“Un camino de renovación”: Carta Pastoral del Arzobispo de Paraná

En ocasión de la Cuaresma, Mons. Juan Alberto Puiggari presenta al Pueblo de Dios, una carta pastoral en la que nos invita a reflexionar sobre la oportunidad de impulso que la Iglesia propone en este tiempo tan particular.

Asimismo, el arzobispo recuerda que “la Iglesia en la Arquidiócesis de Paraná quiere en esta Cuaresma renovar su compromiso de seguir al Señor, ser testigos de la verdad y apoyo para todos los que sufren y han sufrido. Las puertas están abiertas para todos; con humildad y sabiendo que, a pesar de todo, el Señor nos sigue llamando a purificarnos y a renovar nuestro compromiso por el hermano que sufre y por el más pequeño y vulnerable. A todos, sin distinción, quiero pedirles que acompañen con su compromiso y oración este proceso de purificación, desde la verdad y la misericordia”.

 

 

 

 

 

 

Un camino de renovación

A pocos días de iniciar la Cuaresma, quisiera reflexionar con ustedes sobre la gran oportunidad de renovación e impulso que la Iglesia propone a sus fieles en este tiempo tan particular. En cada Cuaresma, el Señor recorre el camino de preparación para su Pasión, muerte y Resurrección, con las cuales concretará la Redención de la humanidad. Camino difícil, duro, inquietante, pero que va adquiriendo cada vez más sentido a medida que se va acercando a la meta. Camino que también prefigura el arduo peregrinar del hombre ya redimido, hacia la vida plena que ganó para él el Redentor. Por eso, el tiempo de Cuaresma es siempre propicio para reflexionar sobre el sentido de nuestra peregrinación y sobre la certeza de nuestra esperanza final.

Hoy la Iglesia en todo el mundo -también en nuestra Arquidiócesis- está sufriendo un largo y doloroso proceso de purificación, marcado por el dolor y el escándalo causados por graves pecados y delitos de algunos de sus miembros. Hemos condenado repetidamente esas situaciones, y seguiremos haciéndolo, poniendo los medios que estén en nuestras posibilidades para evitar que estos hechos se repitan y para acompañar a quienes más han sufrido en la Iglesia.

Si bien de un modo u otro todos experimentamos las consecuencias de este proceso, íntimamente sabemos que la voluntad del Padre es que nos revistamos de humildad y fortaleza para atravesar el momento, confiados en el triunfo final de la Resurrección, del que ya podemos ver muchos adelantos si, enfrentando el miedo y la confusión, abrimos los ojos a las realidades espirituales de la Fe, la Esperanza y la Caridad.

Vemos entonces, con enorme gratitud, que la obra que el Espíritu Santo sigue perseverantemente realizando a través de la Iglesia nos supera, nos trasciende, nos asombra, nos conmueve. ¿Cómo no conmoverse frente a los cientos de fieles que ofrecen su tiempo en tantas capillas de adoración perpetua que hay en nuestra Arquidiócesis? ¿O con el entusiasmo imparable de los jóvenes que regalan sus vacaciones para llevar el mensaje de esperanza a tantos hermanos alejados, niños en situación de vulnerabilidad, en movimientos, instituciones? ¿Cómo no dar gracias con todo el corazón por la obra de Caritas y tantas instituciones eclesiales que ponen enorme empeño en acudir con su asistencia y contención allí donde hay más necesidad, extrema pobreza, desempleo, catástrofes climáticas? ¿Cómo no asombrarnos por todo el bien que la Iglesia es capaz de hacer a través de la entrega de quienes, con esfuerzo y alegría, se hacen eficazmente cercanos a los hermanos que intentan salir de la esclavitud de las adicciones, visibilizado en centros, casas y lugares de conversión? ¿O tantos laicos que se juegan para defender y promover la vida -toda vida- desde el primer momento, o voluntarios que se acercan a las mujeres en conflicto con su embarazo para apoyarlas, sostenerlas, facilitarles el camino hacia una maternidad plenificante? ¿Cómo no admirarnos ante tantas familias que luchan día a día, en medio de dificultades de todo tipo, para poder mantener un testimonio cristiano que sea luz para otras familias y que muestre que todavía es posible educar a los hijos en la fe, el respeto y el compromiso con los valores más nobles? ¿Cómo no reconocer con agradecimiento la labor de tantos profesionales que juegan sus trabajos y su comodidad por no ceder a presiones indebidas y poder conservar la libertad para manifestar la verdad y lo correcto sin importar las consecuencias? Me viene a la mente aquí la imagen de tantos educadores que, en un clima adverso, no pierden el entusiasmo que les da su vocación gozosa al servicio de los más jóvenes. ¿Y qué decir del testimonio y la entrega de tantos sacerdotes y consagrados que, en el silencio y la entrega a veces martirial de cada día, dejan su vida, su salud, sus preferencias humanas, por servir a los demás? Y así podría señalarles comunidades, escuelas, grupos y personas que emocionan con su trabajo desinteresado por el otro en bien de la Iglesia.

Mi primera reacción ante todo esto es de conmovido reconocimiento y gratitud por estos dones del Señor a nuestra Iglesia arquidiocesana, la que desearía fuese también experimentada por todos ustedes como parte del camino cuaresmal.

Por eso quisiera hacer un llamado concreto a todos los fieles para a seguir caminando juntos y profundizar en esta Cuaresma nuestro Bautismo y así poder seguir dando abundantes frutos. Porque el Señor nos sigue asegurando su presencia en la barca de la Iglesia y nos sigue pidiendo incansablemente que no dejemos de navegar mar adentro y de echar las redes: que no nos instalemos en la comodidad, que no aflojemos en el desánimo, que no perdamos el rumbo en la confusión. Los invito a que mantengamos los ojos fijos en Él: que nada, absolutamente nada, sea capaz de apartar la mirada de Su rostro tranquilizador.

Los vaivenes y zarandeos de la barca muchas veces son violentos y amenazan tirarnos por la borda; pero adquieren profundo sentido en los insondables designios de la misericordia de Dios. Con la mirada fija en Él, sabemos que siempre saldremos adelante y que estaremos unidos en la verdad y el amor fraterno. Eso nos dará las fuerzas para seguir sembrando la semilla del Evangelio en cada rincón de nuestra Iglesia arquidiocesana. Y recibiremos también a todos aquellos que corran el peligro de naufragar en medio de las tempestades de este mundo y quieran subir a nuestra barca, pequeña y pobre, pero alegre y confiada porque sabe que lleva al Señor a bordo. Y Él no abandona nunca su barca.

Quiero invitarlos con fuerza a que dediquemos siempre un tiempo a rezar intensamente unos por otros: ¡Que bien nos hace el sabernos sostenidos por los hermanos! Corrijámonos fraternalmente cuando haga falta; y también alentémonos. Y, sobre todo, salgamos cada vez más hacia el otro: ¡hay tanto sufrimiento en el que está lejos de Cristo en su vida! Nosotros sabemos que esa distancia es el origen de todo dolor, de todo daño, de todo pecado y sinsentido en la vida del hombre.

La Iglesia en la Arquidiócesis de Paraná quiere en esta Cuaresma renovar su compromiso de seguir al Señor, ser testigos de la verdad y apoyo para todos los que sufren y han sufrido. Las puertas están abiertas para todos; con humildad y sabiendo que, a pesar de todo, el Señor nos sigue llamando a purificarnos y a renovar nuestro compromiso por el hermano que sufre y por el más pequeño y vulnerable.

A todos, sin distinción, quiero pedirles que acompañen con su compromiso y oración este proceso de purificación, desde la verdad y la misericordia.

A los que incansablemente trabajan por la Iglesia y llevan adelante todo tipo de iniciativas por sus hermanos les quiero dar las gracias especialmente. Constituyen, ciertamente, una gran luz de esperanza para nuestra Iglesia.

A las familias y a los jóvenes, que insisten alegremente en hacer de sus vidas y sus comunidades testimonios vivos del amor del Señor y de respuesta generosa y desinteresada a su llamado, quisiera alentarlos a seguir al Señor mar adentro y a marcar un rumbo para tantos jóvenes y familias desorientados y abatidos.

A aquéllos que se sienten abandonados y desilusionados por la Iglesia, o que han sido víctimas de las miserias de sus miembros, quisiera decirles que los comprendemos y nos duele su situación. Los invito a descubrir que el Señor sigue valiendo la pena y nos trae su Vida en plenitud; que es el único capaz de curar todas las heridas y hacer nuevas todas las cosas, incluidas nuestras vidas. Ustedes son nuestros hermanos y queremos ofrecerles todo lo que la cercanía fraterna es capaz de dar en una familia.

Y a tantos sacerdotes, consagrados y diáconos de la Arquidiócesis, que entregan sus vidas con alegría, muchas veces en medio de la incomprensión y de una crítica y sospecha martirizantes capaces de causar un enorme cansancio y de minar el entusiasmo propio del amor a Dios, quisiera decirles que camino al lado de ustedes y que sufro cada dolor que los aflige como un padre se siente dolido por todo lo que agobia a sus hijos. Los sigo invitando hoy más que nunca a tener la mirada levantada hacia el Señor, de tal modo que Él sea quien nos mantiene irresistiblemente unidos en el amor, y quien hace que todas las incomprensiones y las contrariedades de la vida sean poco al lado de la firmeza con la que somos fijados junto a su corazón.

En cuando a mí, Dios me puso en este momento al frente de la Iglesia arquidiocesana de Paraná, con todas mis limitaciones humanas, que intento superar día a día. Acepto las tensiones de este tiempo, en el que trato de poner todos los medios posibles para llegar a la verdad y la justicia. Sepan que doy gracias a Dios por todos ustedes y los llevo cada día en mi oración: estoy a su servicio y que cuentan con todo mi amor de padre y pastor. Les pido que recen por mí y que sepan perdonar mis errores, porque no se trata de mí sino de que Él brille y actúe con su poder.

Que durante la Cuaresma, junto a María, Nuestra Señora del Rosario, podamos reflexionar sobre todo esto y renovar una vez más la acción de gracias, la alegría y el entusiasmo por las promesas y los dones del Señor en nuestras vidas y en la de nuestra querida Iglesia arquidiocesana.

 

Mons. Juan Alberto Puiggari

Arzobispo de Paraná

Encuentro Protección de Menores: cuatro días que dejarán huella

Del 21 al 24 de febrero, se realiza el encuentro en el Vaticano para la protección de los menores: sensibilización, escucha de las víctimas, responsabilidad de los obispos y transparencia.

En el mensaje de introducción a la apertura del trabajo, el Papa Francisco aseguró que “ante el flagelo del abuso sexual perpetrado por hombres de Iglesia contra menores de edad, he querido interpelaros a todos vosotros, patriarcas, cardenales, arzobispos, obispos, superiores religiosos y responsables, para que juntos nos pongamos a la escucha del Espíritu Santo y dóciles a su guía escuchemos el grito de los pequeños que piden justicia. En este encuentro  sentimos el peso de la responsabilidad pastoral y eclesial, que nos obliga a discutir juntos, de manera sinodal, sincera y profunda, sobre cómo enfrentar este mal que aflige a la Iglesia y la humanidad. El Pueblo santo de Dios nos mira y espera de nosotros, no solo simples y obvias condenas, sino disponer medidas concretas y efectivas. Es necesario concreción”.

Sobre el final de sus palabras, el Santo Padre expresó: “pido al Espíritu Santo que nos sostenga en estos días y que nos ayude a transformar este mal en una oportunidad para la toma de conciencia y para la purificación. Que la Virgen María nos ilumine para tratar de curar las heridas graves que el escándalo de la pedofilia ha causado tanto en los niños como en los creyentes.

FUENTE: Oficina de Prensa de la Santa Sede.

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Encuentro “Protección de Menores”: “21 Puntos de Reflexión” del Papa

Al inicio del Encuentro en el Vaticano sobre “La protección de los menores en la Iglesia”, el Papa Francisco en sus palabras introductorias compartió con los participantes algunas “líneas guías” para ayudar en el trabajo de estos días. Se tratan de 21 “Puntos de Reflexión”, los mismos que fueron formulados por las Conferencias Episcopales con vistas a este evento y que el Papa ha resumido en una lista que se distribuyó a los presentes: “Un simple punto de partida – dijo el Pontífice – que viene de ustedes y regresa a ustedes, y que no quita la creatividad que debe haber en este encuentro”.

Puntos de Reflexión

1. Elaborar un vademécum práctico en el que se especifiquen los pasos a seguir por la autoridad en todos los momentos claves de la emergencia de un caso.

2. Establecer instalaciones de escucha, compuestas por personas preparadas y expertas, donde se realice un primer discernimiento de los casos de las presuntas víctimas.

3. Establecer criterios para la participación directa del Obispo o del Superior Religioso.

4. Implementar procedimientos compartidos para el examen de las acusaciones, la protección de las víctimas y el derecho de defensa de los acusados.

5. Informar a las autoridades civiles y a las autoridades eclesiásticas superiores de acuerdo con las normas civiles y canónicas.

6. Realizar una revisión periódica de los protocolos y de las normas para salvaguardar un ambiente protegido para los menores en todas las estructuras pastorales; protocolos y normas basados en los principios de la justicia y de la caridad y que deben integrarse para que la acción de la Iglesia en este campo también sea conforme a su misión.

7. Establecer protocolos específicos para la gestión de las acusaciones contra los Obispos.

8. Acompañar, proteger y cuidar a las víctimas, ofreciéndoles todo el apoyo necesario para su completa recuperación.

9. Incrementar la conciencia de las causas y de las consecuencias de los abusos sexuales a través de iniciativas de formación permanente de Obispos, Superiores religiosos, clérigos y agentes pastorales.

10. Preparar caminos para el cuidado pastoral de las comunidades heridas por los abusos, así como itinerarios penitenciales y de recuperación para los culpables.

11. Consolidar la colaboración con todas las personas de buena voluntad y con los operadores de los medios de comunicación para poder reconocer y discernir los casos verdaderos de aquellos falsos, las acusaciones de calumnias, evitando rencores e insinuaciones, habladurías y difamaciones (cf. Discurso a la Curia Romana, 21 de diciembre de 2018).

12. Elevar la edad mínima para contraer matrimonio a 16 años.

13. Establecer disposiciones que regulen y faciliten la participación de expertos laicos en las investigaciones y en los diferentes grados de juicio de los procesos canónicos concernientes a los abusos sexuales y/o de poder.

14. El derecho a la defensa: es necesario salvaguardar el principio de derecho natural y canónico de la presunción de inocencia hasta que se demuestre la culpabilidad del acusado. Por lo tanto, es necesario evitar que sean publicadas las listas de los acusados, incluso por parte de las diócesis, antes de la investigación previa y la condena definitiva.

15. Observar el tradicional principio de la proporcionalidad de la pena con respecto al delito cometido. Deliberar que los sacerdotes y obispos culpables de abuso sexual de menores abandonen el ministerio público.

16. Introducir reglas concernientes a los seminaristas y candidatos al sacerdocio o a la vida religiosa. Para ellos introducir programas de formación inicial y permanente para consolidar su madurez humana, espiritual y psicosexual, así como sus relaciones interpersonales y su comportamiento.

17. Efectuar para los candidatos al sacerdocio y a la vida consagrada, una evaluación psicológica realizada por expertos cualificados y acreditados.

18. Indicar las normas que rigen el traslado de un seminarista o aspirante religioso de un seminario a otro; así como de un sacerdote o religioso de una diócesis o congregación a otra.

19. Formular códigos de conducta obligatorios para todos los clérigos, los religiosos, el personal de servicio y los voluntarios para delinear los límites apropiados en las relaciones personales. Especificar los requisitos necesarios para el personal y los voluntarios, y verificar sus antecedentes penales.

20. Ilustrar toda la información y datos sobre los peligros del abuso y sus efectos, cómo reconocer los signos de abuso y cómo denunciar las sospechas de abuso sexual. Todo esto debería hacerse en colaboración con los padres, los profesores, los profesionales y las autoridades civiles.

21. Es necesario que se instituya, allí donde aún no se ha hecho, un órgano de fácil acceso para las víctimas que deseen denunciar eventuales delitos. Un organismo que goce de autonomía incluso  con respecto a la autoridad eclesiástica local y compuesto por personas expertas (clérigos y laicos), que sepan expresar la atención de la Iglesia a aquellos que, en este campo, se consideran ofendidos por actitudes inadecuadas por parte de los clérigos.

FUENTE: VATICAN NEWS

Celebran el primer año del Hogar de Cristo con Muestra fotográfica sobre el Papa

Para celebrar el primer aniversario del Hogar de Cristo en la ciudad de Paraná, se inauguró este miércoles 13 la muestra fotográfica “Encuentro con Francisco. Fotografías de Víctor Bugge”. La misma quedará expuesta de 11 a 24 horas en la Capilla de Lourdes, en 25 de Junio y Boulevard Sarmiento.

El Centro barrial Lourdes está abierto tres veces por semana durante seis horas diarias. Los asistentes elaboran entre todos el almuerzo y luego la merienda entre otras cosas. Entre las diversas actividades hay charlas, momentos recreativos, y sobre todo talleres que les permitan en el futuro una salida laboral.

Se trata de una iniciativa pastoral que crece en todo el país, un hogar alojador donde el clima de familia, el amor cercano y el don de la fe ayuden a reconstruir el entramado de relaciones (en el propio ámbito, mixto y durante el día).

El Hogar de Cristo tiene como finalidad dar respuesta integral a situaciones de vulnerabilidad social y/o consumos problemáticos de sustancias, poniendo en primer lugar a la persona y sus cualidades.

Vida Diocesana

Mediante decreto Monseñor Juan Alberto Puiggari concedió al Pbro. Andrés David Benítez la licencia de ausencia temporal para ejercer su ministerio sacerdotal en el Obispado de San Martín por un período renovable de un año. La normativa indica que mantendrá su incardinación en la Arquidiócesis al tiempo que gozará de todas licencias ministeriales ordinarias.

El Pbro. Benítez recibió su ordenación sacerdotal el 5 de noviembre de 2011 y ha ejercido su ministerio como Vicario en diferentes parroquias. Su último destino ha sido la Parroquia de San Agustín.

El sacerdote solicitó permiso para hacer una experiencia pastoral acompañado por el Padre José María (Pepe) Di Paola, en el Obispado de San Martín.

Retiro Arquidiocesano de Catequistas

El sábado 2 de marzo a partir de las 8 en Casa Padre Lamy, se llevará a cabo el Retiro Arquidiocesano de Catequistas,  «Catequista, todo por amor y con alegría». El mismo tiene un costo de $100, y la comida es a la canasta.

Se pide llevar biblia, mate y algo para escribir.

El retiro finalizará con la Misa de las 20.

Se reciben inscripciones hasta el 25 de febrero.

Facebook: Junta de Catequesis Paraná

Instagram: juntadecatequesisparana

 

CEA: Expectativas y reflexiones de Monseñor Oscar Ojea sobre la próxima reunión junto al Papa Francisco

11/02/2019

El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), y Obispo de San Isidro, Monseñor Oscar Vicente Ojea, dio a conocer a través de la Oficina de Prensa de la CEA, sus impresiones y expectativas respecto a la reunión a la que convoca el Santo Padre Francisco, invitando a los Presidentes de las Conferencias Episcopales, la que se llevará a cabo en Roma desde el 21 al 24 de febrero.

 

Respecto a este encuentro, monseñor Oscar Ojea manifestó que“Por un lado el Papa en el reportaje realizado en el viaje de vuelta de Panamá en el avión, ha dicho que la reunión se realiza con dos objetivos fundamentales. El primero es tomar mayor conciencia del drama de los abusos y en segundo lugar, lograr protocolos claros para actuar cuando este se produce”Sobre el mismo tema, continuó expresando que“Habrá seguramente testimonios que nos ayudaran para esta toma de conciencia, habrá un momento de oración y una liturgia penitencial. Personalmente tengo una expectativa muy grande porque en la medida que la Iglesia pueda ahondar en las consecuencias de este drama y encontrar los medios efectivos para combatirlo, ayudaríamos enormemente, no solamente a las víctimas de abusos cometidos por clérigos y a la Iglesia, sino también, a toda la sociedad que está envuelta en este flagelo”. 

 

El Obispo también compartió su reflexión sobre el drama del abuso sexual: “Para que haya abuso sexual, seguramente tiene que haber habido abuso de autoridad y manipulación de la conciencia.  El abuso atraviesa toda la sociedad, se da en las familias y también en las instituciones. La clave para entender el abuso es la manipulación de la desigualdad de poder; poder en la diferencia física e intelectual o de ocupar un lugar superior. Supone invadir la intimidad de otro que es vulnerable, incluye maltrato físico y maltrato psicológico”. Ahondando en su reflexión, Ojea expresó que: “El menor vulnerable entra en una red de silencio. En el silencio hay factores neurológicos y psicológicos implicados, el silencio es parte del trauma del abuso  y el comienzo de poder hablar es parte de la curación. Allí comienza un tiempo que debe tener en cuenta  aspectos relacionados como la justicia y reparación para  poder volver a vivir plenamente”

 

En vistas al doloroso camino que recorren las víctimas de abuso monseñor Ojea  manifestó que: “Empezar a resolver el problema grave que es el abuso comienza con poder comunicar y hablar, pero eso es posible si todos aprendemos a  generar el espacio para escuchar. A partir de ahí, podemos empezar a reparar. Esto implica accionar en varios planos como la justicia, psicología y la espiritualidad”.

 

Monseñor Ojea se refirió  a la misión de la Iglesia en esta problemática, afirmando: “La sanación supone además cerrar las heridas, el dolor y el enojo profundo. Es imprescindible orientar toda esa fuerza y esa energía para poder capitalizar todo ese dolor,  llamado a ser semilla de un mundo que nos permita entrar en una cultura del cuidado, enseñando a los chicos, chicas y a los jóvenes para saber decir que no cuando  se trata de la invasión de la propia intimidad. A confiar en los adultos responsables para denunciar y para que aprendan desde chicos a defenderse y defender a los demás de ese poder que avasalla y corrompe la dignidad de la persona  en su recinto más sagrado que es la intimidad”. 

 

El Obispo describió también su mirada frente a este tema: “A mi modo de ver, la raíz del abuso comienza en un círculo de violencia que no cesa y que encuentra su salida cuando se profundiza en las personas la sanación. Cerrar ese círculo de violencia, propio de la cultura del abuso, es una enorme contribución para prevenir este mal en la sociedad”.

 

Consultado respecto a cuál es la mirada del Papa sobre esta realidad de la Iglesia y como se lleva esa reflexión a la Iglesia en la Argentina, el Presidente del Episcopado expresó: “El Santo Padre desde el comienzo de su Pontificado siguió la línea de Benedicto XVI que establecía la tolerancia cero para los casos de abusos sexuales a menores y  formó una Comisión especial que se encargara de la protección de menores. Sin embargo ha reconocido con humildad y ha pedido perdón, especialmente en lo que se refiere al caso chileno”.  

 

Ojea citó la carta del Papa a los obispos de Chile acerca de “la herida abierta, dolorosa y compleja de la pedofilia” del 8 de abril del año pasado y que dice textualmente: “En lo que a mí me toca reconozco y así quiero que lo trasmitan fielmente, que he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada. Ya desde ahora pido perdón a todos aquellos que ofendí y espero poder hacerlo personalmente en las próximas semanas en las reuniones que tendré con representantes de las personas entrevistadas”.

 

Además, trae a su análisis monseñor Ojea, el momento en el que el Papa Francisco envía a monseñor Charles Scicluna, Arzobispo de Malta, a profundizar la investigación y le pide que en nombre de él, le pida perdón de rodillas a toda la Diócesis de Osorno.

 

Refiriéndose a la Carta a los Obispos Chilenos, Ojea recomienda la lectura de este  fragmento de la misma: “Confesar el pecado es necesario, buscar remediarlo es urgente, conocer las raíces del mismo es sabiduría para el presente y el futuro. Sería grave omisión de nuestra parte no ahondar en las raíces” (Carta los Obispos de Chile- 15.05.18). A partir de esta cita Ojea  expresó que: “Este tema de las raíces de los abusos que Francisco llama Cultura del Abuso, es lo que intenta combatir y transformar para instalar una autentica cultura del cuidado, como lo propone en su Encíclica Laudato Si” y prosigue diciendo que: “El nunca más a la cultura del abuso así como al sistema de encubrimiento que le permite perpetuarse, exige trabajar entre todos para generar una cultura del cuidado que impregne nuestras formas de relacionarnos, de rezar, de pensar, de vivir la autoridad; nuestras costumbres y lenguajes y nuestra relación con el poder y el dinero”.

 

Monseñor Ojea afirmó también que: “Hoy sabemos que la mejor palabra que podamos dar frente al dolor causado es el compromiso para la conversión personal, comunitaria y social que aprenda a escuchar y cuidar especialmente a los más vulnerables. Urge por tanto, generar espacios donde la cultura del abuso y del encubrimiento no sea el esquema dominante; donde no se confunda una actitud crítica y cuestionadora con traición. Esto nos tiene que impulsar como Iglesia a buscar con humildad a todos los actores que configuran la realidad social y promover instancias de dialogo y constructiva confrontación para caminar hacia una cultura del cuidado y la protección”. ( cf. Carta del Papa a los obispos chilenos- 31.05.18)”.

 

El Obispo enumeró distintas acciones que se vienen concretando, como así también, medidas preventivas que se están implementando en el país y que ha adoptado la Conferencia Episcopal, expresando que en mayo de 2017, la Conferencia Episcopal Argentina creó el Consejo Pastoral para la Protección de Menores y Adultos Vulnerables. Entre los objetivos de este Consejo se encuentran los siguientes:

 

Promover, en el ámbito de las circunscripciones eclesiásticas argentinas, la protección de la dignidad de los menores y adultos vulnerables, a través de formas y modalidades conformes a la naturaleza de la Iglesia que consideren más oportunas.

 

Promover programas de prevención de abusos en espacios intra-eclesiales y de reparación de situaciones abusivas, fomentando la construcción de ambientes sanos, seguros y protectores”.

 

Desde la página web de la Conferencia Episcopal Argentina, se puede acceder a las líneas y guía de actuación que rigen desde el año 2013 en caso de denuncias de abusos sexuales, en los que los acusados sean clérigos y las víctimas sean menores de edad o personas a ellos equiparados.

 

Monseñor Ojea también compartió su recuerdo particular del encuentro con las víctimas de abuso sexual por parte de clérigos: “En mi caso personal el encuentro con las víctimas ha cambiado mi modo de percibir la gravedad del abuso sexual. Tuve que escuchar cosas muy duras y muy desgarradoras frente a las cuales era imposible decir alguna palabra que no fuera estar al lado de ellos. Ante estas situaciones el Obispo vive una autentica experiencia de cruz, sintiendo que forma parte de una gran purificación a la que esta llamada nuestra Iglesia”. Luego manifestó que: “Una cosa es imaginarse un diálogo, incluso preparándose con la mente y en la sensibilidad, y otra cosa es afrontarlo en el plano vivencial ya que no hay otra receta que sufrir con la Iglesia, en este caso” Ojea prosiguió, expresando que: “Sin duda que después de estos encuentros, quedé con una gran motivación para poner la gravedad de este delito por encima de todas las otras consideraciones, incluso las dificultades mediáticas”.

 

El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina volvió a manifestar la gran expectativa de esta reunión con el Papa Francisco pueda ahondar en las consecuencias del drama del abuso sexual de la Iglesia  y encontrar medios efectivos para combatirlo.

 

Oficina de Prensa

Conferencia Episcopal Argentina

Daiana Vergara: “La misión cambió mi vida para siempre”

Daiana Vergara es una joven paranaense que realizó una experiencia misionera en  África junto a la comuidad salesiana. En la mañana de Radio Corazón comentó en primera persona como fue esa experiencia, y manifestó que “Hay un antes y un después de Angola, cambió mi modo de ver las cosas”.

La misión no es simplemente un llamado sino un estilo de vida y así lo deja claro Daiana que estuvo un año en la provincia de Moxico, en Angola, África. Ella es licenciada en Psicopedagogía y dejó todo para ir a misionar “la misión cambió mi vida, hizo crecer mi corazón y lo llenó de amor”.

 

Escuchar entrevista en Radio Corazón

NUEVOS PÁRROCOS

Este fin de semana nuestro arzobispo Mons Juan Alberto Puiggari, pondrá en función a dos nuevos párrocos.
El sábado 2 asumirá el Pbro. José María Zanuttini como párroco en la ciudad de Diamante en la Pquia. San Cipriano y San Francisco Javier.
En tanto el domingo 3 en la localidad de San Benito asumirá el Pbro. Mario José Taborda en la Parroquia San Benito Abad.
Ambas celebraciones serán a las 20hs.

Misiones de Verano

Desde el Equipo Diocesano Grupos Misioneros se informó sobre las distintas misiones que se realizarán en este tiempo de verano en distintos puntos de la Arquidiócesis y de la provincia de Santa Fe.

El martes 25 comenzaron sus misiones:

El grupo de la Parroquia Nuestra Señora de la Merced, en Puerto Curtiembre.

El grupo de la Parroquia Nuestra Señora de la Piedad de Paraná, en Quebracho Santa Elena.

En tanto el miércoles 26:

Grupo Tikva, de Crespo, en Helvecia Santa Fe.

El Grupo Misionero de Santa Ana de Paraná, en Sauce Pinto.

El Grupo San Pablo de Villaguay, en Laguna Larga.

El Grupo Nuestra Señora de Luján, en Aranguren.

También se anunciaron las misiones del Grupo San José Obrero en El Palenque; Grupos San Juan Pablo II, Nuestra Señora de Guadalupe y Schoenstatt en Crucecita Séptima; Grupo Cerrito en Curtiembre; Grupo Hernandarias en Pueblo Brugo y Grupo Feliciano en Distrito Chañar.

Se invita a acompañar con la oración el camino de los misioneros y pedir por los frutos de las misiones.

Vida Diocesana

Mediante decreto Monseñor Juan Alberto Puiggari designó a al Pbro. Carlos Ramón Cepeda como Delegado Episcopal  para la Pastoral del Ecumenismo, el diálogo interreligioso y las relaciones con el Judaísmo. La designación es por el término de tres años a partir del 26 de diciembre.

Asimismo también por decreto se designó al Pbro. Cepeda como Director de la Escuela de Ministerios y Diaconados Permanente “San Lorenzo Diácono y Mártir”.