Receso en la Curia

Se recuerda que las oficinas de la Curia Arquidiocesana estarán cerradas durante el mes de enero.

Asimismo, se informa que el Servicio Digital de Noticias retomará su normal frecuencia de envíos durante el mes de febrero.

Catequesis del Papa | 19-12-18

Compartimos el texto del  Papa Francisco en su enseñanza de la catequesis del miércoles 19. En la Audiencia General reflexionó sobre el sentido de la Navidad.

 

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

 

 

Dentro de seis días será Navidad. Árboles, decoraciones y luces por todas partes recuerdan que también este año será una fiesta. La máquina publicitaria invita a intercambiar siempre nuevos regalos para sorprenderse. Pero, me pregunto ¿es esta la fiesta que agrada a Dios? ¿Qué Navidad le gustaría, qué regalos y qué sorpresas?

 

Observemos la primera Navidad de la historia para descubrir los gustos de Dios. Esa primera Navidad de la historia estuvo llena de sorpresas. Comenzamos con María, que era la esposa prometida de José: llega el ángel y cambia su vida. De virgen será madre. Seguimos con José, llamado a ser el padre de un niño sin generarlo.

 

Un hijo que, -golpe de efecto-, llega en el momento menos indicado, es decir, cuando María y José estaban prometidos y, de acuerdo con la Ley, no podían cohabitar. Ante el escándalo, el sentido común de la época invitaba a José a repudiar a María y salvar así su buena reputación, pero él, si bien tuviera derecho, sorprende: para no hacer daño a María piensa despedirla en secreto, a costa de perder su reputación. Luego, otra sorpresa: Dios en un sueño cambia sus planes y le pide que tome a María con él.

 

Una vez nacido Jesús, cuando tenía sus proyectos para la familia, otra vez en sueños le dicen que se levante y vaya a Egipto. En resumen, la Navidad trae cambios inesperados de vida. Y si queremos vivir la Navidad, tenemos que abrir el corazón y estar dispuestos a las sorpresas, es decir, a un cambio de vida inesperado.

 

Pero cuando llega la sorpresa más grande es en Nochebuena: el Altísimo es un niño pequeño. La Palabra divina es un infante, que significa literalmente «incapaz de hablar». Y la palabra divina se volvió incapaz de hablar.

 

Para recibir al Salvador no están las autoridades de la época, o del lugar, o los embajadores: no, son simples pastores que, sorprendidos por los ángeles mientras trabajaban de noche, acuden sin demora. ¿Quién lo habría esperado? La Navidad es celebrar lo inédito de Dios, o, mejor dicho, es celebrar a un Dios inédito, que cambia nuestra lógica y nuestras expectativas.

 

Celebrar la Navidad, es, entonces, dar la bienvenida a las sorpresas del Cielo en la tierra. No se puedes vivir «tierra, tierra», cuando el Cielo trae sus noticias al mundo. La Navidad inaugura una nueva era, donde la vida no se planifica, sino que se da; donde ya no se vive para uno mismo, según los propios gustos, sino para Dios y con Dios, porque desde Navidad Dios es el Dios con nosotros, que vive con nosotros, que camina con nosotros. Vivir la Navidad es dejarse sacudir por su sorprendente novedad.

 

La Navidad de Jesús no ofrece el calor seguro de la chimenea, sino el escalofrío divino que sacude la historia. La Navidad es la revancha de la humildad sobre la arrogancia, de la simplicidad sobre la abundancia, del silencio sobre el alboroto, de la oración sobre «mi tiempo», de Dios sobre mi «yo».

 

 

Celebrar la Navidad es hacer como Jesús, venido para nosotros, los necesitados, y bajar hacia aquellos que nos necesitan. Es hacer como María: fiarse, dócil a Dios, incluso sin entender lo que Él hará. Celebrar la Navidad es hacer como José: levantarse para realizar lo que Dios quiere, incluso si no está de acuerdo con nuestros planes.

 

San José es sorprendente: nunca habla en el Evangelio: no hay una sola palabra de José en el Evangelio; y el Señor le habla en silencio, le habla precisamente en sueños. Navidad es preferir la voz silenciosa de Dios al estruendo del consumismo. Si sabemos estar en silencio frente al Belén, la Navidad será una sorpresa para nosotros, no algo que ya hayamos visto. Estar en silencio ante el Belén: esta es la invitación para Navidad. Tómate algo de tiempo, ponte delante del Belén y permanece en silencio. Y sentirás, verás la sorpresa.

 

Desgraciadamente, sin embargo, nos podemos equivocar de fiesta, y prefiere las cosas usuales de la tierra a las novedades del Cielo. Si la Navidad es solo una buena fiesta tradicional, donde nosotros y no Él estamos en el centro, será una oportunidad perdida. Por favor, ¡no mundanicemos la Navidad! No dejemos de lado al Festejado, como entonces, cuando «vino entre los suyos, y los suyos no le recibieron» (Jn 1,11).

 

Desde el primer Evangelio de Adviento, el Señor nos ha puesto en guardia, pidiéndonos que no nos cargásemos con «libertinajes» y «preocupaciones de la vida» (Lc 21,34). Durante estos días se corre, tal vez como nunca durante el año. Pero así se hace lo contrario de lo que Jesús quiere. Culpamos a las muchas cosas que llenan los días, al mundo que va rápido. Y, sin embargo, Jesús no culpó al mundo, nos pidió que no nos dejásemos arrastrar, que velásemos en todo momento rezando (cfr. v. 36).

 

He aquí, será Navidad si, como José, daremos espacio al silencio; si, como María, diremos «aquí estoy » a Dios; si, como Jesús, estaremos cerca de los que están solos, si, como los pastores, dejaremos nuestros recintos para estar con Jesús. Será Navidad, si encontramos la luz en la pobre gruta de Belén. No será Navidad si buscamos el resplandor del mundo, si nos llenamos de regalos, comidas y cenas, pero no ayudamos al menos a un pobre, que se parece a Dios, porque en Navidad Dios vino pobre.

 

Queridos hermanos y hermanas, ¡os deseo una Feliz Navidad, una Navidad rica en las sorpresas de Jesús! Pueden parecer sorpresas incómodas, pero son los gustos de Dios. Si los hacemos nuestros, nos daremos a nosotros mismos una sorpresa maravillosa. Cada uno de nosotros tiene escondida en el corazón la capacidad de sorprenderse. Dejémonos sorprender por Jesús en esta Navidad.

 

Pesebres

Como cada año la Librería San Francisco Javier tiene disponibles un gran número de Pesebres. Este año la propuesta es imágenes pequeñas.

Se invita a conocer estas imágenes en la Librería del Arzobispado.

Capilla Sagrada Familia de Nazaret

Esta comunidad celebra su Fiesta Patronal el próximo 29 de diciembre. Ese día habrá misa y procesión a partir de las 19:30.

Esta capilla está ubicada en Almirante Brown 2945.

 

 

Noche heroica de Adoración

La Obra de las Vocaciones Eclesiásticas invita en la Parroquia Santa Lucía a la Noche Heroica de Adoración.

Será el jueves 20 a las 22:00 en el que habrá adoración al Santísimo y culminará con la misa del viernes 21 a las 06:00.

Se pedirá especialmente  por la ordenación presbiteral de Emanuel del Castillo y la ordenación diaconal de Matías Jacob. Además por toda la Iglesia Diocesana.

Ordenaciones

El 22 de diciembre a las 10.00 en Catedral se realizará la misa de ordenación diaconal y presbiteral.  Allí serán ordenados el acólito Matías Jacob y el diácono Emanuel del Castillo. Luego se invita a compartir un festejo a la canasta en el gimnasio del Colegio de las Hermanas del Huerto (Calle Urquiza).

 

La primera misa del Padre Emanuel del Castillo será en la Parroquia Santa Lucía el mismo sábado 22 de diciembre a las 20.00 y el día siguiente, domingo 23, a las 20.00 en la Parroquia Nuestra Señora de La Paz.

Informe de Pastoral Social

Desde la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Paraná difundieron un informe en el que detallan las actividades realizadas en ese año.

En este sentido, el Delegado Pastoral José María Velásquez, detalló cuestiones vinculadas al servicio y atención que se realiza a las personas necesitadas, en las distintas Parroquias de la Arquidiócesis de Paraná, con el aporte de feligreses, vecinos y Cáritas parroquial.

 

Cristo Peregrino: Comedor parroquial “José Gortaire”, 120 viandas al medio día, lunes, miércoles y viernes

Nuestra Señora de Guadalupe: Se entregan viandas de lunes a viernes a las 17:00. para 195 personas. Merendero para 80 niños los días martes y jueves.

San Miguel Arcángel: Comedor “María Reina”, almuerzo de lunes a viernes para 70 personas.

San Roque: Comedor los días miércoles de 20:00 a 21:30. se entregan más de 80 viandas en Cáritas parroquial. Luego un grupo de voluntarios lleva vianda a las personas en situación de calle. La distribución se hace en plaza de la Terminal de Ómnibus y en plaza Alvear sobre calle Laprida.

Nuestra Señora de Luján – Divino Amor: Se da de comer a 150 personas.

Santo Domingo Savio: No posee comedor. Se asistieron a 69 familias con alimentos, ropa, colchones y elementos de limpieza, cuando las inundaciones pasadas.

Santa Lucía: Asisten a 73 familias con ropa y alimentos. Se asiste con alimentos a la Fundación 1000 días. Se asiste a la Fundación Lázaro con alimentos, 50 kg. de harina y 10 litros de aceite.

Informe Parroquia La Paz

Homenaje al Prof. José Antonio Almará

La Junta de Estudios de la Historia de la Iglesia en Entre Ríos «Prof. Juan José Antonio Segura» realizó el sábado 15 el homenaje al estudioso e investigador de nuestra Historia Prof. José Antonio Almará. Tuvo lugar en la Capilla «Nuestra Señora de Lourdes». El Cardenal Emérito Mons. Estanislao Esteban Karlic» presidió la Santa Misa, acompañado por el Presbítero Mario Haller, Presidente de la Junta.

Luego de la Misa se bendijo la nueva puerta del Sagrario. Se procedió a la Bendición y descubrimiento de la Placa conmemorativa del Vigésimo aniversario del fallecimiento del Prof. Almará, y se colocó en el Cinerario una ofrenda floral.

Sobre el final, se realizó en el templo una semblanza del investigador y comprometido laico de nuestra Arquidiócesis. Acompañó la ceremonia una nutrida concurrencia, su esposa Esther B. Raspini Vda. de Almará, ex compañeros de la Acción Católica, de la Pastoral de Turismo de Catedral, y Miembros de la Junta.

Se presenta en Paraná la película “El mayor regalo”

El Mayor Regalo es una película dirigida por Juan Manuel Cotelo y producida por la productora infinito más uno. De manera exclusiva llega a Paraná y estará disponible el próximo 18 de diciembre a las 20 en el Cine Rex.

 

En Radio Corazón, Milagros Aguerre contó que están “muy contentos por llegar a Paraná porque es una película que genera transformación en cada lugar que recorre”. El objetivo es hablar “de valores y de un modo de ver la vida diferente”.

 

Esta no es la primera película que se estrena en este sentido. Luego de Tierra de María, La Última Cima y Footprints llega El Mayor Regalo. “En el rodaje de la película anterior el director conoció historias de personas que habían recuperado su vida a través del perdón”.

 

De esa manera, “surgió la idea de esta película que busca ser un plan de Dios. El planteo es cuestionar la idea de final feliz que reina en las películas. Generalmente hablamos de final feliz cuando el bueno mata al malo. ¿Eso es de verdad un final feliz?”

 

Además contó que se trata de una película que despierta muchas emociones. “Tiene mucho humor, sensibilidad, dramas. Van a pasar por todos los ánimos, como la vida misma”.

 

“La invitación, sobre todo en este tiempo de navidad, es dejarnos interpelar en qué cosas tengo que perdonar y me tiene que perdonar. Si alguien sale con esa idea del cine, para nosotros ya es un éxito”, explicó.

 

Finalmente sostuvo que una película “para todo público, porque el perdón es para todo público, porque Dios es para todo público”.

 

Catequesis del Papa

A continuación compartimos el texto completo de la catequesis.  En la Audiencia General de este miércoles 12 Francisco reflexionó la confianza con Dios en la oración

 

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

 

Continuamos el camino de catequesis sobre el “Padre nuestro” que comenzó la semana pasada. Jesús pone en los labios de sus discípulos una oración breve, audaz, compuesta de siete peticiones: un número que en la Biblia no es accidental, indica plenitud. Digo audazmente porque, si Cristo no lo hubiera sugerido, probablemente ninguno de nosotros – todavía más, ninguno de los teólogos más famosos- se atrevería a rezar a Dios de esta manera.

 

 

En efecto, Jesús invita a sus discípulos a acercarse a Dios y a dirigirle con confianza algunas peticiones: En primer lugar, para Él y luego para nosotros. No hay preámbulos en el «Padre Nuestro».

 

Jesús no enseña fórmulas para «congraciarse» con el Señor; por el contrario, invita a rezarle, derrumbando las barreras de la sujeción y el temor. No dice que hay que dirigirse a Dios llamándole «Todopoderoso», «Altísimo». “Tú que estás tan lejos de nosotros, yo soy un mísero”: no, no dice así” sino simplemente «Padre», con toda simplicidad, como los niños hablan al papá. Y esta palabra, “Padre”, expresa la confianza y la seguridad filial.

 

La oración del «Padre Nuestro» hunde sus raíces en la realidad concreta del hombre. Por ejemplo, nos hace pedir pan, el pan de cada día: solicitud simple pero esencial, que dice que la fe no es una cuestión «decorativa», separada de la vida, que interviene cuando todas las demás necesidades están satisfechas. Si acaso, la oración comienza con la vida misma.

 

La oración – nos enseña Jesús – no empieza en la existencia humana después de que el estómago esté lleno: más bien, se anida donde quiera que haya un hombre, cualquier hombre que tenga hambre, que llore, que luche, que sufra y se pregunte «por qué”. Nuestra primera oración, en cierto sentido, fue el vagido que acompañó el primer aliento. En ese llanto de recién nacido, se anunciaba el destino de toda nuestra vida: nuestra hambre continua, nuestra sed constante, nuestra búsqueda de la felicidad.

 

Jesús, en la oración, no quiere extinguir lo humano, no quiere anestesiarlo. No quiere que moderemos las solicitudes y las peticiones aprendiendo a soportar todo. En cambio, quiere que todo sufrimiento, toda inquietud, se eleve hacia el cielo y se convierta en diálogo.

 

Tener fe, decía una persona, es acostumbrarse al grito.

 

Todos tendríamos que ser como el Bartimeo del Evangelio (cf. Mc 10, 46-52), -recordemos ese pasaje del Evangelio, Bartimeo, el hijo de Timeo- ese ciego que mendigaba en Jericó. A su alrededor había tanta gente educada que le decían que se callara: “¡Pero, cállate! Pasa el Señor. Cállate. No molestes, El Maestro tiene tanto que hacer; no le molestes. Molestas con tus gritos. No molestes”. Pero él, no escuchaba esos consejos: con santa insistencia, pretendía que su condición miserable pudiera encontrarse finalmente con Jesús. ¡Y gritaba más fuerte!

 

Y la gente educada: “Pero no, es el Maestro ¡por favor! ¡Qué mal estas quedando!». Y él gritaba porque quería ver, quería que le curase: “Jesús, ten piedad de mí!» (V. 47). Jesús le devuelve la vista y le dice: «Tu fe te ha salvado» (v.52), casi como para explicar que lo decisivo para su recuperación había sido la oración, esa invocación gritada con fe, más fuerte que «el sentido común» de tantas personas que querían que se callara.

 

 

La oración no solo precede a la salvación, sino que de alguna manera ya la contiene, porque nos libera de la desesperación de quien no cree que haya una salida para tantas situaciones insoportables.

 

Por supuesto, los creyentes también sienten la necesidad de alabar a Dios. Los Evangelios recogen la exclamación de alegría que brota del corazón de Jesús, lleno de asombro agradecido por el Padre (cf. Mt 11, 25-27). Los primeros cristianos sentían incluso la necesidad de agregar al texto del “Padre nuestro” una doxología: «Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos de los siglos» (Didache, 8, 2).

 

Pero ninguno de nosotros tiene por qué abrazar la teoría propuesta en el pasado por algunos, es decir que la oración de petición sea una forma débil de fe, mientras que la oración más auténtica sería la de alabanza pura, la que busca a Dios sin el peso de petición alguna. No, eso no es verdad. La oración de petición es auténtica, espontánea, es un acto de fe en Dios que es el Padre, que es bueno, que es todopoderoso.

 

Es un acto de fe en mí, que soy pequeño, pecador, necesitado. Y por eso la oración para pedir algo es muy noble. Dios es el Padre que tiene una compasión inmensa por nosotros y quiere que sus hijos le hablen sin miedo, llamándole directamente “Padre”; o en medio de las dificultades diciendo: “Pero, Señor, ¿qué me has hecho?”.

 

Por eso podemos contarle todo, incluso las cosas que en nuestra vida siguen estando torcidas e incomprensibles. Y nos ha prometido que estará con nosotros para siempre, hasta el último día que pasemos en esta tierra. Recemos el Padre nuestro empezando así, simplemente: “Padre” o “Papá”. Y Él nos entiende y nos ama tanto”.