Este domingo 25 de marzo, Monseñor Juan Alberto Puiggari presidirá la celebración Eucarística en Catedral.
La misa de Domingo de Ramos será a partir de las 11:00.
Este domingo 25 de marzo se celebramos el Domingo de Ramos. Se da comienzo a la semana donde contemplamos el misterio de la Vida Plena manifestado en Cristo
La Iglesia argentina, a través de la Comisión Episcopal de Laicos y Familia y de la Comisión Episcopal de Comunicación Social, propone un gesto a nivel nacional: “invitamos a toda la comunidad eclesial a unirnos especialmente en la procesión de los ramos, llevando adelante juntos un gesto que exprese nuestro anhelo de cuidar y respetar la vida como un DON. Preparar los ramos que usaremos en nuestras celebraciones uniendo a ellos la siguiente frase impresa: VALE TODA VIDA. El sentido es que esos ramos puedan ser agitados para aclamar la VIDA. Y entrar en la Semana Santa unidos al Señor”.
A través de una carta, fechada el 17 de marzo, se recuerda además que el domingo también se celebra el Día Del Niño por Nacer y que muchos participarán de diversas marchas organizadas por grupos de laicos que invitan a expresar la defensa de la vida por nacer: “Acompañamos a quienes participan y que utilizan el derecho a la libertad de expresión propio de la democracia y anhelamos que esta y otras manifestaciones las vivamos como una oportunidad y seamos así, como dice el Papa Francisco: “canales del bien y de la belleza, para que puedan hacer su aporte en la defensa de la vida y la justicia.”
Con motivo de acercarse la Semana Santa y el día del niño por nacer, el grupo de adultos y jóvenes de Acción Católica de la comunidad de Santa Rafaela está organizando una Adoración abierta por la vida.
La Adoración será este sábado 24 a partir de las 20:00 en la Parroquia. Participará la Banda Jeser. Se invita a todos quienes participar y prepararse espiritualmente para el tiempo de Semana Santa y orar por los niños por nacer.
Compartimos el texto completo de la catequesis durante la Audiencia General del miércoles 21. Francisco habló de lo que significa recibir la Comunión en Misa.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Y hoy es el primer día de la primavera: ¡buena primavera! ¿Pero qué pasa en primavera? Las plantas florecen, los árboles florecen. Os haré algunas preguntas. Un árbol o una planta enfermos, ¿florecen bien si están enfermos? ¡No! Un árbol, una planta que no es regada por la lluvia o artificialmente, ¿puede florecer bien? No. Y un árbol y una planta de la que se han arrancado las raíces o que no tiene raíces, ¿puede florecer? No. Pero sin raíces, ¿se puede florecer? ¡No! Y este es un mensaje: la vida cristiana debe ser una vida que debe florecer en obras de caridad, en hacer el bien. Pero si no tienes raíces, no podrás florecer, y la raíz ¿quién es? Jesús! Si no estás con Jesús, allí, en la raíz, no florecerás. Si no riegas tu vida con la oración y los sacramentos, ¿tendrás flores cristianas? ¡No! Porque la oración y los sacramentos riegan las raíces y nuestra vida florece. Os deseo que esta primavera sea una primavera florida para vosotros, como será la Pascua florida. Florida de buenas obras, de virtud, de hacer el bien a los demás. Recordad esto, este es un verso muy hermoso de mi país: «Lo que el árbol tiene de flor, viene de lo que tiene enterrado». Nunca cortéis las raíces con Jesús.
Y continuemos ahora con la catequesis de la santa misa. La celebración de la misa, de la que estamos recorriendo los varios momentos, se ordena a la Comunión, es decir a unirnos con Jesús. La comunión sacramental, no la comunión espiritual, que puedes hacer en casa diciendo: “Jesús, yo querría recibirte espiritualmente”. No, la comunión sacramental, con el cuerpo y la sangre de Cristo. Celebramos la Eucaristía para alimentarnos de Cristo, que se nos da tanto en la Palabra como en el Sacramento del altar, para conformarnos a él. Lo dice el Señor mismo:. «El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él «(Jn 6:56). Efectivamente, el gesto de Jesús que dio a sus discípulos su Cuerpo y su Sangre en la Última Cena, continúa todavía hoy a través del ministerio del sacerdote y del diácono, ministros ordinarios de la distribución a los hermanos del Pan de la vida y del Cáliz de la salvación.
En la misa, después de haber partido el Pan consagrado, es decir, el cuerpo de Jesús, el sacerdote lo muestra a los fieles, invitándolos a participar en el banquete eucarístico. Conocemos las palabras que resuenan en el altar sagrado: «Bienaventurados los invitados a la Cena del Señor: este es el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo». Inspirado por un paso del Apocalipsis – «Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero» (Ap 19,9): dice “bodas” porque Jesús es el esposo de la Iglesia, – esta invitación nos llama a experimentar la unión íntima con Cristo, fuente de alegría y santidad. Es una invitación que alegra y al mismo tiempo empuja a un examen de conciencia iluminado por la fe. Si, por un lado, vemos la distancia que nos separa de la santidad de Cristo, por otra, creemos que su Sangre es «derramada para la remisión de los pecados». Todos nosotros hemos sido perdonados en el bautismo, y todos nosotros somos perdonados o seremos perdonados cada vez que nos acercamos al sacramento de la penitencia. Y ¡no lo olvidéis! Jesús perdona siempre. Jesús no se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Precisamente pensando en el valor salvífico de esta Sangre, San Ambrosio exclama: «Yo que siempre peco, siempre debo disponer de la medicina» (De sacramentis, 4, 28: PL 16, 446A). En esta fe, también nosotros dirigimos la mirada al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo y le invocamos: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme». Esto lo decimos en cada misa.
Si somos nosotros los que vamos en procesión para hacer la Comunión, nosotros vamos en procesión hacia el altar para comulgar, en realidad es Cristo quien viene a nosotros para asimilarnos a él. ¡Hay un encuentro con Jesús! Alimentarse de la Eucaristía significa dejarse cambiar en cuanto recibimos. San Agustín nos ayuda a entenderlo, cuando nos habla de la luz que recibió cuando sintió que Cristo le decía: «Yo soy el alimento de los grandes. Crece, y me comerás. Y no serás tú el que me transformará en ti, como el alimento de tu carne; sino que tú serás transformado en mí «(Confesiones VII, 10, 16: PL 32, 742). Cada vez que comulgamos, nos asemejamos más a Jesús, nos transformamos más en Jesús. Así como el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor, del mismo modo los que los reciben con fe se transforman en Eucaristía viviente. Al sacerdote que, cuando distribuye la Eucaristía, te dice: «El Cuerpo de Cristo», tu respondes: «Amén», es decir, reconoces la gracia y el compromiso que conlleva convertirse en el Cuerpo de Cristo. Porque cuando tu recibes la Eucaristía te vuelves cuerpo de Cristo. ¡Es hermoso esto; es muy hermoso! Al mismo tiempo que nos une a Cristo, arrancándonos de nuestro egoísmo, la Comunión nos abre y nos une a todos aquellos que son uno en Él. Este es el prodigio de la Comunión: ¡nos convertimos en lo que recibimos!
La Iglesia desea fervientemente que los fieles también reciban el Cuerpo del Señor con las hostias consagradas en la misma misa; y el signo del banquete eucarístico es más completo si la santa Comunión se hace bajo las dos especies, aun sabiendo que la doctrina católica enseña que también bajo una sola de las dos especies se recibe a Cristo todo e íntegro (cf. Instrucción General del Misal Romano, 85; 281-282). Según la práctica eclesial, el fiel se acerca a la Eucaristía normalmente en forma de procesión, como hemos dicho, y comulga de pie con devoción, o de rodillas, tal como establece la Conferencia Episcopal, recibiendo el Sacramento en la boca o, donde haya sido concedido, en la mano, según desee (ver OGMR, 160-161). Después de la Comunión, nos ayuda a custodiar en nuestros corazones el don recibido el silencio, la oración silenciosa. Alargar un poco ese momento de silencio, hablando con Jesús en el corazón nos ayuda mucho, así como un salmo o un himno de alabanza IGMR, 88) que nos ayude a estar con el Señor. (Véase IGMR, 88).
La Liturgia Eucarística se concluye con la oración después de la Comunión. En ella, en nombre de todos, el sacerdote se dirige a Dios para agradecerle de habernos hecho invitados suyos y para pedir que lo que se ha recibido transforme nuestra vida. La Eucaristía nos hace fuertes para dar frutos de buenas obras y para vivir como cristianos. Es significativa la oración de hoy, en la que pedimos al Señor que «el sacramento que acabamos de recibir sea medicina para nuestra debilidad, sane las enfermedades de nuestro espíritu y nos asegure tu constante protección» (Misal Romano, miércoles de la 5ª semana de Cuaresma). Acerquémonos a la Eucaristía: recibir a Jesús que nos transforma en Él nos hace más fuertes. ¡Qué bueno y qué grande es el Señor!
En el marco de las actividades conmemorativas del Día del Niño por Nacer, este viernes 23 se realizará en Catedral una misa y bendición de bebés por nacer.
Será a partir de las 20:00 y está organizada por Grávida, Servicio voluntario de Ayuda a la Vida Naciente y a la Maternidad. Los datos de contacto de esta institución son:
Tel: 0343 154 168469
Esta semana se están desarrollando los Ejercicios Espirituales en el Seminario Arquidiocesano. Desde el domingo por la noche los Seminaristas han comenzado el retiro anual de cinco días. En esta oportunidad los estarán acompañando por el predicador Pbro. Fray Pablo Ureta O.C.D.
Por su parte desde la mañana del lunes y hasta el viernes más de 30 sacerdotes de nuestra Iglesia particular iniciaron los ejercicios espirituales, esta primera tanda es predicada por el Pbro. Fernando Cervera S.J. La segunda tanda, será del 9 al 13 de abril.
Acompañemos a nuestros sacerdotes y seminaristas en esta semana con nuestra oración.
Con el inicio del año, cada delegación o pastoral va iniciando con fuerza sus actividades. Este fin de semana muchísimas personas se vieron involucradas en distintas actividades que se extendieron a lo largo y ancho del territorio arquidiocesano. Nuestro arzobispo pudo acompañar o visitar algunos de estos espacios de encuentro. Damos gracias a Dios por el trabajo silencioso de tantas personas.
Algunas de estas actividades fueron: Encuentro arquidiocesano de referentes de OVE; Retiro para Jóvenes y Adultos organizado por la Acción Católica Argentina; Encuentro de animadores de Infancia y Adolescencia Misionera; Toma de posesión de nuevos párrocos, Fiestas Patronales en honor a San José.
En el marco de la Solemnidad de San José, la librería San Francisco Javier abrió sus puertas en un nuevo y amplio local. En la misma dirección pero en una nueva ubicación en la mañana del lunes 19 la librería del arzobispado abrió las puertas de un nuevo espacio para la atención al público en donde cuenta con tres salas para la exhibición del todo el material que la librería posee.
En consonancia con una iniciativa que se articula en todo el país y organizada por la Red de Familias Entrerrianas, el domingo 25 de marzo se realizará una Marcha por la Vida.
En Paraná la cita de “Argentina Marcha por la Vida” tendrá lugar a partir de las 17:00 en la Plaza de la Locomotora del Parque Urquiza.

La Pastoral Universitaria de Paraná invita a estudiantes, profesionales y docentes a la misa que tendrá lugar el miércoles 21 a las 20.30 en la Parroquia Nuestra Señora de la Piedad (Italia 370).
Con esta celebración se reanudan las tradicionales misas mensuales destinadas a acompañar la vida universitaria.
