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Categoría: Prensa

Jornada sobre Educación Para el Amor

La Delegación Episcopal para la Niñez, del Arzobispado de Paraná, realizará una Jornada de Formación-Taller sobre Educación para el Amor, el día Sábado 06 de Agosto de 2011. Dicho encuentro, destinado a todos los Agentes de Pastoral especialmente Catequistas, Docentes y Animadores Infantiles, tiene como objetivos comprender los principios doctrinales, antropológicos y morales, sobre los que se asienta el valor y dignidad de la vida humana; así como también ofrecer herramientas, basadas en principios psicológicos y pedagógicos, para transmitir estos valores a nuestros niños y jóvenes.

Disertarán sobre estos temas: Pro. Ricardo Abalde, Ps Julio Zampronio, Prof. María Isabel Suquilvide y Lic. Natalia Arioli. A las 8hs comenzará la Acreditación, dando inicio la Jornada a las 9hs y finalizando a las 18hs, en el Auditorio de la UCA Subsede-Paraná “Santa María de los Buenos Aires” cita en Calle Buenos Aires 249, con un costo de $15 (no incluye almuerzo). Se entregarán certificados. Para consultas y preinscripción: delegaciondelaniniezpna@hotmail.com

«Fortaleciendo las familias»

Del 8 al 11 de agosto se realizará un Ciclo de conferencias denominado «Fortaleciendo las familias» en el Colegio Nuestra Sra. del Huerto, de Paraná, con entrada libre y gratuita.

 

Receso de invierno

Durante los días once (11) al quince (15) de julio la Curia permanecerá cerrada. La Librería San Francisco Javier funcionará normalmente en su horario habitual.

Cáritas recibe donaciones por el frío


Que pronto podamos cumplir algunos de los Mandamientos que Jesús nos dejó : “Dar de comer al hambriento, Cobijar al desnudo…”

 

 

Ante los numerosos pedidos de abrigos y alimentos recibidos en la Sede de Caritas en estos días de crudo invierno, por parte de Comisiones Vecinales, Instituciones, etc., para cubrir las necesidades de nuestros hermanos más pobres y desprotegidos; la Comisión de Cáritas Arquidiocesana de Paraná, informa que se encuentra abocada a la recaudación de las siguientes donaciones:

 

* Frazadas

* Acolchados

* Cubrecamas

* Sábanas

* Leche

* Yerba

* Azúcar

* Fideos

* Harina de maíz

* Arroz

 

Las donaciones serán recibidas en nuestra sede, sita en Rosario del Tala N° 641 de 8:30 hs a 18:30 hs.

        

Desde ya agradecemos a todos los que siempre nos brindan sus colaboraciones y ofrecen sin nada a cambio sus contribuciones, pudiendo así cubrir, las pequeñas y grandes necesidades de nuestros hermanos que más sufren.

 

 

Caritas Arquidiocesana de Paraná

Paraná, 5 de Julio de 2011

 

Encuentro Anual de Ministros Extraordinarios de la Comunión

Con motivo de los próximos encuentros anual de los MEC, la Delegación Episcopal de Liturgia da a conocer el cronograma con las fechas y lugares en donde se desarrollaran este año las jornadas y el modo de comunicar la nomina completa de los ministros de cada comunidad
El medio de comunicación es: el casillero Nº 48 del arzobispado; jose_falcon_24@hotmail.com o los teléfonos 03438 491420 / 03438 15408392: Padre José Falcón.

 

 

Fechas  y lugares ya confirmados MEC 2011:


Sábado 27/08: Pquia. Nuestra Señora del Rosario – Crespo: (Ramírez; Lucas González; Nagoya; Hernández; Crespo; Diamante; Las Cuevas; Valle María; Seguí.

Acreditación 9 hs. Finaliza a las 17 hs.  Celebración de la Santa Misa

VER PROGRAMA

 

Sábado 03/09: Capilla Nuestra “Señora de la Asunción” Aldea Santa María: (Cerrito; María Grande; Bovril; Sauce de Luna; Hernandarias; Viale)

Acreditación 9 hs. Finaliza a las 17 hs.  Celebración de la Santa Misa

VER PROGRAMA

 

Sábado 10/09: Pquia. Santa Elena – Santa Elena: (La Paz; Santa Elena; Feliciano)

Acreditación 9 hs. Finaliza a las 17 hs.  Celebración de la Santa Misa

VER PROGRAMA

 

Sábado 17/09: Pquia. Santa Rosa de Lima – Villaguay: (Clara y Villaguay)

Acreditación 9 hs. Finaliza a las 17 hs.  Celebración de la Santa Misa

VER PROGRAMA

 

Sábado 24/09: Paraná Cristo Redentor: (Todas las de Paraná, más San Benito; María Luisa; Oro Verde; Villa Urquiza)

Acreditación 9 hs. Finaliza a las 18 hs.  Celebración de la Santa Misa

VER PROGRAMA

La Caridad del Santo Padre


 

El Santo Padre, como Pastor de toda la Iglesia, se preocupa también por las necesidades materiales de las diócesis más pobres, institutos religiosos y fieles en graves dificultades de pobreza: niños, adultos, ancianos, marginados, victimas de guerras y desastres naturales, educación cristiana etc.

 

¿Para qué sirve?

Para acompañar al Santo Padre en su misión como Pastor de toda la Iglesia y para ayudar concretamente a las innumerables obras de Caridad y Misericordia que el Papa mantiene en el mundo a favor de los más necesitados.

El valor eclesial de este gesto resulta evidente si tenemos en cuenta que las iniciativas caritativas son connaturales a la Iglesia, como ha indicado el Papa en su primera Encíclica Deus caritas est (25 de diciembre de 2005):

«La Iglesia nunca puede sentirse dispensada del ejercicio de la caridad como actividad organizada de los creyentes y, por otro lado, nunca habrá situaciones en las que no haga falta la caridad de cada cristiano individualmente, porque el hombre, más allá de la justicia, tiene y tendrá siempre necesidad de amor».

 

Nuestra comunión y participación de la Caridad del Papa

La Jornada de la Caridad del Papa es expresión de la participación de todos los fieles en las iniciativas del Obispo de Roma en beneficio de la Iglesia universal. Esto significa que lo recaudado en las colectas que se realizan en las misas celebradas el 2 y 3 de julio, serán destinadas a ayudar a personas y poblaciones en dificultad, siguiendo las intenciones y juicios del Papa.

 

¿Qué es la Jornada de la Caridad del Papa?

Es ante todo una invitación a dar gracias a Dios por el importante servicio que el Sucesor de Pedro cumple en la Iglesia, acompañándolo en su misión y rezando por él.

“Me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar con instrumentos insuficientes -dijo refi-riéndose a su elección como Papa- y sobre todo confío en vuestras oraciones” (primeras palabras al Pueblo de Dios a pocos segundos de ser elegido Papa).

“Aquí no se trata de honores -explicó al Colegio de los Cardenales en su primera audiencia del 22 de abril de 2005-, sino más bien de un servicio que hay que desempeñar con sencillez y disponibilidad, imitando a nuestro Maestro y Señor, que no vino a ser servido sino a servir, y que en la Última Cena lavó los pies de los apóstoles pidiéndoles que hicieran los mismo”.

 

Origen de la Jornada de la Caridad del Papa

En algunos lugares, todavía hoy, se conoce esta Jornada como “Jornada del Óbolo de San Pedro”: Es una práctica que tiene sus orígenes en el estilo de vida de las primeras comunidades cristianas.

Podemos leer un primer testimonio en el libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 44 “Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno”. Con el cristianismo nace también la práctica de ayudar materialmente a quienes tienen la misión de anunciar el Evangelio, para que puedan entregarse enteramente a su ministerio, atendiendo también a los menesterosos (Hch 4,34; 11,29).

 

¿Cómo podemos participar de la Jornada?

  1. Con la oración personal y comunitaria rezando por las intenciones y misión del Papa.
  2. Con nuestra colaboración en las colectas que se realizan en las misas de los días 2 y 3 de julio de 2011.
  3. Puede hacer un depósito bancario a:
    Nombre: Nunciatura Apostólica
    Cuenta Corriente Nº 699132-001
    CBU: 02700106 10006991320014
    Banco SUPERVIELLE
    Sucursal: Av. Callao 1991
    CUIT de la Nunciatura: 30-52036684-5

    Invitamos a enviar el comprobante de la transacción con sus datos personales por mail al
    P. Robert Murphy
    Secretario Nunciatura Apostólica en Argentina
    ó por fax. al (+54-11) 4815.4097

 

Jornada Mundial de la Caridad del Papa

«La caridad es la fuerza que cambia al mundo»

 

En los días 2 y 3 de julio, celebraremos la “Jornada Mundial de la Caridad del Papa”.  Es una ocasión oportuna para manifestar nuestra adhesión filial a la figura del Papa, rezar especialmente por el Santo Padre Benedicto XVI y por su misión como Pastor de toda la Iglesia.

 

La Jornada Mundial es expresión de participación de todos los católicos en las iniciativas de caridad del Papa como Cabeza de la Iglesia y de nuestra adhesión como miembros de un mismo cuerpo a favor de aquellos hermanos nuestros que sufren distintos tipos de necesidades y que cuentan con la ayuda que podamos brindarles.

 

El lema para la Jornada de este año es “La Caridad es la fuerza que cambia el mundo”.  Dichas palabras son una invitación para todos los católicos, a salir al encuentro de nuestros hermanos más pobres con un gesto concreto que se realizará en todo el mundo.

 

El origen de esta colecta que se llevará a cabo en todas las misas del 2 y 3 de julio, tiene su origen en la vida de las primeras comunidades cristianas.

 

A través de ella el Papa atiende innumerables solicitudes de ayuda que, como Pastor de toda la Iglesia, recibe del mundo entero: necesidades de los más pobres, de los niños, ancianos, marginados, emigrantes, refugiados, víctimas de las guerras y desastres naturales. Acude además en ayuda de los misioneros, que promueven infinidad de iniciativas pastorales, evangelizadoras, humanitarias, educativas y de promoción social en los países más pobres de la tierra.

 

Nuestras comunidades están llamadas hoy a recordar esto y hacer viva la memoria en gestos concretos, a no quedar ajenas a esta invitación de ser solidarios.

Los invito a animar y promover una ayuda concreta y según las posibilidades de cada uno. Los invito a ser parte de la fuerza caritativa que transforma el mundo.

 

Que Dios bendiga la Jornada de la Caridad del Papa, a cada uno de nosotros y a nuestras comunidades de Argentina.

 

Pbro. Osvaldo Pablo Leone
Comisión Organizadora de la Jornada Mundial del Papa

 

MÁS INFORMACIÓN

Mons. Juan Alberto recibió el Palio Arzobispal

El Papa Benedicto XVI entregó hoy miércoles 29 de junio el palio al Arzobispo de Paraná, Monseñor Juan Alberto Puiggari,durante una celebración eucarística en la que también impuso la estola de lana blanca con cruces negras que simboliza la unión con el Pontífice y su autoridad Metropolitana a otros 39 Arzobispos nombrados el último año, entre ellos quince latinoamericanos.

En la homilía, en la que agradeció el don del sacerdocio al cumplir 60 años de su ordenación, el papa le expreso a los nuevos arzobispos: El Palio, nos puede recordar ante todo el suave yugo de Cristo que se nos pone sobre los hombros. … Es un yugo de amistad y, por tanto, un «yugo suave», pero precisamente por eso es también un yugo que exige y que plasma. Es el yugo de su voluntad, que es una voluntad de verdad y amor. Así, es también para nosotros sobre todo el yugo de introducir a otros en la amistad con Cristo y de estar a disposición de los demás, de cuidar de ellos como Pastores. Con esto hemos llegado a un nuevo significado del palio: está tejido con la lana de corderos que son bendecidos en la fiesta de santa Inés. Nos recuerda de este modo al Pastor que se ha convertido Él mismo en cordero por amor nuestro. Nos recuerda a Cristo que se ha encaminado por las montañas y los desiertos en los que su cordero, la humanidad, se había extraviado. Nos recuerda a Él, que ha tomado el cordero, la humanidad – a mí – sobre sus hombros, para llevarme de nuevo a casa.



CORPUS CHRISTI 2011 – Homilía

 

Queridos hermanos:

Estamos celebrando la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo.  Unidos a toda la Iglesia, esta ciudad de Paraná, como parte de nuestra Iglesia Arquidiocesana, quiere una vez más,  rendir público homenaje de adoración al Misterio de Jesús presente en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

La solemnidad del «Corpus Christi» nació precisamente para ayudar a los cristianos a tomar conciencia de esta presencia de Cristo entre nosotros, para mantener despierto lo que el beato Juan Pablo II llamaba el «estupor eucarístico», es decir, la capacidad de asombrarnos cada vez más  ante esta “enormidad”  que es la Eucaristía.

Y si bien para nosotros la Eucaristía no es algo nuevo a descubrir, sino algo familiar,  quizá haya necesidad  de que la  rescatemos de la costumbre, o mejor dicho, del acostumbramiento. La rutina de las celebraciones hace que se pierda ese estupor, ese asombro por el mayor don que Dios nos ha hecho luego de su Encarnación y consecuentemente con ella y con su sacrificio redentor.

La primera lectura que hemos escuchado del libro del Deuteronomio nos recuerda el largo camino que hizo el pueblo elegido por el desierto rumbo a la tierra prometida.  Camino arduo y dificultoso, lleno de peligros y donde constantemente era probado en la fidelidad al Dios de la Alianza.   En ese camino experimentaron la espantosa y asoladora aspereza del desierto del Sinaí: el hambre atroz, la sed aterradora, la piedra desnuda, los riesgos mortales, los estragos del camino, las alimañas, serpientes venenosas y alacranes terribles.  En una palabra, un entorno de muerte donde el hombre no puede sobrevivir con sus solas fuerzas.  De hecho, nadie, sólo y por su cuenta, lo intentaría.  La única confianza posible  la hallarían solamente en Dios.

En ese Dios que era el conductor de su Pueblo, al que se mantenía enormemente fiel y por quien realizaría toda clase de prodigios y signos de su Amor y fidelidad.  Uno de estos signos fue el maná, alimento que no habían conocido ni ellos ni sus padres, figura del verdadero Pan que sustenta nuestra vida, el Pan de la Eucaristía.

En la segunda lectura, San Pablo nos ayuda a comprender que el hombre necesitado de pan y agua para subsistir, sólo puede vivir plenamente si se realiza en la relación con Dios y con los hermanos.  Para expresar este concepto, Pablo se vale de la experiencia eucarística que se vive en la comunidad de Corinto.  La participación y la comunión del pan eucarístico, a través del cáliz y el pan del altar, ayudan a entrar en una relación personal, profunda e íntima con el Cuerpo de Cristo, es decir, con su vida y con su amor.  Comiendo el Cuerpo de Cristo nos convertimos en Cuerpo de Cristo.  O dicho de otra forma, formamos entre nosotros, que nos comunicamos con Cristo, un solo cuerpo, el Cuerpo de Cristo.-

El texto del Evangelio que hemos escuchado debemos leerlo a la luz de la primera lectura, es decir, de la dramática situación del pueblo de Dios en el desierto.

En este capítulo, San Juan nos presenta a Jesús que está en la sinagoga de Cafarnaúm.  Después de la multiplicación de los panes, Jesús había cruzado el lago de Galilea y se reunió en la sinagoga con los judíos que se juntan para leer y explicar las escrituras y para rezar.  Es de suponer que se ha leído un pasaje de la Sagrada Escritura donde se relata el milagro del maná que Dios proporcionó a los israelitas en el desierto.  Los judíos preguntan a Jesús sobre un Salmo de la Escritura donde se refiere este hecho diciendo:”Les dio a comer el pan del cielo”.

 

Tomando este texto como punto de partida, Jesús los instruye explicándoles que aquel pan que habían recibido en el desierto no era el verdadero pan del cielo, ya que es un hecho conocido por todos ellos,  que los que estuvieron con Moisés en el desierto murieron después de algún tiempo.  Si el maná hubiera sido el verdadero pan del cielo, les habría comunicado la vida eterna.  Con estas explicaciones, Jesús provoca el interrogante:

¿Entonces, cuál es el verdadero pan del cielo del que hablan las Escrituras?

El texto que hemos leído nos ofrece la última  parte de la respuesta de Jesús.  Son palabras que sorprenden y escandalizan a los oyentes:

Quien distribuye el verdadero pan del cielo no es Moisés sino Dios, y el pan no es el maná sino el mismo Jesús.

Jesús es el verdadero maná.  Este alimento es superior al que comieron los antepasados en el desierto que, después de comerlo y de quedar saciados, “murieron”.

El Señor prepara a sus discípulos para que por la fe acepten comer este pan que ahora ofrece y que es Él mismo.  Por esto dice “mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”. De no comerlo “no tendrán vida en ustedes”. Es la carne y la sangre del sacrificio de la cruz, entregada para que nosotros vivamos para siempre con Él.  Jesús nos da a comer su carne inmolada en la cruz para que “vivamos para siempre”.

La carne de Jesús inmolada en la cruz se convierte en la comunión eucarística en la unión profunda de vida con él.  Uniéndose a nosotros,  a nuestra debilidad, Jesús se transforma en nuestro pan.  Jesús quiere que, al participar en la Eucaristía, experimentemos que en el desierto de nuestra vida también podemos lanzarnos como hambrientos y sedientos en los brazos de Dios.

Este gran misterio supera cualquier esfuerzo humano por comprender su sentido insondable.  Sólo se comprende si concebimos que Dios es Amor.  Llamados a la vida eterna, a la vida de Dios, nuestra vida se encuentra en el amor de Dios con un amor tan grande que vence todas nuestras debilidades.

En este sentido, hablando del culto eucarístico nos decía el beato Juan Pablo II: “El culto a la Eucaristía es de inestimable valor en la vida de la Iglesia…Es bello quedarse con Él e inclinados sobre su pecho, como el discípulo predilecto, ser tocados por el amor infinito de su corazón… Hay una necesidad renovada de permanecer largo tiempo, en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento”. Y agregaba: “¡Cuántas veces, mis queridos hermanos y hermanas, he hecho esta experiencia y de ella he sacado fuerzas, consuelo, sostén!” (Juan Pablo II,  Ecclesia de Eucharistía n. 25).

El Señor, “pan vivo”, continuamente está a nuestra disposición.  El nos ayuda a vivir en la fe, esperanza y caridad y a gustar desde ahora, incluso sufriendo la soledad del desierto en esta vida, la verdad de la resurrección.-

Ahora bien: todos los que comulgamos nos unimos en un solo cuerpo con Jesús,  para poder vivir y amar como El vive y ama.  Lejos de encerrarnos en nosotros mismos, la comunión tiene que abrirnos para amar la vida y amar cada vez más a Dios y a nuestros hermanos.

Amar la vida es descubrirla como un don precioso de Dios, que quiere compartir con nosotros su dichosa existencia.  Aunque el instinto natural nos mueve a acoger la vida, respetarla y cuidarla, sin embargo, esta percepción se oscurece muchas veces en la cultura y en nosotros mismos.  Frente a una cultura de la muerte que nos amenaza de tantas formas, hace falta que los cristianos seamos capaces de vivir y transmitir a Jesús que ha venido para que tengamos Vida y la tengamos en abundancia.

Por eso los Obispos hemos querido llamar a este año 2011 “Año de la vida”, fortaleciendo la conciencia del respeto y el cuidado de la vida, de toda vida:

“… cuando hablamos del don de la vida, regalo sagrado de Dios a los hombres, ‘nos referimos a la vida de cada persona en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural’ y en todas sus dimensiones: física, espiritual, familiar, social, política, religiosa, etc. La persona humana, portadora de vida, es ‘necesariamente fundamento, causa y fin de todas las instituciones sociales’ y es en este sentido que la Iglesia ha buscado siempre, en su accionar, la promoción de la dignidad de la persona y la protección de los derechos humanos como sustento imprescindible y constitutivo de todo orden social. Por eso, como pastores y ciudadanos, queremos reafirmar, en este camino del Bicentenario y de modo especial durante el 2011, la necesidad imperiosa de priorizar en nuestra patria el derecho a la vida en todas sus manifestaciones, poniendo especial atención en los niños por nacer, como en nuestros hermanos que crecen en la pobreza y marginalidad.

Estamos convencidos de que no podremos construir una Nación que nos incluya a todos si no prevalece en nuestro proyecto de país el derecho primario de toda persona sin excepción: el derecho a la vida desde la concepción, protegiendo la vida de la madre embarazada, y, potenciando el vínculo madre-hijo a fin de cuidar su calidad de vida hasta la muerte natural. Debemos encontrar caminos para cuidar la vida de la madre y del hijo por nacer, y así, salvar a los dos” (Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina, 14 de octubre de 2010).

El Cristo que reconocemos presente y adoramos en la Eucaristía es el mismo Cristo que hoy reclama nuestro amor en nuestros hermanos que sufren.  Los Obispos han dicho en Aparecida (393): “Los cristianos como discípulos y misioneros estamos llamados a contemplar en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo que nos llama a servirlo en ellos: “Los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo”.

Ellos interpelan el núcleo del obrar de la Iglesia, de la pastoral y de nuestras actitudes cristianas. Todo lo que tenga que ver con Cristo, tiene que ver con los pobres y todo lo relacionado con los pobres reclama a Jesucristo: “Cuanto lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt 25, 40).

En el contexto del año de la vida y también al celebrar mañana, 26 de junio, el día Internacional de la lucha contra el uso indebido y el
tráfico ilícito de drogas, no podemos dejar de pensar que entre los pobres más pobres están los niños, adolescentes y jóvenes que hipotecaron su vida por las adicciones, que viven esclavizados por la droga habiendo perdido su dignidad, que mueren todos los días como consecuencia de este flagelo.

Sin lugar a dudas, en estas últimas décadas, en nuestro país y en el mundo, el drama de la droga se ha presentado como una mancha que lo invade todo y que termina destruyendo familias y generaciones enteras. (Cfr. Aparecida, 422).

Juan Pablo II nos decía: “No se puede  menos que constatar con tristeza que la cultura de la muerte amenaza con superar el amor a la vida (…) , la muerte provocada por la violencia y con la droga”.  “Nos enfrentamos a un fenómeno de dimensiones aterradoras, no sólo por el elevadísimo número de vidas truncadas, sino también por la preocupante difusión del contagio moral que, desde hace tiempo, está alcanzando incluso a los más jóvenes, como en el caso – no infrecuente, por desgracia – de niños obligados a hacerse vendedores y, con sus compañeros, también consumidores” (JP.II:  L’Oss. Romano, Ed. En lengua española, 29 – 11 – 91, p. 10).

Por ello, en esta solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, no podemos dejar de relacionar ambas realidades: el cuerpo de nuestros hermanos más pobres adictos que encontramos en la esquina, en la plaza, y el Cuerpo del Señor que hoy solemnemente llevamos en procesión por las calles de nuestros barrios y ciudades.

No podemos pasar de largo ante este desafío.  Cuando la vida es amenazada desde su inicio, cuando la vida pierde sentido, creándose ese vacío existencial que empuja a muchos a la evasión de la droga, hacia un mundo de ilusiones, la Iglesia quiere presentar a Jesucristo, Señor  de la Vida,  y así, promover la vida, una vida sana vivida en libertad y alejada de toda esclavitud.

A veces es muy fuerte el agobio que produce constatar cada día esta realidad tan dura, que parece una tarea casi imposible, pero creemos que, más allá de su complejidad, el fenómeno de la droga no es un interrogante sin respuesta.

Frente a todo lo que nos deshumaniza y opaca el sentido de la vida; frente a la tentación de achicar la Mesa del banquete de la vida; frente a la pretensión de construir un mundo sin Dios, o incluso contra Dios, los cristianos creemos que ese proyecto indefectiblemente se vuelve contra el mismo ser humano y contra el bien de nuestro pueblo.   Por eso queremos proponer caminos de vida verdadera y plena para todos, caminos de vida eterna.  Caminos que nos conducen por la fe a gustar la plenitud de Vida que Cristo nos ha traído.  Con esta vida divina se desarrolla también en plenitud la existencia humana, en su dimensión personal, familiar, social y cultural.

Esta propuesta la queremos proponer con humildad, pero con la convicción con que Jesús se presentaba a sí mismo diciendo: Yo soy el camino, la verdad y la Vida.  Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.  Yo soy el Pan de vida.

Queremos anunciar “el amor de Dios que no quiere la muerte, sino la conversión y la vida” (Ez. 18,23).  En el marco de la misión continental queremos acercar a todos a Jesucristo, Señor de la Vida, recordando las hermosas palabras que nos decía el Papa Benedicto XVI al comienzo de su pontificado, haciéndose eco de su predecesor, el Beato Juan Pablo II:

“¡No teman! ¡Abran, más todavía, abran de par en par las puertas a Cristo!… Quien deja entrar a Cristo no pierde nada, absolutamente nada, de lo que hace la vida libre, bella y grande.  ¡No! Sólo con esa amistad se abren las puertas de la vida.  Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana.  Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera… ¡No tengan miedo de Cristo! Él no quita nada y lo da todo.  Quien se da a El recibe el ciento por uno.  Sí, abran, abran de par en par las puertas a Cristo y encontrarán la verdadera vida” (Benedicto XVI, 24-4-2005).  

Danos, Señor,  con tu Pan de Vida la fuerza que necesitamos para ello.  Que tu Cuerpo y tu Sangre entregados por Amor a nosotros nos hagan alegres mensajeros de la buena noticia del Evangelio de la Vida para todos nuestros hermanos.  Y que así como te reconocemos realmente presente en este santo Sacramento, así te reconozcamos también en nuestros hermanos que sufren todo tipo de pobreza y marginación.    Así sea.

 

 

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

El sábado 25 de junio en una tarde nublada y fría, el Obispo Auxiliar de Paraná, monseñor Daniel Fernández presidió la misa de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, ante una masiva concurrencia de fieles, que tubo lugar en la catedral metropolitana Ntra. Sra. del Rosario, y la posterior procesión con el Santísimo Sacramento hacia la Parroquia San Miguel Arcángel, templo en el que permanece expuesto para la adoración de los fieles las 24 horas durante todo el año. De la celebración participaron el cardenal Estanislao Esteban Karlic, numerosos sacerdotes, religiosos, laicos y autoridades. Al iniciar la celebración el Obispo Auxiliar transmitió a los fieles el saludo del Arzobispo, quien se encuentra en la ciudad de Roma para recibir el próximo 29 de junio, el Palio Arzobispal.

 

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