53º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: “Somos miembros unos de otros”

Este domingo tendrá lugar la Jornada Mundial de la Comunicación Social que se viene celebrando en la Iglesia desde 1967 y fue instituida por expresa voluntad del Concilio Vaticano II, esta celebración tiene lugar el domingo anterior a la fiesta de Pentecostés, que este año es el 2 de junio.

Para cada jornada el Papa publica un mensaje que tradicionalmente se da en la festividad de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas, cada 24 de enero. El escrito destaca la importancia de restituir a la comunicación una perspectiva amplia, fundada sobre la persona.  A continuación compartimos el texto completo de este año.

 

Compartimos un material litúrgico y el Mensaje de esta jornada:

 

« “Somos miembros unos de otros” (Ef 4,25). De las comunidades en las redes sociales a la comunidad humana »

 

Queridos hermanos y hermanas:

Desde que internet ha estado disponible, la Iglesia siempre ha intentado promover su uso al servicio del encuentro entre las personas y de la solidaridad entre todos. Con este Mensaje, quisiera invitarles una vez más a reflexionar sobre el fundamento y la importancia de nuestro estar-en-relación; y a redescubrir, en la vastedad de los desafíos del contexto comunicativo actual, el deseo del hombre que no quiere permanecer en su propia soledad.

Las metáforas de la “red” y de la “comunidad”

El ambiente mediático es hoy tan omnipresente que resulta muy difícil distinguirlo de la esfera de la vida cotidiana. La red es un recurso de nuestro tiempo. Constituye una fuente de conocimientos y de relaciones hasta hace poco inimaginable. Sin embargo, a causa de las profundas transformaciones que la tecnología ha impreso en las lógicas de producción, circulación y disfrute de los contenidos, numerosos expertos han subrayado los riesgos que amenazan la búsqueda y la posibilidad de compartir una información auténtica a escala global. Internet representa una posibilidad extraordinaria de acceso al saber; pero también es cierto que se ha manifestado como uno de los lugares más expuestos a la desinformación y a la distorsión consciente y planificada de los hechos y de las relaciones interpersonales, que a menudo asumen la forma del descrédito.

Hay que reconocer que, por un lado, las redes sociales sirven para que estemos más en contacto, nos encontremos y ayudemos los unos a los otros; pero por otro, se prestan también a un uso manipulador de los datos personales con la finalidad de obtener ventajas políticas y económicas, sin el respeto debido a la persona y a sus derechos. Entre los más jóvenes, las estadísticas revelan que uno de cada cuatro chicos se ha visto envuelto en episodios de acoso cibernético[1].

Ante la complejidad de este escenario, puede ser útil volver a reflexionar sobre la metáfora de la red que fue propuesta al principio como fundamento de internet, para redescubrir sus potencialidades positivas. La figura de la red nos invita a reflexionar sobre la multiplicidad de recorridos y nudos que aseguran su resistencia sin que haya un centro, una estructura de tipo jerárquico, una organización de tipo vertical. La red funciona gracias a la coparticipación de todos los elementos.

La metáfora de la red, trasladada a la dimensión antropológica, nos recuerda otra figura llena de significados: la comunidad. Cuanto más cohesionada y solidaria es una comunidad, cuanto más está animada por sentimientos de confianza y persigue objetivos compartidos, mayor es su fuerza. La comunidad como red solidaria precisa de la escucha recíproca y del diálogo basado en el uso responsable del lenguaje.

Es evidente que, en el escenario actual, la social network community no es automáticamente sinónimo de comunidad. En el mejor de los casos, las comunidades de las redes sociales consiguen dar prueba de cohesión y solidaridad; pero a menudo se quedan solamente en agregaciones de individuos que se agrupan en torno a intereses o temas caracterizados por vínculos débiles. Además, la identidad en las redes sociales se basa demasiadas veces en la contraposición frente al otro, frente al que no pertenece al grupo: este se define a partir de lo que divide en lugar de lo que une, dejando espacio a la sospecha y a la explosión de todo tipo de prejuicios (étnicos, sexuales, religiosos y otros). Esta tendencia alimenta grupos que excluyen la heterogeneidad, que favorecen, también en el ambiente digital, un individualismo desenfrenado, terminando a veces por fomentar espirales de odio. Lo que debería ser una ventana abierta al mundo se convierte así en un escaparate en el que exhibir el propio narcisismo.

La red constituye una ocasión para favorecer el encuentro con los demás, pero puede también potenciar nuestro autoaislamiento, como una telaraña que atrapa. Los jóvenes son los más expuestos a la ilusión de pensar que las redes sociales satisfacen completamente en el plano relacional; se llega así al peligroso fenómeno de los jóvenes que se convierten en “ermitaños sociales”, con el consiguiente riesgo de apartarse completamente de la sociedad. Esta dramática dinámica pone de manifiesto un grave desgarro en el tejido relacional de la sociedad, una laceración que no podemos ignorar.

Esta realidad multiforme e insidiosa plantea diversas cuestiones de carácter ético, social, jurídico, político y económico; e interpela también a la Iglesia. Mientras los gobiernos buscan vías de reglamentación legal para salvar la visión original de una red libre, abierta y segura, todos tenemos la posibilidad y la responsabilidad de favorecer su uso positivo.

Está claro que no basta con multiplicar las conexiones para que aumente la comprensión recíproca. ¿Cómo reencontrar la verdadera identidad comunitaria siendo conscientes de la responsabilidad que tenemos unos con otros también en la red?

“Somos miembros unos de otros”

Se puede esbozar una posible respuesta a partir de una tercera metáfora, la del cuerpo y los miembros, que san Pablo usa para hablar de la relación de reciprocidad entre las personas, fundada en un organismo que las une. «Por lo tanto, dejaos de mentiras, y hable cada uno con verdad a su prójimo, que somos miembros unos de otros» (Ef 4,25). El ser miembros unos de otros es la motivación profunda con la que el Apóstol exhorta a abandonar la mentira y a decir la verdad: la obligación de custodiar la verdad nace de la exigencia de no desmentir la recíproca relación de comunión. De hecho, la verdad se revela en la comunión. En cambio, la mentira es el rechazo egoísta del reconocimiento de la propia pertenencia al cuerpo; es el no querer donarse a los demás, perdiendo así la única vía para encontrarse a uno mismo.

La metáfora del cuerpo y los miembros nos lleva a reflexionar sobre nuestra identidad, que está fundada en la comunión y la alteridad. Como cristianos, todos nos reconocemos miembros del único cuerpo del que Cristo es la cabeza. Esto nos ayuda a ver a las personas no como competidores potenciales, sino a considerar incluso a los enemigos como personas. Ya no hay necesidad del adversario para autodefinirse, porque la mirada de inclusión que aprendemos de Cristo nos hace descubrir la alteridad de un modo nuevo, como parte integrante y condición de la relación y de la proximidad.

Esta capacidad de comprensión y de comunicación entre las personas humanas tiene su fundamento en la comunión de amor entre las Personas divinas. Dios no es soledad, sino comunión; es amor, y, por ello, comunicación, porque el amor siempre comunica, es más, se comunica a sí mismo para encontrar al otro. Para comunicar con nosotros y para comunicarse a nosotros, Dios se adapta a nuestro lenguaje, estableciendo en la historia un verdadero diálogo con la humanidad (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, 2).

En virtud de nuestro ser creados a imagen y semejanza de Dios, que es comunión y comunicación-de-sí, llevamos siempre en el corazón la nostalgia de vivir en comunión, de pertenecer a una comunidad. «Nada es tan específico de nuestra naturaleza –afirma san Basilio– como el entrar en relación unos con otros, el tener necesidad unos de otros»[2].

El contexto actual nos llama a todos a invertir en las relaciones, a afirmar también en la red y mediante la red el carácter interpersonal de nuestra humanidad. Los cristianos estamos llamados con mayor razón, a manifestar esa comunión que define nuestra identidad de creyentes. Efectivamente, la fe misma es una relación, un encuentro; y mediante el impulso del amor de Dios podemos comunicar, acoger, comprender y corresponder al don del otro.

La comunión a imagen de la Trinidad es lo que distingue precisamente la persona del individuo. De la fe en un Dios que es Trinidad se sigue que para ser yo mismo necesito al otro. Soy verdaderamente humano, verdaderamente personal, solamente si me relaciono con los demás. El término persona, de hecho, denota al ser humano como ‘rostro’ dirigido hacia el otro, que interactúa con los demás. Nuestra vida crece en humanidad al pasar del carácter individual al personal. El auténtico camino de humanización va desde el individuo que percibe al otro como rival, hasta la persona que lo reconoce como compañero de viaje.

Del “like” al “amén”

La imagen del cuerpo y de los miembros nos recuerda que el uso de las redes sociales es complementario al encuentro en carne y hueso, que se da a través del cuerpo, el corazón, los ojos, la mirada, la respiración del otro. Si se usa la red como prolongación o como espera de ese encuentro, entonces no se traiciona a sí misma y sigue siendo un recurso para la comunión. Si una familia usa la red para estar más conectada y luego se encuentra en la mesa y se mira a los ojos, entonces es un recurso. Si una comunidad eclesial coordina sus actividades a través de la red, para luego celebrar la Eucaristía juntos, entonces es un recurso. Si la red me proporciona la ocasión para acercarme a historias y experiencias de belleza o de sufrimiento físicamente lejanas de mí, para rezar juntos y buscar juntos el bien en el redescubrimiento de lo que nos une, entonces es un recurso.

Podemos pasar así del diagnóstico al tratamiento: abriendo el camino al diálogo, al encuentro, a la sonrisa, a la caricia… Esta es la red que queremos. Una red hecha no para atrapar, sino para liberar, para custodiar una comunión de personas libres. La Iglesia misma es una red tejida por la comunión eucarística, en la que la unión no se funda sobre los “like” sino sobre la verdad, sobre el “amén” con el que cada uno se adhiere al Cuerpo de Cristo acogiendo a los demás.

Vaticano, 24 de enero de 2019, fiesta de san Francisco de Sales.

Franciscus

 

[1] Para reaccionar ante este fenómeno, se instituirá un Observador internacional sobre el acoso cibernético con sede en el Vaticano.

[2] Regole ampie, III, 1: PG 31, 917; cf. Benedicto XVI, Mensaje para la 43 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (2009).

Cielo y Tierra en Adoración

Este sábado 1 de junio en la Capilla Nuestra Señora del Divino Amor se llevará adelante este espacio de Adoración.  A las 17:30 se rezará la misa y luego de 19:00 a 21:00, será la Adoración.  Se invita a participar con amigos y familia.

En tanto el domingo 2, esta actividad de Cielo y Tierra en Adoración tendrá lugar en la localidad de Viale, en la Parroquia Santa Ana. Comenzará a las 19:00 con misa y luego de 20:00 a 23:00 será propiamente el espacio de Adoración.

Fiesta Patronal del Seminario de Paraná

El Seminario Arquidiocesano de Paraná «Nuestra Señora del Cenáculo», invita a la celebración de su Fiesta Patronal que tendrá lugar este domingo 2, «Fiesta de la Ascensión del Señor». La misa será a las 11:00 y luego se compartirá un almuerzo a las 12:30.

Las tarjetas están a la venta en la secretaría del Seminario y en la Librería del Arzobispado.

 

Ordenaciones en la Arquidiócesis

El sábado 29 de junio tendrán lugar dos ordenaciones diaconales y también una presbiteral en la  arquidiócesis. La ceremonia tendrá lugar en la Catedral Metropolitana a partir de las 10.00, bajo el lema “Hagan lo mismo que yo hice con ustedes”.

Los seminaristas Sebastián Córdoba y Cristian Scarpone, recibirán su ordenación Diaconal y el diácono Matías Jacob, recibirá la ordenación Presbiteral.

Al día siguiente, el 30 de junio, a las 10.00 en la Parroquia Santa Rafaela (Mario Monti 970),  será la primera misa de Jacob, luego se compartirá un almuerzo a la canasta.

HOMILIA DEL TEDEUM DEL 25 DE MAYO DE 2019

Compartimos la Homilía pronunciada por Mons. Juan Alberto Puiggari el 25 de mayo en la parroquia Santa Rosa de Lima de la ciudad de Villaguay, en ocasión del Tedeum con motivo de los 209 años de la Revolución de mayo.

HOMILIA DEL TEDEUM DEL 25 DE MAYO DE 2019
Parroquia “Santa Rosa de Lima”
Villaguay, Entre Ríos
Queridos hermanos:

Nos hemos reunido en esta Parroquia histórica de Santa Rosa, en el corazón de nuestra Provincia, para dar gracias a Dios y alabarlo por los dones recibidos y vividos en estos 209 años de vida como pueblo libre, que nació en el Cabildo de Buenos Aires con el grito de los patriotas de mayo.

Nos reunimos como hijos de Dios: Él nos hermana y nos pide con su amor de Padre que trabajemos por la gran familia de los argentinos.

Al poco tiempo de nuestra independencia, comenzó la historia de este pueblo que hoy nos recibe. El 20 de noviembre de 1823, el por entonces Gobernador Lucio Norberto Mansilla, autorizó a adquirir una cuadra de terreno para edificar allí una capilla, la casa del cura y el cementerio.

En 1833, el caudillo Crispín Velásquez decidió adoptar a Santa Rosa de Lima como Santa Patrona, y en torno de su pequeña Capilla comenzó la historia de esta hoy pujante ciudad. Una vez más en nuestra historia, la fe en Dios, en la Virgen y en los Santos, estuvo en el origen de nuestros pueblos.

Queremos dar gracias a Dios por tantos dones recibidos a lo largo de su historia, pero también pedirle por todas las necesidades de nuestro pueblo argentino. Sabemos que son muchas, pero al estar acá, en el corazón de la Provincia, que es llamada “la ciudad del encuentro”, quiero pedirle al Señor que nos conceda lo que más estemos necesitando y que, seguramente, es el principio de muchas soluciones a nuestros problemas crónicos. Nos lo pedía, hace pocos días, el Papa Francisco: trabajar para lograr el encuentro de y entre todos.

Hoy se habla demasiado de grieta; los argentinos nos acostumbramos a este lenguaje y tal vez saquemos réditos mezquinos de esta situación.

Lamentablemente la grieta no se ciñe al ámbito político o social, sino que fractura las amistades más entrañables, las relaciones con los vecinos, las mismas familias y los vínculos más queridos.

Es el momento de derribar muros y crear puentes. Buscar soluciones a los conflictos pensando siempre en el bien común, apostando a la vida, a toda vida, al diálogo, al respeto, a la dignidad y a la libertad de toda persona.

Para lograr esto, nos pide el Papa Francisco que «le entreguemos (a nuestra Patria) lo mejor de nosotros mismos, para mejorar, crecer, madurar…” Por lo cual es necesario rescatar lo positivo de cada uno, con actitud de respeto y humildad. Necesitamos magnanimidad para buscar el bien común.

En el Evangelio que acabamos de escuchar el Señor nos advierte sobre el peligro de construir nuestra existencia sin Dios. Como dice Benedicto XVI, “…a menudo el hombre (…) prefiere las arenas de las ideologías, del poder, del éxito…”, y no la roca de Cristo, que es la Palabra eterna y definitiva que no hace temer ningún tipo de adversidad.

En este día de la Patria quiero recordar las declaraciones del Episcopado Argentino en la reunión Plenaria de marzo de este año:

“Como parte de este pueblo que quiere ser protagonista de un nuevo tiempo, los obispos argentinos compartimos con ustedes algunas reflexiones en este año electoral.

‘Votar es hacer y construir nuestra propia historia argentina y provincial. Es poner el hombro para que, como pueblo, no se nos considere solamente en las urnas, sino el gran protagonista y actor en la reconstrucción de la Patria.’ (Monseñor Enrique Angelelli, obispo mártir de La Rioja, 25 de febrero de 1973).

La nobleza de la vocación política pide a los dirigentes la responsabilidad de colaborar para que el pueblo, que es soberano, sea artesano de su historia. Necesitamos políticos que nos ayuden a mirar más allá de la coyuntura y que nos propongan caminos auténticos de amistad social.

En una realidad que nos golpea y nos duele por su pobreza creciente, no queremos perder la esperanza de salir adelante, asumiendo el desafío de pasar de la cultura de la voracidad y el descarte, a la cultura del cuidado de toda vida y de nuestra Casa común, de la fraternidad y de la hospitalidad.

Como obispos presentes a lo largo y ancho de nuestro país, escuchamos el dramático pedido de trabajo. Junto a la educación, constituyen los ejes más importantes de la cuestión social. Estamos convencidos de que debe superarse para siempre la lógica de la dádiva, de la especulación financiera, y del enriquecimiento a costa de los otros.

Pedimos a los candidatos que presenten propuestas concretas a los ciudadanos en sus plataformas electorales; y a la vez, que las campañas sean austeras, con gastos transparentes.

… que Jesucristo, Señor de la historia, nos ayude a construir entre todos un país más justo y solidario, sin excluidos, donde nos descubramos verdaderamente hermanos, donde volvamos a creer que es posible una Argentina grande”.

Y que la Virgen de Luján, patrona de la Argentina, custodie nuestra esperanza.”

Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra
Nuestra Señora de Luján, Patrona de nuestra Patria; hoy alzamos nuestros ojos y nuestros brazos hacia ti… Madre de la Esperanza, de los pobres y de los peregrinos, escúchanos…

Hoy te pedimos por Argentina, por nuestro pueblo. Ilumina nuestra patria con el sol de justicia, con la luz de un nuevo mañana, que es la luz de Jesús. Enciende el fuego nuevo del amor entre hermanos.

Unidos estamos bajo los colores celeste y blanco de nuestra bandera y de tu manto, para contarte que: hoy falta el pan material en muchas, muchas casas, pero también falta el pan de la verdad y la justicia en muchas mentes. Falta el pan del amor entre hermanos y falta el pan de Jesús en los corazones.

Te pedimos Madre, que extingas el odio, que ahogues las ambiciones desmedidas, que arranques el ansia febril de solamente los bienes materiales y derrama sobre nuestro suelo, la semilla de la humildad, de la comprensión. Ahoga la mala hierba de la soberbia; que ningún Caín pueda plantar su tienda sobre nuestro suelo, pero tampoco que ningún Abel inocente bañe con su sangre nuestras calles.

Haz Madre que comprendamos que somos hermanos, nacidos bajo un mismo cielo, y bajo una misma bandera. Que sufrimos todos juntos las mismas penas y las mismas alegrías. Ilumina nuestra esperanza, alivia nuestra pobreza material y espiritual y que tomados de tu mano digamos más fuerte que nunca: ¡ARGENTINA! ¡CANTA Y CAMINA!

Virgencita de Luján, madrecita azul y blanca, devuélvenos la Argentina. Danos Dios y danos Patria.

XI Peregrinación hacia la basílica Santuario Nuestra Señora del Carmen de Nogoyá

Del 13 al 16 de julio se realizará una nueva edición de la  Peregrinación hacia la basílica Santuario Nuestra Señora del Carmen de Nogoyá. El lema será “Madre del Carmen, danos un corazón discípulo y misionero”. Se trata de la décima primera edición y en esta ocasión la intención será “para que la celebración del próximo mes misionero extraordinario de octubre 2019 nos ayude a renovar la vida misionera de nuestra Iglesia arquidiocesana”.

La salida está prevista para el sábado 13 a las 7:30 desde la Ermita de Nuestra Señora del Rosario de Paraná (Ruta 12 km 436) y la llegada el lunes 15 a las 18:30 parando por la noche en Crespo y Hernández.

Las inscripciones están abiertas hasta el 16 de junio y los interesados deben contactarse al 03435 15618638 (Denise) ó 0341 156 957877 (Francisco); correo: peregrinacionparananogoya@yahoo.com Facebook: Peregrinación Paraná Nogoyá

Jornada de Capacitación de la Comisión Arquidiocesana para la Protección de Menores

La Comisión Arquidiocesana para la Protección de Menores informó que el viernes 7 de junio realizará una nueva jornada de capacitación sobre “Elementos para detectar abuso sexual infantil. Herramientas para generar ambientes seguros”.

La actividad comenzará a las 18:00 y tendrá lugar en el Salón Auditorio de la UCA (Buenos Aires 249). Se entregarán certificados de asistencia y la participación es de carácter libre y gratuito. La inscripción es on line.

 

Contacto:

info@comisiondeprevencion.com.ar

www.comisiondeprevencion.com.ar

Catequesis del Papa – 22/05/19

El Papa Francisco finalizó el miércoles 22, en la Audiencia General celebrada en la Plaza de San Pedro, sus catequesis sobre el Padre Nuestro. Allí recordó que el Espíritu Santo es el protagonista de toda oración cristiana y que nunca se puede rezar sin su fuerza. Compartimos a continuación el texto completo.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy terminamos el ciclo de catequesis sobre el «Padre Nuestro». Podemos decir que la oración cristiana nace de la audacia de llamar a Dios con el nombre de «Padre». Esta es la raíz de la oración cristiana: llamar “Padre” a Dios. ¡Hace falta valor!

No se trata tanto de una fórmula, como de una intimidad filial en la que somos introducidos por gracia: Jesús es el revelador del Padre y nos da familiaridad con Él. «No nos deja una fórmula para repetirla de modo mecánico). Como en toda oración vocal, el Espíritu Santo, a través de la Palabra de Dios, enseña a los hijos de Dios a hablar con su Padre. «(Catecismo de la Iglesia Católica, 2766). Jesús mismo usó diferentes expresiones para rezar al Padre. Si leemos con atención los Evangelios descubrimos que estas expresiones de oración que emergen en los labios de Jesús recuerdan el texto del «Padre Nuestro».

Por ejemplo, en la noche de Getsemaní, Jesús reza así: «¡Abba, Padre! Todo es posible para ti: ¡aparta de mí esta copa! pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú «(Mc 14:36). Ya hemos recordado este texto del Evangelio de Marcos. ¿Cómo podemos dejar de reconocer en esta oración, por muy breve que sea, un rastro del «Padre Nuestro»? En medio de las tinieblas, Jesús invoca a Dios con el nombre de «Abbá», con confianza filial y, aunque sienta temor y angustia, pide que se cumpla su voluntad.

En otros pasajes del Evangelio, Jesús insiste con sus discípulos para que cultiven un espíritu de oración. La oración debe ser insistente, y sobre todo, debe recordar a los hermanos, especialmente cuando vivimos relaciones difíciles con ellos. Jesús dice: «Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tienes algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone vuestras ofensas» (Mc 11, 25). ¿Cómo podemos dejar de reconocer la similitud con el «Padre Nuestro» en estas expresiones? Y los ejemplos podrían ser numerosos, también para nosotros.

En los escritos de San Pablo no encontramos el texto del «Padre Nuestro», pero su presencia emerge en esa estupenda síntesis donde la invocación del cristiano se condensa en una sola palabra: «Abbà» (véase Rom 8:15; Gal 4, 6). En el Evangelio de Lucas, Jesús satisface plenamente la petición de los discípulos que, al verlo a menudo aislarse y sumergirse en la oración, un día deciden preguntarle: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan (el  Bautista) a sus discípulos» ( 11.1). Y entonces el Maestro les enseñó la oración al Padre.

Considerando el Nuevo Testamento en conjunto, resalta claramente que el primer protagonista de toda oración cristiana es el Espíritu Santo. No lo olvidemos: el protagonista de toda oración cristiana es el Espíritu Santo. Nosotros no podríamos rezar nunca sin la fuerza del Espíritu Santo. Es él quien reza en nosotros y nos mueve a rezar bien.

Podemos pedir al Espíritu Santo que nos enseñe a rezar, porque Él es el protagonista, el que hace la verdadera oración en nosotros. Él sopla en el corazón de cada uno de nosotros que somos discípulos de Jesús. El Espíritu nos hace capaces de orar como hijos de Dios, como realmente somos por el Bautismo. El Espíritu nos hace rezar en el «surco» que Jesús excavó para nosotros. Este es el misterio de la oración cristiana: la gracia nos atrae a ese diálogo de amor de la Santísima Trinidad.

Jesús rezaba así. A veces usaba expresiones que ciertamente están muy lejos del texto del «Padre Nuestro». Pensad en las palabras iniciales del Salmo 22, que Jesús pronuncia en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27:46). ¿Puede el Padre celestial abandonar a su Hijo? No, desde luego. Y sin embargo, el amor por nosotros, los pecadores, llevó a Jesús a este punto: al punto de experimentar el abandono de Dios, su lejanía, porque había tomado sobre sí todos nuestros pecados. Pero incluso en el grito de angustia, permanece el » Dios mío, Dios mío». En ese «mío» está el núcleo de la relación con el Padre, está el núcleo de la fe y de la oración.

Por eso, a partir de este núcleo, un cristiano puede rezar en cualquier situación. Puede asumir todas las oraciones de la Biblia, especialmente de los Salmos; pero puede rezar también con tantas expresiones que en milenios de historia han brotado del corazón de los hombres. Y nunca dejemos de hablar al Padre de nuestros hermanos y hermanas en la humanidad, para que ninguno de ellos, especialmente los pobres, permanezca sin un consuelo y una porción de amor.

Al final de esta catequesis, podemos repetir esa oración de Jesús: «Te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a   pequeños» (Lc 10:21 ). Para rezar tenemos que hacernos pequeños, para que el Espíritu Santo venga a nosotros y sea Él quien nos guíe en la oración.

Peregrinación de los Trabajadores

El domingo 4 de Junio se realizará la 34° Peregrinación de los Trabajadores al Santuario de Schoenstatt de la ciudad de Paraná bajo el lema «Madre del Pan, Bendice nuestro Pueblo con Salud y Trabajo”.

La peregrinación partirá a las 14:00 desde la Catedral de Paraná. El recorrido prevé algunas paradas antes de llegar al Santuario. Luego de la llegada de los peregrinos  al Santuario de La Loma, se celebrará la Santa Misa a las 17:00

Misa por las maestras jardineras

Con motivo de conmemorarse el Día de los Jardines de Infantes y el Día de la Maestra Jardinera el próximo martes 28 a las 19:00 se realizará una misa en la Parroquia Santo Domingo Savio.

Invita la Junta Arquidiocesana de Educación y quien lo desee puede colaborar en la ofrenda con leche larga vida para Cáritas Parroquial.