Del 5 al 12 de enero el grupo San Pio X estuvo misionando en las localidades de Villa Urquiza, La Balsa, Colonia Nueva, Colonia Crespo y La Picada, acompañados por el Padre Leonardo Yacob, con la intención de llevar a Cristo y Maria a las almas de los lugareños, animándolos a perseverar en la fe, la esperanza y el amor y sumarse a formar nuevas comunidades evangelizadoras
Retiros de verano
Convivencia con Cristo
Desde el 3 al 9 de febrero se realizará el encuentro de Convivencia con Cristo, “Vengan y lo Verán”. La actividad tendrá lugar en el Centro El Salvador, Mariápolis.
Los interesados en participar deberán comunicarse con noestar81@gmail.com ó olgacacerescm1@gmail.com
Propuesta para matrimonios
Del domingo 26 al miércoles 29 tendrá lugar un retiro de matrimonios. La actividad es con cupos limitados, por lo que los interesados pueden contactarse al 3434 256490. Se trata de una invitación de Lazos de Amor Mariano, que también está abierta a novios y parejas.
Misioneros en parroquias San Agustín y Cristo Peregrino
Unos 115 universitarios de Pilar (Prov. de Buenos Aires) acompañados por sacerdotes de la Sociedad San Juan y religiosas de la Sociedad de María llevaron adelante por tercer año consecutivo la misión de verano en las parroquias San Agustín y Cristo Peregrino.
Desde el 26 de diciembre hasta el 7 de enero visitaron las casas del Barrio, organizaron actividades con niños y llevaron adelante jornadas de evangelización con cantos, predicaciones, testimonios y celebraciones.
Como parte de sus actividades participaron el 29 de diciembre de la apertura arquidiocesana del Año Jubilar y el 1° de enero recibieron la visita de nuestro Arzobispo quien celebró con ellos la Eucaristía.
Misiones de Verano: Parroquia Nuestra Señora de Luján
El grupo misionero de la parroquia Nuestra Señora de Luján llevó adelante una hermosa misión de verano en la parroquia Santa Rosa, en el barrio San Cayetano. Durante esos días, cerca de 30 jóvenes, llenos de entusiasmo y compromiso, recorrieron las casas llevando un mensaje de fe y esperanza a las familias del barrio. Además, se celebraron misas y se organizaron encuentros para chicos, jóvenes y adultos, generando momentos de reflexión, alegría y comunión. Como cierre, participaron de una emotiva procesión hacia la iglesia parroquial, que este año es templo jubilar por el Año de la Esperanza, fortaleciendo aún más la vivencia de la fe y el espíritu comunitario.
Fiesta Provincial de los Reyes Magos
Del 10 al 12 de enero desde las 20:30 en el Km 5 y 1/2 se llevará a cabo la tradicional Fiesta Provincial de los Reyes Magos. Con entrada libre y gratuita, se desarrollará la edición 61 de esta actividad organizada por la Capilla Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
La programación incluye presentaciones de artistas locales y regionales, como Javier García, Cristian y Guillermo, Estilo Vargas, Inesperados, Bernardita Gutiérrez, Pego en el Palo, Hugo Velázquez, Grupo Nikel, Banda de Música Policía de Entre Ríos, Balumba, El Legado y Luis Zapata y su Conjunto Chamamecero.
La fiesta también contará con un gran parque infantil con peloteros, payasos y un imponente Pesebre Viviente. Los más pequeños podrán disfrutar de actividades lúdicas y educativas, mientras que los adultos podrán relajarse y disfrutar de la música y la compañía familiar.
Programa
VIERNES 10 DE ENERO
-Empieza a las 20: 30 horas con una representación bíblica
-Solista Javier García
-Dúo musical de Cristian y Guillermo
-Estilo Vargas
-Inesperados
SÁBADO 11 DE ENERO
-Pesebre viviente
-Bernardita Gutiérrez
-Pegó en el Palo
-Payaso Almíbar
-Lo que salga
-Hugo Velázquez y su conjunto
-Grupo Nikel
DOMINGO 12 DE ENERO
-Banda de la Policía de Entre Ríos
-Balumba
-Payaso Almíbar
-El legado
-Los nuevos herederos del chamamé
Caravana de los Reyes Magos
Este lunes 6 la Capilla Nuestra Señora del Perpetuo Socorro llevará a cabo la caravana, previa a la sexagésima primera edición de la tradicional Fiesta Provincial de los Reyes Magos.
La salida será a las 17:00 desde la Catedral “Nuestra Señora del Rosario” y posteriormente irán hacia calles Pronunciamiento y Pascual Palma. Luego de un recorrido por diversos puntos, la caravana se encaminará finalmente por Avenida de las Américas y Juan Báez.
La historia de esta tradicional celebración se remonta al año 1964 cuando comenzaron las obras de la Capilla del Perpetuo Socorro.
“A Benjamin Chiapino se le ocurrió la idea de hacer el 6 de enero una caravana que peregrinó 100 metros con atuendos típicos, utilizando cosas familiares, improvisadas”, recordó Daniel Chiapino quien contó que en esa oportunidad unos 100 niños recibieron regalos.
“Año a año fue creciendo la caravana y mas niños fueron recibiendo regalos en el recorrido sobre la ruta 11. Con el paso de los años, en 1994 se declaró de interés provincial.
Fiesta Provincial
Será del 10 al 12 de enero desde las 20,30 con entrada libre y gratuita. La actividad tendrá lugar en el kilómetro 5 ½ y está organizada por la capilla Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
Misiones de Verano: Grupo Nuestra Sra. de la Merced, Cerrito
Compartimos un breve testimonio de la experiencia del Grupo Misionero Ntra. Sra. de la Merced, Cerrito que estuvo misionando del 26 al 30 de diciembre en la localidad de El Palenque.
“Este año abordamos la carta encíclica del Papa Francisco Dilexit Nos (nos amó), sobre la importancia del corazón humano.
Nuestro lema fue Cristo es el corazón del mundo.
Nos alojamos en el salón de la comuna. Fuimos unos 15 misioneros, algunos días éramos más. Cómo cada año la gente nos acompañó mucho con las oraciones y donaciones para que podamos realizar esta misión.
Nuestro cronograma:
Por la mañana salíamos a visitar los hogares de la localidad y también a la zona rural. Por la tarde hacíamos actividades con los chicos, a las 20 hs. misa, celebradas por nuestro párroco Pbro. José María Bustamante y luego realizamos alguna actividad con la comunidad como una peregrinación, rosario viviente y pesebre viviente.
El domingo 30 hicimos un fogón con la participación de algunos artistas locales, para ir cerrando nuestras actividades. La gente nos acompañó mucho todos los días, y agradeció que fuimos”.
Mensaje de Francisco para la Jornada Mundial de la Paz
« Perdona nuestras ofensas, concédenos tu paz », es el título del mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz. Este año, en la 58° edición, el Santo Padre invita a pensar y vivir la misericordia de Dios.
La Jornada Mundial de la Paz fue establecida por el papa Pablo VI en su mensaje de diciembre de 1967 y se celebró por primera vez en enero de 1968.
Aquí, el texto completo.
MENSAJE DE SU SANTIDAD FRANCISCO PARA LA LVIII
JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ
1 DE ENERO DE 2025
Perdona nuestras ofensas, concédenos tu paz
I. Escuchando el grito de la humanidad amenazada
1. Al inicio de este nuevo año que nos da el Padre celestial, tiempo jubilar dedicado a la esperanza, dirijo mi más sincero deseo de paz a toda mujer y hombre, en particular a quien se siente postrado por su propia condición existencial, condenado por sus propios errores, aplastado por el juicio de los otros, y ya no logra divisar ninguna perspectiva para su propia vida. A todos ustedes, esperanza y paz, porque este es un Año de gracia que proviene del Corazón del Redentor.
2. En el 2025 la Iglesia católica celebra el Jubileo, evento que colma los corazones de esperanza. El “jubileo” se remonta a una antigua tradición judía, cuando el sonido de un cuerno de carnero —en hebreo yobel— anunciaba, cada cuarenta y nueve años, uno de clemencia y liberación para todo el pueblo (cf. Lv 25,10). Este solemne llamamiento debía resonar idealmente en todo el mundo (cf. Lv 25,9), para restablecer la justicia de Dios en distintos ámbitos de la vida: en el uso de la tierra, en la posesión de los bienes, en la relación con el prójimo, sobre todo respecto a los más pobres y a quienes habían caído en desgracia. El sonido del cuerno recordaba a todo el pueblo —al que era rico y al que se había empobrecido— que ninguna persona viene al mundo para ser oprimida; somos hermanos y hermanas, hijos del mismo Padre, nacidos para ser libres según la voluntad del Señor (cf. Lv 25,17.25.43.46.55).
3. También hoy, el Jubileo es un evento que nos impulsa a buscar la justicia liberadora de Dios sobre toda la tierra. Al comienzo de este Año de gracia, en lugar del cuerno nosotros quisiéramos ponernos a la escucha del «grito desesperado de auxilio» [1] que, como la voz de la sangre de Abel el justo, se eleva desde muchas partes de la tierra (cf. Gn 4,10), y que Dios nunca deja de escuchar. También nosotros nos sentimos llamados a ser voz de tantas situaciones de explotación de la tierra y de opresión del prójimo [2]. Dichas injusticias asumen a menudo la forma de lo que san Juan Pablo II definió como «estructuras de pecado» [3], porque no se deben sólo a la iniquidad de algunos, sino que se han consolidado —por así decirlo— y se sostienen en una complicidad extendida.
4. Cada uno de nosotros debe sentirse responsable de algún modo por la devastación a la que está sometida nuestra casa común, empezando por esas acciones que, aunque sólo sea indirectamente, alimentan los conflictos que están azotando la humanidad. Así se fomentan y se entrelazan desafíos sistémicos, distintos pero interconectados, que asolan nuestro planeta [4]. Me refiero, en particular, a las disparidades de todo tipo, al trato deshumano que se da a las personas migrantes, a la degradación ambiental, a la confusión generada culpablemente por la desinformación, al rechazo de toda forma de diálogo, a las grandes inversiones en la industria militar. Son todos factores de una amenaza concreta para la existencia de la humanidad en su conjunto. Por tanto, al comienzo de este año queremos ponernos a la escucha de este grito de la humanidad para que todos, juntos y personalmente, nos sintamos llamados a romper las cadenas de la injusticia y, así, proclamar la justicia de Dios. Hacer algún acto de filantropía esporádico no es suficiente. Se necesitan, por el contrario, cambios culturales y estructurales, de modo que también se efectúe un cambio duradero [5].
II. Un cambio cultural: todos somos deudores
5. El evento jubilar nos invita a emprender diversos cambios, para afrontar la actual condición de injusticia y desigualdad, recordándonos que los bienes de la tierra no están destinados sólo a algunos privilegiados, sino a todos [6]. Puede ser útil recordar lo que escribía san Basilio de Cesarea: «¿Qué cosa, dime, te pertenece? ¿De dónde la has tomado para ponerla en tu vida? […] ¿Acaso no saliste desnudo del vientre de tu madre?, ¿no tornarás desnudo nuevamente a la tierra? Los bienes presentes, ¿de dónde te vienen? Si dices del azar, eres impío, porque no reconoces al Creador, ni das gracias al que te ha dado» [7]. Cuando falta la gratitud, el hombre deja de reconocer los dones de Dios. Sin embargo, el Señor, en su misericordia infinita, no abandona a los hombres que pecan contra Él; confirma más bien el don de la vida con el perdón de la salvación, ofrecido a todos mediante Jesucristo. Por eso, enseñándonos el “Padre nuestro”, Jesús nos invita a pedir: «Perdona nuestras ofensas» ( Mt 6,12).
6. Cuando una persona ignora el propio vínculo con el Padre, comienza a albergar la idea de que las relaciones con los demás puedan ser gobernadas por una lógica de explotación, donde el más fuerte pretende tener el derecho de abusar del más débil [8]. Como las élites en el tiempo de Jesús, que se aprovechaban de los sufrimientos de los más pobres, así hoy en la aldea global interconectada [9], el sistema internacional, si no se alimenta de lógicas de solidaridad y de interdependencia, genera injusticias, exacerbadas por la corrupción, que atrapan a los países más pobres. La lógica de la explotación del deudor también describe sintéticamente la actual “crisis de la deuda” que afecta a diversos países, sobre todo del sur del mundo.
7. No me canso de repetir que la deuda externa se ha convertido en un instrumento de control, a través del cual algunos gobiernos e instituciones financieras privadas de los países más ricos no tienen escrúpulos de explotar de manera indiscriminada los recursos humanos y naturales de los países más pobres, a fin de satisfacer las exigencias de los propios mercados [10]. A esto se agrega que diversas poblaciones, más abrumadas por la deuda internacional, también se ven obligadas a cargar con el peso de la deuda ecológica de los países más desarrollados [11]. La deuda ecológica y la deuda externa son dos caras de una misma moneda de esta lógica de explotación que culmina en la crisis de la deuda [12]. Pensando en este Año jubilar, invito a la comunidad internacional a emprender acciones de remisión de la deuda externa, reconociendo la existencia de una deuda ecológica entre el norte y el sur del mundo. Es un llamamiento a la solidaridad, pero sobre todo a la justicia [13].
8. El cambio cultural y estructural para superar esta crisis se realizará cuando finalmente nos reconozcamos todos hijos del Padre y, ante Él, nos confesemos todos deudores, pero también todos necesarios, necesitados unos de otros, según una lógica de responsabilidad compartida y diversificada. Podremos descubrir «definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros» [14].
III. Un camino de esperanza: tres acciones posibles
9. Si nos dejamos tocar el corazón por estos cambios necesarios, el Año de gracia del jubileo podrá reabrir la vía de la esperanza para cada uno de nosotros. La esperanza nace de la experiencia de la misericordia de Dios, que es siempre ilimitada [15].
Dios, que no debe nada a nadie, continúa otorgando sin cesar gracia y misericordia a todos los hombres. Isaac de Nínive, un Padre de la Iglesia oriental del siglo VII, escribía: «Tu amor es más grande que mis ofensas. Insignificantes son las olas del mar respecto al número de mis pecados; pero, si pesamos mis pecados, respecto a tu amor, se esfuman como la nada» [16]. Dios no calcula el mal cometido por el hombre, sino que es inmensamente «rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó» ( Ef 2,4). Al mismo tiempo, escucha el grito de los pobres y de la tierra. Bastaría detenerse un momento, al inicio de este año, y pensar en la gracia con la que cada vez perdona nuestros pecados y condona todas nuestras deudas, para que nuestro corazón se inunde de esperanza y de paz.
10. Por eso Jesús, en la oración del “Padre nuestro”, establece una afirmación muy exigente: «como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden», después de que hemos pedido al Padre la remisión de nuestras ofensas (cf. Mt 6,12). Para perdonar una ofensa a los demás y darles esperanza es necesario, en efecto, que la propia vida esté llena de esa misma esperanza que llega de la misericordia de Dios. La esperanza es sobreabundante en la generosidad, no calcula, no exige cuentas a los deudores, no se preocupa de la propia ganancia, sino que tiene como punto de mira un sólo fin: levantar al que está caído, vendar los corazones heridos, liberar de toda forma de esclavitud.
11. Al inicio de este Año de gracia, quisiera, por tanto, sugerir tres acciones que puedan restaurar la dignidad en la vida de poblaciones enteras y volver a ponerlas en camino sobre la vía de la esperanza, para que se supere la crisis de la deuda y todos puedan volver a reconocerse deudores perdonados.
Sobre todo, retomo el llamamiento lanzado por san Juan Pablo II con ocasión del Jubileo del año 2000, de pensar «en una notable reducción, si no en una total condonación, de la deuda internacional, que grava sobre el destino de muchas naciones» [17]. Que, reconociendo la deuda ecológica, los países más ricos se sientan llamados a hacer lo posible para condonar las deudas de esos países que no están en condiciones de devolver lo que deben. Ciertamente, para que no se trate de un acto aislado de beneficencia, que lleve a correr el riesgo de desencadenar nuevamente un círculo vicioso de financiación-deuda, es necesario, al mismo tiempo, el desarrollo de una nueva arquitectura financiera, que lleve a la creación de un Documento financiero global, fundado en la solidaridad y la armonía entre los pueblos.
Además, pido un compromiso firme para promover el respeto de la dignidad de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, para que toda persona pueda amar la propia vida y mirar al futuro con esperanza, deseando el desarrollo y la felicidad para sí misma y para sus propios hijos. Sin esperanza en la vida, en efecto, es difícil que surja en el corazón de los más jóvenes el deseo de generar otras vidas. Aquí, en particular quisiera invitar una vez más a un gesto concreto que pueda favorecer la cultura de la vida. Me refiero a la eliminación de la pena de muerte en todas las naciones. Esta medida, en efecto, además de comprometer la inviolabilidad de la vida, destruye toda esperanza humana de perdón y de renovación [18].
Me atrevo también a volver a lanzar otro llamamiento, apelándome a san Pablo VI y a Benedicto XVI [19], para las jóvenes generaciones, en este tiempo marcado por las guerras: utilicemos al menos un porcentaje fijo del dinero empleado en los armamentos para la constitución de un Fondo mundial que elimine definitivamente el hambre y facilite en los países más pobres actividades educativas también dirigidas a promover el desarrollo sostenible, contrastando el cambio climático [20]. Debemos buscar que se elimine todo pretexto que pueda impulsar a los jóvenes a imaginar el propio futuro sin esperanza, o bien como una expectativa para vengar la sangre de sus seres queridos. El futuro es un don para superar los errores del pasado, para construir nuevos caminos de paz.
IV. La meta de la paz
12. Aquellos que emprenderán, por medio de los gestos sugeridos, el camino de la esperanza, podrán ver cada vez más cercana la tan anhelada meta de la paz. El salmista nos confirma en esta promesa: cuando «el Amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán» (Sal 85,11). Cuando me despojo del arma del préstamo y restituyo la vía de la esperanza a una hermana o a un hermano, contribuyo al restablecimiento de la justicia de Dios en esta tierra y me encamino con esta persona hacia la meta de la paz. Como decía san Juan XXIII, la verdadera paz sólo podrá nacer de un corazón desarmado de la angustia y el miedo de la guerra [21].
13. Que el 2025 sea un año en el que crezca la paz. Esa paz real y duradera, que no se detiene en las objeciones de los contratos o en las mesas de compromisos humanos [22]. Busquemos la verdadera paz, que es dada por Dios a un corazón desarmado: un corazón que no se empecina en calcular lo que es mío y lo que es tuyo; un corazón que disipa el egoísmo en la prontitud de ir al encuentro de los demás; un corazón que no duda en reconocerse deudor respecto a Dios y por eso está dispuesto a perdonar las deudas que oprimen al prójimo; un corazón que supera el desaliento por el futuro con la esperanza de que toda persona es un bien para este mundo.
14. El desarme del corazón es un gesto que involucra a todos, a los primeros y a los últimos, a los pequeños y a los grandes, a los ricos y a los pobres. A veces, es suficiente algo sencillo, como «una sonrisa, un gesto de amistad, una mirada fraterna, una escucha sincera, un servicio gratuito» [23]. Con estos pequeños-grandes gestos, nos acercamos a la meta de la paz y la alcanzaremos más rápido; es más, a lo largo del camino, junto a los hermanos y hermanas reunidos, nos descubriremos ya cambiados respecto a cómo habíamos partido. En efecto, la paz no se alcanza sólo con el final de la guerra, sino con el inicio de un mundo nuevo, un mundo en el que nos descubrimos diferentes, más unidos y más hermanos de lo que habíamos imaginado.
15. ¡Concédenos tu paz, Señor! Esta es la oración que elevo a Dios, mientras envío mis mejores deseos para el año nuevo a los jefes de estado y de gobierno, a los responsables de las organizaciones internacionales, a los líderes de las diversas religiones, a todas las personas de buena voluntad.
Perdona nuestras ofensas, Señor,
como nosotros perdonamos a los que nos ofenden,
y en este círculo de perdón concédenos tu paz,
esa paz que sólo Tú puedes dar
a quien se deja desarmar el corazón,
a quien con esperanza quiere remitir las deudas de los propios hermanos,
a quien sin temor confiesa de ser tu deudor,
a quien no permanece sordo al grito de los más pobres.
Vaticano, 8 de diciembre de 2024
Francisco
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[1] Spes non confundit. Bula de convocación del Jubileo Ordinario del Año 2025 (9 mayo 2024), 8.
[2] Cf. S. Juan Pablo II, Carta ap. Tertio millennio adveniente (10 noviembre 1994), 51.
[3] Carta enc. Sollicitudo rei socialis (30 diciembre 1987), 36.
[4] Cf. Discurso a los participantes en el Encuentro promovido por las Academias Pontificias de las Ciencias y de las Ciencias Sociales (16 mayo 2024).
[5] Cf. Exhort. ap. Laudate Deum (4 octubre 2023), 70.
[6] Cf. Spes non confundit. Bula de convocación del Jubileo Ordinario del Año 2025 (9 mayo 2024), 16.
Curia Arquidiocesana: Receso
Durante el mes de enero las oficinas del Arzobispado estarán cerradas.
Librería
Por su parte, la Librería San Francisco Javier estará cerrada por trabajos de inventario durante los días 2, 3 y 4 de enero.
En tanto, del 6 al 11 de enero, se trabajará de 8:00 a 13:00.
Desde el 13 al 26, estará cerrado x vacaciones. Luego de esa fecha, retoma su horario de atención habitual.
Homilía en la Apertura del Año Santo de 2025
En la tarde del domingo 29, se realizó en la arquidiócesis de Paraná la Apertura del Año Santo, con una procesión que partió desde la parroquia San Miguel Arcángel y finalizó en la Catedral Nuestra Señora del Rosario, donde se celebró la Santa Misa, presidida por Monseñor Juan Alberto Puiggari. El Jubileo 2025, inaugurado por el Papa Francisco la noche del 24 de diciembre en la Basílica de San Pedro, tiene como lema “Peregrinos de la Esperanza”.
Compartimos el texto de la homilía.
CATEDRAL MUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
Paraná, 29 de diciembre de 2024
Queridos hermanos:
En el marco de la Navidad y en este día que recordamos con admiración la Sagrada Familia de Nazaret damos comienzo en nuestra Arquidiócesis el Año Jubilar.
El jubileo es una institución que, hundiendo sus raíces en el Antiguo Testamento, florece en el Nuevo y ha dado sus frutos a lo largo de la historia de la Iglesia. Recordamos a Jesús que según el Evangelista Lucas, también él declara un jubileo que consiste en el ofrecimiento del perdón de Dios a los pecadores; y que el motivo de este perdón no se encuentra en los méritos de las personas sino en la entrañable misericordia del Padre. Y justamente porque la fuente y origen de la misión de Jesús es el corazón de Dios Padre, no rige ya la distinción entre judíos y no judíos. La salvación, entendida primariamente como perdón de los pecados (cf. Lc 1,77), es ofrecida por Jesús a todos los hombres (cf. Lc 3,6). Este ofrecimiento gratuito del perdón de Dios no supone que el hombre queda totalmente pasivo ante el mismo contrario, se le pide al hombre reconocer a Dios y cambiar de vida, se le pide su conversión.
La característica propia de este año, es la esperanza, que constituye el mensaje central del próximo Jubileo, que según una antigua tradición el Papa convoca cada veinticinco años. Recordemos que el lema propuesto por el Papa Francisco para este año jubilar es: “Peregrinos de esperanza”. Luego, al inicio mismo de la Bula puso que su intención al escribirla es que “a cuantos lean esta carta la esperanza les colme el corazón” y su deseo es “que el Jubileo sea para todos ocasión de reavivar la esperanza”.
La esperanza nace del amor y se funda en el amor que brota del Corazón de Jesús traspasado en la cruz: «Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más ahora que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida» (Rm 5,10): «En un mundo en el cual progreso y retroceso se cruzan, la Cruz de Cristo sigue siendo el ancla de salvación: signo de la esperanza que no decepciona porque está fundada en el amor de Dios, misericordioso y fiel» (Papa Francisco, Audiencia general, Plaza de San Pedro – 21 de septiembre de 2022). Es el camino de la Sagrada Familia de Dios que, en la Iglesia de hoy, avanza hacia la Jerusalén celestial.
La esperanza cristiana, de hecho, no engaña ni defrauda, porque está fundada en la certeza de que nada ni nadie podrá separarnos nunca del amor divino: «¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? […] Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó. Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor» ( Rm 8,35.37-39).
Por eso la esperanza no cede ante las dificultades: porque se fundamenta en la fe y se nutre de la caridad, y de este modo hace posible que sigamos adelante en la vida. Uno de los frutos o manifestaciones de la Esperanza es la paciencia, que nos invita esperar los tiempos de Dios y no las urgencias de los hombres.
Pero no olvidemos que la esperanza, es la virtud teologal por la que aspiramos a la vida eterna como felicidad nuestra». […] Nosotros, en virtud de la esperanza en la que hemos sido salvados, mirando al tiempo que pasa, tenemos la certeza de que la historia de la humanidad y la de cada uno de nosotros no se dirigen hacia un punto ciego o un abismo oscuro, sino que se orientan al encuentro con el Señor de la gloria. Vivamos por tanto en la espera de su venida y en esperanza de vivir para siempre en Él. Es con este espíritu que hacemos nuestra la ardiente invocación de los primeros cristianos, con la que termina la Sagrada Escritura: «¡Ven, Señor Jesús!» (Ap. 22,20).
Queridos hermanos: La no esperanza y la desesperanza se ha convertido para muchos de nuestros hermanos en motivo de angustia y sin sentido de la vida. Es la consecuencia de un mundo vacío de eternidad y en mundo futuro que no cuenta. Por amor a ellos tenemos que ser testigos y peregrinos de la esperanza.
“La esperanza no es anuncio superficial de tiempos fáciles, al contrario, es descubrir al Señor en los momentos difíciles: No es evadirse por comodidad o por miedo, de las responsabilidades presentes; es asumir con responsabilidad la misión… es confianza, camino, compromiso, coraje… es corajes de superar las dificultades… no nos cansemos, sigamos anunciando la esperanza” (Cardenal Eduardo Pironio).
Una novedad de este jubileo ordinario 2005 es que “además de alcanzar la esperanza que nos da la gracia de Dios, también estamos llamados a redescubrirla en los signos de los tiempos que el Señor nos ofrece […] Por ello, es necesario poner atención a todo lo bueno que hay en el mundo para no caer en la tentación de considerarnos superados por el mal y la violencia. En este sentido, los signos de los tiempos, que contienen el anhelo del corazón humano, necesitado de la presencia salvífica de Dios, requieren ser transformados en signos de esperanza”.
El Papa Francisco enumera algunos signos de los tiempos que deben ser transformados en signos de esperanza:
1. Ante la realidad de un mundo que vuelve a encontrarse sumergido en la tragedia de la guerra, “que el primer signo de esperanza se traduzca en paz para el mundo” (8).
2. Los ritmos frenéticos de la vida, los temores ante el futuro, la falta de garantías laborales y tutelas sociales adecuadas, los modelos sociales cuya agenda está dictada por la búsqueda de beneficios más que por el cuidado de las relaciones tienen como consecuencia la pérdida del deseo de transmitir la vida que conlleva una preocupante disminución de la natalidad. Ante esta realidad, “el deseo de los jóvenes de engendrar nuevos hijos e hijas”, como fruto de la fecundidad de su amor, da una perspectiva de futuro a toda sociedad y es un motivo de esperanza: porque depende de la esperanza y produce esperanza”
El Papa nos invita a ser signos de esperanza para grupos de personas que viven situaciones de abandono y desesperanza. Y enumera los siguientes: 1. Los presos (10). 2. Los enfermos que están en sus casas o en los hospitales (11). 3. Los jóvenes (12). 4. Los migrantes (13). 5. Los ancianos (14) 6. Los millares de pobres, que carecen con frecuencia de lo necesario para vivir (15).
Le pedimos a la Virgen, Mujer de la Esperanza, que nos ayude a sacar muchos frutos de conversión y santidad en este año Jubilar que estamos empezando y que le pida su Hijo para toda la Iglesia un aumento de la fe, la esperanza y la caridad y un alegre y confiado gozo. Que así sea.
Monseñor Juan Alberto Puiggari
Arzobispo de Paraná









