Fiesta Patronal Capilla San Francisco Javier

Este lunes 3 de diciembre la Capilla San Francisco Javier celebra su Fiesta Patronal. Ese día invitan a la procesión y misa a partir de las 20:00.

Asimismo, en el marco de la Novena que comenzó el sábado 24, se rezará el Rosario a las 06:30 los días viernes y sábado.  El 1 de diciembre además, será la misa a las 17:00 y bendición de coronas de Adviento.

En tanto el domingo 2, el rezo del Rosario será a las 8:30; a las 9:00, será la misa, primeras comuniones y bendición de coronas de adviento.

40 años Parroquia San José Obrero

El próximo sábado 1 de diciembre la Parroquia San José Obrero comenzará a celebrar los 40 años de la creación como parroquia. La misma fue creada un 7 de diciembre del año 1979 siendo el primer Cura Párroco el Pbro. Silverio Cena. Por tal motivo se invita a la Santa Misa presidida por nuestro Arzobispo Mons. Juan Alberto Puiggari a las 20:00 en el templo parroquial sito Av. Zanni y O’ Higgins.

 

Catequesis del Papa

A continuación compartimos el texto completo de la Catequesis. Francisco concluyó sus catequesis sobre los 10 Mandamientos.

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En la catequesis de hoy, que concluye el itinerario de los Diez Mandamientos, podemos usar como tema clave el de los deseos, que nos permite volver a recorrer el camino hecho y resumir las etapas cumplidas leyendo el texto del Decálogo, siempre a la luz de la revelación en Cristo.

Habíamos empezado con la gratitud como la base de la relación de confianza y obediencia: Dios, como hemos visto, no pide nada antes de haber dado mucho más. Nos invita a la obediencia para rescatarnos del engaño de las idolatrías que tienen tanto poder sobre nosotros. En efecto, intentar realizarse a través de los ídolos de este mundo nos vacía y nos esclaviza, mientras que lo que nos da estatura y consistencia es la relación con Aquel que, en Cristo, nos hace hijos a partir de su paternidad.

Esto implica un proceso de bendición y de liberación, que es el descanso verdadero, auténtico. Como dice el salmo: “En Dios solo el descanso de mi alma; de él viene mi salvación”.

Esta vida liberada se convierte en aceptación de nuestra historia personal y nos reconcilia con lo que, desde la infancia hasta el presente, hemos vivido, haciéndonos adultos y capaces de dar el justo peso a las realidades y a las personas de nuestras vidas. Por este camino entramos en la relación con el prójimo que, a partir del amor que Dios muestra en Jesucristo, es una llamada a la belleza de la fidelidad, la generosidad y la autenticidad.

Pero para vivir así –o sea, en la belleza de la fidelidad, de la generosidad y de la autenticidad-necesitamos un corazón nuevo, habitado por el Espíritu Santo. Yo me pregunto: ¿cómo se produce este “trasplante” de corazón, del corazón viejo al corazón nuevo? A través del don de los nuevos deseos, que se siembran en nosotros por la gracia de Dios, especialmente a través de los Diez Mandamientos que Jesús llevó a su cumplimento, como enseña en el “sermón de la montaña”. De hecho, al contemplar la vida descrita en el Decálogo, o sea una existencia agradecida, libre, bendecidora, adulta, defensora y amante de la vida, fiel, generosa y sincera, nos encontramos ante Cristo, casi sin darnos cuenta de ello. El Decálogo es su “radiografía”, lo describe como un negativo fotográfico que deja que su rostro aparezca, como en la Sábana Santa. Y así, el Espíritu Santo fecunda nuestro corazón poniendo en él los deseos que son un don suyo, los deseos del Espíritu. Desear según el Espíritu, desear al ritmo del Espíritu, desear con la música del Espíritu.

Mirando a Cristo vemos la belleza, el bien, la verdad. Y el Espíritu genera una vida que, secundando estos deseos, activa en nosotros la esperanza, la fe y el amor.

Así descubrimos mejor lo que significa que el Señor Jesús no vino a abolir la ley sino a cumplirla, a hacer que creciera y mientras la ley según la carne era una serie de prescripciones y prohibiciones, según el Espíritu esta misma ley se convierte en vida, porque ya no es una norma, sino la carne misma de Cristo, que nos ama, nos busca, nos perdona, nos consuela y en su Cuerpo recompone la comunión con el Padre, perdida por la desobediencia del pecado. Y así la negatividad literaria, la negatividad en la expresión de los mandamientos- “no robarás”, “no insultarás”, “no matarás” –ese “no” se transforma en una actitud positiva: amar, dejar sitio a los otros en mi corazón-, todos deseos que siembran positividad. Y esta es la plenitud de la ley que Jesús vino a traernos.

En Cristo, y solo en él, el Decálogo deja de ser una condena y se convierte en la auténtica verdad de la vida humana, es decir, el deseo de amor -aquí nace un deseo de bien, de hacer el bien- deseo de gozo, deseo de paz, de magnanimidad, de benevolencia, de bondad, de fidelidad, de mansedumbre, dominio de sí mismo. De esos “noes” se pasa a este “sí”: la actitud positiva de un corazón que se abre con la fuerza del Espíritu Santo.

He aquí para lo que sirve buscar a Cristo en el Decálogo: para fecundar nuestro corazón para que esté henchido de amor y se abra a la obra de Dios. Cuando el hombre secunda el deseo de vivir según Cristo, está abriendo la puerta a la salvación que no puede sino llegar, porque Dios Padre es generoso y, como dice el Catecismo, “tiene sed de que tengamos sed de él”.

Si son los malos deseos los que arruinan al hombre, el Espíritu deposita en nuestros corazones sus santos deseos, que son la semilla de una nueva vida. De hecho, la nueva vida no es el esfuerzo titánico de ser coherente con una norma, sino que la vida nueva es el mismo Espíritu de Dios que comienza a guiarnos hacia sus frutos, en una feliz sinergia entre nuestra alegría de ser amados y su alegría de amarnos. Se encuentran las dos alegrías: la alegría de Dios por amarnos y nuestra alegría de ser amados.

Esto es lo que significa el Decálogo para nosotros, los cristianos: contemplar a Cristo para abrirnos a recibir su corazón, para recibir sus deseos, para recibir su Santo Espíritu.

Colecta Nacional de Ayuda al Migrante y Refugiado: 1 y 2 de diciembre

Bajo el lema del Papa Francisco «Acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes y refugiados» se realizará el próximo 1 y 2 de diciembre la Colecta Nacional de Ayuda al Migrante y Refugiado.

El Papa Francisco expresa: “Cada forastero que llama a nuestra puerta es una ocasión de encuentro con Jesucristo, que se identifica con el extranjero acogido o rechazado en cualquier época de la historia: “…era extranjero y ustedes me recibieron en su casa”. (Mt 25,35.43). Y nos invita a dar una respuesta común articulada en torno a cuatro verbos: “acoger, proteger, promover e integrar”.

Durante ese fin de semana se puede acercar la colaboración a todas las Parroquias, Capillas y Centros Misioneros del país.

Invitan a una charla sobre la Navidad

Este viernes 30 a partir de las 20:00 se realizará en la Parroquia Nuestra Señora de la Piedad un espacio de reflexión sobre la Navidad.

En este tiempo de inicio de Adviento se invita a “Navidad, la luz que viene” para  entender la iconografía navideña. Se trata de una reflexión, compuesta de textos e imágenes a cargo del Pbro. Lic. Daniel Silguero.

Ministerio del Acolitado

El sábado 1 de diciembre el Seminarista Sebastián Córdoba recibirá el Ministerio del Acolitado en la Misa que tendrá lugar en la parroquia San José Obrero a las 20:00 del 1 de diciembre.

Funciones

 

  • Cuidar del servicio del altar.

 

. Ayudar al diácono y al sacerdote en las acciones litúrgicas, especialmente en la celebración de la Misa.

 

  • Distribuir la sagrada comunión como ministro extraordinario de la comunión, según las condiciones establecidas para ello.

 

  • En idénticas condiciones podrá exponer públicamente el Santísimo Sacramento de la Eucaristía a la adoración de los fieles y podrá luego reservarlo, pero no puede dar la bendición.

 

  • Puede además instruir a los fieles que ayudan en las acciones litúrgicas como son las de llevar el Misal, la cruz, los cirios u otras funciones similares.

Ordenaciones

El 22 de diciembre a las 10.00 en Catedral se realizará la misa de ordenación diaconal y presbiteral.  Allí serán ordenados el acólito Matías Jacob y el diácono Emanuel del Castillo. Luego se invita a compartir un festejo a la canasta en el gimnasio del Colegio de las Hermanas del Huerto (Calle Urquiza).

La primera misa del Padre Emanuel del Castillo será en la Parroquia Santa Lucía el mismo sábado 22 de diciembre a las 20.00 y el día siguiente, domingo 23, a las 20.00 en la Parroquia Nuestra Señora de La Paz.

Reunión General de Clero

El pasado 19 y 20 de noviembre tuvo lugar la reunión general del Clero, en el Centro Mariápolis de Paraná. Estos encuentros se realizan tres veces por año: al comienzo, a la mitad y al final. Son instancias de formación y de revisión pastoral de la vida de la diócesis.

Algunos de los temas tratados estuvieron vinculados a conclusiones del Sínodo Arquidiocesano. Se trabajó en torno al establecimiento de criterios relacionados a distintos aspectos de la catequesis, tanto en la parroquia como la escuela, como así también la formación de los catequistas.

Otra cuestión abordada fue el abordaje pastoral de la problemática de las adicciones. Se compartieron experiencias de distintas iniciativas de esta Pastoral en la arquidiócesis (Casa Lázaro (que está en Paraná y en Santa Elena), Hogar de Cristo (funciona en la Capilla Nuestra Señora de Lourdes) y un grupo de familias que realiza una pastoral de contención y dependen de la parroquia San Francisco de Borja).

Otro tema abordado versó en torno a establecer orientaciones sobre aspectos constructivos de Iglesias y restauración de imágenes u otros objetos.

La Eucaristía del día lunes se celebró en acción de gracias por los 25 años sacerdotales de Fabián Minigutti, Ricardo Abalde, Fabián Castro, Miguel López, José Páez, Rolando Caminos, Jorge Godoy.

Catequesis del Papa

 

A continuación compartimos el texto completo de la catequesis de Francisco. Allí reflexionó sobre el Décimo Mandamiento del Decálogo: “No codiciarás los bienes ajenos”.

 

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

 

Nuestros encuentros sobre el Decálogo nos llevan hoy al último mandamiento. Lo escuchamos al principio. Estas no son solo las últimas palabras del texto, sino mucho más: son el cumplimiento del viaje a través del Decálogo, que llegan al fondo de todo lo que encierra. En efecto, a simple vista, no agregan un nuevo contenido: las palabras «no codiciarás la mujer de tu prójimo […], ni los bienes de tu prójimo» están al menos latentes en los mandamientos sobre el adulterio y el robo. ¿Cuál es entonces la función de estas palabras? ¿Es un resumen? ¿Es algo más?

 

 

Tengamos muy en cuenta que todos los mandamientos tienen la tarea de indicar el límite de la vida, el límite más allá del cual el hombre se destruye y destruye a su prójimo, estropeando su relación con Dios. Si vas más allá, te destruyes, también destruyes la relación con Dios y la relación con los demás. Los mandamientos señalan esto.

 

Con esta última palabra, se destaca el hecho de que todas las transgresiones surgen de una raíz interna común: los deseos malvados. Todos los pecados nacen de un deseo malvado. Todos. Allí empieza a moverse el corazón, y uno entra en esa onda, y acaba en una transgresión. Pero no en una transgresión formal, legal: en una transgresión que hiere a uno mismo y a los demás.

 

En el Evangelio, el Señor Jesús dice explícitamente: «Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraudes, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre”.»(Mc 7,21-23).

 

Entendemos así que todo el itinerario del Decálogo no tendría ninguna utilidad si no llegase a tocar este nivel, el corazón del hombre. ¿De dónde nacen todas estas cosas feas? El Decálogo se muestra lúcido y profundo en este aspecto: el punto de llegada –el último mandamiento- de este viaje es el corazón, y si éste, si el corazón, no se libera, el resto sirve de poco.

 

Este es el reto: liberar el corazón de todas estas cosas malvadas y feas. Los preceptos de Dios pueden reducirse a ser solo la hermosa fachada de una vida que sigue siendo una existencia de esclavos y no de hijos. A menudo, detrás de la máscara farisaica de la sofocante corrección, se esconde algo feo y sin resolver.

 

En cambio, debemos dejarnos desenmascarar por estos mandatos sobre el deseo, porque nos muestran nuestra pobreza, para llevarnos a una santa humillación. Cada uno de nosotros puede preguntarse: Pero ¿qué deseos feos siento a menudo? ¿La envidia, la codicia, el chismorreo? Todas estas cosas vienen desde dentro. Cada uno puede preguntárselo y le sentará bien. El hombre necesita esta bendita humillación, esa por la que descubre que no puede liberarse por sí mismo, esa por la que clama a Dios para que lo salve. San Pablo lo explica de una manera insuperable, refiriéndose al mandamiento de no desear (cf. Rom 7: 7-24).

 

Es vano pensar en poder corregirse sin el don del Espíritu Santo. Es vano pensar en purificar nuestro corazón solo con un esfuerzo titánico de nuestra voluntad: eso no es posible. Debemos abrirnos a la relación con Dios, en verdad y en libertad: solo de esta manera nuestras fatigas pueden dar frutos, porque es el Espíritu Santo el que nos lleva adelante.

 

La tarea de la Ley Bíblica no es la engañar al hombre con que una obediencia literal lo lleve a una salvación amañada y, además, inalcanzable. La tarea de la Ley es llevar al hombre a su verdad, es decir, a su pobreza, que se convierte en apertura auténtica, en apertura personal a la misericordia de Dios, que nos transforma y nos renueva.

 

 

Dios es el único capaz de renovar nuestro corazón, a condición de que le abramos el corazón: es la única condición; Él lo hace todo; pero tenemos que abrirle el corazón.

 

Las últimas palabras del Decálogo educan a todos a reconocerse como mendigos; nos ayudan a enfrentar el desorden de nuestro corazón, para dejar de vivir egoístamente y volvernos pobres de espíritu, auténticos ante la presencia del Padre, dejándonos redimir por el Hijo y enseñar por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el maestro que nos enseña. Somos mendigos, pidamos esta gracia.

 

«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5, 3). Sí, benditos aquellos que dejan de engañarse creyendo que pueden salvarse de su debilidad sin la misericordia de Dios, que es la sola que puede sanar el corazón. Solo la misericordia del Señor sana el corazón.

 

Bienaventurados los que reconocen sus malos deseos y con un corazón arrepentido y humilde, no se presentan ante Dios y ante los hombres como justos, sino como pecadores. Es hermoso lo que Pedro le dijo al Señor: “Aléjate de mí, Señor, que soy un pecador”. Hermosa oración ésta: “Aléjate de mí, Señor, que soy un pecador”.

 

Estos son los que saben tener compasión, los que saben tener misericordia de los demás, porque la experimentan en ellos mismos”.

Retiro Anual de Voluntarios de Cáritas Paraná

 

Este sábado 24 de 9:00 a 15:00 se realizará el Retiro Anual de Voluntarios de Cáritas Paraná. El Encuentro será en el Monasterio Abba Padre (López Jordán y Fraternidad). Se solicita llevar Biblia y mate. Además se compartirá un almuerzo a la Canasta.

Por información, contactarse a Cáritas Paraná. Tel: 0343 4232211, Rosario del Tala 641.