Parroquia San Cayetano

Colaboración de la Prof. Celia Godoy, Responsable del Archivo Arquidiocesano 

Al Este de la Ciudad de Paraná, construido sobre una antigua Cantera, nos encontramos con el barrio de una importante parroquia. El paisaje se caracteriza por un constante declive hacia el arroyo, hasta conformar un borde barrancoso de diferentes niveles  a lo largo de la zona, alternando con hondonadas y allí esta querida parroquia que hoy festeja sus 25 años.

Pero antes de esta fecha ya tenía  su historia. Dentro de los límites de las parroquias San Miguel y Catedral, la zona era  atendida desde 1965 por los servidores de don Bosco, los padres Salesianos.

En 1935, llegaron los primeros sacerdotes: el P. Luis Ramasso y el P. José M. Brasesco, quienes iniciaron inmediatamente sus actividades apostólicas.

Va a ser recién en 1965 que se harán cargo de esta nueva parroquia de Don Bosco por un pedido del Obispo de Paraná al padre Inspector Juan Bautista Brisio.

En el pedido dice que la salud espiritual de las almas le exige aumentar el número de parroquias y los pocos sacerdotes y templos existentes, aconsejan solicitar la ayuda a los religiosos.

Como los padres salesianos tienen residencia, convenientemente distante de sedes parroquiales, esta residencia podría ser una nueva parroquia. Y que la población que rodea esa sede justifica la erección.

La nueva parroquia será de Santo Domingo Savio. Más conocida como Don Bosco; será deslindada de las de San Miguel, Catedral y Santa Teresita, con una población de 20.000 almas y alejadas de las sedes parroquiales.

Quedarán bajo la administración parroquial pero no serán propiedad de la congregación, la capilla de San Roque (en el Barrio Consejo) y que la otra puede ser sede parroquial más adelante, pero esta aun sin techar. (Esta obra queda sin efecto, ya que esta dentro del Barrio Maccarone y tiene problemas de escrituras)

El 24 de abril de 1965 se firma el convenio de entrega de la Parroquia de María Auxiliadora y Santo Domingo Savio. La capilla de María Auxiliadora queda para la Congregación, las otras dos solo para la administración.

En la planificación de las actividades parroquiales de abril de 1981 encontramos ya en Barrio consejo la capilla San Roque, en Barrio Belgrano la de San Cayetano, en Mariano Moreno, la de Nuestra Señora de la Esperanza, María Auxiliadora en el barrio Cantera Yatay a cargo de la hermana Catalina.

En San Cayetano, se da catequesis en sus 3 niveles y se cultiva un grupo juvenil y pre juvenil.

En junio de 1984 habiendo asumido como párroco de Don Bosco el Padre Ramón Yañuk, pide autorización para bautizar y casar en sus capillas, dada las distancias que la separan de la parroquia, ellas son San Roque, María Auxiliadora, San Cayetano y Nuestra Señora de la Esperanza

En julio de 1984 hay un pedido al Arzobispo Coadjutor Mons. Karlic de un sacerdote permanente para la capilla, seguida de las firmas de los solicitantes y en ella dice que en el año 1983 Año santo de la Redención había llegado la consigna “Abrid las puertas al Redentor” y ellos abrieron las puertas de sus corazones y las de la capilla también y esperaban ese sacerdote.

El 13 de octubre de 1984 la comisión pro templo le escribe al Arzobispo, Mons. Karlic preocupados por la demora de aprobación de los planos de la parroquia  y la devaluación del dinero que ellos tenían. Esta comisión tiene por objeto dice el pedido edificar un templo en honor de San Cayetano, para cubrir una urgente necesidad pastoral. La comunidad está ubicada en la periferia de la ciudad y el barrio cuenta con 2000 habitantes y donde hay numerosa cantidad de jóvenes y niños que no tienen la suficiente atención pastoral.

En la actualidad dice el pedido se cuenta con una capilla que contiene las mínimas necesidades, la que al finalizar la primera parte de la obra será demolida.

El 30 de octubre de 1993 se crea la parroquia desmembrándola de la parroquia Don Bosco. Se agradece a los Padres Salesianos su fecunda acción evangelizadora y se dispone que se siga venerando a la Virgen de María Auxiliadora.

A partir de ahí y durante 10 años va ser su primer párroco el padre Blas Corbalán. Cuando él llegó, la iglesia  era una estructura de ladrillo sin revocar, sin piso, sin un altar, sin el espacio para la adoración al Santísimo y mucho menos lugar para bautizar.

Hoy el Santo está en su lugar definitivo junto a la Virgen María Auxiliadora. Y su fiesta patronal es una de las más numerosas.

Escuchar nota al Padre Silvio Fariña

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XX Campamento Arquidiocesano

Se realizó el fin de semana, la vigésima edición del Campamento Arquidiocesano de la Infancia y Adolescencia Misionera.

El Seminario Arquidiocesano fue el espacio donde se congregaron casi 500 personas durante todo el sábado y gran parte del domingo. Desde la organización destacaron el agradecimiento con todos los participantes, tanto niños, adolescentes, animadores y acompañantes, como los servidores. Monseñor Juan Alberto Puiggari presidió la Misa de Clausura. En ese marco, se festejó además el aniversario 175 de la IAM.

Jornada Nacional del Enfermo 2018

El segundo domingo del mes de noviembre (en este año, el domingo 11) la Iglesia en Argentina celebra la Jornada Nacional del Enfermo. Es un día para tener presentes y acompañar especialmente a nuestros hermanos que están atravesando un problema de salud.

Es también una jornada en la cual se sensibiliza al Pueblo de Dios para acompañar, en el nombre de Jesús, el Buen Pastor,  a quienes están enfermos y a sus seres queridos.

Desde el equipo de la Comisión Episcopal de la Pastoral de la Salud  –cuyo secretario es P. Tomás Barbero- se propuso, en la medida de las posibilidades de cada uno, tener algún gesto significativo  con los enfermos en ese día (una misa en la que se rece de un modo especial por los enfermos y si resultara conveniente, se administre el sacramento de la unción a quienes lo requieran; visitas a los hospitales y hogares de ancianos; bendiciones a los enfermos; distintos modos de oración por ellos, etc.) La idea es,  acercar consuelo, fortaleza y paz que vienen de Dios.

Aquí compartimos el mensaje del papa Francisco con ocasión de la Jornada Mundial del Enfermo de este año.
Mater Ecclesiae: «Ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre.

Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa» (Jn 19,26-27)
Queridos hermanos y hermanas:
La Iglesia debe servir siempre a los enfermos y a los que cuidan de ellos con renovado vigor, en fidelidad al mandato del Señor (cf. Lc 9,2-6; Mt 10,1-8; Mc 6,7-13), siguiendo el ejemplo muy elocuente de su Fundador y Maestro.
Este año, el tema de la Jornada del Enfermo se inspira en las palabras que Jesús, desde la cruz, dirige a su madre María y a Juan: «Ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa» (Jn 19,26-27).
1. Estas palabras del Señor iluminan profundamente el misterio de la Cruz. Esta no representa una tragedia sin esperanza, sino que es el lugar donde Jesús muestra su gloria y deja sus últimas voluntades de amor, que se convierten en las reglas constitutivas de la comunidad cristiana y de la vida de todo discípulo.
En primer lugar, las palabras de Jesús son el origen de la vocación materna de María hacia la humanidad entera. Ella será la madre de los discípulos de su Hijo y cuidará de ellos y de su camino. Y sabemos que el cuidado materno de un hijo o de una hija incluye todos los aspectos de su educación, tanto los materiales como los espirituales.
El dolor indescriptible de la cruz traspasa el alma de María (cf. Lc 2,35), pero no la paraliza. Al contrario, como Madre del Señor comienza para ella un nuevo camino de entrega. En la cruz, Jesús se preocupa por la Iglesia y por la humanidad entera, y María está llamada a compartir esa misma preocupación. Los Hechos de los Apóstoles, al describir la gran efusión del Espíritu Santo en Pentecostés, nos muestran que María comenzó su misión en la primera comunidad de la Iglesia. Una tarea que no se acaba nunca.
2. El discípulo Juan, el discípulo amado, representa a la Iglesia, pueblo mesiánico. Él debe reconocer a María como su propia madre. Y al reconocerla, está llamado a acogerla, a contemplar en ella el modelo del discipulado y también la vocación materna que Jesús le ha confiado, con las inquietudes y los planes que conlleva: la Madre que ama y genera a hijos capaces de amar según el mandato de Jesús. Por lo tanto, la vocación materna de María, la vocación de cuidar a sus hijos, se transmite a Juan y a toda la Iglesia. Toda la comunidad de los discípulos está involucrada en la vocación materna de María.
3. Juan, como discípulo que lo compartió todo con Jesús, sabe que el Maestro quiere conducir a todos los hombres al encuentro con el Padre. Nos enseña cómo Jesús encontró a muchas personas enfermas en el espíritu, porque estaban llenas de orgullo (cf. Jn8,31-39) y enfermas en el cuerpo (cf. Jn 5,6). A todas les dio misericordia y perdón, y a los enfermos también curación física, un signo de la vida abundante del Reino, donde se enjuga cada lágrima. Al igual que María, los discípulos están llamados a cuidar unos de otros, pero no exclusivamente. Saben que el corazón de Jesús está abierto a todos, sin excepción. Hay que proclamar el Evangelio del Reino a todos, y la caridad de los cristianos se ha de dirigir a todos los necesitados, simplemente porque son personas, hijos de Dios.
4. Esta vocación materna de la Iglesia hacia los necesitados y los enfermos se ha concretado, en su historia bimilenaria, en una rica serie de iniciativas en favor de los enfermos. Esta historia de dedicación no se debe olvidar. Continúa hoy en todo el mundo. En los países donde existen sistemas sanitarios públicos y adecuados, el trabajo de las congregaciones católicas, de las diócesis y de sus hospitales, además de proporcionar una atención médica de calidad, trata de poner a la persona humana en el centro del proceso terapéutico y de realizar la investigación científica en el respeto de la vida y de los valores morales cristianos. En los países donde los sistemas sanitarios son inadecuados o inexistentes, la Iglesia trabaja para ofrecer a la gente la mejor atención sanitaria posible, para eliminar la mortalidad infantil y erradicar algunas enfermedades generalizadas. En todas partes trata de cuidar, incluso cuando no puede sanar. La imagen de la Iglesia como un «hospital de campaña», que acoge a todos los heridos por la vida, es una realidad muy concreta, porque en algunas partes del mundo, sólo los hospitales de los misioneros y las diócesis brindan la atención necesaria a la población.
5. La memoria de la larga historia de servicio a los enfermos es motivo de alegría para la comunidad cristiana y especialmente para aquellos que realizan ese servicio en la actualidad. Sin embargo, hace falta mirar al pasado sobre todo para dejarse enriquecer por el mismo. De él debemos aprender: la generosidad hasta el sacrificio total de muchos fundadores de institutos al servicio de los enfermos; la creatividad, impulsada por la caridad, de muchas iniciativas emprendidas a lo largo de los siglos; el compromiso en la investigación científica, para proporcionar a los enfermos una atención innovadora y fiable. Este legado del pasado ayuda a proyectar bien el futuro. Por ejemplo, ayuda a preservar los hospitales católicos del riesgo del «empresarialismo», que en todo el mundo intenta que la atención médica caiga en el ámbito del mercado y termine descartando a los pobres.
La inteligencia organizacional y la caridad requieren más bien que se respete a la persona enferma en su dignidad y se la ponga siempre en el centro del proceso de la curación. Estas deben ser las orientaciones también de los cristianos que trabajan en las estructuras públicas y que, por su servicio, están llamados a dar un buen testimonio del Evangelio.
6. Jesús entregó a la Iglesia su poder de curar: «A los que crean, les acompañarán estos signos: […] impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos» (Mc 16,17-18). En los Hechos de los Apóstoles, leemos la descripción de las curaciones realizadas por Pedro (cf. Hch 3,4-8)y Pablo (cf. Hch 14,8-11). La tarea de la Iglesia, que sabe que debe mirar a los enfermos con la misma mirada llena de ternura y compasión que su Señor, responde a este don de Jesús. La pastoral de la salud sigue siendo, y siempre será, una misión necesaria y esencial que hay que vivir con renovado ímpetu tanto en las comunidades parroquiales como en los centros de atención más excelentes. No podemos olvidar la ternura y la perseverancia con las que muchas familias acompañan a sus hijos, padres y familiares, enfermos crónicos o discapacitados graves. La atención brindada en la familia es un testimonio extraordinario de amor por la persona humana que hay que respaldar con un reconocimiento adecuado y con unas políticas apropiadas. Por lo tanto, médicos y enfermeros, sacerdotes, consagrados y voluntarios, familiares y todos aquellos que se comprometen en el cuidado de los enfermos, participan en esta misión eclesial. Se trata de una responsabilidad compartida que enriquece el valor del servicio diario de cada uno.
7. A María, Madre de la ternura, queremos confiarle todos los enfermos en el cuerpo y en el espíritu, para que los sostenga en la esperanza. Le pedimos también que nos ayude a acoger a nuestros hermanos enfermos. La Iglesia sabe que necesita una gracia especial para estar a la altura de su servicio evangélico de atención a los enfermos. Por lo tanto, la oración a la Madre del Señor nos ve unidos en una súplica insistente, para que cada miembro de la Iglesia viva con amor la vocación al servicio de la vida y de la salud. La Virgen María interceda por esta XXVI Jornada Mundial del Enfermo, ayude a las personas enfermas a vivir su sufrimiento en comunión con el Señor Jesús y apoye a quienes cuidan de ellas. A todos, enfermos, agentes sanitarios y voluntarios, imparto de corazón la Bendición Apostólica.
Vaticano, 26 de noviembre de 2017.
Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.
Francisco

Convocan a unirse a la jornada de oración por la santificación del pueblo argentino

El delegado episcopal para las Causas de los Santos, monseñor Santiago Olivera, invitó a unirse “fervientemente” en oración el próximo 1° de noviembre en ocasión de la 22a Jornada Nacional de Oración por la santificación del pueblo argentino y la glorificación de sus siervos de Dios”.

Asimismo el obispo convocó a participar del Encuentro de la Delegación para las Causas de los Santos, previsto para el 27 de noviembre, de 9.30 a 17, en la sede de las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón (Montevideo 1372, Buenos Aires).

Indicó que están especialmente invitados los que de “alguna forma u otra manera tienen responsabilidad en los procesos iniciados o en estudio”.

“Espero poder saludar a cada uno en dicha jornada, confiando en que este nuevo encuentro sea una provechosa ocasión para dialogar y aprender juntos en esta hermosa tarea que nos encomienda la Iglesia”, concluyó.

Con datos de AICA

Vida Diocesana

Mediante decreto, Monseñor Juan Alberto Puiggari ha aceptado la solicitud del Diácono Emanuel Del Castillo para ser ordenado Presbítero, como así también la del Seminarista Matías Gastón Jacob, para ser ordenado Diácono. Ambas se llevarán a cabo en la Santa Misa del sábado 22 de diciembre a las 10 hs. en la Catedral de Paraná. Asimismo, el Seminarista Sebastián Emanuel Córdoba, será instituido en el Ministerio del Acolitado, en la Eucaristía celebrada el sábado 1° de diciembre 20 hs. en la parroquia San José Obrero.

XX Campamento Arquidiocesano

La vigésima edición del Campamento Arquidiocesano de la Infancia y Adolescencia Misionera se realizará este fin de semana de 27 y28 de octubre en el Seminario.

Desde la organización recuerdan que se debe llevar elementos de higiene personal, bolsa de dormir, colchoneta, frazada, abrigo, repelente, gorro, protector solar, cuaderno, cartuchera, Biblia, símbolos misioneros, cubiertos, vaso o taza identificados.

Será un fin de semana de fin de semana de formación, juegos, cantos, bailes y mucho compartir.

Escuchar nota a Camila Bastiani

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Un importante Conversatorio sobre elementos para la prevención del abuso sexual infantil se llevó a cabo en la UCA

El COPNAF, la Defensoría General de la Provincia, la Unidad Fiscal de violencia de género y abuso sexual y la Comisión Arquidiocesana para la Protección de los Menores compartieron el lunes 22 de octubre pasado un panel en el auditorio de la sede de la Universidad Católica Argentina en Paraná.

El intercambio, convocado por las Comisión Arquidiocesana para la Protección de los Menores, se llevó a cabo frente a más de trescientos asistentes y estuvo focalizado en las herramientas para prevenir y actuar frente a sospechas o hechos de abuso sexual contra menores de edad.

Luego de la apertura y bienvenida a cargo del Decano, Dr. Martín Acevedo Miño, los panelistas expusieron sobre los elementos más importantes a tener en cuenta ante estas situaciones.

La Lic. en Trabajo Social Marisa Paira, presidente del Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia, se refirió largamente a la seriedad de la problemática de los abusos a menores y a su profundo impacto en la persona de la víctima. Asimismo, resumió con toda claridad las disposiciones del Protocolo Interinstitucional de actuación en casos de abuso sexual infantil de la Provincia de Entre Ríos y a la responsabilidad de las instituciones alcanzadas por él.

Por su parte, el Lic. en Psicología Alejo de Zan, Coordinador de los Equipos Técnicos del Ministerio Pupilar, ilustró a los participantes sobre algunas contradicciones y dilemas que se pueden dar a la hora de investigar las denuncias y presentaciones ante ese organismo, y el criterio posible de utilizar para resolver estas situaciones. Se refirió también al rol de la Defensoría General y a los principios de acuerdo a los cuales se trabaja.

El Dr. Leandro Dato, a cargo de la Unidad Fiscal de violencia de género y abuso sexual, expuso sobre los fundamentos y procedimientos del accionar de la Fiscalía, y las implicancias penales de los delitos de referencia. Se explayó también sobre las conductas incluidas en la definición legal de abuso sexual, y resaltó la importancia para las instituciones de contar con pautas de conducta que promuevan un trato apropiado entre adultos y menores.

Finalmente, la Lic. María Inés Franck, coordinadora de la Comisión Arquidiocesana para la Protección de los Menores, resumió las pautas de comportamiento vigentes para el trato con menores en los espacios eclesiales y se refirió al protocolo arquidiocesano de actuación en caso de sospecha o conocimiento de abusos en esos ámbitos, resaltando la importancia de comunicar esos hechos a las autoridades correspondientes, tanto eclesiales como estatales.

La participación del público asistente se hizo notar a través de las numerosas preguntas que se formularon por escrito luego de las exposiciones. El encuentro arrojó un saldo sumamente positivo para todos los expositores y participantes.

Catequesis del Papa -24/10

En su catequesis de la Audiencia General de este miércoles 24 de octubre Francisco destacó la importancia de la formación de los novios antes de recibir el sacramento del matrimonio.

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En nuestro itinerario de catequesis sobre los Mandamientos, llegamos hoy a la Sexta Palabra, que concierne a la dimensión emocional y sexual, y dice: «No cometerás adulterio». La llamada inmediata es a la fidelidad, y de hecho, ninguna relación humana es auténtica sin fidelidad y lealtad.

Uno no puede amar solo mientras «conviene». El amor se manifiesta más allá del umbral del propio interés, cuando se da todo sin reservas. Como dice el Catecismo: «El amor quiere ser definitivo. No puede ser «hasta nuevo aviso» (No. 1646). La fidelidad es la característica de una relación humana libre, madura y responsable.

También un amigo demuestra que es auténtico cuando sigue siéndolo en todas las circunstancias; de lo contrario no es un amigo. Cristo revela el amor verdadero, Él, que vive del amor ilimitado del Padre, y en virtud de esto, es el Amigo fiel que nos acoge incluso cuando cometemos errores y siempre quiere nuestro bien, incluso cuando no lo merecemos.

El ser humano necesita ser amado sin condiciones, y quien no recibe esta acogida a menudo se siente incompleto, incluso sin saberlo. El corazón humano trata de llenar este vacío con sucedáneos, aceptando componendas y mediocridades que del amor tienen solo un vago sabor.

El riesgo es llamar «amor» a las relaciones acerbas e inmaduras, con la ilusión de encontrar luz de vida en algo que, en el mejor de los casos, es solo un reflejo de ello.

Sucede entonces que se sobrestima, por ejemplo, la atracción física, que en sí misma es un don de Dios, pero que está orientada a allanar el camino para una relación auténtica y fiel con la persona. Como decía San Juan Pablo II, el ser humano «está llamado a la plena y madura espontaneidad de las relaciones», que «es el fruto gradual del discernimiento de los impulsos del corazón».

Es algo que se conquista, ya que todo ser humano «debe aprender con perseverancia y coherencia cual es el significado del cuerpo» (cf. Catequesis, 12 de noviembre de 1980).

La llamada a la vida conyugal requiere, por lo tanto, un discernimiento cuidadoso sobre la calidad de la relación y un tiempo de noviazgo para verificarla. Para acceder al sacramento del matrimonio, los novios deben madurar la certeza de que en su vínculo está la mano de Dios, que los precede y los acompaña, y les permitirá decir: «Con la gracia de Cristo, prometo serte fiel siempre”.

No pueden prometerse fidelidad  «en la alegría y en las penas, en la salud y en la enfermedad», y amarse y honrarse todos los días de sus vidas, solo sobre la base de la buena voluntad o la esperanza de que «la cosa funcione». Necesitan construir sobre el terreno sólido del amor fiel de Dios. Y por eso, antes de recibir el sacramento del matrimonio, hace falta una preparación cuidadosa, diría un catecumenado, porque se juega toda la vida en el amor, y con el amor no se bromea.

No se puede definir como “preparación al matrimonio”, tres o cuatro conferencias dadas en la parroquia; no, eso no es preparación: esa es falsa preparación. Y la responsabilidad de quien lo hace recae sobre él: sobre el párroco, sobre el obispo que tolera estas cosas. La preparación debe ser madura y hace falta tiempo. No es un acto formal; es un Sacramento. Pero hay que prepararlo como un auténtico catecumenado.

La fidelidad es, en efecto, una forma de ser, una forma de vida. Se trabaja con lealtad, se habla con sinceridad, se permanece fiel a la verdad en los propios pensamientos y acciones. Una vida tejida de fidelidad se expresa en todas las dimensiones y conduce a ser hombres y mujeres fieles y confiables en todas las circunstancias.

Pero para llegar a una vida tan hermosa, nuestra naturaleza humana no es suficiente, es necesario que la fidelidad de Dios entre en nuestra existencia, que nos contagie. Esta Sexta Palabra nos llama a dirigir nuestra mirada a Cristo, quien con su fidelidad puede quitarnos un corazón adúltero y darnos un corazón fiel. En él, y solo en él, hay amor sin reservas ni replanteamientos, entrega completa sin paréntesis y tenacidad de la aceptación hasta el final.

De su muerte y resurrección se deriva nuestra fidelidad, de su amor incondicional se deriva la constancia en las relaciones. De la comunión con Él, con el Padre y con el Espíritu Santo se deriva la comunión entre nosotros y la capacidad de vivir con fidelidad nuestros lazos.

23 de octubre: Una fecha para recordar

Colaboración de la Responsable del Archivo Arquidiocesano Prof. Celia Godoy

 

El 23 de octubre de 1730 marca un antes y un después en la vida de aquellos primeros pobladores del Pago de la otra banda.

Abundancia de ganado y frutos de la tierra, sumado al traslado de Santa Fe a su lugar actual, en 1651, acrecentaron la ocupación de esta zona. Zona habitada por una encomienda de indios tocagues, sumados a los blancos y en lucha con los aborígenes primeros pobladores y dueños de la tierra, los Chana Timbues, parcialidad Charrúa.

Juan de Garay, a su llegada repartió las tierras entre los colonizadores, vecinos de Santa Fe que fueron los primeros en ocuparlas.  Una forma de consolidar las nuevas poblaciones era procurarles el oratorio o la capilla alrededor del cual se instalaban.

Así surgen Rosario y Paraná. En ambos casos, los vecinos de esta ciudad, reunidos en sesión capitular, tomaron la decisión de asignarles sendas imágenes de la Virgen del Rosario, configurándola así como su patrona; y, en el primer caso, originando incluso el nombre que con los años la identificaría.

En pleno siglo XVIII, donde se presentaron  las mayores dificultades para la fronteriza Santa Fe de la Vera Cruz y sus poblados del norte y el oeste, como los de San José del Rincón y las estancias del Salado, esta fue la opción para detener el avance de los abipones obligaba a los habitantes a abandonar sus viviendas en busca de sitios más seguros.

Una de las imágenes de la Virgen del Rosario  estaba entronizada en la pequeña Capilla del Salado Grande, fundada en 1695 por el franciscano Juan de Anguita. La austera edificación religiosa se erigía en la proximidad de la reducción de vilos y tocagües -del grupo calchaquí-, que el fraile había establecido en 1692 con indios que habían aceptado vivir en esa condición.

La capilla atendía espiritualmente a los aborígenes reducidos y a los vecinos asentados en las estancias del Pago del Salado Grande, uno de los cuatro que formaban parte de la jurisdicción de Santa Fe. Y que probablemente fuera el más importante en el siglo XVII, ya que se estimaba que en esa zona existían pobladas “más de ciento cincuenta estancias”, según surge de una nota del Cabildo a Bruno Mauricio de Zavala, gobernador del Río de la Plata, enviada en 1718.

Sin embargo, esa zona, muy expuesta a la beligerancia aborigen, sufriría un progresivo despoblamiento. Las gentes que las habitaban migrarían hacia el sur, al Pago de los Arroyos, lo que daría lugar a un grave retroceso en el proceso de ocupación productiva de la tierra.

Al comenzar el siglo XVIII, ante las sucesivas invasiones indígenas, la imagen de la Virgen fue mudada primero a algunos oratorios de estancias mejor resguardadas. Y finalmente fue llevada, con sus ornamentos, a la Iglesia Matriz de Santa Fe.

De allí salió más tarde, con el acuerdo del Cabildo, rumbo a la capilla instalada en el Pago de los Arroyos, donde se habían refugiado los vecinos que huían de los peligros del Pago del Salado Grande. Esta nueva Capilla de la Virgen del Rosario se constituiría en germen de la población y el origen del nombre de la actual ciudad de Rosario.

Por su parte, en la Bajada, se instalaban vecinos de San José del Rincón, atemorizados por la agresividad de los aborígenes.

Entre 1632 y  1662  El Gobernador del río de la Plata Alonso de Mercado celebraba otro pacto con tribus de Cayagüates, Tocagües y Vilos, representado por sus caciques y el Padre Nicolás Carbajal, por este convenio las poblaciones se reducían y poblaban un lugar situado frente a Santa Fe en la otra banda del Paraná a dos leguas. En la misma época el Cabildo de Santa Fe le concedió al Maestre de Campo Francisco Arias de Saavedra una encomienda de indios tocagües y le señalo como lugar de asiento el sitio de la Bajada.

Estas fueron las primeras poblaciones estables en esta zona. Y en 1659  Cristóbal de Garay y Saavedra vende la tercera parte de la estancia que tenía en ésta banda del Paraná al colegio de los Jesuitas, por esto ellos fundaron una importante estancia de ganados que se denominó San Miguel y levantaron una capilla u Oratorio bajo esa advocación. En las barrancas próximas al lugar en que después se estableció el pueblo, la compañía organizó la explotación de los yacimientos calíferos y de yeso existentes. Por superposición de títulos se inició un largo pleito entre la compañía y los herederos de Hernandarias y los Jesuitas.

El Pago de la otra banda, como se lo llamaba tenía  un reducido caserío ubicado sobre el puerto del mismo nombre,  y dependía para la atención espiritual de los curas de Españoles y Naturales de Santa Fe, que delegaban sus atribuciones a algunos misioneros y sacerdotes que recorrían la campiña y particularmente  el Padre Miguel de Barcelona que arribaba periódicamente a la Bajada a una capilla que los pobladores habían levantado dedicado a la Inmaculada Concepción, se supone que a fines del Siglo XVII y en el lugar que hoy ocupa la Catedral

El cura de Españoles sostenía que antes de 1730 ya había solicitado al obispo licencia para erigir una capilla en la otra banda, donde decía que hacía mucho tiempo que tenía a su Coadjutor y Cura el padre Miguel en una capilla muy corta y que en ese momento el sargento Mayor Esteban de Mendoza se había ofrecido para levantar una más grande en lugar de la reducida que existía.

En 1729 por orden del gobernador del Río de la Plata Bruno Mauricio de Zavala es constituida una compañía de milicias con la población de La Bajada (Compañía del Paraná) para participar de una expedición santafecina contra los indios del Chaco y al año siguiente, debido a un nuevo ataque indio, fueron construidos dos fuertes en La Bajada.   Va a ser este mismo gobernador,  quien se dirige al Cabildo Eclesiástico, a cargo de la Diócesis y pide se subdividan algunas parroquias extensas. El Cabildo resuelve crear por decreto del 23 de octubre de 1730, las parroquias rurales y dos curatos de naturales anexos, todos de Buenos Aires. En Santa Fe crea el de los Arroyos y el de la otra banda del rió Paraná.

El 8 de noviembre de 1730 se fija en las puertas de la Catedral de Buenos Aires el edicto y se llama a concurso de oposición para proveer de Párrocos a los nuevos curatos. Para la Bajada se presenta el Pbro. Francisco Arias Montiel, pide algunos elementos desusados en la Catedral, autorización para pedir limosnas para su iglesia y que se dispusiera la entrega de los ornamentos de la Capilla del Rincón que se adjudicaron a su parroquia.  Toma posesión el 27 mayo de 1731 y el 6 de julio de 1732, en el informe dirigido al gobernador Zabala, encabeza su pedido como Iglesia del Paraná, usando por primera vez este nombre para el pago de la otra banda, como se lo conocía en ese momento.

288 años después sigue cuidando a nuestra gente, ella, NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO.PATRONA Y FUNDADORA DE ESTA CIUDAD.