Décima Peregrinación hacia la Basílica Santuario Nuestra Señora del Carmen de Nogoyá

Del 13 al 16 de Julio se realizará la Décima Edición de la Peregrinación desde Paraná hacia la Basílica Santuario Nuestra Señora del Carmen de Nogoyá.

La salida está prevista para el viernes 13 a las 07.30 desde la ermita de Nuestra Señora del Rosario de Paraná  (Ruta 12 km. 436) y la llegada, será el domingo 15 a las 18.30.

Inscripciones:

Paraná – Nogoyá: 16 de mayo al 16 de junio.

Hernández – Nogoyá: 16 de mayo al 7 de Julio.

Informes e inscripción:

Denise Ríos: Tel. 03435 15618638

peregrinacionarananogoya@yahoo.com

Facebook: Peregrinación Paraná Nogoyá.

Fiesta Patronal Capilla del Divino Amor

Este jueves 17 comenzaron las actividades en preparación por la Fiesta Patronal en la capilla del Divino Amor. A las 18.30, se rezará el Santo Rosario y a las 19.00, misa por enfermos y afligidos.
El viernes 18 las actividades serán con el mismo esquema y a las 20.30 habrá misa Patronal.
El sábado 19, a las 21.00 será la Vigilia de Pentecostés y a las 22.00 Adoración al Santísimo y a las 00.00, se recibirá el día patronal con campanas, música, torta y café.
El domingo 20 a las 16.00 habrá procesión y misa y luego se festejará con una merienda y la banda de música del Ejército.

Catequesis del Papa Francisco

Compartimos el texto completo de la audiencia general pronunciado por Francisco en la Plaza de San Pedro. Dedico la catequesis al Bautismo.

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy concluimos el ciclo de catequesis sobre el Bautismo. Los efectos espirituales de este sacramento, invisibles para los ojos pero que operan en el corazón de quien se ha convertido en una nueva criatura, se hacen explícitos mediante la entrega de la prenda blanca y la vela encendida.

Después del lavacro de regeneración, capaz de recrear al hombre según Dios en la verdadera santidad (cf. Ef 4,24), pareció  natural, desde los primeros siglos, revestir a los nuevos bautizados con una prenda nueva, blanca, a semejanza del esplendor de la vida conseguida en Cristo y en el Espíritu Santo. La vestimenta blanca expresa simbólicamente lo que ha sucedido en el sacramento, y  anuncia, al mismo tiempo, la condición de los transfigurados en la gloria divina

San Pablo recuerda el significado de revestirse de Cristo, cuando explica cuáles son las virtudes que deben cultivar los bautizados: “Elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente al otro… Y por encima de todo esto revestíos de caridad, que es el vínculo de la perfección”. (Col 3: 12-14).

La entrega ritual de la llama tomada del cirio pascual también recuerda el efecto del Bautismo: “Recibid la luz de Cristo”, dice el sacerdote. Estas palabras recuerdan que nosotros no somos la luz, sino que la luz es Jesucristo (Jn 1, 9, 12, 46), quien, resucitado de entre los muertos, ha vencido las tinieblas del mal. ¡Nosotros estamos llamados a recibir su esplendor! Al igual que la llama del cirio pascual ilumina cada vela, el amor del Señor resucitado inflama los corazones de los bautizados, llenándolos de luz y calor. Y por eso desde los primeros siglos el sacramento del bautismo también se llama “iluminación” y al  bautizado se le llamaba “el iluminado”.

Esta es ciertamente la vocación cristiana: “Caminar siempre como hijos de la luz, perseverando en la fe” (cf. Rito de la iniciación cristiana de adultos, n.° 226, Jn 12, 36). Si se trata de niños, es deber de los padres, junto con los padrinos y madrinas preocuparse por alimentar la llama de la gracia bautismal en sus pequeños, ayudándolos a perseverar en la fe (cf. Rito del bautismo de los niños, n. 73). “La educación en la fe, que en justicia se les debe a los niños, tiende a llevarles gradualmente a comprender y asimilar el plan de Dios en Cristo, para que finalmente ellos mismos puedan libremente ratificar la fe en que han sido bautizados”. (ibid., Introducción, 3).

La presencia viva de Cristo, que debemos  proteger, defender y dilatar en nosotros, es la lámpara que ilumina nuestros pasos,  luz que orienta nuestras decisiones, llama que calienta los corazones para  ir al encuentro del Señor, haciéndonos capaces de ayudar a los que hacen el camino con nosotros, hasta la comunión inseparable con Él. Ese día, dice también el Apocalipsis, “Noche ya no habrá; no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los alumbrará y reinarán por los siglos de los siglos” (véase 22: 5).

La celebración del bautismo termina con la oración del Padre Nuestro, propia de la comunidad de los hijos de Dios. En efecto, los niños renacidos en el bautismo reciben la plenitud del don del Espíritu en la confirmación y participan en la eucaristía, aprendiendo lo que significa dirigirse a Dios llamándolo “Padre”.

Al final de estas catequesis sobre el Bautismo, repito a cada uno de vosotros la invitación que expresé en la exhortación apostólica Gaudete et Exsultate: “Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad. Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por él, elige a Dios una y otra vez. No te desalientes, porque tienes la fuerza del Espíritu Santo para que sea posible, y la santidad, en el fondo, es el fruto del Espíritu Santo en tu vida (cf. Ga 5,22-23)”.

Presentaron una nueva Instrucción sobre la vida contemplativa

Este martes 15 se presentó en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, la Instrucción “Cor Orans”, sobre la vida contemplativa, de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.

Intervinieron en la presentación monseñor José Rodríguez Carballo OFM, secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica; y el padre Sebastiano Paciolla, O Cist, subsecretario de la misma Congregación.

Monseñor Carballo, explicó que “en el mundo en este momento hay 37.970 monjas de clausura, no pocas en este contexto de crisis vocacional”. “Aquellas que elijan la vida contemplativa y la clausura deben vivir en un ambiente separado del mundo y por esto los monasterios deben respetar determinadas características y el ingreso de extraños o la salida de las monjas del convento debe ser excepcional y autorizada”, agregó.

“La modalidad de la separación del exterior debe ser material y eficaz, no solo simbólica o espiritual”, destaca la Instrucción.

Para constituir un monasterio de clausura hacen falta condiciones, entre ellas “las económicas tales de garantizar a la comunidad proveerse a sí misma de las necesidades de la vida cotidiana”, prosigue el documento.

“La comunidad del monasterio mantiene los bienes en su posesión como dones recibidos de Dios, por medio de benefactores y del trabajo de la comunidad, como medios necesarios y útiles para conseguir los fines propios de la institución de pertenencia”.

Son “actos de administración extraordinaria los que superan las exigencias habituales para el mantenimiento y el trabajo de la comunidad y para el normal mantenimiento de los edificios del monasterio”, continúa la Instrucción.

“Para los gastos y los actos de administración extraordinaria es necesaria la autorización del Consejo del monasterio y del capítulo conventual” y en las ventas u otros negocios jurídicos en los cuales “la situación patrimonial del monasterio podría experimentar daño” resulta necesaria “la licencia escrita de la Superiora Mayor”, así como para determinadas decisiones también es necesaria “la licencia de la Santa Sede”, subraya el documento.

 

Vida contemplativa y redes sociales

Las monjas de clausura pueden acceder y utilizar medios electrónicos y redes sociales “con sobriedad y discreción” porque existe el riesgo de “vaciar de contenido el silencio contemplativo cuando se llena la clausura de rumores, noticias y palabras”, recomienda la Instrucción Cor Orans.

“Tales medios por lo tanto deben ser usados con sobriedad y discreción, no solo en relación a los contenidos sino también a la cantidad de las informaciones y el tipo de comunicación, con el fin de que estén al servicio de la formación de la vida contemplativa y de las comunicaciones necesarias y no sean ocasión de disipación o de evasión de la vida fraterna”, afirma el documento.

De este modo “el uso de medios de comunicación, por motivos de información, formación o trabajo, puede ser consentido por el monasterio, con prudente discernimiento para la utilidad común”, agrega.

Con Información  de AICA

Patronal Santa Rafaela

Con el lema “Mirando al Señor se adquieren fuerzas, ¡y tantas!”, la Parroquia Santa Rafaela celebrará su fiesta patronal el viernes 18 de mayo.  A las 17.00 de ese día, se realizará la procesión y luego Misa.

En tanto el sábado 19 a partir de las 15.00 será un festejo con los niños, por lo que se suspende la misa de las 17.00.

Asimismo, en el transcurso de los días que le quedan a la novena, todos los días a las 18.00 se celebra misa por diferentes intenciones.

La parroquia está ubicada en calle Mario Monti 970 de la ciudad de Paraná.

Fiesta patronal del Seminario

El domingo 20, tendrá lugar la Fiesta Patronal del Seminario, Nuestra Señora del Cenáculo. Las actividades comenzarán a las 11.00 con la celebración de la misa, y luego, alrededor de las 13.00 se compartirá un almuerzo patronal.

Las tarjetas están a la venta en cada parroquia y en la librería San Francisco Javier

 

Convocan a rezar 40 días por las dos vidas

 

En el contexto del debate por el aborto en el Congreso, la plataforma CitizenGO convocó a sumarse a la campaña nacional de oración, ayuno y vigilia “40 días Argentina reza por las dos vidas”.

“Nuestra Patria está sufriendo momentos de angustia con el debate sobre la legalización del aborto. Por eso, hoy más que nunca, los argentinos debemos unirnos en oración”, se planteó en la convocatoria.

Asimismo, precisó que esta iniciativa se inspira en los lineamientos de la campaña internacional “40 días por la Vida”, adaptándola a este momento histórico que se vive en la Argentina.

“Consiste en hacer una red en el país, que dé forma continua (entre todos) formemos 40 días de oración, ayuno y vigilia por el fin del aborto”, agregó.

Desde la plataforma se puntualizó que la campaña comenzó este martes 8, y finaliza el 16 de junio, y destacó: “Durante esos días se decidirá el futuro de los niños por nacer, y nuestra oración acompañará a los que estarán tomando las decisiones”.

Valeria Zimmermann, la impulsora de esta propuesta, afirmó: “Apoyando la defensa de la dignidad de la vida humana proponemos unirnos en una campaña de oración, ayuno y vigilia para clamar a nuestro Padre Celestial, por intercesión de María Santísima, que intervenga en estos momentos históricos para defender y salvar la vida de sus hijitos indefensos y sus madres vulnerables. ¡Esta será el principio del fin del aborto!”

Con información de AICA

Conferencia del padre “Pepe” Di Paola

El padre “Pepe” Di Paola ofrecerá una conferencia para “pensar como Iglesia la complejidad de la exclusión: un camino para crecer como comunidad”, de cara a problemáticas como la violencia, consumo, discriminación y la marginalidad.
La charla será el 16 de mayo a las 16.30 en la Sede de ACA (Buenos Aires 377) de la capital entrerriana.
Invitan: Familia Grande Hogar de Cristo, Cáritas Paraná y Fundación Lázaro.

Un Pentecostés por la Vida

En el marco de la Fiesta de Pentecostés, se invita a rezar por la Vida en todas sus formas, en especial por la vida naciente.

Este viernes 11 dará comienzo la novena de Pentecostés y es por ello que se invita a que en todas las comunidades y parroquias se rece esta novena pidiendo al Dios de la Vida para que en el presente de nuestra Patria se cuide y valore la vida como un regalo de Dios y en especial de los niños por nacer.

La convocatoria puntual es a rezar la novena y en que cada comunidad pueda hacerse un momento de oración el sábado 19 de mayo, vísperas de Pentecostés.

Mensaje del Papa Francisco por la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32). Fake news y periodismo de paz; es el título de este mensaje con motivo de la 52° Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Esta Jornada está instituida en la Iglesia desde 1967 por expresa voluntad del Concilio Vaticano II. Se conmemora el domingo anterior a la fiesta de Pentecostés. A continuación compartimos el texto completo.

 

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

En el proyecto de Dios, la comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión. El ser humano, imagen y semejanza del Creador, es capaz de expresar y compartir la verdad, el bien, la belleza. Es capaz de contar su propia experiencia y describir el mundo, y de construir así la memoria y la comprensión de los acontecimientos.

 

Pero el hombre, si sigue su propio egoísmo orgulloso, puede también hacer un mal uso de la facultad de comunicar, como muestran desde el principio los episodios bíblicos de Caín y Abel, y de la Torre de Babel (cf. Gn 4,1-16; 11,1-9). La alteración de la verdad es el síntoma típico de tal distorsión, tanto en el plano individual como en el colectivo. Por el contrario, en la fidelidad a la lógica de Dios, la comunicación se convierte en lugar para expresar la propia responsabilidad en la búsqueda de la verdad y en la construcción del bien.

 

Hoy, en un contexto de comunicación cada vez más veloz e inmersos dentro de un sistema digital, asistimos al fenómeno de las noticias falsas, las llamadas «fake news». Dicho fenómeno nos llama a la reflexión; por eso he dedicado este mensaje al tema de la verdad, como ya hicieron en diversas ocasiones mis predecesores a partir de Pablo VI (cf. Mensaje de 1972: «Los instrumentos de comunicación social al servicio de la verdad»). Quisiera ofrecer de este modo una aportación al esfuerzo común para prevenir la difusión de las noticias falsas, y para redescubrir el valor de la profesión periodística y la responsabilidad personal de cada uno en la comunicación de la verdad.

 

  1. ¿Qué hay de falso en las «noticias falsas»?

 

«Fake news» es un término discutido y también objeto de debate. Generalmente alude a la desinformación difundida online o en los medios de comunicación tradicionales. Esta expresión se refiere, por tanto, a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas.

 

La eficacia de las fake news se debe, en primer lugar, a su naturaleza mimética, es decir, a su capacidad de aparecer como plausibles. En segundo lugar, estas noticias, falsas pero verosímiles, son capciosas, en el sentido de que son hábiles para capturar la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social, y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración. Su difusión puede contar con el uso manipulador de las redes sociales y de las lógicas que garantizan su funcionamiento. De este modo, los contenidos, a pesar de carecer de fundamento, obtienen una visibilidad tal que incluso los desmentidos oficiales difícilmente consiguen contener los daños que producen.

 

La dificultad para desenmascarar y erradicar las fake news se debe asimismo al hecho de que las personas a menudo interactúan dentro de ambientes digitales homogéneos e impermeables a perspectivas y opiniones divergentes. El resultado de esta lógica de la desinformación es que, en lugar de realizar una sana comparación con otras fuentes de información, lo que podría poner en discusión positivamente los prejuicios y abrir un diálogo constructivo, se corre el riesgo de convertirse en actores involuntarios de la difusión de opiniones sectarias e infundadas. El drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos. Las noticias falsas revelan así la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio. A esto conduce, en último análisis, la falsedad.

 

  1. ¿Cómo podemos reconocerlas?

 

Ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades. No es tarea fácil, porque la desinformación se basa frecuentemente en discursos heterogéneos, intencionadamente evasivos y sutilmente engañosos, y se sirve a veces de mecanismos refinados. Por eso son loables las iniciativas educativas que permiten aprender a leer y valorar el contexto comunicativo, y enseñan a no ser divulgadores inconscientes de la desinformación, sino activos en su desvelamiento. Son asimismo encomiables las iniciativas institucionales y jurídicas encaminadas a concretar normas que se opongan a este fenómeno, así como las que han puesto en marcha las compañías tecnológicas y de medios de comunicación, dirigidas a definir nuevos criterios para la verificación de las identidades personales que se esconden detrás de  millones de perfiles digitales.

 

Pero la prevención y la identificación de los mecanismos de la desinformación requieren también un discernimiento atento y profundo. En efecto, se ha de desenmascarar la que se podría definir como la «lógica de la serpiente», capaz de camuflarse en todas partes y morder. Se trata de la estrategia utilizada por la «serpiente astuta» de la que habla el Libro del Génesis, la cual, en los albores de la humanidad, fue la artífice de la primera fake news (cf. Gn 3,1-15), que llevó a las trágicas consecuencias del pecado, y que se concretizaron luego en el primer fratricidio (cf. Gn 4) y en otras innumerables formas de mal contra Dios, el prójimo, la sociedad y la creación.

 

La estrategia de este hábil «padre de la mentira» (Jn 8,44) es la mímesis, una insidiosa y peligrosa seducción que se abre camino en el corazón del hombre con argumentaciones falsas y atrayentes. En la narración del pecado original, el tentador, efectivamente, se acerca a la mujer fingiendo ser su amigo e interesarse por su bien, y comienza su discurso con una afirmación verdadera, pero sólo en parte:«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (Gn 3,1). En realidad, lo que Dios había dicho a Adán no era que no comieran de ningún árbol, sino tan solo de un árbol: «Del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás» (Gn 2,17). La mujer, respondiendo, se lo explica a la serpiente, pero se deja atraer por su provocación: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”» (Gn 3,2). Esta respuesta tiene un sabor legalista y pesimista: habiendo dado credibilidad al falsario y dejándose seducir por su versión de los hechos, la mujer se deja engañar. Por eso, enseguida presta atención cuando le asegura: «No, no moriréis» (v. 4). Luego, la deconstrucción del tentador asume una apariencia creíble: «Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (v. 5). Finalmente, se llega a desacreditar la recomendación paternal de Dios, que estaba dirigida al bien, para seguir la seductora incitación del enemigo: «La mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable» (v. 6).  Este episodio bíblico revela por tanto un hecho esencial para nuestro razonamiento: ninguna desinformación es inocua; por el contrario, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos.

 

De lo que se trata, de hecho, es de nuestra codicia. Las fake news se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano.

 

Las mismas motivaciones económicas y oportunistas de la desinformación tienen su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que en último término nos hace víctimas de un engaño mucho más trágico que el de sus manifestaciones individuales: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón. He aquí porqué educar en la verdad significa educar para saber discernir, valorar y ponderar los deseos y las inclinaciones que se mueven dentro de nosotros, para no encontrarnos privados del bien «cayendo» en cada tentación.

 

  1. «La verdad os hará libres» (Jn 8,32)

 

La continua contaminación a través de un lenguaje engañoso termina por ofuscar la interioridad de la persona. Dostoyevski escribió algo interesante en este  sentido: «Quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto de no poder distinguir la verdad, ni dentro de sí mismo ni en torno a sí, y de este modo comienza a perder el respeto a sí mismo y a los demás. Luego, como ya no estima a nadie, deja también de amar, y para distraer el tedio que produce la falta de cariño y ocuparse en algo, se entrega a las pasiones y a los placeres más bajos; y por culpa de sus vicios, se hace como una bestia. Y todo esto deriva del continuo mentir a los demás y a sí mismo» (Los hermanos Karamazov, II, 2).

 

Entonces, ¿cómo defendernos? El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad. En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas. La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, «desvelar la realidad», como lleva a pensar el antiguo término griego que la designa, aletheia (de a-lethès, «no escondido»). La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza, como da a entender la raíz ‘aman, de la cual procede también el Amén litúrgico. La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, «verdadero», es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32).

 

Liberación de la falsedad y búsqueda de la relación: he aquí los dos ingredientes que no pueden faltar para que nuestras palabras y nuestros gestos sean verdaderos, auténticos, dignos de confianza. Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer. La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca. Además, nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas. Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad. Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa.

 

  1. La paz es la verdadera noticia

 

El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje. Si el camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista, custodio de las noticias. Este, en el mundo contemporáneo, no realiza sólo un trabajo, sino una verdadera y propia misión. Tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas. Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas. Por eso la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación son verdaderos y propios procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz.

 

Por lo tanto, deseo dirigir un llamamiento a promover un periodismo de paz, sin entender con esta expresión un periodismo «buenista» que niegue la existencia de problemas graves y asuma tonos empalagosos. Me refiero, por el contrario, a un periodismo sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes; un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos –y son la mayoría en el mundo– que no tienen voz; un periodismo que no queme las noticias, sino que se esfuerce en buscar las causas reales de los conflictos, para favorecer la comprensión de sus raíces y su superación a través de la puesta en marcha de procesos virtuosos; un periodismo empeñado en indicar soluciones alternativas a la escalada del clamor y de la violencia verbal.

 

Por eso, inspirándonos en una oración franciscana, podríamos dirigirnos a la Verdad en persona de la siguiente manera:

 

Señor, haznos instrumentos de tu paz.

Haznos reconocer el mal que se insinúa en una comunicación que no crea comunión.

Haznos capaces de quitar el veneno de nuestros juicios.

Ayúdanos a hablar de los otros como de hermanos y hermanas.

Tú eres fiel y digno de confianza; haz que nuestras palabras sean semillas de bien para el mundo:

donde hay ruido, haz que practiquemos la escucha;

donde hay confusión, haz que inspiremos armonía;

donde hay ambigüedad, haz que llevemos claridad;

donde hay exclusión, haz que llevemos el compartir;

donde hay sensacionalismo, haz que usemos la sobriedad;

donde hay superficialidad, haz que planteemos interrogantes verdaderos;

donde hay prejuicio, haz que suscitemos confianza;

donde hay agresividad, haz que llevemos respeto;

donde hay falsedad, haz que llevemos verdad.

 

Amén.

 

 

 

Francisco