Homilia en la toma de posesión

Monseñor Juan Alberto Puiggari

 

HOMILIA EN LA TOMA DE POSESIÓN DE LA ARQUIDIOCESIS DE PARANÁ


PARANÁ, 7 DE MARZO DE 2011

 

Queridos hermanos en el Señor:

Los saludo  con todo mi afecto con  las palabras del Apóstol San Pablo “…amados por Dios, llamados a ser santos, llegue la gracia y la paz, que proceden de Dios Nuestro Padre, y del Señor Jesucristo” ( Rom 1,7).

“Aquí estoy Señor” para hacer Tu Voluntad. En esta tarde, comienzo mi ministerio episcopal, en comunión con el sucesor de Pedro, nuestro Sumo Pontífice Benedicto XVI, teniendo clara conciencia que me entronco en una antigua y rica tradición eclesial que ha tenido egregios y santos obispos, riqueza de abnegación sacerdotal,  de  vida consagrada y de laicos que han entregado su vida al servicio de Dios y de los hermanos.

Esta realidad me hace sentir un cierto temor  ante  la nueva misión que sobrepasa mis capacidades humanas, que no dejan de confundirme, pero, al mismo tiempo, es una invitación  a la confianza y a un sereno abandono en Aquel que llama a seguirlo más de cerca. Resuena fuerte en mi corazón las Palabras de Jesús a Pablo “Mi gracia te basta, porque mi poder triunfa en la debilidad” 2Cor 9

Con estos sentimientos me presento ahora ante Ustedes, queridos hermanos  y hermanas, de esta querida Iglesia particular de Paraná “no lo hago  con sublime elocuencia o sabiduría humana, no pretendo cosa alguna sino anunciar a Jesucristo, y a este crucificado” 1 Cor, 2 1-3

Quiero ser para ustedes, apóstol de Jesucristo, servidor del Evangelio y testigo de la Esperanza que no defrauda.

 

Una vez más he meditado, en este tiempo, lo que pide la Iglesia al Obispo: El Concilio en Lumen Gentium nos recuerda que  «Los Obispos,  presiden en nombre de Dios la grey, de la que son pastores, como maestros de doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros de gobierno, de modo que quien los escucha, escucha a Cristo… y así de modo visible y eminente, hacen las veces del mismo Cristo, Maestro, Pastor  y Pontífice, y actúan en lugar suyo.» n.22….

 

 

El Documento de Aparecida también nos recuerda con claridad a los Obispos que “el Señor nos llama a promover por todos los medios la caridad y la santidad de los fieles… llamados a ser maestros de la fe y por lo tanto anunciar la Buena Nueva, que es fuente de esperanza para todos, a velar y promover con solicitud y coraje la fe católica… tenemos que ser testigos cercanos y gozosos de Jesucristo, Buen Pastor” Ap. N.187

 

Es Cristo quien me envía, nuevamente a estas tierras entrerrianas, no por mis condiciones personales, ni por méritos propios, sino por una misteriosa  elección de su amor, que elige a los que Él quiere, a los débiles, para confundir a los fuertes.

 

Y me pide que me identifique interiormente con Él, que me haga servidor como Él, que no vino a ser servido, sino a servir. Servidor hasta hacerme Siervo como Él.   Este es el fin último de todo ministerio en la Iglesia y muy especialmente del ministerio del Obispo: ser servidor humilde y fiel de Jesucristo, nuestro único Señor;  servidor, abnegado hasta la entrega total al pueblo que se me confía;   servidor de la esperanza, de la comunión, de la reconciliación y la paz; ser servidor de los más débiles, los más pequeños, los más pobres.

Mi servicio no puede nacer sino de la contemplación de Jesucristo, la obediencia al Padre y la docilidad al Espíritu. Mi primera responsabilidad es escuchar y contemplar para obedecer,  al proyecto divino del Padre, para esta Iglesia particular.

Hago mío lo que decía maravillosamente el Santo Padre en el comienzo de su servicio Petrino: “En este momento no necesito presentar un programa de gobierno… Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la Palabra y de la Voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia.”

Mi pastoreo será autentico y fecundo si nace del amor.

En la primera lectura  el profeta Ezequiel escuchábamos  las palabras del Señor que se presenta como el verdadero Pastor, en realidad el Pastor es Jesucristo: «»Yo soy el buen pastor […]. Yo doy mi vida por las ovejas», dice Jesús de sí mismo (Jn 10, 14s.).

Una de las características fundamentales del pastor debe ser amar a los hombres que le han sido confiados, tal como ama Cristo, a cuyo servicio está. «Apacienta mis ovejas», dice Cristo a Pedro, y también a mí, en esta tarde. Apacentar quiere decir amar, y amar quiere decir  estar dispuesto a inmolarse.

Amar es dar el verdadero bien a las ovejas, el alimento de la verdad de Dios, de la palabra de Dios; el alimento de su presencia, que él nos da en el Santísimo Sacramento.

En esta tarde frente a ustedes me quiero comprometer a amar, a entregar la vida por ustedes; solamente deseo servirlos, y poner a disposición de todos, mis pobres fuerzas, todo lo poco que tengo y que soy.

Por eso les pido: recen por mí, para que aprenda a amar cada vez más al Señor. Recen por mí a Jesucristo, para que me  ayude a ser, por él y con él, buen pastor de su rebaño, que peregrina en Paraná.

 

No puedo, en este día,  dejar de expresar  mi sentimiento más profundo  de  gratitud. A Dios Nuestro Señor, en primer lugar; a la Iglesia que amo como Madre y quiero servir con renovada entrega; a Nuestro Santo Padre Benedicto XVI II, al que quiero expresarle en la persona del Señor Nuncio de Su Santidad, a quien agradezco fraternalmente su presencia,  mi gratitud por la elección, mi obediencia y amor filial.

Gratitud a mi hermano Mons. Mario Maulión, desde el primer momento de mi nombramiento puso todo a mi disposición. Gracias por tu entrega sacrificada en esta tú querida Arquidiócesis. Vengo a continuar tu tarea.

Gracias al querido Cardenal Estanislao Karlic, de sus manos recibí el don del episcopado y su cercanía aprendí a vibrar con la Iglesia Universal.

A ustedes queridos hermanos en el episcopado: gracias por acompañarme en este momento. La presencia de ustedes hace visible el misterio de comunión del colegio episcopal  y es un estimulo y apoyo en esta nueva etapa de mi servicio episcopal.

Agradezco la presencia de las autoridades provinciales, municipales, del Secretario de Culto católico  de la Nación, de las autoridades  militares y de seguridad.

A mi familia y amigos que han venido de varios lugares, su apoyo ha sido y es sumamente importante para seguir cumpliendo con mi misión. Gracias

Permítanme un especial agradecimiento a los sacerdotes, diáconos, religiosos y consagrados y laicos que me han acompañado de la querida Diócesis de Mar del Plata. Ustedes bien conocen mi afecto, valoro enormemente el esfuerzo que han hecho y les reitero lo que les decía hace pocos días: entre altar y altar no hay distancia y en el Corazón de la Madre se encuentran los hijos. Que Dios los bendiga abundantemente por todo el bien que me han hecho.

Y a ustedes, mis queridos nuevos hijos que el Señor me da dado, gracias por todas las oraciones, apoyo y preocupación que han tenido hacia mi persona.

Ahora los convoco a la tarea apasionante de la Evangelización  En una época de cambios culturales radicales y profundos, como Iglesia debemos proclamar que: “Conocer a Jesucristo por la fe es nuestro gozo; seguirlo es una gracia, y trasmitir este tesoro a los demás es un encargo que el Señor, al llamarnos y elegirnos, nos ha confiado…” (DA 18)

 

A ustedes queridos hermanos sacerdotes, los saludo con todo afecto y descuento su apoyo.  Juntos hemos de trabajar para que Cristo sea conocido, amado y seguido.

Saben muy bien que el pueblo será, en gran parte lo que seamos nosotros los sacerdotes, por ello quiero animar la santificación del presbiterio.  Es mi primer deber y será mi primera preocupación.

La hora difícil, pero tan llena de esperanzas, que vive  el mundo nos exige a los sacerdotes una entrega incondicional y un amor apasionado a Jesucristo, a la Iglesia, y a los hombres, amor que encienda al pueblo de Dios en el fuego devorador que consumió a  los grandes santos.

 

A los seminaristas,  mi saludo afectuoso y paternal. Dios me conceda la gracia de acompañar la entrega generosa de sus vidas jóvenes.

Y a ustedes queridos religiosos,  religiosas y de vida consagrada, aprecio el don de la consagración, porque pertenece íntimamente a la vida de la IGLESIA, a su santidad y a su misión; y porque aportan un precioso impulso hacia una mayor coherencia evangélica y a su vez son testigos del Reino que viene. Cuenten con mi disponibili­dad y mi servicio.

Y a los laicos mi gratitud más sincera; me han acompañado intensamente con sus oraciones. Soy consciente de la importancia de la vocación de ustedes de iluminar y ordenar todas las realidades temporales según Dios. La Misión Continental exige una tarea ardua del laicado. Dios me permita acompañarlos y animarlos.

Un saludo especial a los jóvenes. La Iglesia cuenta con ustedes, sean protagonistas de un cambio, de la  verdadera revolución del amor, a la que los convoca nuestro querido Santo Padre. Confíen en Cristo y entreguen sus vidas. Tengan la santa ambición de ser santos, como Él es santo. Él no los defrauda.

 

Permítanme retomar lo que dije en esta Catedral el día de mi ordenación episcopal:

“He querido tomar como lema de mi episcopado la frase de San Pablo de «instaurar todo en Cristo», ya que me siento llamado a proclamar, con oportunidad o sin ella, que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.  Él es el Camino, la Verdad y la Vida. En Él se encuentra todo el tesoro de la redención. Él es el principio y fin, alfa y omega. Sólo en Él encontramos la vida plena.

 

Este misterio de recapitular todo en Cristo es obra del Espíritu Santo, agente principal de la Nueva Evangelización, que construye el Reino de Dios en el curso de la historia.

 

Quiero dejarme asumir por Él y ser dócil a Su obra.

 

Los intereses de Dios son mis intereses, a ellos quiero consagrar mis fuerzas y toda mi vida.

 

 

 

No es el momento de anunciar un plan pastoral, como lo dije al principio.

 

Permítanme simplemente señalar algunas notas que quisiera que tuviera nuestra Arquidiócesis:

 

Una Iglesia Santa, que en su camino pastoral, haga una clara elección por la santidad. “Confesar a la Iglesia como Santa significa mostrar su rostro de Esposa de Cristo” nos lo recordaba el siervo de dios Juan pablo II ( Novo Milenio Ineunte n.30)

Hace pocos días el Santo Padre, afirmaba que ante tanto mal en el mundo, hacía falta una gran corriente de bien, que es lo mismo que decir de santidad, sólo ella será capaz de vencer el mal. Ser cristiano es sinónimo de santo. Hacer hincapié en esto es más que nunca una urgencia pastoral. Sólo los santos son los verdaderos misioneros que renuevan el mundo según el designio de Dios.

 

Una Iglesia contemplativa: el Rostro de Jesús contemplado nos lleva a un conocimiento profundo y comprometedor de su misterio. Contemplar a Jesús con los ojos de la fe impulsa a penetrar en el misterio de Dios Trino. Contemplar a Jesús es comprender nuestra dignidad como personas llamados a su vocación suprema: la intimidad de la vida Trinitaria.

Una Iglesia orante es el secreto de un cristianismo realmente vital que trasforma, que no tiene motivos para temer, porque vuelve continuamente a las fuentes y se regeneran en ellas.

 

Una Iglesia Comunión: en la lectura de los Hechos, escuchábamos como las primeras comunidades cristianas tenían como signo distintivo la comunión, “íntimamente unidos”. No podía ser de otra manera porque escuchábamos a Jesús en el Evangelio: “Padre Santo, cuida en Tu nombre a aquellos que me distes para que sean uno, como nosotros” Jn 17,11b

“Que todos sean uno…para que el mundo crea”. Tenemos que ser creíbles por la unidad. Debemos cultivar la espiritualidad de comunión que significa tener una mirada de corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros y cuya luz ha de ser reconocida en el rostro del hermano.

 

Una Iglesia misionera: que como nos pide Aparecida seamos capaces de relanzar con fidelidad y audacia Su misión en las nuevas circunstancias.  No podemos replegarnos frente a quienes sólo ven confusión, peligros y amenazas… “Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros. Ello no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino…” (DA 11)

Una Iglesia servidora: El primer servicio que la Iglesia hace a los hombres es anunciar la verdad sobre Jesucristo. La crisis es para la Iglesia un gigantesco desafío ante la impostergable tarea de proseguir realizando la Nueva Evangelización. (NMA)

Iglesia servidora, que se preocupe por el hombre, y por lo mismo que trabaje  por la familia y defienda la vida, toda vida; que  cuide a los pobres, a los enfermos, a los que están solos, a los que no tienen fe.

Iglesia servidora que construya un Patria de hermanos,  sin excluidos, reconciliada en la verdad y la justicia.

Iglesia servidora que no abandone ningún campo de la actividad humana,  porque en todos, Cristo tiene algo que decir y transformar.

 

Todo esto lo hago oración en esta noche, poniéndolo  sobre el Altar, con la convicción que la Gracia de Dios no nos va a faltar sin somos capaces de poner empeño en una acción pastoral ordinaria,  orgánica y vigorosa, de manera que la variedad de carismas, ministerios, servicios y organizaciones se orientan en un mismo proyecto misionero.

 

Queridos hermanos: quiero ser para ustedes servidor de la esperanza, en este momento del mundo, donde hay tanto desaliento y tristeza, necesitamos todos ser testigos de la Resurrección: ¡Alégrense! “No tengan miedo” Sí Cristo está Vivo, junto a nosotros y nos dice: …. Yo he vencido al mundo…Yo estoy con ustedes”.

Con Pablo me digo y les digo “Estén siempre alegres, lo repito, estén alegres, que el Señor está cerca”

 

Término dirigiéndome a mi Madre, Nuestra Madre:

 

Querida Madre  Nuestra Señora del Rosario, una vez más recurro lleno de confianza a tu Corazón Inmaculado para decirte en este momento importante de mi vida y mi ministerio que “soy todo tuyo”. Quiero que los ojos de mi corazón, como los tuyos, se concentren sólo en Jesús, en Él solo encuentro seguridad, Él es la Roca sobre la cual quiero edificar para “instaurar todo en Cristo”.

Estoy seguro de que Dios me tiene preparadas muchas cosas lindas en este nuevo servicio episcopal que me pide: hay muchos sacerdotes, nuevos colaboradores a quienes debo animar; muchos religiosos,  religiosas y consagradas que enamorados de Jesús, día a día gastan sus vidas en bien de sus hermanos; muchos seminaristas a quienes debo acompañar ; muchos laicos comprometidos que santifican las realidades temporales y ordenan el mundo a Dios; muchas familias que reproducen el espíritu del hogar de Nazaret; muchos jóvenes sedientos de algo que sacie sus corazones; muchos niños que con su inocencia nos comunican esperanzas y ganas de vivir; muchos pobres a quienes acercarme y en quienes poder descubrir el rostro de Jesús hambriento, sediento, sin techo, preso, o sufriendo cualquier indigencia; muchos hermanos desorientados y desanimados, en fin, muchas instituciones, movimientos y carismas  que enriquecen y embellecen esta Iglesia particular de Paraná

Pero, tu mirada de Madre me destapa el alma y no puedo dejar de decirte que tengo temor de no ser el padre y pastor que esperan para ayudarlos a caminar hacia Dios.

Pero qué hermoso y qué consolador es escuchar hoy nuevamente de  Jesús: “Ahí tienes a tu Madre”, y mirándote a Ti, querida Madre, recordar lo que le dijiste a Juan Diego en Guadalupe: “No tengas miedo, mi corazón inmaculado será tu refugio”. En este, Tu Corazón de Madre, encuentro el refugio para vivir este momento con paz y alegría. A este Corazón Inmaculado consagro hoy este nuevo servicio pastoral y a todos mis hermanos y hermanas de esta Iglesia que peregrina en Paraná.

Querida Madre,  hoy quiero renovar mi consagración a vos para que mi corazón sea “todo tuyo”, para que nada me impida ser totalmente de Jesús. Confío plenamente en el amor de tu Corazón Inmaculado. Haz que mi paso por esta diócesis sea nada más que para anunciar a Jesucristo, el Señor.

Madre únenos a Tí en la tierra y llévanos Contigo al Cielo.

Queridos hermanos: Mar adentro

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Despedida de Mons. Maulión

El pasado 4 de marzo el Arzobispo Emérito Monseñor Mario Maulion se despidio de la Arquidiocesis de Paraná en el marco de Misa que presidio junto a todo el presbiterio de Paraná

En esa ocasión recibio el saludo de las autoridades alli presente, como asi tambien de todo los fieles que participaron de dicha celebración.
Al iniciar la celebración Mons Maulion expresaba: «Agradezco al Señor por esta Eucaristía que estamos celebrando al finalizar mi función como Arzobispo de esta Arquidiócesis. Agradezco a todos Ustedes, querido Cardenal Estanislao, querido Monseñor César Daniel, queridos Sacerdotes, Consagrados y Consagradas, Fieles Cristianos Laicos, hermanos de otras confesiones religiosas, autoridades, familiares, amigos que me acompañan en esta celebración: Aprecio y agradezco muy sentidamente la cercanía cordial de todos Ustedes. Quise celebrar esta Misa con las oraciones y los textos bíblicos de la celebración de la “Virgen María, Reina de los Apóstoles” .


A continuación ponemos a disposicion el texto.

 

Homilía de Mons. Maulión al finalizar su función

Homilía del Administrador Apostólico de Paraná en la misa al finalizar su función como Arzobispo de la Arquidiócesis de Paraná

Hermanos:
1.- Agradezco al Señor por esta Eucaristía que estamos celebrando al finalizar mi función como Arzobispo de esta Arquidiócesis. Agradezco a todos Ustedes, querido Cardenal Estanislao, querido Monseñor César Daniel, queridos Sacerdotes, Consagrados y Consagradas, Fieles Cristianos Laicos, hermanos de otras confesiones religiosas, autoridades, familiares, amigos que me acompañan en esta celebración: Aprecio y agradezco muy sentidamente la cercanía cordial de todos Ustedes. Quise celebrar esta Misa con las oraciones y los textos bíblicos de la celebración de la “Virgen María, Reina de los Apóstoles”

2.- La Palabra de Dios nos presenta dos momentos de la Iglesia, de esa Iglesia que formamos nosotros y que se une, en espacio y en el tiempo, a través de una interrumpida serie de comunidades desde hace más de 2.000 años, con el mismo Jesús.
En el Evangelio se nos proclamó la muerte de Jesús, tal como ocurrió en aquella Jerusalén hace ya tantos años. Junto a Jesús Había lo que podemos llamar (una o la) Iglesia: mínima en su número o cantidad pero íntegra en su realidad: Jesús, María, su madre, algunas Mujeres (una de ellas, convertida) y el Discípulo. También cercanos a ellos había otros: soldados, autoridades religiosas, curiosos. Unos eran indiferentes o burlones, otros agresivos y con odio. Podríamos decir que era una Iglesia en y frente al “mundo”.

3.-En esos momentos, a punto ya de morir Jesús después de un cruel y despiadado proceso y cumplimiento de la condena, se da un intercambio  entre Jesús, María y el Discípulo. “Mujer” tienes un nuevo hijo, nuevos hijos. Jesús le entrega a su Madre al Discípulo “que tanto quería” y al Discípulo le dice: Ahí tienes a tu Madre”. Y “desde aquella hora el Discípulo la recibió en su casa.
“Desde aquella hora…”. Esa Hora era la que Jesús venía anunciando y que ya se estaba cumpliendo. La Hora culminante de Jesús en que se realizan sus palabras: el Cuerpo de Jesús está siendo entregado realmente, la Sangre está siendo derramada realmente, por Ustedes y por muchos, para el perdón de los pecados.
Y desde ese momento el Discípulo la recibió en su casa.
Así comenzó la Iglesia Y en esa Hora de Jesús, estaba María, de pie

4. En la 1ª Lectura se nos proclamó la continuidad de la Iglesia. En ese grupo Jesús ya no está visiblemente. Es la Iglesia en el mundo pero sin la presencia visible de Jesús.
Se reúnen en Jerusalén. ¿Quiénes? Los Apóstoles, María, algunas mujeres, los parientes de Jesús y por el contexto se puede presumir que incluirían a algunos más. Oraban. Fue la primera novena del Espíritu Santo en la Iglesia. Y se llenan de ese mismo Espíritu Santo que se manifestó en el viento recio, en las llamas de fuego y en el portento de los asombrosos modos de hablar.
Así comenzaba a manifestarse la Iglesia al mundo: sin la presencia visible del Señor pero con la fuerza irresistible del Espíritu que había prometido enviar y que lo había enviado. Es la Iglesia preparada por Jesús y realizada por Él en su Muerte, en su Resurrección, en el Espíritu santo. Es la Iglesia a la que Él encomendó: “vayan por todo el Mundo y hagan discípulos míos”. Es la Iglesia que forman los discípulos, los creyentes en Jesús, los que viven de su Vida. Es la Iglesia formada por misioneros: testigos de Él  que son sus testigos porque viven de Él y viven como Él.

5.- Esta es nuestra Iglesia. La que formamos nosotros. Es la Iglesia en la que nacimos y en la que aprendimos a conocer a Jesús, a creer en Él, a ser hombres creyentes en nuestro mundo, es la Iglesia estamos llamados a consolidar y acrecentar. Es la Iglesia que Jesús hace y viene haciendo. Y que quiere que, con Él, también la hagamos crecer y consolidar para que sirva al hombre, a cada hombre, para trasmitir la gran verdad del hombre: que Dios lo quiere y lo quiere salvar.
Mirar a la Iglesia en su nacimiento es un camino que nos ilumina para que la Iglesia se renueve mirando a sus mismos orígenes: Jesús, el Espíritu Santa, María, los creyentes, presencia ante el mundo.
Es la Iglesia que es nuestra Madre porque en ella, Jesús nos hace vivir como hijos de Dios. Es también la Iglesia   -y lo digo casi con atrevimiento y osadía-  es también nuestra hija porque esa Iglesia es también como la hacemos nosotros, acrecentándola o debilitándola.

6.- La vida y la tarea de la Iglesia es evangelizar. Es presencia en el mundo que anuncia y testimonia a Jesús. En todos los aspectos y en todos los ambientes.
En la Familia que debe ser evangelizadora por esencia hoy requiere ser re evangelizada.
En la  convivencia social y en la educación para que se construya entre todos un ámbito de solidaridad y espíritu de paz, de respeto, incluso de reconciliación
En nuestras comunidades se nos está pidiendo que cada vez más sean espacios donde se vive, se acoge, se aprende y se enseña una estilo de comunión”.
La evangelización pide al Consagrado manifestar el gozo de vivir con el Señor y de convivir, hermanados, en comunidad. La tristeza, la desconfianza y el egoísmo que aparecen con frecuencia en la vida humana son un reclamo más para que el Consagrado testimonie los valores de una Vida que “viene de lo Alto” y que quiere elevar lo terreno al nivel de lo divino. El Consagrado es y ha de ser testigo de esperanza.
Con mucha humildad, porque siento el peso de mi limitación y mi debilidad pero con claridad quiero decir que el Obispo y su Presbiterio, como signos e instrumentos de Cristo, Cabeza de la Iglesia, tenemos la misión de hacer de cada comunidad una comunidad evangelizadora, acogedora, misionera, decididos incluso a ser “signos de contradicción”.
La unidad  – como Jesús la pide a los Apóstoles y a los que están sacramentalmente unidos a ellos por el Orden Sagrado –  es una orden precisa, clara, indubitable: “Ámense como Yo los amé (hasta entregar el propio cuerpo y derramar la propia sangre)”. El amor que se tengan entre ustedes hará que el mundo crea que YO SOY.

Al dejar mi función como Arzobispo les pido que me permitan decirles lo que ya les había pedido al iniciar mi ministerio en Paraná: La comunión en el Presbiterio, con el Señor, con el Obispo y entre todos, es garantía de una Iglesiaque, unida por el Señor, es vigorosa y alegre en el testimonio porque evangelizar es esfuerzo y entrega alegre.

7.- La Virgen, Madre de Jesús y Madre de la Iglesia, es también tipo y modelo de la Iglesia. Ella nos guíe en el camino de seguir a Jesús.
Hermanos muchas gracias por todo y a todos.

Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma

Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma de este año

El período cuaresmal, que da inicio con la celebración del miércoles de cenizas, es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una sincera revisión de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo.

El Papa nos dice que «La Cuaresma, que nos lleva a la celebración de la Santa Pascua, es para la Iglesia un tiempo litúrgico muy valioso e importante, con vistas al cual me alegra dirigiros unas palabras específicas para que lo vivamos con el debido compromiso. La Comunidad eclesial, asidua en la oración y en la caridad operosa, mientras mira hacia el encuentro definitivo con su Esposo en la Pascua eterna, intensifica su camino de purificación en el espíritu, para obtener con más abundancia del Misterio de la redención la vida nueva en Cristo Señor».

 

Mensaje del Papa para la Cuaresma 2011

Mensaje de Benedicto XVI, para la Cuaresma 2011


«Con Cristo sois sepultados en el Bautismo,
con él también habéis resucitado»
(cf. Col 2, 12)


Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma, que nos lleva a la celebración de la Santa Pascua, es para la Iglesia un tiempo litúrgico muy valioso e importante, con vistas al cual me alegra dirigiros unas palabras específicas para que lo vivamos con el debido compromiso. La Comunidad eclesial, asidua en la oración y en la caridad operosa, mientras mira hacia el encuentro definitivo con su Esposo en la Pascua eterna, intensifica su camino de purificación en el espíritu, para obtener con más abundancia del Misterio de la redención la vida nueva en Cristo Señor (cf. Prefacio I de Cuaresma).

1. Esta misma vida ya se nos transmitió el día del Bautismo, cuando «al participar de la muerte y resurrección de Cristo» comenzó para nosotros «la aventura gozosa y entusiasmante del discípulo» (Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor, 10 de enero de 2010). San Pablo, en sus Cartas, insiste repetidamente en la comunión singular con el Hijo de Dios que se realiza en este lavacro. El hecho de que en la mayoría de los casos el Bautismo se reciba en la infancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia «los mismos sentimientos que Cristo Jesús» (Flp 2, 5) se comunica al hombre gratuitamente.

El Apóstol de los gentiles, en la Carta a los Filipenses, expresa el sentido de la transformación que tiene lugar al participar en la muerte y resurrección de Cristo, indicando su meta: que yo pueda «conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos» (Flp 3, 10-11). El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo.

Un nexo particular vincula al Bautismo con la Cuaresma como momento favorable para experimentar la Gracia que salva. Los Padres del Concilio Vaticano II exhortaron a todos los Pastores de la Iglesia a utilizar «con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal» (Sacrosanctum Concilium, 109). En efecto, desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo: en este Sacramento se realiza el gran misterio por el cual el hombre muere al pecado, participa de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (cf. Rm 8, 11). Este don gratuito debe ser reavivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los catecúmenos de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana: viven realmente el Bautismo como un acto decisivo para toda su existencia.

2. Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor —la fiesta más gozosa y solemne de todo el Año litúrgico—, ¿qué puede haber de más adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios? Por esto la Iglesia, en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor, haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana: para los catecúmenos, en la perspectiva de recibir el Sacramento del renacimiento, y para quien está bautizado, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo y en la entrega más plena a él.

El primer domingo del itinerario cuaresmal subraya nuestra condición de hombre en esta tierra. La batalla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misión de Jesús, es una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad para acoger la Gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo, camino, verdad y vida (cf. Ordo Initiationis Christianae Adultorum, n. 25). Es una llamada decidida a recordar que la fe cristiana implica, siguiendo el ejemplo de Jesús y en unión con él, una lucha «contra los Dominadores de este mundo tenebroso» (Ef 6, 12), en el cual el diablo actúa y no se cansa, tampoco hoy, de tentar al hombre que quiere acercarse al Señor: Cristo sale victorioso, para abrir también nuestro corazón a la esperanza y guiarnos a vencer las seducciones del mal.

El Evangelio de la Transfiguración del Señor pone delante de nuestros ojos la gloria de Cristo, que anticipa la resurrección y que anuncia la divinización del hombre. La comunidad cristiana toma conciencia de que es llevada, como los Apóstoles Pedro, Santiago y Juan «aparte, a un monte alto» (Mt 17, 1), para acoger nuevamente en Cristo, como hijos en el Hijo, el don de la gracia de Dios: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle» (v. 5). Es la invitación a alejarse del ruido de la vida diaria para sumergirse en la presencia de Dios: él quiere transmitirnos, cada día, una palabra que penetra en las profundidades de nuestro espíritu, donde discierne el bien y el mal (cf. Hb 4, 12) y fortalece la voluntad de seguir al Señor.

La petición de Jesús a la samaritana: «Dame de beber» (Jn 4, 7), que se lee en la liturgia del tercer domingo, expresa la pasión de Dios por todo hombre y quiere suscitar en nuestro corazón el deseo del don del «agua que brota para vida eterna» (v. 14): es el don del Espíritu Santo, que hace de los cristianos «adoradores verdaderos» capaces de orar al Padre «en espíritu y en verdad» (v. 23). ¡Sólo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza! Sólo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha, «hasta que descanse en Dios», según las célebres palabras de san Agustín.

El domingo del ciego de nacimiento presenta a Cristo como luz del mundo. El Evangelio nos interpela a cada uno de nosotros: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». «Creo, Señor» (Jn 9, 35.38), afirma con alegría el ciego de nacimiento, dando voz a todo creyente. El milagro de la curación es el signo de que Cristo, junto con la vista, quiere abrir nuestra mirada interior, para que nuestra fe sea cada vez más profunda y podamos reconocer en él a nuestro único Salvador. Él ilumina todas las oscuridades de la vida y lleva al hombre a vivir como «hijo de la luz».

Cuando, en el quinto domingo, se proclama la resurrección de Lázaro, nos encontramos frente al misterio último de nuestra existencia: «Yo soy la resurrección y la vida… ¿Crees esto?» (Jn 11, 25-26). Para la comunidad cristiana es el momento de volver a poner con sinceridad, junto con Marta, toda la esperanza en Jesús de Nazaret: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo» (v. 27). La comunión con Cristo en esta vida nos prepara a cruzar la frontera de la muerte, para vivir sin fin en él. La fe en la resurrección de los muertos y la esperanza en la vida eterna abren nuestra mirada al sentido último de nuestra existencia: Dios ha creado al hombre para la resurrección y para la vida, y esta verdad da la dimensión auténtica y definitiva a la historia de los hombres, a su existencia personal y a su vida social, a la cultura, a la política, a la economía. Privado de la luz de la fe todo el universo acaba encerrado dentro de un sepulcro sin futuro, sin esperanza.

El recorrido cuaresmal encuentra su cumplimiento en el Triduo Pascual, en particular en la Gran Vigilia de la Noche Santa: al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuando renacimos «del agua y del Espíritu Santo», y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la Gracia para ser sus discípulos.

 

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Homilías (2)

 

Homilía Fiesta de la Virgen del Rosario 2016

 

Homilía de Corpus Christi 2016

 

Homilía de Ordenación Presbiteral de los Diáconos Rodrigo Badano, Horacio Correa, Darío Gonzalez, Ignacio Rodríguez y Marcelo Rueda.

 

Homilía en la Misa Crismal 2016

 

Homilía en la Apertura del Jubileo Extraordinario Del Año de la Misericordia

 

Homilía en la Fiesta de Nuestra Sra. del Rosario 2015

 

Homilía en la ordenación sacerdotal de los diáconos Ariel Gustavo Olmo y Damián José Retamar

 

Homilía en el Tedeum del 25 de Mayo de 2015

 

Homilía en la Ordenación Presbiteral de Julio César Faez y Ordenación Diaconal de Ariel Gustavo Olmos y Damián Retamar

 

Homilía en el TEDEUM del 9 de Julio (2014) 

 

Homilía en el TEDEUM del 25 de Mayo (2014)

 

Homilía en la Misa Crismal (2014)

 

Mensaje de Monseñor Puiggari para la Cuaresma (2014)

 

Mensaje de Monseñor Puiggari por el primer año del Papa Francisco

 

Homilía en la Santa Misa de Clausura del Año de la Fe (2013)

 

Solemnidad de Nuestra Señora del Rosario (2013)

 

Ordenación Diaconal (Paraná, 3 de diciembre 2012)

Ordenación Diaconal ( Paraná, 4 de agosto 2012)

Admisión a las Sagradas Órdenes Seminario Nuestra Señora del Cenáculo (Paraná, 6 de mayo de 2012)

Homilía en la Misa Crismal (2012)

Homilia en la Ordenación Presbiteral de los Diáconos Andrés Benítez y Claudio Massutti (5/11/2011)

Homilía en la Solemnidad de la Virgen del Rosario (2011)

Homilía en la Ordenación Diaconal de Andrés Benítez y Claudio Masutti (7/5/2011)

Homilía de la Vigilia Pascual (2011)

Homilía Celebración de la Pasión del Señor (2011)

Homilía en la Toma de Posesión de la Arquidiócesis de Paraná

Saludo de Monseñor Juan Alberto Puiggari a la Iglesia de Paraná

Homilía en la Misa Crismal (2011)

Homenaje a Monseñor Mario Maulión

La Municipalidad de la ciudad de Paraná realizará un acto homenaje a Monseñor Maulion por los años transcurridos al frente de esta Iglesia Particular de Paraná.

El próximo lunes 28 de febrero, a las 11hs, en el recinto del Honorable Consejo Delibertante; la Municipalidad de Paraná realizará un acto en homenaje a Monseñor Mario Maulion; quien fuera durante casi 8 años el Arzobispo de esta Iglesia Arquidiocesana.
En esta ocasión las autoridades locales quieren expresar su gratitud a Mons. Maulion por su servicio y ministerio pastoral.
Monseñor Maulión se despedirá de esta Iglesia Arquidiocesana el viernes 4 de marzo en la Misa que presidira a las 19.30hs, en la Catedral Metropolitana.

Encuentro Anual de Catequesis

Sábado 19 de febrero.

LUGAR: Polifuncional de Don Bosco (entrando por calle Rosario del Tala)

HORARIO: Desde las 08,30 hs; hasta las 18,00 hs.

PROGRAMA: A las 8,30 hs. inscripciones;

09,00 hs: Oración; 9,30 hs

Comienza la exposición del Padre Alfredo Nicola sobre el tema»Catequesis y Celebración»,

(Para una catequesis celebrativa y unacelebración catequizadora). Habrá trabajo en grupos y cierre hasta elmediodía. Almuerzo a la canasta (Frente al Polideportivo hay una rotisería).

14 hs: memoria del Congreso Diocesano.

15 hs: Puesta al día sobre el próximo Congreso Catequístico Regional y Congreso Catequístico Nacional.

17,00 hs: Santa Misa.18 hs: cierre.

COSTO: $5 (como colaboración)

Saludo de Mons. Puiggari

 

 

 

Queridos sacerdotes diocesanos, religiosos, consagrados y laicos que peregrina en la querida Arquidiócesis de Paraná:

 

                        Desde que me fue comunicada la designación como arzobispo de Paraná doy gracias a Dios Padre, que me ha llamado para este ministerio y al Santo Padre Benedicto XVI, que con su nombramiento ha depositado su confianza en mí. Rezo por cada uno de ustedes y aprecio profundamente la oración, la cercanía espiritual y la estima que me han hecho llegar.

                        Muy pronto tomaré posesión de esa querida Iglesia particular, como padre y pastor para servir al Pueblo de Dios, conforme al corazón de Cristo, siguiendo el ejemplo de aquel que no vino a ser servido sino a servir y dar la vida en rescate por muchos (cf. Mc. 10, 45).

                        Junto con todos ustedes y en virtud del bautismo soy ante todo discípulo y miembro del Pueblo de Dios. Como pastor servidor del Evangelio, soy consciente de ser llamado a vivir el amor a Jesucristo y a la Iglesia en la intimidad de la oración y de la donación de mi mismo a los hermanos y hermanas a quienes presidiré en la caridad. Como dice San Agustín “con ustedes soy cristiano, para ustedes soy obispo”.(cf. Ap. 186)

                        Con la gracia de Dios espero ser profeta, testigo y servidor de la esperanza; para animar, sostener, consolar y encender el ardor apostólico en los sacerdotes, consagrados y laicos.

                        Pongo toda mi confianza en “Aquel que me ha elegido”, y pido María Santísima Nuestra Señora del Rosario, que me ayude a ser testigo del evangelio y reflejo fiel de la misericordia del Padre.

                        Que el Señor los bendiga y hasta pronto.

 

+ Juan Alberto Puiggari

Arzobispo electo de Paraná

 

Nombramientos y designaciones

Nombramientos y designaciones de sacerdotes de nuestra Arquidiocesis 
 
Monseñor Mario Maulion, ha comunicado cambios en los oficios pastorales de algunos sacerdotes de nuestra Iglesia Arquidiocesana:
 
Designaciones de Administradores Parroquiales
– DESIGNO al Presbítero MARIO JOSÉ TABORDA como ADMINISTRADOR PARROQUIAL de la Parroquia INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, en “Bajada Grande”, ciudad de Paraná, la toma de posesion se realizó el pasado 3 de diciembre de 2010.
– DESIGNO al Pbro. GUSTAVO JAVIER MENDOZA como ADMINISTRADOR PARROQUIAL de la Parroquia N. S. DE GUADALUPE en la ciudad de PARANÁ, la toma de posesión se realizará el 19 de febrero.
– DESIGNO al Presbítero NORBERTO AGUSTÍN HERTEL como ADMINISTRADOR PARROQUIAL de la Parroquia SAN FRANCISCO DE BORJA en la ciudad de Paraná, la toma de posesion se realizará el 27 de febrero.
– DESIGNO al Presbítero CLAUDIO ALBERTO TOSO como ADMINISTRADOR PARROQUIAL de la Parroquia SANTA ANA en la ciudad de Paraná, la toma de posesión se realizará el 25 de febrero.
– DESIGNO a Mons. LUIS ALBERTO JACOB como ADMINISTRADOR PARROQUIAL de la Parroquia NUESTRA SEÑORA DE LA PIEDAD, la toma de posesión se realizará el 26 de febrero.
– DESIGNO al Pbro. EDUARDO RAFAEL JACOB como ADMINISTRADOR PARROQUIAL de la Parroquia SANTA ROSA DE LIMA en la ciudad de VILLAGUAY, la toma de posesión se realizará el 27 de febrero.

Designaciones de Vicarios Parroquiales
– DESIGNO al Pbro. HUMBERTO SANTIAGO PÉREZ, como VICARIO PARROQUIAL de la Parroquia San Ramón en la ciudad de NOGOYÁ.
– DESIGNO al Pbro. LEANDRO DANIEL BONNIN, como VICARIO PARROQUIAL de la Parroquia NUESTRA SEÑORA DE LA PIEDAD en la ciudad de PARANÁ.
– DESIGNO al Pbro. JORGE RAFAEL FONTANA, como VICARIO PARROQUIAL de la Parroquia SAN FRANCISCO DE BORJA, en la ciudad de PARANÁ.
– DESIGNO al Pbro. GUSTAVO ARIEL  MONTEAGUDO, como VICARIO PARROQUIAL de la Parroquia NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN, en la ciudad de NOGOYÁ.
– DESIGNO al Pbro. IGNACIO LUIS PATAT, como VICARIO PARROQUIAL de la Parroquia NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE POMPEYA, en la ciudad de PARANÁ.
– DESIGNO al Pbro. LEANDRO RAFAEL MAGGIONI, como VICARIO PARROQUIAL de la Parroquia SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS, en la ciudad de PARANÁ
– DESIGNO al Pbro. ARIEL ALBERTO  PARISSE, como VICARIO PARROQUIAL de la Parroquia SAN CAYETANO, en la ciudad de PARANÁ.
– DESIGNO al Pbro. MIGUEL JESÚS RAMÓN  GARCÍA, como VICARIO PARROQUIAL de la Parroquia SANTA ANA, en la ciudad de PARANÁ.
– DESIGNO al Pbro. IVÁN LIONEL  LÓPEZ, como VICARIO PARROQUIAL de la Parroquia NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ, en la ciudad de LA PAZ.
– DESIGNO al Pbro. OSIRIS DANIEL AGUSTÍN PONCE, como VICARIO PARROQUIAL de la Parroquia SANTA LUCÍA, en la ciudad de PARANÁ.
– DESIGNO al Pbro. CARLOS ARIEL GAITÁN, como VICARIO PARROQUIAL de la Parroquia SAN CIPRIANO Y SAN FRANCISCO JAVIER, en la ciudad de DIAMANTE.
– DESIGNO al Pbro. HERNÁN EDUARDO  ARISMENDI, como VICARIO PARROQUIAL de la Parroquia SANTA ANA, en la ciudad de VIALE
– DESIGNO al Pbro. GERMÁN PABLO BRUSA, como VICARIO PARROQUIAL de la Parroquia CRISTO PEREGRINO, en la ciudad de PARANÁ.
– DESIGNO al Pbro. WALTER JAVIER FATTOR, como VICARIO PARROQUIAL de la Parroquia SANTA ROSA DE LIMA, en la ciudad de VILLAGUAY

– DESIGNO al Pbro. ARIEL TALAVERA, como VICARIO PARROQUIAL de la Parroquia NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO, en la ciudad de CRESPO.

Oficios Especiales
– DESIGNO al Pbro. OVIDIO SANTIAGO ROSKOPF, como Formador del Seminario Arquidiocesano de Paraná.
– DESIGNO al Pbro. DAMIÁN MARCELO BATTAUZ, como CAPELLÁN DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA ARGENTINA SEDE PARANÁ.

Autorizaciones
– AUTORIZO al Pbro. ANTONIO ORLANDO MATTIASSI a fijar su residencia en la casa parroquial de la Parroquia Inmaculado Corazón de María de la ciudad de Paraná.
– AUTORIZO al Pbro. CÉSAR RAÚL MOLARO a fijar su residencia en la casa parroquial de la Parroquia San Agustín de la ciudad de Paraná.