Homilía en el Tedeum del 25 de Mayo

 

 

 

TEDEUM. 25 DE MAYO DE 2016

Parroquia Sagrado Corazón. Paraná

 Sr. Gobernador de la Provincia de Entre Ríos, Contador Gustavo Bordet,

Sr Presidente Municipal Sergio Varisco

Sra. Vice Intendente. Josefina Beatriz Etienot.

Señores Comandantes de las Fuerzas Armadas y de Seguridad

Señores Concejales

 

Queridos hermanos

 

     Nos reunimos hoy en este Templo Parroquial para dar gracias a Dios por el don de nuestra Patria, en el año del Bicentenario de la Independencia.  “El 25 de mayo de 1810, el Cabildo abierto de Buenos Aires expresó el primer grito de libertad para nuestra patria siguiendo el ejemplo de nuestros próceres.

    Venimos en este nuevo aniversario, a darle gracias por esta tierra bendita, tan rica y fecunda. Desde los inicios de nuestra comunidad nacional, aun antes de la emancipación, los valores cristianos impregnaron la vida pública. Esos valores se unieron a la sabiduría de los pueblos originarios y se enriquecieron con las sucesivas inmigraciones. Así se formó la compleja cultura que nos caracteriza. Es necesario respetar y honrar esos orígenes, no para quedarnos anclados en el pasado, sino para valorar el presente y construir el futuro. No se puede mirar hacia adelante sin tener en cuenta el camino recorrido y honrar lo bueno de la propia historia.

    En este año ten importante de nuestra historia, recordamos que nuestra patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad, como un regalo que debemos cuidar y perfeccionar. Don y tarea

    Por eso nos hemos reunido, siguiendo la tradición de los hombres de mayo, para alabar a Dios Todopoderoso y Eterno por Sus obras magníficas, sus dones y amor infinito  que manifiesta hacia la Argentina y pedir su bendición para sus habitantes.

    En ese momento histórico,  poco era lo que había en estos parajes, la ciudad de hoy se ha ido embelleciendo  por la mano del hombre; pero sí estaba desde tiempo casi incontable en la Sabiduría divina, dando solidez a las barrancas del Paraná, fluidez a las aguas de este río majestuoso, fertilidad a las tierras, preparando con los siglos la base para que el hombre en sus distintas vocaciones fuera completando por su inteligencia y corazón la obra creadora de Dios, haciendo ésta gran ciudad y provincia que hoy disfrutamos..

    Y todo esto integrándonos con los hermanos de otras Provincias, que con sus ricas diferencias, al mismo tiempo definían algo común: la naciente argentina. Tonadas, historia, suelo diversos, pero de deseo profundo, y camino  arduo a la unidad nacional    No estuvieron ausentes enfrentamientos y generosas reconciliaciones, luchas, pruebas y desgarros. Sin embargo, y a pesar de ello, esta tierra generosa contagiada por  aquellos padres de la Patria, que la pensaron acogedora, cálida, respetuosa, capaz de albergar a tantos extranjeros que se fueron incorporando al ser nacional y sintieron en poco tiempo el orgullo de sentirse argentinos.

    Cuántas incontables riquezas germinaron en una geografía tan variada que ayudaron a fermentar hombres de llanuras infinitas, de cuchillas onduladas, sierras silenciosas, de montañas guardadas por los cóndores, bosques y montes de hacheros, hijos de las aguas chicas y grandes: y todos argentinos.

    Esos pueblos nuevos que se unieron a la sabiduría de los pueblos originarios y se enriquecieron con las sucesivas inmigraciones fueron formando la compleja cultura que nos caracteriza. Es necesario respetar y honrar esos orígenes, no para quedarnos anclados en el pasado, sino para valorar el presente y construir el futuro. No se puede mirar hacia adelante sin tener en cuenta el camino recorrido y honrar lo bueno de la propia historia.    

    Hoy recordando el primer grito de libertad; los argentinos estamos llamados a dejar las esclavitudes personales, sociales y políticas, para adentrarnos en el desierto de nuestra conciencia y purificarla para construir entre todos la gran nación Argentina que nos debemos y que soñaron nuestros próceres.

    La primera tarea que no puede ser postergada es la reconciliación: “Urge recrear las condiciones políticas e institucionales que nos permitan superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males. La situación actual requiere una actitud de grandeza de parte de todos los argentinos, en particular de sus dirigentes. Es imprescindible trabajar por una cultura del encuentro  caracterizarse por una cultura de la amistad, una cultura donde hallamos hermanos, donde podemos hablar también con los que no piensan como nosotros, es necesario construir puente, derribar muros.

    Otra gran deuda es poder afianzar la educación y el trabajo como claves del desarrollo y de la justa distribución de los bienes.. Una tenaz educación en valores y una formación para el trabajo, unidas a claras políticas activas, generadoras de trabajos dignos,  que sea capaz de superar el asistencialismo desordenado, que termina generando dependencias dañinas y desigualdad. Y mientras tanto políticas que protejan a los que menos tienen.

    Quiero hacerme eco del mensaje del papa Francisco al Sr. Presidente con motivo de esta fecha: “»Acompaño con mi oración al Señor para que conceda a todos los argentinos copiosos dones de su misericordia, que les ayuden a avanzar continuamente en la búsqueda del bien común, la reconciliación y la fraternidad».

    Contemplemos a la Mujer valiente y humilde, que en el colmo de la obra misericordiosa de Dios, le dijo sí libremente a su Hijo en la cruz, y quiso trancar los ejes de la carreta en Luján para mostrar su cercanía de Madre.

    A Ella hoy le pedimos: Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra. Nuestra Señora de Luján, Patrona de nuestra Patria; hoy alzamos nuestros ojos y nuestros corazones hacia ti… Madre de la Esperanza, de los pobres y de los que sufren, escúchanos…

    Hoy te pedimos por Argentina, por nuestro pueblo. Ilumina nuestra patria con el sol de justicia, con la luz de una mañana nueva, que es la luz de Jesús. Enciende el fuego nuevo del amor entre hermanos.

    Unidos estamos bajo la celeste y blanca de nuestra bandera, y los colores de tu manto, para contarte que: hoy falta el pan material y el trabajo en muchas  casas, pero también falta el pan de la verdad y la justicia en muchas mentes. Falta el pan del amor entre hermanos y falta el pan de Jesús en los corazones.

    Te pedimos madre, que extingas el odio, que ahogues las ambiciones desmedidas, que arranques el ansia febril de lo material y derrama sobre nuestro suelo, la semilla de la humildad, de la comprensión. Ahoga la mala hierba de la soberbia, que ningún Caín pueda plantar su tienda sobre nuestro suelo, pero tampoco que ningún Abel inocente bañe con su sangre nuestras calles.

    Concede de tu Hijo la sabiduría a nuestros gobernantes para que siempre busquen el bien común de nuestro pueblo,  magnanimidad a los dirigentes en todos los campos para que también ellos estén a la altura de la hora, 

    Haz madre que comprendamos que somos hermanos, nacidos bajo un mismo cielo, y bajo una misma bandera. Que sufrimos todos juntos las mismas penas y las mismas alegrías. Ilumina nuestra esperanza, alivia nuestra pobreza material y espiritual y que todos juntos seamos capaces de construir una Argentina mejor para todos.

    Que así sea

 + Juan Alberto Puiggari

  Arzobispo de Paraná

Misa Universitaria

 

Este martes 24 a las 20:30, se realizará la misa para universitarios. El encuentro tendrá lugar en la Capilla de la UCA (Buenos Aires 239) y se invita en especial a todos los estudiantes.

La actividad está organizada por la Pastoral Universitaria de la Arquidiócesis de Paraná.

III Sínodo: ya está disponible el instrumento de trabajo para la próxima sesión

 

 El próximo sábado 4 de junio, el Aula Sinodal se reunirá nuevamente para tratar la cuestión de “Parroquia y Escuela”.

Al respecto, ya se encuentra disponible en el sitio digital www.arzparan.org.ar/sinodo el instrumento de trabajo para esta próxima sesión.

 La presente cuestión aborda «la integración de la escuela a la gran comunidad de la parroquia como una parte de la obra total de evangelización (…) para que no se conviertan en dos entidades paralelas», manifiesta el escrito.

 

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Ordenaciones en la Arquidiócesis

 

El Arzobispo de Paraná, monseñor Juan Alberto Puiggari, ordenó presbíteros en la Catedral metropolitana  a cinco diáconos: Horacio Correa,  Rodrigo Badano, Marcelo Rueda, Ignacio Rodríguez y Darío González. Los nuevos sacerdotes, por la oración consacratoria y la imposición de manos de monseñor Juan Alberto Puiggari, recibieron el segundo grado del orden.

La celebración contó con la presencia del Vicario General Monseñor Eduardo Tanger, el presbiterio de la arquidiócesis y un gran número de fieles proveniente de las distintas comunidades parroquiales tanto de origen como en donde están destinados los nuevos sacerdotes. Luego de la celebración se compartió el almuerzo en el Seminario Arquidiocesano.

En su homilía monseñor Juan Alberto resaltó los motivos por los cuales son ordenados y elegidos: “Queridos Diáconos van a ser ordenados para actuar en nombre Cristo; Dios los ha elegido para continuar su obra redentora”.  Más adelante se refirió a la misión específica para la que son llamados y consagrados: “Como sacerdotes no podrán estar lejos del sufrimiento de sus fieles; Como sacerdotes deben mostrar el camino al Cielo”, resaltó el prelado.

 

Texto completo de la homilía.

HOMILIA EN LA ORDENACIÓN PRESBITERAL del 21 de mayo de 2016

 

HOMILIA DE ORDENACIÓN PRESBITERAL DE LOS DIÁCONOS RODRIGO BADANO, HORACIO CORREA, DARÍO GONZALEZ, IGNACIO RODRÍGUEZ Y MARCELO RUEDA.

Catedral Nuestra Señora del Rosario

Paraná, 21 de mayo de 2016

Año Jubilar de la Misericordia

 

Queridos hermanos sacerdotes y diáconos,

Queridos consagrados y seminaristas,

Queridos hermanos en el Señor:

Dios, con palabras del profeta Jeremías, nos dice: «Os daré Pastores, según mi corazón”. Con ellas promete a su pueblo no dejarlo nunca privado de pastores que lo congreguen y guíen.

El Pueblo fiel experimenta siempre el cumplimiento de este anuncio profético. Y en esta mañana la Iglesia que peregrina en Paraná  es testigo de ello con la ordenación de cinco nuevos sacerdotes. Por eso damos gracias al Señor y queremos ponernos en una actitud de profunda adoración  y en la vigencia más plena de la fe para vivir esta celebración. Sólo así podremos pregustar cuantas bendiciones hoy nos concede Dios por lo que va a suceder dentro de unos momentos en esta Iglesia Catedral.

Como decía San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars: “En un buen pastor, un pastor de acuerdo con el corazón de Dios, encontramos el mayor tesoro que Dios puede dar a la Iglesia y uno de los dones más preciosos de la misericordia Divina”.

 Permítanme mirar a los sacerdotes que nos acompañan en esta celebración, con diversidad de ministerios que ejercen al servicio de la Iglesia. Pienso en el gran número de Misas que han celebrado o van a celebrar haciendo realmente presente cada vez a Cristo sobre el Altar; pienso en las innumerables absoluciones que han dado y darán, permitiendo que un pecador se encuentre con la Misericordia del Padre; en la vida que han dado o darán en el bautismo, engendrando nuevos hijos de Dios, peregrinos del cielo… y podríamos seguir así y comprender un poco más la fecundidad infinita del sacramento del Orden. Sus manos, sus labios, han llegado a ser por un instante las manos y los labios de Dios. Como decía el Santo Cura de Ars: “Si tuviéramos fe, veríamos a Dios escondido en el sacerdote como una luz detrás de un vidrio”. ¡Nada podrá reemplazar jamás el ministerio de los sacerdotes en el corazón de la Iglesia!

Queridos Diáconos: acabamos de escuchar en el Evangelio las palabras de Jesús. “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino Yo el que los elegí a ustedes y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero” (Jn.15, 16). Elegidos por puro amor de predilección, con la clara conciencia de que van a llevar un tesoro en vasijas de barro. La conciencia de esta debilidad nos exige la intimidad con Dios que da fuerza y alegría.

Y los ha elegido para continuar su obra redentora, para que sean el amor del corazón de Jesús. Nuestra identidad está marcada por el sello del sacerdocio de Cristo para participar de su única misión de Mediador y Redentor.

De esta vinculación fundamental se abre ante el sacerdote el inmenso campo del servicio a las almas para llevarles la salvación en Cristo  en la Iglesia. Este servicio debe inspirarse en el amor a las mismas, a ejemplo del Señor que entregó su vida por ellas.

Porque el sacerdocio necesita naturalmente  mucho amor de Dios para vivir sólo de Dios y de lo Eterno; y mucho amor a los hombres para vivir sacrificándose de la mañana a la noche, a veces desde muy temprano hasta muy tarde, un día tras otro día, un año tras otro año, y muchos años sirviendo al prójimo, repitiendo con Jesucristo “no vine a ser servido sino a servir”. “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn. 15,15).

No teman  vivir de lo teologal: hoy hay un peligroso naturalismo y psicologismo, que oscurece lo sobrenatural, la vida de fe, de esperanza y de caridad. No teman al sacrificio. No teman al desprendimiento de ustedes mismos. Descubran el valor, la importancia y la centralidad de la Cruz de Jesucristo.

Seguramente tendrán muy presente hoy las palabras de Jesús a Pedro: «¿Me amas?», «apacienta mis ovejas». Es como si, con ellas, dijera el Señor: «Si me amas, no pienses en apacentarte a ti mismo. Apacienta, más bien, a mis ovejas por ser mías, no como si fueran tuyas; busca apacentar mi gloria, no la tuya; busca establecer mi Reino, no el tuyo; preocúpate de mis intereses, no de los tuyos, si no quieres figurar entre los que, en estos tiempos difíciles, se aman a sí mismos y, por eso, caen en todos los otros pecados que de ese amor a sí mismos se derivan como de su principio. No nos amemos, pues, a nosotros mismos sino al Señor, y, al apacentar sus ovejas, busquemos su interés y no el nuestro. El amor a Cristo debe crecer en el que apacienta a sus ovejas hasta alcanzar un ardor espiritual que le haga vencer incluso ese temor natural a la muerte, de modo que sea capaz de morir precisamente porque quiere vivir en Cristo». (San Agustín comentario al Evangelio de San Juan).

Al sacerdote de hoy se le pide que sea muy hombre, tiene que dejar para otros la autocompasión, o el buscar la compasión de los otros el ver sus pequeños problemas. Tiene que descubrir la lógica del Evangelio, que nos dice: “Quien quiera guardarse su vida, la perderá; y quién la gaste por Mí, la recobrará en la vida eterna».

Servir al Reino comporta vivir descentrados respecto a sí mismos, abiertos al encuentro que es además el camino para volver a encontrar verdaderamente aquello que somos: anunciadores de la Verdad de Cristo y de su Misericordia. Verdad y Misericordia: no las separemos. ¡Jamás! «La caridad en la verdad —nos ha recordado el Papa Benedicto XVI— es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad» (Papa Francisco).

   Queridos Diáconos: van a ser ordenados para actuar en nombre de Cristo Cabeza para ayudar a los hombres a entrar en la vida nueva abierta por Cristo, para dispensarles sus misterios, la Palabra, el perdón y el Pan de Vida, para reunirlos en su Cuerpo que es la Iglesia. Como sacerdotes no podemos mantenernos lejos de los sufrimientos y penurias de nuestros hermanos, por el contrario, tenemos que estar muy cerca de ellos, pero como sacerdotes mirando siempre su salvación y el progreso del Reino de Dios.

Recuerden la anécdota del Santo Cura de Ars… “Amiguito ‑dijo el sacerdote Vianney‑, tú me has mostrado el camino de Ars; yo te mostraré el camino del cielo”.El sacerdote es quien debe mostrar a los hombres de su tiempo, el camino del cielo. Pero como nadie da lo que no tiene, el sacerdote ha de estar primero repleto de razones y de esperanzas del cielo.

¿No piensan que nuestro mundo, en exceso alocado, materialista, inmanentista, necesita saber para qué vive,  para qué sufre, para qué muere, qué espera? ¿No será uno de los principales servicios del sacerdote?

Muchas cosas grandes dependen del sacerdote: tenemos a Dios, traemos a Dios, damos a Dios (…). Piensen en esto, en esa divinización hasta de nuestro cuerpo; en esa lengua que trae a Dios; en esas manos que lo tocan, en ese poder de hacer milagros, al administrar la gracia. Nada valen todas las grandezas de este mundo, en comparación con lo que Dios ha confiado al sacerdote.

Queridos hijos: todo es providencia, nada casualidad; por eso Dios les habla por las circunstancias, que también son Su voz. Se ordenan en el año Jubilar de la Misericordia.

 El Papa Francisco nos dice: el sacerdote a imagen del Buen Pastor, “es hombre de misericordia y de compasión, cercano a su gente y servidor de todos. Éste es un criterio pastoral que quisiera subrayar bien: la cercanía, la proximidad y el servicio, Quien sea que se encuentre herido en su vida, de cualquier modo, puede encontrar en él atención y escucha… En especial el sacerdote demuestra entrañas de misericordia al administrar el sacramento de la Reconciliación; lo demuestra en toda su actitud, en el modo de acoger, de escuchar, de aconsejar, de absolver… El sacerdote está llamado a aprender esto, a tener un corazón que se conmueve…. Nosotros, sacerdotes, debemos estar allí, cerca de nuestra gente, especialmente los pobres y pecadores.

      Nuestro corazón misericordiosos se manifiesta principalmente en la oración y en la disponibilidada para el sacramento de la Reconciliación.

Otra circunstancia que marca esta celebración es la próxima canonización del Beato José Gabriel del Rosario Brochero, nuestro querido Cura Gaucho. ¿Qué nos enseña su persona y ministerio? Los rasgos distintivos de su alma sacerdotal son: su vida radicada en Dios, su amor a Jesucristo, a la Palabra y a la Eucaristía; su celo apostólico, especialmente por los más alejados y necesitados; la fortaleza y creatividad de su caridad pastoral; la originalidad con que unió evangelización y promoción humana; su tierna devoción a la Purísima; el testimonio elocuente de su vida pobre y entregada; su capacidad de amistad con grandes y pequeños; su configuración con Cristo paciente. 
                La vida de oración de este santo Cura, los Rosarios desgranados en su largos recorridos por las cumbres altas, en su mula Malacara, nos interpela a nosotros que, como él, hemos sido llamados para interceder por nuestro pueblo. 


                Para Brochero, ser párroco y ser misionero ha constituido una misma realidad. Ha vivido sencillamente la esencial dimensión misionera del ministerio presbiteral. Este ardor apostólico nos interpela. Hoy, anhelamos para nuestra Iglesia una fuerte conmoción que nos desinstale y nos convierta en misioneros. “Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiación de la vida en Cristo”.

     Hay un último aspecto que quisiera destacar contemplando la figura del “Cura Brochero”: su identificación con la Cruz de Cristo. La vida de un sacerdote encuentra su sello de autenticidad en el sufrimiento que es necesario padecer por el Evangelio. Así lo vivió Brochero, que no solo experimentó diversas contrariedades en su ministerio, sino que, en la enfermedad y el retiro de los últimos años, llegó a participar consciente y libremente en la Pasión de Cristo. Son conocidas las palabras que dirige a su amigo obispo: “Pero es un grandísimo favor el que me ha hecho Dios Nuestro Señor en desocuparme por completo de la vida activa y dejarme con la vida pasiva…para buscar mi último fin y de orar por los hombres pasados, por los presentes y por los que han de venir hasta el fin del mundo”. 


Queridos Rodrigo, Horacio, Darío, Ignacio y Marcelo:

Cada día renueven la decisión de seguir al Maestro, lo cual significa que ya no pueden elegir un camino propio, deben recorrer  como decía el cardenal Ratzinger » un camino a través de aguas agitadas y turbulentas, un camino que sólo podemos recorrer si nos hallamos dentro del campo de gravedad del amor de Jesucristo, si tenemos la mirada puesta en Él y somos así llevados por la nueva fuerza de la gravedad de la Gracia».

      Este seguimiento exige la entrega total. Reclama la totalidad de su ser.  No hay un sacerdocio a media jornada ni a medio corazón.

Para que todo esto sea posible, deben ser hombres de profunda oración. Ustedes bien saben que acá está el secreto de la fidelidad y de la fecundidad. Sean  grandes intercesores  como lo fue el Cura Brochero y el Cura de Ars. Recuerdo que el día de mi ordenación. El obispo me dijo que si tuviera 15 segundo para decirle algo a sus sacerdotes le diría: recen, recen, recen…

Deben ser hombres de oración y así serán hombres de fe,  y  serán hombres de esperanza y de alegría.

El momento privilegiado de esta oración es sin duda la Eucaristía de cada día. Será el momento culminante de su existencia y de su ministerio.

Que al celebrar cada día el Santo Sacrificio de la Misa y repetir «Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes» experimenten la necesidad de imitar lo que hacen y de cumplir lo que dicen, inmolándose con Cristo, abrazándose a la Cruz. La espiritualidad sacerdotal es intrínsecamente eucarística, nos lo recuerda nuestro querido Papa Emérito  Benedicto XVI en su Exhortación Sacramentum Caritatis. El ardor misionero será auténtico si es una prolongación y consecuencia de la vida eucarística. Como decía San Alberto Hurtado «Mi Misa es mi vida y mi vida es una Misa prolongada».

 Que se graben en el corazón de cada uno de ustedes las palabras de Jesús que escucharon en el Evangelio: «Como el Padre me amó también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor” (Jn, 15,9). Y la respuesta de hoy sea para siempre: “Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él”.

                Para terminar, les pido que consagren sus sacerdocio a María Santísima, no sólo porque lo pongan en sus manos, sino porque de alguna manera le den a la Virgen una potestad sobre todo lo de ustedes

                Que Ella sea apoyo eficaz en el camino de la santifica­ción,  fortaleza constante en las pruebas y energía poderosa en el apostolado.

                Que Ella les conceda la gracia de la generosidad en la entrega,  un amor ardiente y misericordioso…

                Queridos hijos, que Dios los bendiga, la situación actual exige sacerdotes santos, orantes y misioneros.

                Bendiga a sus familias y comunidades parroquiales de origen y a las que los han acompañado en esta última etapa, de una manera muy especial a los formadores del Seminario.

                Que el dueño de la mies nos siga concediendo abundantes y santas vocaciones.

                Gracias al Pastor Carlos Brauer de la Iglesia del Río de la Plata, que ha querido acompañarnos

Permítanme terminar invocando a Nuestra Madre, parafraseando a la  Beata Teresa de Calcuta:,

Nuestra Señora del Rosario, Madre de los sacerdotes

  • Concédeles: tu ayuda maternal para que puedan dominar sus debilidades;
  • Tu plegaria para que puedan ser hombres de oración;
  • Tu amor para que puedan iluminar a mis hermanos como hombres de perdón,
  • Tu bendición para que sean nada menos, que la imagen de Tu Hijo, Nuestro Señor y Salvador Jesucristo;
  • Tu presencia de Madre, para que vivan con alegría su soledad sacerdotal,
  • Tu humilde confianza para que sean fieles en los momentos de desaliento y de fatiga.

En tus manos, MADRE, pongo el sacerdocio y las vidas de Darío, Marcelo, Ignacio; Horacio y Rodrigo.

Que naveguen Mar adentro, que tiren las redes, una y mil veces sin cansarse.

Guarda en tu amor, la pureza de sus corazones para Jesús. Que así sea

 Mons. Juan Alberto Puiggari

  Arzobispo de Paraná

               

III Sínodo Arquidiocesano

 

El pasado viernes 13 de mayo cerró la presentación de los trabajos de los grupos sinodales de estudio para abordar la novena cuestión que versará sobre Parroquia y Formación de Agentes pastorales. Según se informó fueron 14 los escritos presentados. Este material constituye la preparación del instrumento de trabajo de la novena sesión, que tendrá lugar el sábado  2 de julio.

Por otra parte, se recuerda que la próxima sesión del Aula Sinodal será el sábado 4 de junio para tratar la cuestión de “Parroquia y Escuela”.

Tedéum

 

El miércoles 25 se celebrará el Solemne Tedéum en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, sita en calle Enrique Carbó 451.

La ceremonia de Acción de Gracias por nuestra Patria, tendrá lugar a partir de las 9.45, presidida por Monseñor Juan Alberto Puiggari y la presencia de autoridades civiles, religiosas y de las distintas fuerzas.

Luego de la celebración las actividades se trasladan a la Plaza Sáenz Peña, donde tendrá lugar el desfile patrio.

Siria: Entre la fe y la guerra

 

 

Este viernes 20 a las 16.00 se realizará una charla sobre “Siria: Entre la fe y la guerra”. La actividad tendrá lugar en la sede de UCA Paraná y estará a cargo de la Hermana Guadalupe, quien lleva 18 años como misionera en Oriente Medio, primero en Tierra Santa, más tarde en Egipto y desde enero de 2011, en la ciudad siria de Alepo. La religiosa tuvo la posibilidad de abandonar el país cuando comenzó la guerra pero decidió quedarse para estar al lado de los que más sufren.

El evento es de carácter libre y gratuito y está organizado por el Buen Pastor y El Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad.

Encuentro de Amigos de EWTN en Paraná

 

 

El viernes 13 se realizó el encuentro con animadores de EWTN de Paraná y la Región. El objetivo era “conocer más sobre EWTN y la gran obra de Madre Angélica”. Como invitado especial se contó con la presencia del P. Rubén Bellante. El evento fue organizado por Radio Corazón y fue la ocasión para que se dieran cita todos los interesados en conocer esta obra. .

La actividad culminó con la misa en Catedral a las 19.30.

La Comisión Ejecutiva se reunió con el Presidente de la Nación

 

La Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina se reunió en la tarde del miércoles 11 con el Presidente de la Nación Ing. Mauricio Macri en la Quinta Presidencial de Olivos.

Durante el encuentro, que se extendió por espacio de 55 minutos, los obispos entregaron al presidente  la invitación formal para participar del XIº Congreso Eucarístico Nacional que se desarrollará en Tucumán del 16 al 19 de junio. El presidente confirmó su presencia en la Misa de Clausura del mismo.

También entregaron al Primer Mandatario el mensaje “El Bicentenario de la Independencia.  Tiempo para el encuentro fraterno de los argentinos”, que se dará a conocer este jueves 12.

Se hizo una referencia a los principales temas que plantea el documento y que son una inquietud constante del Episcopado en el contexto de la actualidad. En este marco se recordó la relación entre Iglesia-Estado caracterizada por la autonomía de las realidades temporales y la colaboración.

Se conversó además sobre la situación social y la necesidad de ir reduciendo los niveles de pobreza que preocupan.

Los obispos calificaron a la reunión como cordial y a agenda abierta por la variedad de temas abordados a partir del mensaje del Bicentenario.

Participaron del encuentro Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe y Presidente de la CEA, el Cardenal Mario Poli, arzobispo de Buenos Aires y Vicepresidente 1º de la CEA y Mons. Carlos Malfa, obispo de Chascomús y Secretario General de la CEA. No pudo estar presente Mons. Mario Cargnello, Arzobispo de Salta y Vicepresidente 2º de la CEA, por encontrarse fuera del país. Acompañaron al presidente el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, el Secretario de Culto, Santiago de Estrada, el Subsecretario de Culto, Alfredo Abrini.