117° Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina

Desde el lunes 11 hasta el jueves 14  Monseñor Juan Alberto Puiggari estará participando de la 117° Asamblea Plenaria del Episcopado Argentino en la Casa de Ejercicios «El Cenáculo» en Pilar. La misma está encabezada por su Presidente Monseñor Oscar V. Ojea, Obispo de San Isidro.

Los Obispos de todo el país abordarán en toda la asamblea aspectos relacionados a la pastoral de la Iglesia en la Argentina. Comenzarán con el habitual intercambio pastoral donde surgen tópicos diversos de la realidad de cada diócesis.

 

Los Obispos seguirán desarrollando su reflexión en vistas a la concientización en sus fieles del sostenimiento del culto.  Este martes, se presentará en el marco del trabajo del día el Mes misionero extraordinario, convocado por el Papa Francisco para  octubre de este año.  El tema es: “Bautizados y enviados. La Iglesia de Cristo en misión en el mundo”.

 

Durante el miércoles dedicarán las sesiones a continuar la reflexión sobre la inculturación del mensaje de Jesús y el camino sinodal. El jueves tendrá eje en el trabajo de las distintas comisiones episcopales y el análisis de las acciones pastorales que vienen desarrollando.

 

 

Visita Ad Limina

Cabe destacar que abordarán los Obispos cuestiones preparatorias para la visita Ad Limina que se desarrollará en el mes de mayo. La visita constituye para los Obispos una renovación pastoral y personal de su misión, además de la expectativa y esperanza por el  encuentro en Roma con el Sucesor de Pedro, el Papa Francisco. “La visita «ad limina Apostolorum» por parte de todos los Obispos, tiene un significado preciso: el fortalecimiento de su responsabilidad de sucesores de los Apóstoles y de la comunión jerárquica con el Sucesor de Pedro y la referencia, en la visita a Roma, a las tumbas de los Santos Pedro y Pablo, pastores y columnas de la Iglesia Romana.”

 

Sobre la Asamblea Plenaria

 

Según su estatuto, “la Asamblea Plenaria es el órgano primario y principal de la Conferencia Episcopal que expresa de forma particular el afecto colegial de sus miembros” y se realiza dos veces al año. Están convocados 95 Obispos (diocesanos, auxiliares), un sacerdote administrador diocesano e invitados 44 obispos eméritos y  el Nuncio Apostólico Monseñor León Kalenga Badikebele.

 

Nuevos ingresantes al Seminario

El domingo 10 de marzo ingresaron al Seminario Arquidiocesano “Nuestra Señora del Cenáculo” cuatro  jóvenes para realizar el propedéutico, primer paso en el camino de formación al Sacerdocio. Los mismos son:

Tomás Barrios (de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe – Paraná)

Brian Klauser  (San Salvador, Concordia)

Marcelo Leonardelli (Chajarí, Concordia)

Víctor Persigo, (Concordia, ciudad).

Nos unimos en oración para este nuevo camino de vida que inician estos jóvenes y por sus formadores.

Novenas en honor a San José

El próximo 19 de marzo se celebra la Festividad de San José. Las comunidades que lo tienen como patrono comenzaron la novena el domingo 10, con los siguientes programas.

 

  • Feliciano

 

Martes 12: José, el padre adoptivo de Jesús. Se pedirá por los educadores. Bendición a los docentes y agentes de salud.

Miércoles 13: José, el guardián de nuestra fe. Se pedirá por cada uno de los agentes de pastoral. Compromiso evangelizador comunitario y bendición.

Jueves 14. José, ejemplo de abandono confiado en la providencia. Se pedirá la confianza en Dios y por la Patria. Bendición de los estudiantes.

Viernes 15: José, patrono de la buena muerte. Se pedirá por todos los hermanos difuntos. Bendición de las personas que trabajan en servicio de sepelio.

Sábado 16: José, custodio de los dos Corazones. Se pedirá por la familia, la protección y defensa de la vida. Bendición para las familias y mamás embarazadas.

10.00 bicicleteada de las familias por los barrios.

Domingo 17: José Carpintero. Se pedirá por trabajo y se dará gracias por los trabajadores. Bendición de las herramientas de trabajo.

Lunes 18: José, custodio de los Corazones. Se pedirá la gracia de la devoción eucarística y mariana. Bendición de adoradores y renovación de su compromiso en la adoración perpetua.

21:00. Festival popular en el atrio de la parroquia. Despedida del padre Ramón Zapata.

Martes 19:

08:00. Misa con los hombres.

09:30. Acto cívico religioso frente a la parroquia.

10:00. Caravana con San José.

18:00. Agrupaciones gauchas llevan la imagen del patrono hasta el arco de entrada.

18:30. Procesión desde el arco y luego misa patronal. Bendición y envío de catequistas y demás agentes de pastoral.

 

  • Hasenkamp

La comunidad de Hasenkamp propone para sus vecinos la celebración en los distintos barrios de la ciudad, compartimos aquí los lugares:

Martes 12: 18:00. Gruta de Lourdes. Bv. Andrade.

Miércoles 13: 18:00. Misa en Barrio 36 Viviendas.

Jueves 14: 18:00. Misa en Barrio Miguel David.

Viernes 15: 18:00. Misa en Barrio Centenario.

Sábado 16: 20:00. Misa comunitaria en la Parroquia.

Domingo 17: 09:30. Misa y Bendición por los enfermos.

20:30. Misa jóvenes en la parroquia.

Lunes 18: 18:00. Misa en Barrio San José.

20:00. Peña folklórica.  Feliz cumpleaños a San José.

Martes 19. Día Patronal

09:30. Misa

10:30. Bicicleteada.

19:00. Procesión y misa. Caravana por el Pueblo.

 

Agenda de nuestro Arzobispo

Jueves 7 de marzo: 18:00. Santa Misa. 25º aniversario Colegio Nuestra Señora de Luján.

Viernes 8 de marzo: 18:00. Santa Misa. 25º aniversario Escuela San Benito.

Del lunes 11 al jueves 14 de marzo: Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina.

Vida Diocesana: Nuevo Párroco en Feliciano

Mediante decreto, Monseñor Juan Alberto Puiggari,  ha designado al Pbro. José Barreto como párroco de la comunidad de San José en Feliciano. El párroco anterior había sido el Pbro. Ramón Zapata.

La ciudad de San José de Feliciano está ubicada al centro norte de la provincia de Entre Ríos. El 19 de marzo se conmemora su Fiesta Patronal en honor a San José.

Campaña Pro Vida

Desde hace un tiempo un grupo de personas católicas y evangélicas (en donde hay sacerdotes y laicos junto a pastores y miembros de sus comunidades) vienen trabajando líneas de acción en torno a dos temas: aborto e ideología de género.

Estas líneas suponen movidas comunicacionales, subsidio para padres, entre otras cosas. Todo culminará con la marcha Nacional el 23 de marzo, que en Entre Ríos se concentrara en Concordia y Paraná. El arzobispado acompaña esta iniciativa profundamente laical.

En este sentido, el equipo de Católicos y Evangélicos convocan para el lunes 11 de marzo a una Conferencia de prensa en el Juan L. Ortiz a las 10.30; allí se prevé la lectura de un documento que expone los pedidos a los políticos en campaña.

Catequesis del Papa

Durante la Audiencia General de este 6 de marzo, Miércoles de Ceniza, Francisco recuerda que Jesús no hace proselitismo: simplemente anuncia.

 

 

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

 

Cuando rezamos el “Padre nuestro”, la segunda invocación con la que nos dirigimos a Dios es “venga a nosotros  tu Reino” (Mt 6, 10). Después de rezar para que su nombre sea santificado, el creyente expresa el deseo de que se acelere la venida de su Reino. Este deseo brotó, por así decirlo, desde el corazón mismo de Cristo, que comenzó su predicación en Galilea proclamando: “El tiempo se ha  cumplido y el reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva “(Mc 1,15). Estas palabras no son en absoluto una amenaza, al contrario, son un anuncio feliz, un mensaje de alegría. Jesús no quiere empujar a la gente a que se convierta sembrando el temor del juicio inminente de Dios o el sentimiento de culpa por el mal cometido. Jesús no hace proselitismo: simplemente anuncia.

 

Al contrario, lo que Él trae es la Buena Nueva de la salvación, y a partir de ella  llama a convertirse. Todos están invitados a creer en el “evangelio”: el señorío de Dios se ha acercado a sus hijos. Esto es el Evangelio: el señorío de Dios se ha acercado a sus hijos. Y Jesús anuncia esta maravilla, esta gracia: Dios, el Padre, nos ama, está cerca de nosotros y nos enseña a caminar por el camino de la santidad.

 

Los signos de la venida de este Reino son múltiples, y todos son positivos. Jesús comienza su ministerio cuidando a los enfermos, tanto en el cuerpo como en el espíritu, de aquellos que vivían una exclusión social, -por ejemplo, los leprosos- de los pecadores mirados con desprecio por todos, también por los que eran más pecadores que ellos, pero se hacían pasar por justos. Y  Jesús ¿cómo les llama? “Hipócritas”. El mismo Jesús indica estos signos, los signos del Reino de Dios: “Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y se anuncia a los pobres la Buena Nueva” (Mt 11, 5).

 

“¡Venga a nosotros tu Reino!”, repite con insistencia el cristiano cuando reza el “Padre nuestro”. Jesús ha venido. Pero el mundo todavía está marcado por el pecado, poblado por tanta gente que sufre, por personas que no se reconcilian y no perdonan, por guerras y por tantas formas de explotación; pensemos en la trata de niños, por ejemplo.

 

Todos estos hechos son una prueba de que la victoria de Cristo aún no se actuado completamente: muchos hombres y mujeres todavía viven con el corazón cerrado. Es sobre todo en estas situaciones que la segunda invocación del “Padre Nuestro” brota de  los labios del cristiano: “¡Venga a nosotros tu Reino!”. Que es como decir: “¡Padre, te necesitamos!, ¡Jesús te necesitamos! ¡Necesitamos que en todas partes y para siempre seas Señor entre nosotros!”. “Venga a nosotros tu Reino, ven en medio de nosotros”.

 

A veces nos preguntamos: ¿por qué este Reino se instaura tan lentamente? Jesús ama hablar de su victoria con el lenguaje de las parábolas. Por ejemplo, dice que el Reino de Dios se asemeja a un campo donde el trigo bueno y la cizaña crecen juntos: el peor error sería querer intervenir inmediatamente extirpando del mundo las que nos parecen malas hierbas. Dios no es como nosotros, Dios tiene paciencia. El Reino de Dios no se instaura en el mundo con la violencia: su estilo de propagación es la mansedumbre (cf. Mt 13, 24-30).

 

El Reino de Dios es ciertamente una gran fuerza, la más grande que existe, pero no de acuerdo con los criterios del mundo. Por eso nunca parece tener mayoría absoluta. Es como la levadura que se amasa en la harina: aparentemente desaparece, pero es precisamente la que fermenta la masa (cf. Mt 13, 33). O es como un grano de mostaza, tan pequeño, casi invisible, pero lleva dentro la fuerza explosiva de la naturaleza, y una vez que crece, se convierte en el más grande de todos los árboles del jardín (cf. Mt 13, 31-32).

 

En este “destino” del Reino de Dios podemos intuir la trama de la vida de Jesús: él también era un signo débil para sus contemporáneos, un evento casi desconocido para los historiadores oficiales de la época. El mismo se definió como un “grano de trigo” que muere en la tierra, pero solo de esta manera puede dar “mucho fruto” (cf. Jn 12,24). El símbolo de la semilla es elocuente: un día el campesino la hunde en la tierra (un gesto que parece un entierro), y luego, “duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él mismo sepa cómo “(Mc 4:27). Una semilla que brota es más obra de Dios que del hombre que la ha sembrado (cf. Mc 4, 27). Dios siempre nos precede, Dios siempre nos sorprende. Gracias a él después de la noche del Viernes Santo, hay un alba de Resurrección capaz de iluminar de esperanza al mundo entero.

 

“¡Venga a nosotros tu Reino!”. Sembremos esta palabra en medio de nuestros pecados y fracasos. Regalémosla a las personas que están derrotadas y dobladas por la vida, a los que han saboreado más odio que amor, a los que han vivido días inútiles sin haber entendido nunca por qué. Regalémosla a los que han luchado por la justicia, a todos los mártires de la historia, a los que han llegado a la conclusión de que han luchado por nada y de que el mal domina este mundo. Escucharemos entonces la oración del “Padre Nuestro” que responde. Repetirá por enésima vez esas palabras de esperanza, las mismas que el Espíritu ha puesto como sello de todas las Sagradas Escrituras: “¡Sí, vengo pronto!”. Amén. Ven, Señor Jesús. Que la gracia del Señor Jesús sea con todos “(Ap 22:20).

Encuentros y retiros que congregaron cientos de jóvenes

El pasado fin de semana largo se desarrollaron una gran cantidad de actividades y encuentros en la Arquidiócesis que congregaron a gran cantidad de jóvenes y adultos.

Las diferentes pastorales convocaron a un gran número de personas través de diversas propuestas en las que delinearon esquemas de trabajo para el año, se brindaron espacios de formación o espiritualidad.

Por un lado la Junta Arquidiocesana de Catequesis desarrollo el retiro para catequistas en Padre Lamy. El Retiro Arquidiocesano de Catequistas, tuvo como lema “Catequista, todo por amor y con alegría”

 

Por su parte, en las instalaciones de la Casa de Retiro de las Hermanas Franciscanas de Gante en Villa Urquiza se realizó el retiro bajo el método ignaciano. Según comentaron los organizadores jóvenes y adultos de diferentes movimientos eclesiales, instituciones y de la diócesis dedicaron estos días de fin de semana para realizar los Ejercicios Espirituales Ignacianos.

Otra de las actividades, de las tantas que se realizaron, fue el Quinto Encuentro de Formación de la Acción católica Arquidiocesana. Este espacio se desarrolló en la Parroquia nuestra Señor de la Medalla Milagrosa.

«La radio se renueva»

Los periodistas Martín Macor, Mery Coronel y Jorge Calcina, se suman, en esta nueva etapa, a la programación de la 104.1. La Radio del Arzobispado.

El 6 de marzo, Miércoles de Ceniza, FM Corazón, la radio del Arzobispado de Paraná iniciará una nueva etapa, signada por la programación diaria, el contenido periodístico y la participación de nombres y rostros conocidos en la región.

“Nuestra radio quiere conservar el corazón generoso del Padre Mattiassi, su fundador. Ahora, con más programación local, jóvenes voces y profesionales de experiencia”, definió Néstor Rodríguez, director de la emisora, con amplia experiencia en el rubro. Durante casi 10 años estuvo al frente de LT14 Radio General Urquiza. En esta etapa, suma el asesoramiento general de un hombre de radio, el padre Hernán Arismendi.

A partir de la gestión de Rodríguez, desde marzo, se suman tres nuevos programas diarios. De 6 a 8, el periodista Martín Macor conducirá un ciclo periodístico de primera mañana. Macor es, desde hace una década, la cara masculina de Telediario, el noticiero del mediodía de Canal 9 Litoral y condujo, hasta hace poco, el primer informativo de Radio La Voz.

A partir de las 9, la segunda mañana será encabezada por Mery Coronel, quien se desempeñara durante algún tiempo como conductora y notera de los noticieros de Somos Paraná. A la tarde, estará Jorge Calcina, una de las voces más representativas de LT14, durante años.

Cabe destacar que continuarán ciclos que ya la gente conoce como Palabras de Vida… Musica y Palabras…. … Tiempo de Héroes… En Sintonía con el Señor… Conectados … Encontrarnos, entre otros. Además de las transmisiones especiales como las visitas Pastorales del Papa Francisco.

“Hoy, a más de tres décadas del comienzo de la historia de la radio, estamos trabajando para hacer más fecunda la tarea. Queremos que sea un medio para intercambiar, fraternizar, pensar, educar; siempre con responsabilidad y compromiso. Buscamos contenido para toda la familia, con un lenguaje dinámico y profesional”, anticipó el director sobre esta nueva etapa.

En tanto, el padre Ignacio Patat, responsable de la Pastoral de Comunicación del Arzobispado señaló “es un momento oportuno para, ayudados por periodistas y especialistas en comunicación, poder comunicar las actividades de la Iglesia y llegar a tantos lugares que quizás comúnmente la radio no llegaba. Es una oportunidad de renovar, no solo la renovación sino el espíritu y la apertura de la Iglesia a la vida social», y agregó  «nuestro mayor deseo es que la radio llegue a la mayor cantidad de hogares con una calidad informativa y de programación a la altura de las circunstancias y respondiendo a los momentos actuales de nuestra vida social”.

 

Programación de Lunes a Viernes

05:30 hs.  Santo Rosario
06:00 hs. Martín Macor
08:00 hs. Palabras de vida
09:00 hs. Entre nosotros
12:00 hs. Momento Mariano
12:10 hs. Compacto de Noticias
12:30 hs. Martín Macor  (R)
14:30 hs. Santo Rosario
15.00 hs. Con sabor a las cosas nuestras
16:00 hs. Jorge Calcina
18:00 hs. Palabras de vida  (R)
19:00 hs. Ciclos unitarios
21:00 hs. Ciclos formativos
23:30 hs. Santo Rosario

“Un camino de renovación”: Carta Pastoral del Arzobispo de Paraná

En ocasión de la Cuaresma, Mons. Juan Alberto Puiggari presenta al Pueblo de Dios, una carta pastoral en la que nos invita a reflexionar sobre la oportunidad de impulso que la Iglesia propone en este tiempo tan particular.

Asimismo, el arzobispo recuerda que “la Iglesia en la Arquidiócesis de Paraná quiere en esta Cuaresma renovar su compromiso de seguir al Señor, ser testigos de la verdad y apoyo para todos los que sufren y han sufrido. Las puertas están abiertas para todos; con humildad y sabiendo que, a pesar de todo, el Señor nos sigue llamando a purificarnos y a renovar nuestro compromiso por el hermano que sufre y por el más pequeño y vulnerable. A todos, sin distinción, quiero pedirles que acompañen con su compromiso y oración este proceso de purificación, desde la verdad y la misericordia”.

 

 

 

 

 

 

Un camino de renovación

A pocos días de iniciar la Cuaresma, quisiera reflexionar con ustedes sobre la gran oportunidad de renovación e impulso que la Iglesia propone a sus fieles en este tiempo tan particular. En cada Cuaresma, el Señor recorre el camino de preparación para su Pasión, muerte y Resurrección, con las cuales concretará la Redención de la humanidad. Camino difícil, duro, inquietante, pero que va adquiriendo cada vez más sentido a medida que se va acercando a la meta. Camino que también prefigura el arduo peregrinar del hombre ya redimido, hacia la vida plena que ganó para él el Redentor. Por eso, el tiempo de Cuaresma es siempre propicio para reflexionar sobre el sentido de nuestra peregrinación y sobre la certeza de nuestra esperanza final.

Hoy la Iglesia en todo el mundo -también en nuestra Arquidiócesis- está sufriendo un largo y doloroso proceso de purificación, marcado por el dolor y el escándalo causados por graves pecados y delitos de algunos de sus miembros. Hemos condenado repetidamente esas situaciones, y seguiremos haciéndolo, poniendo los medios que estén en nuestras posibilidades para evitar que estos hechos se repitan y para acompañar a quienes más han sufrido en la Iglesia.

Si bien de un modo u otro todos experimentamos las consecuencias de este proceso, íntimamente sabemos que la voluntad del Padre es que nos revistamos de humildad y fortaleza para atravesar el momento, confiados en el triunfo final de la Resurrección, del que ya podemos ver muchos adelantos si, enfrentando el miedo y la confusión, abrimos los ojos a las realidades espirituales de la Fe, la Esperanza y la Caridad.

Vemos entonces, con enorme gratitud, que la obra que el Espíritu Santo sigue perseverantemente realizando a través de la Iglesia nos supera, nos trasciende, nos asombra, nos conmueve. ¿Cómo no conmoverse frente a los cientos de fieles que ofrecen su tiempo en tantas capillas de adoración perpetua que hay en nuestra Arquidiócesis? ¿O con el entusiasmo imparable de los jóvenes que regalan sus vacaciones para llevar el mensaje de esperanza a tantos hermanos alejados, niños en situación de vulnerabilidad, en movimientos, instituciones? ¿Cómo no dar gracias con todo el corazón por la obra de Caritas y tantas instituciones eclesiales que ponen enorme empeño en acudir con su asistencia y contención allí donde hay más necesidad, extrema pobreza, desempleo, catástrofes climáticas? ¿Cómo no asombrarnos por todo el bien que la Iglesia es capaz de hacer a través de la entrega de quienes, con esfuerzo y alegría, se hacen eficazmente cercanos a los hermanos que intentan salir de la esclavitud de las adicciones, visibilizado en centros, casas y lugares de conversión? ¿O tantos laicos que se juegan para defender y promover la vida -toda vida- desde el primer momento, o voluntarios que se acercan a las mujeres en conflicto con su embarazo para apoyarlas, sostenerlas, facilitarles el camino hacia una maternidad plenificante? ¿Cómo no admirarnos ante tantas familias que luchan día a día, en medio de dificultades de todo tipo, para poder mantener un testimonio cristiano que sea luz para otras familias y que muestre que todavía es posible educar a los hijos en la fe, el respeto y el compromiso con los valores más nobles? ¿Cómo no reconocer con agradecimiento la labor de tantos profesionales que juegan sus trabajos y su comodidad por no ceder a presiones indebidas y poder conservar la libertad para manifestar la verdad y lo correcto sin importar las consecuencias? Me viene a la mente aquí la imagen de tantos educadores que, en un clima adverso, no pierden el entusiasmo que les da su vocación gozosa al servicio de los más jóvenes. ¿Y qué decir del testimonio y la entrega de tantos sacerdotes y consagrados que, en el silencio y la entrega a veces martirial de cada día, dejan su vida, su salud, sus preferencias humanas, por servir a los demás? Y así podría señalarles comunidades, escuelas, grupos y personas que emocionan con su trabajo desinteresado por el otro en bien de la Iglesia.

Mi primera reacción ante todo esto es de conmovido reconocimiento y gratitud por estos dones del Señor a nuestra Iglesia arquidiocesana, la que desearía fuese también experimentada por todos ustedes como parte del camino cuaresmal.

Por eso quisiera hacer un llamado concreto a todos los fieles para a seguir caminando juntos y profundizar en esta Cuaresma nuestro Bautismo y así poder seguir dando abundantes frutos. Porque el Señor nos sigue asegurando su presencia en la barca de la Iglesia y nos sigue pidiendo incansablemente que no dejemos de navegar mar adentro y de echar las redes: que no nos instalemos en la comodidad, que no aflojemos en el desánimo, que no perdamos el rumbo en la confusión. Los invito a que mantengamos los ojos fijos en Él: que nada, absolutamente nada, sea capaz de apartar la mirada de Su rostro tranquilizador.

Los vaivenes y zarandeos de la barca muchas veces son violentos y amenazan tirarnos por la borda; pero adquieren profundo sentido en los insondables designios de la misericordia de Dios. Con la mirada fija en Él, sabemos que siempre saldremos adelante y que estaremos unidos en la verdad y el amor fraterno. Eso nos dará las fuerzas para seguir sembrando la semilla del Evangelio en cada rincón de nuestra Iglesia arquidiocesana. Y recibiremos también a todos aquellos que corran el peligro de naufragar en medio de las tempestades de este mundo y quieran subir a nuestra barca, pequeña y pobre, pero alegre y confiada porque sabe que lleva al Señor a bordo. Y Él no abandona nunca su barca.

Quiero invitarlos con fuerza a que dediquemos siempre un tiempo a rezar intensamente unos por otros: ¡Que bien nos hace el sabernos sostenidos por los hermanos! Corrijámonos fraternalmente cuando haga falta; y también alentémonos. Y, sobre todo, salgamos cada vez más hacia el otro: ¡hay tanto sufrimiento en el que está lejos de Cristo en su vida! Nosotros sabemos que esa distancia es el origen de todo dolor, de todo daño, de todo pecado y sinsentido en la vida del hombre.

La Iglesia en la Arquidiócesis de Paraná quiere en esta Cuaresma renovar su compromiso de seguir al Señor, ser testigos de la verdad y apoyo para todos los que sufren y han sufrido. Las puertas están abiertas para todos; con humildad y sabiendo que, a pesar de todo, el Señor nos sigue llamando a purificarnos y a renovar nuestro compromiso por el hermano que sufre y por el más pequeño y vulnerable.

A todos, sin distinción, quiero pedirles que acompañen con su compromiso y oración este proceso de purificación, desde la verdad y la misericordia.

A los que incansablemente trabajan por la Iglesia y llevan adelante todo tipo de iniciativas por sus hermanos les quiero dar las gracias especialmente. Constituyen, ciertamente, una gran luz de esperanza para nuestra Iglesia.

A las familias y a los jóvenes, que insisten alegremente en hacer de sus vidas y sus comunidades testimonios vivos del amor del Señor y de respuesta generosa y desinteresada a su llamado, quisiera alentarlos a seguir al Señor mar adentro y a marcar un rumbo para tantos jóvenes y familias desorientados y abatidos.

A aquéllos que se sienten abandonados y desilusionados por la Iglesia, o que han sido víctimas de las miserias de sus miembros, quisiera decirles que los comprendemos y nos duele su situación. Los invito a descubrir que el Señor sigue valiendo la pena y nos trae su Vida en plenitud; que es el único capaz de curar todas las heridas y hacer nuevas todas las cosas, incluidas nuestras vidas. Ustedes son nuestros hermanos y queremos ofrecerles todo lo que la cercanía fraterna es capaz de dar en una familia.

Y a tantos sacerdotes, consagrados y diáconos de la Arquidiócesis, que entregan sus vidas con alegría, muchas veces en medio de la incomprensión y de una crítica y sospecha martirizantes capaces de causar un enorme cansancio y de minar el entusiasmo propio del amor a Dios, quisiera decirles que camino al lado de ustedes y que sufro cada dolor que los aflige como un padre se siente dolido por todo lo que agobia a sus hijos. Los sigo invitando hoy más que nunca a tener la mirada levantada hacia el Señor, de tal modo que Él sea quien nos mantiene irresistiblemente unidos en el amor, y quien hace que todas las incomprensiones y las contrariedades de la vida sean poco al lado de la firmeza con la que somos fijados junto a su corazón.

En cuando a mí, Dios me puso en este momento al frente de la Iglesia arquidiocesana de Paraná, con todas mis limitaciones humanas, que intento superar día a día. Acepto las tensiones de este tiempo, en el que trato de poner todos los medios posibles para llegar a la verdad y la justicia. Sepan que doy gracias a Dios por todos ustedes y los llevo cada día en mi oración: estoy a su servicio y que cuentan con todo mi amor de padre y pastor. Les pido que recen por mí y que sepan perdonar mis errores, porque no se trata de mí sino de que Él brille y actúe con su poder.

Que durante la Cuaresma, junto a María, Nuestra Señora del Rosario, podamos reflexionar sobre todo esto y renovar una vez más la acción de gracias, la alegría y el entusiasmo por las promesas y los dones del Señor en nuestras vidas y en la de nuestra querida Iglesia arquidiocesana.

 

Mons. Juan Alberto Puiggari

Arzobispo de Paraná