Centenario de la capilla de Villa Fontana

Al cumplirse el centenario de la piedra fundamental de la capilla San José y Santa Rosa de Lima de la localidad de Villa Fontana, la comunidad prepara una serie de actividades especiales que se sumarán a la tradicional novena.

La celebración  comenzó con el novenario de la fiesta Patronal desde el 21 al 29 de Agosto bajo el lema: “Cien años en tu presencia”, consiste en el rezo del Rosario a partir de las 18:15 horas, luego la misa donde cada día tendrá una intención especial acompañado de un gesto y una temática particular en la predicación. También habrá una exposición histórica en el salón Poli funcional durante todos esos días.

Más información: parroquiaoroverde.org.ar

 

Los festejos centrales estarán divididos en dos jornadas, el día  30 de Agosto, día de Santa Rosa de Lima, desde las 19:00 horas en el ingreso al pueblo, una guardia de honor recibirá la visita monseñor Puiggari y lo escoltará hasta la capilla para encabezar las celebraciones; una vez allí se dará inicio a la procesión con la Imagen patronal por las calles de la localidad y a su término la Misa Patronal en el interior de la renovada capilla. Luego, se bendecirá la cruz del centenario y  la “capsula del tiempo” que contendrá, entre otras cosas, un  nuevo mensaje para el bicentenario. Esa jornada culminará  con fuegos artificiales  y el repique de las históricas Campanas.

 

La segunda parte de los festejos centrales el domingo 2 de septiembre, a las 10:30 será la celebración de la Misa, luego un acto protocolar que contará con la presencia de instituciones educativas, intermedias e invitados especiales. Desde el mediodía almuerzo familiar, baile, sorteos especiales y del bono contribución, además la actuación de Maravillas Alemanas y del Coro de la Sociedad Friulana de Paraná.

Informe e la Reunión de la Comisión Permanente de la CEA

Finalizó la 180° Reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina. La reunión fue presidida por Monseñor Oscar Ojea, Presidente del Episcopado, junto a la Comisión Ejecutiva. Estuvieron presentes los obispos Presidentes de las Comisiones Episcopales y Delegados de las regiones pastorales. En la mañana del martes 21 participó de las sesiones el Nuncio Apostólico, Mons. León Kalenga Badikebele.

Los obispos tuvieron el habitual intercambio pastoral donde abordaron distintos temas: La Pastoral al servicio de la Vida, los desafíos que surgen para la Evangelización y la delicada situación socio-económica expresada por los obispos de las distintas diócesis y regiones del país. Continuaron también la reflexión sobre los avances y perspectivas del camino sinodal.

Al finalizar el primer día de sesiones, dieron a conocer una carta enviada al Administrador Diocesano de la Rioja, Presbítero Roberto Enrique Queirolo, con motivo de la inminente Beatificación de Monseñor Enrique Angelelli, los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville y el laico Wenceslao Pedernera. En la misma los miembros de la Comisión Permanente manifestaron la necesidad de tener como  modelos de personas a estos reconocidos mártires, “que saben darlo todo en la lucha por los derechos de los más desprotegidos y al mismo tiempo son capaces de promover la comunión y la paz”.

En la tarde del martes los obispos recibieron un informe de la comisión integrada por la Jefatura de Gabinete del Gobierno Nacional, la Secretaría de Culto y la Conferencia Episcopal Argentina, que está analizando nuevas alternativas al actual sistema de sostenimiento del Culto.

Se acordó seguir profundizando dichas alternativas y estudiar propuestas, con el fin de ir resignando de manera gradual, las asignaciones que reciben los obispos de parte del Estado Nacional.

Según se informó, dicho monto constituye el 0,04% de los $300.000 millones que se procura ahorrar para reducir el déficit fiscal, y no supera el 7% del volumen del dinero que maneja la Iglesia para todas sus obras.

Del mismo modo, el día miércoles trabajaron el temario y dinámica de la próxima Asamblea Plenaria a realizarse en el mes de noviembre.

En el marco de la reunión se realizaron votaciones de secretarios ejecutivos y miembros de comisiones episcopales. Fueron designados:

. Licenciada Marcela Villares, en la Comisión Episcopal de Pastoral de Migrantes e Itinerantes.

. Presbítero Carlos Osvaldo Paraviccini, en la Comisión Episcopal de Catequesis, Animación y Pastoral Bíblica.

. María Florencia Marfía, en la Comisión Episcopal de Vida Consagrada.

. Presbítero Tomás Barbero, en la Comisión Episcopal de Pastoral de la Salud.

. Se aprobaron los reglamentos del Secretariado Nacional para el Diaconado Permanente y el Secretariado Nacional para la Formación Permanente de Presbíteros.

. Se designaron para el trineo 2017 – 2020 al Diacono Wenceslao Gómez Caride como Secretario Adjunto de la Comisión Episcopal de Ministerios para la Sub-Comisión de Diaconado.

. Se nombraron como peritos para el Secretariado Nacional para la Formación Permanente a los presbíteros Jorge Pelizardi y José María Recondo.

A propuesta de la Comisión Episcopal de Pastoral Social se designaron los integrantes de la Comisión Nacional de Justicia y Paz hasta finalizar el presenten trineo 2017 – 2020. Presidente Ingeniero Emilio Inzaurraga.

Charla Formativa: “Si a la Vida”

Este viernes 24 se realizará una charla formativa sobre el aborto y sus consecuencias. Será a partir de las 20.00 en la Sede de Acción Católica (Buenos Aires 377).

Invita: Jóvenes de Acción Católica. Nuestra Señora del Rosario.

Carta del Papa Francisco al Pueblo de Dios

«Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26). Estas palabras de san Pablo resuenan con fuerza en mi corazón al constatar una vez más el sufrimiento vivido por muchos menores a causa de abusos sexuales, de poder y de conciencia cometidos por un notable número de clérigos y personas consagradas. Un crimen que genera hondas heridas de dolor e impotencia; en primer lugar, en las víctimas, pero también en sus familiares y en toda la comunidad, sean creyentes o no creyentes. Mirando hacia el pasado nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado. Mirando hacia el futuro nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz de evitar que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse. El dolor de las víctimas y sus familias es también nuestro dolor, por eso urge reafirmar una vez más nuestro compromiso para garantizar la protección de los menores y de los adultos en situación de vulnerabilidad.

 

  1. Si un miembro sufre

En los últimos días se dio a conocer un informe donde se detalla lo vivido por al menos mil sobrevivientes, víctimas del abuso sexual, de poder y de conciencia en manos de sacerdotes durante aproximadamente setenta años. Si bien se pueda decir que la mayoría de los casos corresponden al pasado, sin embargo, con el correr del tiempo hemos conocido el dolor de muchas de las víctimas y constatamos que las heridas nunca desaparecen y nos obligan a condenar con fuerza estas atrocidades, así como a unir esfuerzos para erradicar esta cultura de muerte; las heridas “nunca prescriben”. El dolor de estas víctimas es un gemido que clama al cielo, que llega al alma y que durante mucho tiempo fue ignorado, callado o silenciado. Pero su grito fue más fuerte que todas las medidas que lo intentaron silenciar o, incluso, que pretendieron resolverlo con decisiones que aumentaron la gravedad cayendo en la complicidad. Clamor que el Señor escuchó demostrándonos, una vez más, de qué parte quiere estar. El cántico de María no se equivoca y sigue susurrándose a lo largo de la historia porque el Señor se acuerda de la promesa que hizo a nuestros padres: «Dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos» (Lc 1,51-53), y sentimos vergüenza cuando constatamos que nuestro estilo de vida ha desmentido y desmiente lo que recitamos con nuestra voz.

Con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas. Hemos descuidado y abandonado a los pequeños. Hago mías las palabras del entonces cardenal Ratzinger cuando, en el Via Crucis escrito para el Viernes Santo del 2005, se unió al grito de dolor de tantas víctimas y, clamando, decía: «¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! […] La traición de los discípulos, la recepción indigna de su Cuerpo y de su Sangre, es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que le traspasa el corazón. No nos queda más que gritarle desde lo profundo del alma: Kyrie, eleison – Señor, sálvanos (cf. Mt 8,25)» (Novena Estación).

 

  1. Todos sufren con él

La magnitud y gravedad de los acontecimientos exige asumir este hecho de manera global y comunitaria. Si bien es importante y necesario en todo camino de conversión tomar conocimiento de lo sucedido, esto en sí mismo no basta. Hoy nos vemos desafiados como Pueblo de Dios a asumir el dolor de nuestros hermanos vulnerados en su carne y en su espíritu. Si en el pasado la omisión pudo convertirse en una forma de respuesta, hoy queremos que la solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierta en nuestro modo de hacer la historia presente y futura, en un ámbito donde los conflictos, las tensiones y especialmente las víctimas de todo tipo de abuso puedan encontrar una mano tendida que las proteja y rescate de su dolor (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 228). Tal solidaridad nos exige, a su vez, denunciar todo aquello que ponga en peligro la integridad de cualquier persona. Solidaridad que reclama luchar contra todo tipo de corrupción, especialmente la espiritual, «porque se trata de una ceguera cómoda y autosuficiente donde todo termina pareciendo lícito: el engaño, la calumnia, el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad, ya que “el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz (2 Co 11,14)”» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 165). La llamada de san Pablo a sufrir con el que sufre es el mejor antídoto contra cualquier intento de seguir reproduciendo entre nosotros las palabras de Caín: «¿Soy yo el guardián de mi hermano?» (Gn 4,9).

Soy consciente del esfuerzo y del trabajo que se realiza en distintas partes del mundo para garantizar y generar las mediaciones necesarias que den seguridad y protejan la integridad de niños y de adultos en estado de vulnerabilidad, así como de la implementación de la “tolerancia cero” y de los modos de rendir cuentas por parte de todos aquellos que realicen o encubran estos delitos. Nos hemos demorado en aplicar estas acciones y sanciones tan necesarias, pero confío en que ayudarán a garantizar una mayor cultura del cuidado en el presente y en el futuro.

Conjuntamente con esos esfuerzos, es necesario que cada uno de los bautizados se sienta involucrado en la transformación eclesial y social que tanto necesitamos. Tal transformación exige la conversión personal y comunitaria, y nos lleva a mirar en la misma dirección que el Señor mira. Así le gustaba decir a san Juan Pablo II: «Si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que él mismo ha querido identificarse» (Carta ap. Novo millennio ineunte, 49). Aprender a mirar donde el Señor mira, a estar donde el Señor quiere que estemos, a convertir el corazón ante su presencia. Para esto ayudará la oración y la penitencia. Invito a todo el santo Pueblo fiel de Dios al ejercicio penitencial de la oración y el ayuno siguiendo el mandato del Señor,[1] que despierte nuestra conciencia, nuestra solidaridad y compromiso con una cultura del cuidado y el “nunca más” a todo tipo y forma de abuso.

Es imposible imaginar una conversión del accionar eclesial sin la participación activa de todos los integrantes del Pueblo de Dios. Es más, cada vez que hemos intentado suplantar, acallar, ignorar, reducir a pequeñas élites al Pueblo de Dios construimos comunidades, planes, acentuaciones teológicas, espiritualidades y estructuras sin raíces, sin memoria, sin rostro, sin cuerpo, en definitiva, sin vida[2]. Esto se manifiesta con claridad en una manera anómala de entender la autoridad en la Iglesia —tan común en muchas comunidades en las que se han dado las conductas de abuso sexual, de poder y de conciencia— como es el clericalismo, esa actitud que «no solo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente».[3] El clericalismo, favorecido sea por los propios sacerdotes como por los laicos, genera una escisión en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos. Decir no al abuso, es decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo.

Siempre es bueno recordar que el Señor, «en la historia de la salvación, ha salvado a un pueblo. No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana: Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 6). Por tanto, la única manera que tenemos para responder a este mal que viene cobrando tantas vidas es vivirlo como una tarea que nos involucra y compete a todos como Pueblo de Dios. Esta conciencia de sentirnos parte de un pueblo y de una historia común hará posible que reconozcamos nuestros pecados y errores del pasado con una apertura penitencial capaz de dejarse renovar desde dentro. Todo lo que se realice para erradicar la cultura del abuso de nuestras comunidades, sin una participación activa de todos los miembros de la Iglesia, no logrará generar las dinámicas necesarias para una sana y realista transformación. La dimensión penitencial de ayuno y oración nos ayudará como Pueblo de Dios a ponernos delante del Señor y de nuestros hermanos heridos, como pecadores que imploran el perdón y la gracia de la vergüenza y la conversión, y así elaborar acciones que generen dinamismos en sintonía con el Evangelio. Porque «cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 11).

Es imprescindible que como Iglesia podamos reconocer y condenar con dolor y vergüenza las atrocidades cometidas por personas consagradas, clérigos e incluso por todos aquellos que tenían la misión de velar y cuidar a los más vulnerables. Pidamos perdón por los pecados propios y ajenos. La conciencia de pecado nos ayuda a reconocer los errores, los delitos y las heridas generadas en el pasado y nos permite abrirnos y comprometernos más con el presente en un camino de renovada conversión.

Asimismo, la penitencia y la oración nos ayudará a sensibilizar nuestros ojos y nuestro corazón ante el sufrimiento ajeno y a vencer el afán de dominio y posesión que muchas veces se vuelve raíz de estos males. Que el ayuno y la oración despierten nuestros oídos ante el dolor silenciado en niños, jóvenes y minusválidos. Ayuno que nos dé hambre y sed de justicia e impulse a caminar en la verdad apoyando todas las mediaciones judiciales que sean necesarias. Un ayuno que nos sacuda y nos lleve a comprometernos desde la verdad y la caridad con todos los hombres de buena voluntad y con la sociedad en general para luchar contra cualquier tipo de abuso sexual, de poder y de conciencia.

De esta forma podremos transparentar la vocación a la que hemos sido llamados de ser «signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 1).

«Si un miembro sufre, todos sufren con él», nos decía san Pablo. Por medio de la actitud orante y penitencial podremos entrar en sintonía personal y comunitaria con esta exhortación para que crezca entre nosotros el don de la compasión, de la justicia, de la prevención y reparación. María supo estar al pie de la cruz de su Hijo. No lo hizo de cualquier manera, sino que estuvo firmemente de pie y a su lado. Con esta postura manifiesta su modo de estar en la vida. Cuando experimentamos la desolación que nos produce estas llagas eclesiales, con María nos hará bien «instar más en la oración» (S. Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, 319), buscando crecer más en amor y fidelidad a la Iglesia. Ella, la primera discípula, nos enseña a todos los discípulos cómo hemos de detenernos ante el sufrimiento del inocente, sin evasiones ni pusilanimidad. Mirar a María es aprender a descubrir dónde y cómo tiene que estar el discípulo de Cristo.

Que el Espíritu Santo nos dé la gracia de la conversión y la unción interior para poder expresar, ante estos crímenes de abuso, nuestra compunción y nuestra decisión de luchar con valentía.

Vaticano, 20 de agosto de 2018

Misa Universitaria

La Pastoral Universitaria de Paraná invita a estudiantes, profesionales y docentes a la misa que tendrá lugar este jueves 23 a las 19.00 en la Parroquia Nuestra Señora de la Piedad (Italia 370).

En esta ocasión el Padre Pepe Di Paola, ofrecerá una charla universitaria.

Encuentro arquidiocesano de catequistas

Convocado bajo el lema “Yo los elegí.. alegres en la esperanza los envío”, el sábado 25 de agosto se realizará el Encuentro arquidiocesano de Catequistas en el Salón del Colegio Cristo Redentor.

La actividad comenzará a las 8.30 con las inscripciones, a las 9.00, apertura y oración.  A las 10.00, formación y luego almuerzo. Tras esto, se retoma con la formación, luego Adoración y a las 16.00, misa.

Contactos:

juntadecatequesisparana@hotmail.com

Facebook: Junta de Catequesis Paraná.

Instagram: juntadecatequesisparana

Abordaje territorial de las Adicciones

El padre Pepe Di Paola brindará una conferencia sobre Abordaje territorial de las Adicciones. La disertación es de carácter libre y gratuito y está destinada a educadores en general.

La cita está prevista para el jueves 23 de agosto a las 10.00 en la UCA Paraná (Buenos Aires 249). Invita la Junta Arquidiocesana de Educación Católica y organiza Familia Grande Hogar de Cristo.

Capacitación sobre Ambientes Seguros

Organizada por la Comisión Arquidiocesana Protección de los Menores junto a la Junta Arquidiocesana de Educación Católica, el Instituto Superior de Formación Docente “Fons Vitae” y la Universidad Católica Argentina (Sede Paraná)  se realizará el viernes 24 de agosto un nuevo encuentro de capacitación sobre “Elementos para detectar abuso sexual infantil y herramientas para generar ambientes seguros.”

La cita, de carácter libre y gratuito, está prevista para el 24 de agosto de 18.00 a 20.00 y se entregarán certificados de asistencia.

Informes: info@comisiondeprevencion.com.ar

Encuentro de OVE en Nogoyá

Con motivo del Año Arquidiocesano Vocacional 2018, la Comisión Arquidiocesana de las Obras de las Vocaciones Eclesiásticas (OVE) ha organizado encuentros especiales por Decanato. Este viernes 17 por la tarde, se invita a las Comisiones Parroquiales del Decanato Nogoyá.

El encuentro se realizará en la Parroquia San Ramón, y se invita a participar a los Referentes de las Parroquias Nuestra Señora del Carmen de Nogoyá, Lucas Evangelista de Lucas González, Nuestra Señora de la Merced de Hernández y Sagrado Corazón de Ramírez.  El tema principal estará cargo del P. Lionel López (Asesor de la OVE).

El objetivo de estos encuentros es principalmente fomentar la tarea de la Obra en las Parroquias, redescubrir la misión que conlleva ser miembros de la OVE, compartir aciertos y dificultades en la tarea y retomar fuerzas que animen a continuar con esta sublime entrega de tiempo, esfuerzo y oración por los Sacerdotes, Seminaristas y por nuevas vocaciones.

Patronal Santa Elena

La comunidad de Santa Elena celebra su Fiesta Patronal. Este viernes 17 de agosto a las 17:30 será la procesión náutica; a las 19:00, se realizará la misa y a las 20:30, velada folklórica.

El sábado 18 de agosto, a las 00:00 será la entrada de la imagen al templo; a las 10:00, misa por las personas enfermas. Por la tarde a las 16:00 misa y procesión.