside a la Iglesia porque Cristo así lo quiere. Lo que a él se le pide es la fe. Porque cree en Jesús, está llamado a presidir la fe de los hermanos.

4. Poco antes de morir, Jesús le dice a Pedro: “Yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca y tú,  vuelto hacía Mí,  confirmes en la fe a tus hermanos”. El servicio de Pedro, de los Papas, será suscitar, alimentar, alentar, acrecentar la fe en Jesús. Para eso: enseñará, acompañará, consolará, exhortará, corregirá… Porque es un servicio a la fe, su tarea no es otra que la de oír al Señor Jesús y hacer lo que Él quiere, como lo acaba de decir en la Plaza San Pedro, lo que el Espíritu le dice hoy a las Iglesias como decía el Ángel en el Apocalipsis.

Confirmar en la fe es otra manera de decir que su tarea supone en él la fe y confianza en Jesús  y que, a su vez, lo ha de llevar a acrecentar dicha fe en los hermanos.

5. Esta tarea requiere, en palabras de Jesús, una sola condición, la única que Jesús le pidió a Pedro cuando le iba a encomendar a los hermanos. No le preguntó qué pensaba hacer en la Iglesia, qué planes tenía, cómo iba a enseñar, cómo iba a gobernar, cómo iba a acompañar. No le preguntó nada de eso. Le hizo una sola pregunta. “¿Me amas?” Pedro le dijo que sí. Y Jesús le dice: “Apacienta a mis ovejas”.Cuidalas, acompáñalas. Son las ovejas de Jesús que sólo se pueden acompañar, guiar, apacentar cuando uno ama a Jesús.  El amor a Él define la figura del Papa. Porque en esto, él es Papa, Maestro, Pastor: en enseñar a amar a Jesús.

6. La Palabra de Dios en este día nos muestra cómo ya en la primera Iglesia había ya situaciones de conflicto y cómo los Apóstoles  superaron las quejas y acusaciones: descentralizando, encomendando a los miembros de la Iglesia distintas tareas. Es una enseñanza que ya desde el comienzo Dios hace a la Iglesia. Todos en la Iglesia somos responsables del seguimiento de Jesús. No todos tenemos que hacer lo mismo. Sí, todos tenemos que tener la fe en Jesús, el amor a Jesús, cumpliendo distintas responsabilidades dentro de la Iglesia.

7. El Evangelio nos mostraba que el camino de la Iglesia es seguir al Señor porque siguiéndolo a Él que busca al hombre, la Iglesia va a encontrar el mismo destinatario que tuvo el camino de Jesús: el Padre y los hermanos.

Con Benedicto XVI, en un acto de confianza en la Virgen, Madre de la Iglesia, reafirmemos nuestra fe en Jesús, el Pastor de todos, el que hace la Iglesia sobre Pedro, hoy sobre Benedicto XVI, el que nos empuja a una tarea de reconciliación, tan necesaria entre los cristianos y entre los hombres, a una tarea de servicio a todos, en especial a los mas necesitados, a una tarea de esperanza porque ¡el Señor está con nosotros!

Construyendo la Iglesia sobre Benedicto XVI Jesús quiere hacerla casa y escuela de comunión, hacer que el mundo sea casa de familia en la que los hombres trabajemos y seamos verdaderamente hermanos porque queremos vivir como hijos del Padre Dios.

¡Ave María Purísima!

Mons. Mario Maulión, arzobispo de Paraná

Jornada Mundial de la Juventud

 

5 de septiembre de 2010

Mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011

Se ha hecho público el Mensaje del Santo Padre para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Madrid del 16 al 21 de agosto de 2011 y que llevará por título: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe”. El Papa rememora la peregrinación a Santiago de Compostela en 1989, algunos meses antes de la histórica caída del Muro de Berlín. “Ahora -escribe-, en un momento en que Europa tiene que volver a encontrar sus raíces cristianas, hemos fijado nuestro encuentro en Madrid. Os invito a este evento tan importante para la Iglesia en Europa y para la Iglesia universal”.

Benedicto XVI habla de las grandes aspiraciones que tiene la juventud: la amistad, la solidaridad, el verdadero amor, construir una familia, “adquirir una estabilidad personal y una seguridad real, que puedan garantizar un futuro sereno y feliz”. Pero advierte que “la estabilidad y la seguridad no son las cuestiones que más ocupan la mente de los jóvenes”. El trabajo “es un problema apremiante -asegura-, pero al mismo tiempo la juventud sigue siendo la edad en la que se busca una vida más grande: “encontrar la vida misma en su inmensidad y belleza”, porque “el hombre está creado para lo que es grande, para el infinito”. Y “el deseo de la vida más grande es un signo de que Dios nos ha creado”.

Pero si “Dios es vida”, señala el Papa, entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva”. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría. La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. Aunque el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provengan del Evangelio -como el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia-, se constata una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza.

Por este motivo, el Santo Padre invita a intensificar el camino de fe en Dios, especialmente hoy, cuando muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros ante un relativismo muy difundido, para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni punto de referencia absoluto. “Nada parece generar verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento”.

Para poner de relieve la importancia de la fe en la vida de los creyentes, el Papa se detiene en los tres términos que san Pablo utiliza en: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe». “Arraigado” evoca el árbol y las raíces que lo alimentan; “edificado” se refiere a la construcción; “firme” alude al crecimiento de la fuerza física o moral. Se trata de imágenes muy elocuentes. Imágenes que sugieren al árbol, firmemente plantado en el suelo por medio de las raíces, que le dan estabilidad y alimento. Como las raíces del árbol lo mantienen plantado firmemente en la tierra, mediante la fe, estamos arraigados en Cristo, como una casa está construida sobre los cimientos. El Pontífice invita a los jóvenes a construir “su casa en la roca” siguiendo el ejemplo de los numerosos santos que han edificado su vida sobre la Palabra de Dios.

Benedicto XVI afirma que “hay una fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad, planteando e intentando crear un “paraíso” sin Él. Pero la experiencia enseña que el mundo sin Dios se convierte en un “infierno”, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza. En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, escuchan su voz, se construye la civilización del amor, donde cada uno es respetado en su dignidad y crece la comunión. Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de pensar laicista, o son atraídos por corrientes religiosas que les alejan de la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en el plano moral.

Como Sucesor del apóstol Pedro, Benedicto XVI desea confirmarnos en la fe. Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz -dice el Papa- para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna. Pero “muchas de las imágenes que circulan de Jesús, y que se hacen pasar por científicas, le quitan su grandeza y la singularidad de su persona”.

Benedicto XVI propone ponerse en contactos con Jesús a través de los sacramentos, entablar y cultivar el diálogo personal con Jesucristo, en la fe. Conocerle mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo; hablar con Él en la oración. “La fe -dice- es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios”. Así podréis adquirir una fe madura, sólida. Podréis conocer a Dios y vivir auténticamente de Él. En la historia de la Iglesia, los santos y mártires han sacado de la cruz gloriosa la fuerza para ser fieles a Dios hasta la entrega de sí mismos; en la fe han encontrado la fuerza para vencer las propias debilidades y superar toda adversidad. La victoria que nace de la fe es la del amor.

Y termina recordando el Santo Padre que Cristo no es un bien sólo para nosotros mismos, “sino que es el bien más precioso que tenemos que compartir con los demás”. “En la era de la globalización, -exhorta el Pontífice- sed testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero: son muchos los que desean recibir esta esperanza”.

Y ya pensando en la Jornada Mundial de la Juventud en la capital española, el Papa dice que cuenta con la “profunda alegría” de los jóvenes. “Os espero. La Iglesia cuenta con vosotros. No os desaniméis. A lo largo de este año, preparaos intensamente para la cita de Madrid con vuestros obispos, sacerdotes y responsables de la pastoral juvenil en las diócesis, en las comunidades parroquiales, en las asociaciones y los movimientos. La calidad de nuestro encuentro dependerá, sobre todo, de la preparación espiritual, de la oración, de la escucha en común de la Palabra de Dios y del apoyo recíproco.

Paraná celebra a su patrona

Paraná celebra el día de la Santísima Virgen del Rosario. Fundadora de la  ciudad y Patrona de la Arquidiócesis. A las 17.30 partirá desde la Iglesia Catedral Nuestra Señora del Rosario la tradicional procesión precedida con la imagen histórica de la patrona, y que recorrerá las calles adyacentes a la Plaza 1° de Mayo. A su término, nuestro Arzobispo, Mario Luis Bautista Maulión, celebrará la Santa Misa.

Meditación Karlic 14/5/07

Meditación de Monseñor Estanislao E. Karlic, Arzobispo Emérito de Paraná en la Jornada Espiritual

(Aparecida, 14 de mayo de 2007)

El Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo termina así: «Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el Cielo y en la tierra. Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo» (Mt 28, 16-20)

A. Jesús nos llama a la santidad

Estas palabras del Señor Resucitado valen hoy para nosotros. El Santuario de la Virgen Aparecida se convierte en la montaña que Jesús ha indicado para que los discípulos suyos que peregrinan en América Latina y el Caribe se reúnan para recibir otra vez su mandato misionero.

Este es un «tiempo oportuno», un «kairós» que el Señor ha determinado para una obra de su gracia para bien de todos nuestros pueblos. Debemos tener conciencia de la cercanía privilegiada de Dios con nosotros en estos días, y de la magnitud de la obra para la que El nos convoca: la Evangelización de nuestros pueblos.

Todo el universo empieza en Dios. «Al principio Dios creó el cielo y la tierra» (Gn 1,1). Y todo empieza en su amor. Dios nos ama primero. «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó… nosotros amemos porque él nos amó primero» – nos dice San Juan ( 1Jn 4,10.19). Porque nos amó, por eso nos eligió y nos congregó. Dios y su amor por nosotros es la primera verdad de nuestra tierra y la primera verdad de esta Asamblea. Existimos porque Dios nos amó y nos eligió en Jesucristo.

Con agradecimiento y humildad hemos de disponernos a escuchar al Señor que nos llama en todo y siempre. Nos llama en la creación y en la historia; en la humanidad de Cristo, en la humanidad de la Iglesia y en la humanidad de todos los hombres; en el esplendor de la Liturgia y en la sencillez de los hechos cotidianos; en su Palabra revelada y en las palabras humanas; en el dolor y en la alegría; en la pobreza y en la riqueza. Nos llama en todo cuanto existe y en todo cuanto acontece, porque toda criatura es lo que es por razón de una palabra creadora de Dios y porque todo acontecimiento de la historia le pertenece en el único designio de su benevolencia. Es Él mismo quien nos llama hoy, en el aquí y ahora de nuestros pueblos. Lo hace por Jesucristo en su plenitud, su Palabra perfecta e insuperable. Dice la Epístola a los Hebreos: «Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo» ( Hb 1, 1-2).

Dios nos revela por su Hijo el misterio de piedad, su designio de salvación. Dios no tiene otro proyecto que el de nuestra santidad en Cristo, la santidad de todos, de individuos y de pueblos. Dios, que es santo, nos llama a ser santos: «Él nos ha elegido… antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor… para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo» ( Ef 1, 4-5). La santidad es nuestro destino de gracia y de gloria. Para ello Jesucristo dio su vida.

La cuestión del hombre y de los pueblos es una cuestión con Dios. Los dos amores que dividen a los hombres en la historia son el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios y el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo. Esta elección de amor, que se debe hacer en la opción fundamental de la existencia, ha de ser sostenida y confirmada en el ejercicio de la libertad en la vida cotidiana. Cada día el hombre es interpelado para que elija a Dios que lo llama al servicio y no al dominio.

Conscientes de nuestra vocación a la libertad, queremos elegir el amor de Dios y de los hermanos, también de los enemigos y perseguidores, abandonando el odio y construyendo la paz. La conversión es realmente un cambio intelectual y moral hondo, arduo y prolongado, pero posible y debido. Siempre estamos en un combate espiritual porque: «Todo hombre es Adán. Todo hombre es Cristo» (San Agustín). Siempre tenemos que luchar desde nuestra naturaleza humana herida por el pecado. En un clima de esfuerzo y de trabajo, debemos santificamos en estos días, con la verdad de la humildad y la certeza de la esperanza.

En el designio de Dios, Él nos ha amado de tal manera que nos envió a su Hijo para redimirnos con su entrega en la Cruz (cf. Jn 3,16), y hacernos capaces de su mismo amor. Recibiendo su ayuda divina y queriendo empezar la Asamblea con un corazón puro, como en una gran eucaristía, pidamos perdón de nuestros pecados y de los de nuestros pueblos, porque San Pablo nos enseña que los hombres solemos aprisionar la verdad en la injusticia (cf. Ro 1,18). Confesemos la impiedad que abre el camino a las idolatrías del placer, del tener, y del poder, y también al secularismo; pidamos perdón por la avaricia y la injusticia, que provoca la crueldad de la miseria y de la iniquidad; por la lujuria que enceguece multitudes y desordena otras pasiones; por el individualismo egoísta e insolidario que deshace la familia y disuelve la sociedad; por los crímenes del aborto, la violencia y la guerra; por la tiranía del relativismo del conocimiento y de la moral; por los pecados de omisión, silencios y temores injustificados; por la falta de esperanza; en fin, por todos los pecados, que siempre contra el amor.

En una cultura donde tantos hombres se han enamorado de sí mismos porque han creído la mentira del «serán como dioses» (Gn 3,5), debemos confesar con sabiduría diáfana y serena que nada vale en la vida si no nos lleva a Dios. «Nos hiciste para Ti, e inquieto está nuestro corazón, mientras no descanse en Ti».

Estamos aquí porque queremos santificarnos y servir a la santificación de nuestro subcontinente. ¿Tenemos derecho a tan inmenso propósito? ¿Tenemos fuerza para tan grande combate? Por nuestras solas fuerzas, no. Pero por gracia de Dios, sí. Dios es amor y con su amor nos hace capaces de amarlo como Él nos ama (cf. DCE 1). Dijo Jesús a su discípulos: «Éste es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado» (Jn 15,12). Ésta es la novedad de su don. Tenemos el deber y la fuerza para consagrarnos a tan grande servicio. No nos es lícito elegir ser de menor estatura. Así como el agua debe ser agua y la luz debe ser luz, el hombre debe vivir la dignidad de su destino, de su altísimo destino.

Para nuestra historia santa, como para toda vida de responsabilidad, es necesaria la gracia de Dios y nuestra colaboración. La gracia de Dios es una ayuda que necesitamos absolutamente para caminar hacia nuestra santidad. Nadie existe sin recibir de Dios esta ayuda. Dios ha prometido auxilio a su criatura y Él es bueno y fiel, con la sobreabundancia de la redención. Esto se verifica en la existencia de todos los hombres, lo sepan o no lo sepan.

En el acto bueno Dios dignifica tanto nuestra colaboración que hace que su gracia sea nuestro mérito. Aquellos que hayan ejercido su libertad en la caridad, según la voluntad de Dios, escucharán decir al Señor: «Vengan, benditos de mi Padre, a poseer el Reino que les ha sido preparado desde toda la eternidad. Porque tuve hambre y me dieron de comer… Lo que hicieron con uno de estos pequeños, conmigo lo hicieron» ( Mt 25,35.40). El encuentro de Dios que obra la salvación en el hombre es un misterio, que nunca se debe explicar oscureciendo alguno de los protagonistas, sino subrayando que la mayor presencia de Dios y de su gracia, da mayor entidad al hombre y a su libertad, porque cuando la historia se hace más de Dios, se hace más de los hombres. Así debemos entender la libertad de los hijos de Dios. El combate contra el tentador fue librado primero por el Señor, que salió victorioso. Ahora el combate es nuestro y tiene en esta asamblea un momento privilegiado para una gran victoria. ¿Quién nos conducirá? «¿A quién iremos, Señor, si sólo Tú tienes palabras de vida eterna?» ( Jn 6,68). Venimos a Ti, Jesús. Queremos escuchar tus palabras. Nosotros y nuestros pueblos queremos ser tus discípulos y tus misioneros. Queremos recibir tu Espíritu.

B. Discípulos de Cristo

Es el Señor quien elige y llama a los discípulos, no por sus cualidades personales, ni siquiera las morales. Es la gratuidad de su elección la razón de nuestra presencia aquí. Ser discípulo es un don de Dios, que consiste no sólo en aceptar una doctrina, sino en adherir a la Persona de Jesús, e incorporarse por Él a la obediencia filial al Padre y a la docilidad al Espíritu Santo (cf. Heb 5,8-10), porque en la revelación, «Dios invisible, movido por el amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía» (Dei Verbum, 2).

La Palabra revelada por Dios, no es acogida con la fuerza de la evidencia de la luz natural de la inteligencia sino con la firmeza propia de la fe, de la confianza sobrenatural en Dios bueno y veraz que nos habla como amigo, abriéndonos la intimidad de su designio. La Fe es la verdad del misterio divino compartida en el amor: el amor de quien revela, el Señor, y el amor de quien le cree, el discípulo. La obediencia de la fe, raíz de la salvación, es un acontecimiento de la nueva creación. No es resultado de ninguna cultura humana. El Señor quiere continuar su obra por nosotros. Necesitamos ofrecernos todos los miembros de la Iglesia como sus signos e instrumentos. Unos para otros, y todos nosotros para todos los hombres que comparten nuestra historia. Que seamos uno en la fe y en el amor, para que el mundo crea. Empecemos a dar testimonio en estos días.

El discípulo cree porque fue seducido por la Pascua de Jesucristo, por su entrega de amor en la Cruz. El acto de fe es este encuentro de libertades y de amores, una libertad seductora por su amor, la de Cristo; otra seducida por ser amada, la del discípulo. Así se origina el injerto del bautizado en la cepa que es Cristo y su incorporación a la Iglesia.

La libertad de la fe, como toda auténtica libertad, debe ser vivida con la dignidad de un hombre que tiene sed de Dios y lo busca con todo el corazón. Por eso, debe ser sostenida y defendida frente a todas las tiranías, cualquiera sea su origen y su forma.

«Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús», nos exhorta la Epístola a Los Hebreos (12,2). Jesucristo, luz del mundo (Jn 9,5), revela el designio de salvación por todo lo que hace y lo que dice (cfr. Dei Verbum 2). Hemos de contemplar y escuchar al Señor que, con oportunidad de esta Asamblea, se nos presenta y nos habla con particular solemnidad. Él es el Hijo de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, luz de la vida para América y el mundo. Queremos aprender de su humanidad escondida en la anunciación a María en Nazaret, manifestada en Belén, actuando en Galilea, en Samaría y en Judea, lavando los pies de los apóstoles en el Cenáculo, instituyendo la Eucaristía, muriendo en el Gólgota y resucitando en el sepulcro. Queremos escuchar las Bienaventuranzas, el Padrenuestro, las últimas palabras en la Cruz. Queremos saber siempre más de su tesoro insondable. Porque Él es nuestra identidad. En la sabiduría de la Iglesia sabemos que «el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado» ( GS 22).

Hemos de vivir apasionados por la verdad, por toda verdad, porque en toda verdad está llegando el misterio de Dios, Padre de las luces, y el Verbo, Jesucristo, que es la Verdad. El pecado entró en el mundo por la mentira. El diablo es el padre de la mentira, y así, el padre de los pecados de los hombres. Tener pasión por la verdad es propio de los hijos de la luz, y manifestación de la sed de la vida. En cambio, la indiferencia por ella y el relativismo del conocimiento entrañan la renuncia a la sabiduría, que debe dirigir los pasos del el hombre, ser inteligente y libre. El hombre está llamado a caminar en la luz de la verdad, a buscarla siempre como su enamorado y mendigo, aunque en el tiempo nunca la encuentre en plenitud.

Jesucristo es la Verdad (Jn 14,6). En Él, Dios Padre nos abre al misterio de Dios Uno y Trino, y de su designio, y nos explica quiénes somos los hombres y adónde vamos. Por Cristo aprendemos que somos imagen de Dios, llamados a ser hijos en el Hijo y amados por Dios por nosotros mismos (cf. GS 24). Entendemos que la familia es el santuario del amor y de la vida. Sabemos que la comunidad humana está destinada a la fraternidad, se debe construir cada día y debe durar para siempre. La razón de pertenencia de cada persona a la familia humana universal radica en su dignidad de hijo de Dios y hermano de los hombres.

Conocemos así que el encuentro de los hombres no se debe regular por las normas del egoísmo, para que cada uno procure su propio provecho reclamando exclusivamente sus derechos, sino por la ley del amor para que descubramos en el otro un don de Dios y un destinatario de nuestro servicio, cuyos derechos debemos defender como si fuesen propios. En la fe debemos descubrir a Cristo en el rostro de todos, particularmente de su hermanos más pequeños (cf. Mt 25,31-46).

Además por la fe sabemos que el universo creado es una casa común, obra de Dios Padre, regalada a todos los hombres de todos los tiempos, a quienes les entregó como título de propiedad inajenable y como título de responsabilidad irrenunciable su propia naturaleza de hombre, imagen de Dios, hijo suyo, hermano de todos los hombres y junto con ellos, administrador del cosmos. En fin, por la fe sabemos que el tiempo, por la gracia de Jesucristo, es camino de la eternidad, a la que vamos acercándonos en cada instante y vamos llegando en cada muerte.

¡Cuánta sabiduría nos regala Dios en su Hijo, Camino, Verdad y Vida! Esta sabiduría es plena cuando se vive la fe, que reclama para su perfección la esperanza y la caridad. Aceptemos agradecidos el don de ser discípulos y vivamos «haciendo la verdad en el amor» ( Ef 4,14).

El misterio de Jesús no estrecha el horizonte sino que ilumina el destino de todos los hombres en el Plan de Dios. Esto es sostener con claridad la última razón de la dignidad y la igualdad de todos los hombres. La verdadera estatura de todo hombre no es simplemente la del viejo Adán, sino la del nuevo Adán, la de Jesucristo, el Hombre Nuevo.

A Él debemos seguir. Él es el Camino, en su estilo, el de la Cruz: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará» (Mc 8, 34-35).

El discipulado lleva a estar siempre dispuesto a entregar la vida por el Señor, como los mártires. Siempre la Iglesia ha tenido mártires y hoy también los tiene. La Iglesia sufre persecuciones que requieren despojos y humillaciones que constituyen un verdadero martirio: la burla y la banalización, la indiferencia y el silencio, la calumnia y el abuso de poder.

Sólo en la verdad de este espíritu martirial, vivido con sencillez y acción de gracias, sostenidos por la oración y los sacramentos, podemos sentirnos discípulos plenos de Cristo y experimentar que nos incorporamos en su obra salvadora. El cristiano es esencialmente pascual. Así viven los santos. Esto nos pide el Señor cuando nos llama para ser sus discípulos. «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando» ( Jn 15,13-14).

Para vivir la vida nueva de la gracia y empezar el Reino de la Vida que prepara los cielos nuevos y la tierra nueva, el Señor nos ha dado como alimento del camino la Eucaristía, sacramento de su amor, de su sacrificio, de su muerte y su resurrección. Es el Señor hecho pan y hecho vino el que nos da la fuerza para vivir como Él, para que participemos de su «amor hasta el fin», para incorporarnos al dinamismo de su amor oblativo, nos enseñaba Benedicto XVI (Cf. Sacramentum caritatis 11). Un gran pastor de nuestra América, poco antes de morir, me decía: «No nacemos para morir. Nacemos para entregarnos a Dios». El que así vive -así vivió él- tiene en la muerte el último acto de su vida, el último acto de su amor.

La oración, que acompañó a Jesús sobre todo en sus momentos culminantes, debería distinguir a los miembros de la Conferencia para que la cercanía del Señor sea profundamente experimentada y éstos sean días de tierna intimidad con Él. Los cristianos eran reconocidos en el mundo pagano como comunidad orante. La Conferencia de Aparecida debería ser señalada por lo mismo. En la oración encontrará sabiduría y discernimiento, espíritu de diálogo serio y fraterno, capacidad de comunicación entre todos, porque Dios se aproxima a todos para reunimos y no está tejos de nadie sino sólo de aquel que lo rechaza.

C. Misioneros de Cristo

A quienes les había revelado la voluntad del Padre, les transmite la potestad y les impone el deber de anunciar el Evangelio. «Yo he recibido todo poder… hagan discípulos… bautizándolos… y enseñándoles…» El amor de Cristo al Padre y a todos los hombres debe pasar al corazón de los discípulos para comunicar ese amor, que es la misión del Señor.

Quien ha conocido al Señor, y su designio de misericordia, experimenta el deber maravilloso de compartir los dones de la creación y de la gracia, y la esperanza de la gloria. El discípulo de Cristo ha comprendido que existir es coexistir, o mejor, es proexistir, es decir, existir para el servicio, para dar, darse, comunicarse. La vida de la persona humana es esencialmente relacional, sólo es auténtica cuando se comunica y vive en comunión. La Comunión de Dios trinitario se refleja en nosotros cuando, por la comunicación con Él y de unos con otros, nos hacemos Cuerpo de Cristo, Pueblo de Dios, Templo del Espíritu.

La misión del discípulo procede del misterio de comunión divino. El discípulo de Cristo es, como Cristo mismo, servidor de la comunión. Vivir la vida nueva es, para el discípulo, vivir la comunión con Cristo por la fuerza del Espíritu que lo conduce a anunciar la redención. Es ofrecerse el discípulo como víctima junto a Jesús para la conversión y la salvación de los hombres, para su participación en el Misterio trinitario.

Queremos hacer el don de Dios a todos los hombres de nuestra tierra. Porque, como dijo nuestro Sumo Pontífice, «quien no da a Dios, da demasiado poco». Y si queremos dar a Dios, infinito en su ser y su verdad, en su bondad y su belleza, ¿cómo no hemos de querer darnos a nosotros mismos? Y dándonos a nosotros mismos, ¿cómo no hemos de querer compartir los otros bienes?

Si no compartimos los bienes creados, materiales y espirituales, trabajándolos juntos y participando de ellos en solidaridad, no estamos amando a Dios. «El que no practica la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano», dice San Juan ( 1 Jn 3,10). Pero también es cierto que si no damos a Dios, aunque demos otros bienes, no estamos pagando la deuda de amor entre nosotros: nuestra deuda es Dios. No nos debemos sólo la fraternidad, sólo la justicia social. Nuestra primera deuda es Dios.

Todo es deuda real y todo es deuda con Dios. Somos obreros contratados para esta obra maravillosa. Dios es quien nos ha llamado. No tengamos miedo. Tengamos confianza en el Señor que ya ha vencido. Si nos dejamos ganar por Él, si nos dejamos inundar por su Espíritu, podremos decir ante nuestros deberes, aun los más difíciles, lo que dijo Jesús en la Ultima Cena: «He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi pasión» ( Lc 22,15). Y al cumplirlos, podremos recordar siempre a San Pablo que nos alienta: «Como dice la Escritura: ‘Por tu causa somos entregados continuamente a la muerte y se nos considera como a ovejas destinadas al matadero’. Pero en todo esto obtenemos una espléndida victoria, gracias a Aquel que nos amó» ( Rom 8, 36-37).

Creamos: la redención actúa hoy. La Pascua de Cristo está en la eternidad dominando los siglos, brindándose con la plenitud de su gracia a todos los hombres y pueblos de América Latina y El Caribe. Hoy podemos convertirnos, santificarnos y servir a la santidad de los demás. Hoy podemos amar porque hoy somos amados por el amor redentor. Hoy podemos servir a la conversión de los hermanos. Cada instante es capaz de Cristo pascual. El instante de cada persona y de cada pueblo existe para que Cristo acceda al corazón y a la libertad de cada uno. Hoy, «el Hijo de Dios, por su Encarnación, se ha unido en cierto modo con todos los hombres (GS 22).

No nos debemos extrañar si no obtenemos frutos pastorales cuando no tenemos interiormente semejanza real con el Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas. Siempre, siempre, la verdad y la gracia son vida que nos llega de Jesús, a cuyo servicio está siempre la Iglesia. Ella reclama de sus miembros y de sus ministros, la identificación creciente con el Redentor. Toda la acción de la Iglesia no es sino ser signo e instrumento del misterio del Señor, ser su transparencia eficaz para irradiar la verdad y la vida de su belleza.

La V Conferencia tiene como horizonte inmediato la evangelización y santificación de nuestro continente. Estamos jugando aquí la historia santa, la nuestra y la de los demás hermanos de nuestra América. Estamos escribiendo la historia en este momento que no vuelve. La historia es escrita por la libertad de Dios y la de los hombres. Los condicionamientos del contexto físico o histórico no son causa eficiente del acto libre. Son condiciones solamente. Soy yo su autor, somos nosotros quienes elegimos. El hombre se hace o se deshace moralmente desde dentro. No desde fuera. Frente a Dios tenemos que cumplir con el deber de ser en la historia libres y santos. La libertad debe definir al hombre en el amor de Dios y del prójimo, al estilo de Jesús en su Pascua. Libres como el viento, como la juventud inmensa y sana. Libres como el Resucitado. Libres como el Espíritu.

En definitiva, si el hombre se hace padre de sí mismo por sus opciones, los pueblos también deben definirse en su cultura por sus amores. En esta Conferencia no queremos vivir una libertad vacía y errante, sino que queremos elegir conducidos por el Espíritu. «Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios» ( Rom 8,14). Queremos elegirnos en el amor de Jesús para donamos en la cultura de la amistad social y la solidaridad. Esta fuerza llega a nosotros desde la comunión del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y nos llega aquí y ahora, en la casa de Nuestra Señora Aparecida.

D. La verdad es la esperanza

¿Seremos pueblos más justos y solidarios, capaces de conversión y de perdón, capaces de reconciliación y de paz? ¿Pueblos más creyentes, discípulos de Cristo, fraternos y misioneros, más esperanzados, magnánimos y audaces? ¿Seremos pueblos con más vida en Jesucristo, más santos y peregrinos de la gloria? Dios nos eligió y nos está llamando a su Reino de Vida. Respondamos hoy. La Quinta Conferencia vale por sí misma. Hoy, y en la medida en que vale hoy, vale para mañana. El tiempo es un Adviento. No es algo que pasa. Es Alguien que viene: Jesucristo el Señor.

Dios no responde con ideas. Responde con personas. A la cuestión del hombre, «que el demonio pretendió responder con la promesa mentirosa de «serán como dioses» (Gn 3,5), Dios, en la plenitud de los tiempos, respondió con la verdad plena de su Hijo en la Encarnación redentora.

Hoy, en una cultura en la que se ha proclamado que el hombre ha muerto, la respuesta sigue siendo Jesucristo, que debe llegar y está llegando por las personas de sus discípulos, de sus auténticos discípulos, identificados con Él y sacramentados por Él en su amor hasta el fin. No temamos. No es que en este cambio de época todo lo bueno desaparece sino que sufrimos dolores de parto de un mundo nuevo. Por nuestro servicio misionero queremos que este mundo adveniente se abra a la filiación divina, a la fraternidad humana y al banquete de la creación. Cristo es el manantial vivo de nuestra esperanza (cf. NMI 58). Por Él, con Él y en Él, debemos y queremos ser discípulos y misioneros.

Dice el Señor: «Sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn 13,1). Les lavó los pies y se entregó a sí mismo en la Última Cena. Nosotros, que queremos ser sus fieles discípulos, sabiendo que también este tiempo es un kairós en el que con Cristo hemos de pasar al Padre, debemos amar a nuestros hermanos hasta el fin, lavar sus pies y entregar nuestras vidas a su servicio. Nada menos. Éste es el lenguaje de Jesús Resucitado con sus discípulos misioneros. En este lenguaje vital renueva hoy Jesús su Alianza con nosotros en el Evangelio y en la Eucaristía.

María la primera discípula de su Hijo que creyó y, por eso, lo concibió, nos enseñe a escuchar y creer para anunciar a Jesús, Camino, Verdad y Vida. Que Ella nos enseñe a obedecer a su Hijo, que nos repite: «Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos» ( Mt 28,19).

Nuestra Señora de Guadalupe, Nuestra Señora Aparecida, ruega por nosotros.

Documentos Mons. Karlic

BiografíaEscudo

 

Documentos Cardenal Estanislao Karlic

 

Discípulos y misioneros de Jesucristo
Meditación de monseñor Estanislao E. Karlic, arzobispo emérito de Paraná en la Jornada Espiritual (Aparecida, 14 de mayo de 2007)

Comunicado de los obispos de la Región Pastoral Litoral
Paraná (7 de marzo de 2005)

Por el diálogo hacia el bien común
Convocada por los obispos de Entre Ríos, se realizó en Paraná una reunión que nucleó a las principales autoridades de los tres poderes políticos de la provincia, entre ellas el gobernador, Sergio Montiel. Mons. Estanislao Esteban Karlic pronunció estas palabras el 6 de febrero de 2003

Navidad 2002
Mensaje de Mons. Estanislao Esteban Karlic, arzobispo de Paraná, para la Navidad de 2002.

Sentirnos solidarios con nuestra historia
Carta Pastoral de los obispos de Entre Ríos dada a conocer el 24 de noviembre de 2002, Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.

Comunicado de los obispos de Entre Ríos
Preocupados por la situación que se vive en Entre Ríos, los obispos de dicha provincia dieron a conocer el 29 de agosto de 2002, el siguiente comunicado

Escudo Karlic

BiografíaDocumentos

 

Cardenal Estanislao Karlic: Escudo

 

En el centro una cruz de oro sobre campo azul, debajo el Evanqelio. Divisa: SERVIRE.
Significado

1. En el centro se destaca la cruz, símbolo del misterio pascual de Cristo. Toda la vida del Señor culmina en su pascua. Toda la vida de la Iglesia se funda en ella y a ella se ordena. Se funda en ella porque el Episcopado, plenitud del sacramento del Orden Sagrado, asimila más hondamente al sacerdocio de Cristo que tiene su culminación en la Pascua. Y se ordena a ella, porque cuanto el Obispo hace como profeta, liturgo y pastor, tiene por finalidad que los hombres reciban la parte de la herencia que el Padre ha querido dar les en Cristo.

El doble aspecto de muerte y resurrección del Misterio pascual es presentado por la cruz y el color oro, que significa eternidad y gloria. Y la razón formal del sacrificio de Cristo, el amor que lo lleva. a la obediencia hasta la muerte, se simboliza también en el color oro. Así se encuentran el amor, la obediencia, la cruz, la resurrección y la gloria. De este misterio pascual participa el sacerdocio episcopal y es esa realidad la que ha de comunicar su ministerio.

2. La Cruz está sobre campo azul, que significa a María Santísima. De Maria nació Jesús y con El llegó la redención al mundo. La maternidad de Maria constituye la garantía de nuestra salvación, porgue de ella el Hijo de Dios recibió la humanidad que había de rescatar. No es redimido sino lo que es asumido, repite la tradición teológica. Por María, el Hijo de D1OS se hace Hijo de Adán, para que los hijos de Adán se hagan hijos de Dios.
El Obispo, al proclamar las glorias de Marta, no sólo difunde suavidad y paz entre los hombres, sino certeza y esperanza de su vocación a la filiación d1vina y a la fraternidad universal en Cristo.

3. Debajo de la Cruz, el Evangelio, que es el anuncio gozoso de la salvación por Cristo que muere y resucita. El misterio salvador de Cristo empieza ya al ser concebido virginalmente por Maria, y se desarrolla a lo largo de la existencia terrena de Jesús, hasta coronarse en Su muerte y resttrrecci6n. Todo el misterio de Cristo se contiene en las Escrituras, que son el Evangelio. Es más, en ellas se revela la existencia eterna del Hijo en el seno de la Santísima Trinidad.

El contenido de la palabra del Obispo ha de ser siempre el Evangelio, con el cual ha de iluminar todos los caminos de los hombres, para que sean caminos de salvación. Como el misterio de la redención culmina en la muerte y resurrección de Cristo, la evangelización tiene su centro en la pascua, la cual es anunciada en la forma más luminosa y eficaz cuando el Obispo celebra en medio de su pueblo la Eucaristía.

4. La divisa «SERVIRE» servir, asumir la condición de siervo – quiere  sintetizar la actitud del pastor. Como el Siervo de Yahvé, Cristo Jesús, debe el Obispo servir a Dios Padre en el acabamiento de su designio de salvación, y así convertirse en servidor de los hombres, sus hermanos, en el ministerio de la verdad y la gracia, comunicando el evangelio, madurado en la reflexión y la oración, perdonando los pecados y dando la vida divina en la celebración de los sacramentos.

Noticias

2013


Febrero

Mensaje del Papa para la Cuaresma

Benedicto XVI renunciará al pontificado

 

Enero

Nombramientos de párrocos, administradores y vicarios

Nombramientos

 

Diciembre

Compartimos la CARTA PASTORAL DE NAVIDAD y AL INICIO DE UN NUEVO AÑO de Mons. Juan A. Puiggari

Mensaje de Navidad

Celebraciones de Nochebuena y Navidad

Cáritas vuelve a su sede

Beatificación del Cura Brochero

La Comisión Ejecutiva de la CEA se reunió con la Señora Presidenta de la Nación

CARITAS PARANÁ: Entrega de fondos a parroquias

«Adorarte»

Del lunes 10 al viernes 15 de diciembre – SEMANA DE ORACIÓN Y ESTUDIO DE LA ACA DE PARANÁ

Carta del Arzobispo en agradecimiento a quienes colaboraron en el Congreso Arquidiocesano de Educación

Homilía en la Ordenación Presbiteral de los diáconos Julián Muñoz y Miguel Oviedo

 

Noviembre

 

 

Reflexión de los Obispos «Creemos en Jesucristo, Señor de la historia»

Encuentro de Jóvenes de la Renovación Carismática

Ordenaciones Sacerdotales

Navidad junto al Río, en Santa Elena

La Navidad en el Arte

III Festival de la Canción de Acción Católica

Lectorado en la Escuela de Ministerios y Diaconado Permanente de Paraná

Encuentro de Acción Católica

Oda a Santa Cecilia, por el Coro de la UCA

104º Asamblea Plenaria: Carta al pueblo de Dios: «La fe en Jesucristo nos mueve a la verdad, la justicia y la paz»

Declaración de los Obispos argentinos sobre la próxima beatificación de la Hna. Crescencia Pérez

Jornada Nacional del Enfermo

Campamento para adolescentes de la IAM

Luis Enrique Ascoy en Paraná

Curso de Enseñanza del Método Billings

 

Octubre

Tarde con Chiara Luce

Encuentro de Grupos Misioneros

emplos designados para obtener Indulgencia Plenaria

Curso de posgrado en Políticas Sociales, en la UCA

Fiesta de la Primera Comunión

86º Colecta Mundial por las Misiones

Apertura del Año de la Fe: homilía y galería

“La Familia donde Florece la Fe y la Vida”

Presentación del Informe 2012 del Barometro Social de la Infancia (UCA)

 

Septiembre

 

Congreso Arquidiocesano de Educación Católica

Fiesta Patronal de San Miguel Arcángel

Cadena del Rosario Misionero

Comunicado a la prensa

Encuentro de Mujeres Emprendedoras

COMUNICADO DE PRENSA

Novena y Fiesta Patronal en Crespo

Nuevo Vicario General de la arquidiócesis

Panel sobre «El agua como factor de inclusión»

8 de Septiembre: Día de la vida consagrada

 

Agosto

Centenario Scout en Argentina

Jornada de Formación «Jóvenes por la Vida»

Pintada Solidaria

Mensaje de la Comisión Permanente de la C. E. A: Mensaje de la Comisión Permanente de la C. E. A:
«El Código Civil y nuestro estilo de vida»

Mensaje de Monseñor Puiggari a los catequistas

162º Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina  (21-23 de agosto)

Encuentro Anual de Ministros Extraordinarios de la Comunión

Fiesta Patronal de San Cayetano

Monitoreo de viviendas desde Cáritas Argentina


Julio

 

Novena vocacional por la santificación de los sacerdotes,
el aumento
y la perseverancia  de las vocaciones sacerdotales

Jornada de Mujeres en Villaguay

Novena Parroquial en la Parroquia Cristo Peregrino Santo Domingo de Guzmán

Día del Niño en Parroquia Ntra. Sra. de Guadalupe

«Renueva tu alianza de amor matrimonial»

Barrileteada «Remontando hacia lo Alto»

Invitación de Mons. Daniel Fernández a su toma de posesión

Tedeum del 9 de Julio de 2012

Designación del padre Javier Murador como Vicario de la Parroquia Ntra. Sra. de Luján

Adoración Perpetua 7-7-1977 / 7-7-2012

 Jornada de formación, reflexión y oración “Laicos alegres, entusiastas y cercanos para una nueva evangelización”

 

Junio

Carta del Pueblo de la Arquidiocesis de Paraná al Santo Padre

Mensaje de Monseñor Juan Alberto Puiggari, Arzobispo de Paraná,
con ocasión de celebrarse el 29 de Junio el día del Santo Padre

IV Peregrinación a pie desde Paraná hacia la Basílica Santuario Nuestra Señora del Carmen de Nogoyá

Solemnidad de San Pedro y San Pablo: Día del Papa

Retiro de Sanación Interior

Panel «Reforma del Código Civil y sus implicancias»

Misa en Honor de San Josemaría Escrivá de Balaguer

La Argentina Humana, una idea de la Acción Católica de Paraná, por tercer año consecutivo

Boletín Arquidiocesano de Cáritas

Paraná de Celeste y blanco este 20 de Junio

Designaciones en la Esc. Virgen de la Medalla Milagrosa

Seminario Intensivo de Fecundación In Vitro

Carlos Seoane, en Familia

Panel Sobre Persona por Nacer

Celebración de Corpus Christi

El Papa designó obispo de Jujuy a Mons. Daniel Fernández

Colecta Nacional de Cáritas

Celebración del Cuerpo y Sangre de Cristo

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos


Mayo

Homilía en el Tedeum del 25 de Mayo

Colecta Anual de Cáritas

46 Jornada Mundial Comunicaciones Sociales

Declaración de la Comisión Ejecutiva de la CEA
sobre leyes recientemente aprobadas sobre
«Muerte Digna» e «Identidad de Género»

Cáritas: Lanzamiento de la Colecta Anual

Declaración de los Obispos de la provincia de Entre Ríos
en ocasión de la Resolución N° 974 del Ministerio de Salud de la Provincia

13º aniversario de la ordenación episcopal de Monseñor Juan A. Puiggari

Cáritas rumbo a la Colecta Anual 2012

 

Abril 2012

Coro Litúrgico Arquidiocesano

C.E.A.: Reflexiones y aportes sobre algunos temas vinculados a la reforma del Código Civil

Día del Trabajador: San José Obrero

Pastoral Social: Reunión y propuestas para el 2012

Asamblea Plenaria de la C.E.A.: Temario

Asamblea Federal de Cáritas

Reunión de Pastoral Social

Jornadas de Vida Cristiana

Diplomatura en Doctrina Social de la Iglesia

Homilía en la Misa Crismal

Saludo Pascual de Monseñor César Fernández

Encuentro de la Divina Misericordia

Nombramiento de Párroco en María Grande

Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola



Marzo 2012

Juan Pablo II en Paraná. El paso de un santo entre nosotros

El grupo musical Kyrios Emmanuel actuará en PASCUAJOVEN 2012

Día del Padrino de Oficialización de Acción Católica

Se realizó la Cena de la Caridad

Festival de música del mundo

Solemnidad de la Anunciación del Señor. Santa Misa y bendición de embarazadas

Solemnidad de la Anunciación del Señor (materiales para descargar)

Cáritas Arquidiocesana invita a la Cena de la Caridad

La Sede de Cáritas será ampliada

Delegación de la Niñez: VII Encuentro de Delegados Infantiles

Reunión de la 161° Comisión Permanente en la sede del  Secretariado General de la Conferencia Episcopal Argentina 

Cambios en el trabajo pastoral de algunos sacerdotes

Aniversario de la toma de posesión de Mons. Puiggari como Arzobispo de Paraná

 

Febrero 2012 

Semana de la Espiritualidad Católica

Encuentro de Animadores de la IAM

Miércoles de Cenizas

Fiesta del Beato Fra Angelico

Encuentro de Catequistas de la Arquidiócesis

Mensaje de Cuaresma

La Comisión Directiva de Cáritas se reúne con la Intendenta de Paraná

COMUNICADO SOBRE LA NOTA
DE LA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE
CON INDICACIONES PASTORALES PARA EL AÑO DE LA FE

Encuentro de Asesores de Grávida


Diciembre 2011

Entrega de ayuda económica a los decanatos

Mensajes de Navidad y Año Nuevo de nuestro Arzobispo

Primer Encuentro de Capellanes de la Policía de Entre Ríos

Jornada Mundial de la Paz

Daniel Poli en Concierto

Ejercicios Espirituales «San Ignacio de Loyola»

Grávida: Materiales para vivir el Adviento y la Navidad

Semana de la A.C.A.

La ACA te invita al Arte

Noviembre 2011

Clausura de Acción Católica en María Grande

Diamante, ciudad «PRO VIDA»

Misioneros por la Vida

Festival de la Vida

MONSEÑOR ARANCEDO ES EL NUEVO PRESIDENTE DEL EPISCOPADO

Nos visita Luis Alfredo Díaz

Fiesta de la Primera Comunión

 

Octubre 2011 

Curso especializado en catequesis escolar para el nivel maternal e inicial

Congreso Continental Iglesia y Cultura Digital

Charlas sobre ministerio de Liberación y Exhorcismo

 

Vigilia de los Jóvenes Scout por la Vida 

  

El Papa anuncia un «Año de la Fe»

 

XXIX Edición de la Peregrinación de los Pueblos

Nuevos horizontes para la misión eclesial

Peregrinación Nogoyá – Crespo

Novena en Oro Verde

Celebración DOMUND 2011

«Construyendo Ciudadanía»: Panel de candidatos a Dip. Nacionales

«Honrando al Dios de la Vida»


Septiembre 2011

Fiesta Patronal Arquidiocesana

Asamblea de la A.C.A.

Recital Evangelizador

Fallecio Monseñor Palentini, Obispo de Jujuy

La Vida es un don de Dios

Fiesta Patronal en Bajada Grande

Congreso Internacional Juan Pablo II y La Familia

Recibieron a Mons. Daniel en Jujuy

Encuentro de Secretarios Parroquiales

Agosto 2011

Homenaje al P. Orlando Mattiassi

Peregrinación de Parroquias al Seminario

Presentación de la recaudación de la Colecta de Cáritas 2011

Misa de Mons. Fernández antes de asumir como administrador apostólico de Jujuy

Conferencia «La tarea de pensar. Sabiduría y terapéutica»

Campamento para jóvenes

XXIX Peregrinación de los Pueblos

Designación de Mons. César Daniel Fernández como administrador apostólico de la diócesis de Jujuy

Declaración de la 159º Comisión Permanente del Episcopado Argentino

Una ampolla con sangre del Beato Juan Pablo II en la JMJ

El Padre Orlando Mattiassi será homenajeado en la camara de Diputados

Fiesta Patronal de San Roque

Celebración Arquidiocesana de la Jornada Mundial de la Juventud

Festejos del Día del Niño en Barrios San Martín y Humito

Día del Catequista

 

Julio 2011

Encuentro con nuestro Arzobispo

Jornada Taller sobre «Educación para el amor»

Ciclo de Conferencias «Fortaleciendo las familias»

La curia permanecerá cerrada del 11/07 al 15/07

Cáritas recibe donaciones

Encuentro Anual de Ministros Extraordinarios de la Comunión

 

Junio 2011

Encuentro Anual de Ministros Extraordinarios de la Comunión

Jornada Mundial de la Caridad del Papa

Monseñor Juan Alberto recibió el Palio Arzobispal

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

Declaración Comisión Pastoral de Drogadependencia

Monseñor Juan Alberto Puiggari recibirá el palio Arzobispal de manos del Santo Padre

El amor por la Patria vistió a grandes y chicos “de Celeste y Blanco”

Paraná de celeste y blanco

Conferencia sobre Arte Cristiano

Solenidad del Cuerpo y la Sangre de Jesús

Jornada de Oración por la Unidad de los Cristianos

Encuentro de Pentecostés

 

Conferencia en la UCA: «Diagnóstico de la Realidad Política y Social de la Argentina»

 

Mayo 2011

 

 

 

45º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

A.C.A.: Barrileteada en el Parque Berduc 

Colecta Anual de Cáritas

Mons. Puiggari presidió el Tedeum del 25 de Mayo

Auditorio «Juan Pablo II» en la UCA Sede Paraná

Lanzamiento de la Colecta Anual de Cáritas

Paraná sede del Congreso Catequístico Regional

Bodas de Plata de la Ordenación Episcopal de Monseñor Maulión

Misa por la Virgen de Luján en Roma

Revista Digital NTC

Asamblea Plenaria de la CEA

Vigilia por las vocaciones

Ordenaciones diaconales

Culto litúrgico en honor al beato Juan Pablo II, papa

El milagro de Juan Pablo II

El cardenal Karlic encabeza representación argentina en la beatificación

 

Abril 2011

Día de Trabajo: Misa y Bendición de elementos de trabajo

Pascuajoven 10 años

Bienvenida al Señor del Milagro

Marcha Juvenil del Viernes Santo

Mamerto Menapace en Paraná

80 años de la ACA. Saludo del Santo Padre

 

Marzo 2011

 

Primera Jornada «Dignidad de la Vida Humana Naciente» (UCA)

 

 

Instituto Fons Vitae: Diplomatura en Antropología Cristiana a distancia

Monseñor Puiggari visitó la UCA

Pascua Joven – 10 años: Certamen de la Canción Pascual

Primer Congreso Nacional de Doctrina Social de la Iglesia

Día del Niño por Nacer: Celebración Arquidiocesana

La Escuela «Virgen de la Medalla Milagrosa» cumple 50 años

Monseñor Puiggari recibió al Gobernador de Entre Ríos

25 de Marzo, Fiesta de la Anunciación, Día del niño por nacer

Monseñor Juan A. Puiggari tomó posesión de la Arquidiócesis de Paraná

Despedida de Monseñor Mario L.B. Maulión

Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma 2011

Febrero 2011

Homenaje a Monseñor Mario Maulión

Encuentro Anual de Catequesis

Saludo de Monseñor Juan Alberto Puiggari a nuestra Arquidiócesis

Despedida del Arzobispo saliente y la recepción del nuevo Obispo Diocesano

Fiesta Patronal de la parroquia Ntra. Sra. de Lourdes

  

Enero 2011

Cumpleaños del Cardenal Estanislao Esteban Karlic

Fiesta del Beato Fra Angelico

Acampada de Jóvenes en Villa Urquiza

 

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