Testamento espiritual del Cardenal Estanislao Esteban Karlic

Al cumplirse este lunes 8, el primer mes de fallecimiento del cardenal Estanislao Esteban Karlic, compartimos el escrito de su testamento espiritual. El texto fue realizado de puño y letra en la Casa de María del Monasterio benedictino “Nuestra Señora del Paraná”, de Aldea María Luisa, en la Solemnidad de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo del año del Señor 2024 por quien fuera nuestro arzobispo.
“Llevo en mi corazón a todas las personas que he conocido, a cuantos han sido mis queridos amigos, a cuantos han rezado por mí y me han hecho algún bien”, expresa el escrito.

Testamento espiritual del Cardenal Estanislao Esteban Karlic

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo

La Verdad de la fe católica es la que confieso como luz, la luz con la que pido al Señor me ilumine para hacer este testamento.  Me pongo ante la Misericordia Divina rogando me envuelva con su amor redentor en el último momento de mi vida terrena.

Doy gracias a Dios por el amor que me regaló desde antes de la creación en Cristo Redentor.  Le doy gracias porque desde antes de la creación Dios Padre dispuso el proyecto de amor redentor en Cristo su Hijo y en la Iglesia, su Cuerpo místico.

El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio de Cristo, Camino, Verdad y Vida.  Todos los hombres de la historia estamos en este designio, no en otro.  Según este designio he querido vivir. Y en él están incluidos todos los dones que he recibido: la vida que me dio el Señor a través de mis queridos padres, que desde su Croacia natal fueron recibidos por esta tierra argentina, generosa y acogedora, en la que pudieron crecer como familia, trabajar y dar un futuro a sus hijos;  doy gracias por el inmenso don del bautismo,  por la educación que recibí en el seno familiar junto a mis hermanas, Milka y Catalina, en mi pueblo natal, Oliva, y en Córdoba.  El Colegio Monserrat me dio no sólo una formación humana estupenda, sino una multitud de maestros y amigos entrañables que me acompañaron a lo largo de toda mi existencia, amistades inolvidables prolongadas no pocas veces a través de sus hijos.  En la Acción Católica de los años 40 recibí el profundo amor a la eucaristía frecuente y a la fidelidad a Dios en toda la conducta, que nos impulsaba a los jóvenes entonces a entregar la vida en la santidad cotidiana.   En ese ambiente maduró el llamado de Dios a la vida sacerdotal.  Mi  paso por la Universidad de Córdoba, aunque breve, dejó una huella importante en mi formación.  En el Seminario de Córdoba, el Colegio Pio Latinoamericano de Roma y la Universidad Gregoriana,  el Señor me prodigó múltiples bienes, en conocimientos y en personas.

Agradezco inmensamente la gracia del orden sagrado que me llevó a vivir parte de mi servicio a la Iglesia en la querida Arquidiócesis de Córdoba, como presbítero primero y como obispo auxiliar luego, junto al Cardenal  Raúl Primatesta que siempre fue para mí un modelo de virtudes y de santidad episcopal.  De la entrañable Córdoba conservo la invitación permanente a la vida santa y vínculos profundos con innumerables miembros de toda la Iglesia diocesana: sacerdotes, consagrados y laicos.

A la Arquidiócesis de Paraná que me acogió como su Arzobispo y en la que permanezco como emérito, a todos sus sacerdotes, a sus consagrados y laicos, a cuantos me acompañaron fielmente en la curia,  con quienes compartí y comparto tantos años de vida, mi más profunda gratitud, porque fui testigo de sus claros y espléndidos testimonios de fidelidad al Evangelio que me dieron fuerza para los combates espirituales. 

A la Arquidiócesis de Buenos Aires, en cuya Facultad de Teología fui profesor varios años, le agradezco la gracia de haber conocido y acompañado a algunos de sus miembros en su amor a la Verdad revelada y la posibilidad de profundizar en su misterio, en diálogo con profesores y amigos de muy alto nivel académico y espiritual y de exquisita calidad humana.  Entre ellos no quiero dejar de mencionar al querido  Lucio Gera, que fue un verdadero hermano para mí.  Otras grandes y valiosas amistades de mi vida tuvieron su origen allí.

A mis hermanos obispos quiero agradecer muy profundamente su testimonio de fidelidad a su ministerio, y la confianza que depositaron en mi persona con las responsabilidades que me asignaron.  Confío en que las penas y dificultades que afrontan en el ejercicio de su ministerio en estos tiempos, sirvan para fortalecerlos e impulsarlos a continuar sin desfallecer en la senda de Cristo.

En su inmensa bondad, el Señor quiso también regalarme relaciones entrañables con el episcopado latinoamericano que luego se extendieron hasta América del Norte, así como también con obispos de otras partes del mundo con quienes tuve la gracia de compartir trabajos y responsabilidades que me enriquecieron enormemente.  Doy especialmente gracias por mis vínculos con la Iglesia en Alemania, que tanta ayuda dispensó a la Arquidiócesis de Paraná, en particular a los párrocos y fieles de  la parroquia Santa Margarita de Sulzbach-am-Main, en la diócesis de Würzburg,   y por la prolongada, generosa y estable relación con los miembros de la Parroquia de la Santísima Trinidad, de la Diócesis de Chur, en Adliswil,  Suiza, cuya amistad aún me honra. A todos ellos mi gratitud y bendición.

San Juan Pablo II me distinguió inmerecidamente designándome miembro del Comité de Redacción del Catecismo de la Iglesia Universal, y así me permitió vivir una experiencia extraordinaria del  amor universal de la Iglesia por todos los hombres.

Con la elevación al cardenalato que hizo de mi pobre persona el Papa Benedicto XVI, recibí nuevamente una gracia inmerecida,  que me ayudó a servir  con mayor cercanía al Santo Padre y a sus colaboradores. 

A la Orden de San Agustín, que me hizo miembro suyo en 2005, le agradezco la riqueza espiritual que me aportó así como la cordial acogida que me dispensó año tras año en mis viajes a Roma. 

Ante el Señor puedo decir sin temor a exagerar que se cumplió acabadamente en mí Su promesa a quienes se entreguen a Él, del ciento por uno en hermanos y bienes.  Todas éstas fueron gracias muy grandes  y ante tantos dones recibidos no puedo más que agradecer y pedir sinceramente perdón por mi pobre respuesta a tanto bien.

Pido perdón de todo corazón a nuestro Señor y a todos aquellos a quienes pueda haber lastimado con mis pecados.  Les ruego que me encomienden a la Misericordia Divina.  Quiero a mi vez perdonar a quienes me hayan ofendido.  Pido al Señor me regale un corazón misericordioso. 

A quienes se hayan sentido afectados por mis actos u omisiones en el ejercicio de mi ministerio, les reitero mi más profundo pedido de perdón y la promesa de mi oración para que el Señor sane sus heridas, que no quise infligir voluntariamente pero que sé  los afectan aún hoy. 

Sé que me encontraré cuando el Señor disponga, ante el juicio divino, pero – con palabras de Benedicto XVI- sé  también, que mi Juez es al mismo tiempo mi Abogado, que quiso cargar sobre Sí la multitud de mis pecados y se entregó voluntariamente por mí a la muerte y muerte de cruz.  Me entrego, pues, confiado, a la Divina Misericordia con la certeza que me da la fe cristiana.

(…)

Pido ser sepultado con las vestimentas de Cardenal que generosamente me regaló mi amigo ya difunto, el Cardenal William Levada,  en la Catedral de Paraná,  con la casulla que me regaló la comunidad de Santa Margarita de Sulzbach am Main con motivo de mi ordenación episcopal en 1977, sea en el altar del Santísimo Sacramento o en la Capilla del Santísimo, si es que se lleva a cabo el proyecto de hacerla.  Con mi sepultura en dicho lugar quiero significar que el sacrificio de mi vida no ha sido sino el querer ser asumido como persona en el mismo sacrificio de Cristo, hecho presente en la Santísima Eucaristía.

A los miembros sobrevivientes de mi familia de la sangre, en primer lugar a mi sobrina Cristina Ferrero y a su familia, les dejo la memoria de mi amor y agradecimiento, por su caridad en la vida familiar, pidiendo al Señor los colme de Su gracia y santidad para el reencuentro definitivo en el Cielo.

Al Señor Arzobispo de Paraná, Monseñor Juan Alberto Puiggari, mi gratitud por sus años de servicio fiel como Obispo Auxiliar, y por su indiscutible fraternidad como Arzobispo.

A las Monjas benedictinas del Monasterio Nuestra Señora del Paraná, mi gratitud y bendición, por su cordial y permanente acogida, y por su asistencia y caridad en los últimos tiempos, bendición que extiendo a la Abadía del Gozo de María y a todas sus monjas, y a la Abadía de Santa Escolástica.

Al pueblo que peregrina en la Argentina le digo que he querido servir a mi bendita  patria con toda el alma, soñando para ella una vida de auténtica fraternidad, como hijos del mismo Padre,  basada en el genuino respeto y diálogo para dar a todos la oportunidad de vivir la vida a la altura de la generosidad que el Señor ha tenido con esta tierra a la que ha colmado de tantos y tan espléndidos dones.  Comprometo mi oración para que todos los argentinos seamos capaces de ponernos de pie y salir con sabiduría, valentía y de verdad de la pobreza material y espiritual en que lamentablemente nos hemos sumergido con el paso de los años.  Quiera el Señor perdonar  nuestros muchos pecados y darnos la gracia de una auténtica conversión moral para hacerlo posible.

En esta memoria final no quiero olvidar a nadie. Por eso llevo en mi corazón a todas las personas que he conocido, a cuantos han sido mis queridos amigos, a cuantos han  rezado por mí y me han hecho algún bien, y también a quienes les ha sido más difícil amarme.

Que María Santísima me acoja en su amor de Madre, como lo hace con su Hijo y con todos los santos.

Amén.

                                                            Cardenal Estanislao Esteban Karlic

                                                                Arzobispo Emérito de Paraná

En la Casa de María del Monasterio benedictino Nuestra Señora del Paraná, de Aldea María Luisa, en la Solemnidad de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo del año del Señor 2024

Ciclo de Charlas: La Iconografía del Misterio Trinitario

La Delegación de Bienes Culturales del Arzobispado invita a un ciclo de charlas sobre «La iconografía del misterio trinitario».

Las conferencias, a cargo del Pbro. Lic. Daniel M. Silguero, se llevarán a cabo en la Sala Bazán y Bustos durante tres viernes de septiembre, a las 18:30 hs.

Programa:

Viernes, 12 de septiembre: La primera Persona, el Padre.

Viernes, 19 de septiembre: La segunda Persona, el Hijo.

Viernes, 26 de septiembre: La tercera Persona, el Espíritu Santo.

La entrada es libre y gratuita, y se solicita una contribución voluntaria.

El refugio de Cáritas Paraná seguirá funcionando

El refugio de Cáritas Paraná -habilitado para personas en situación de calle durante el invierno- seguirá brindando su servicio hasta el próximo 6 de enero.

“Agradecemos infinitamente a todos los grupos y pastorales que se sumaron hasta el 31 de agosto, a servir a los hermanos en situación de calle.

Después de un discernimiento del equipo con Monseñor Raúl y los voluntarios que acompañaron, seguiremos abiertos hasta el 6 de enero”, se indicó desde la institución.

En ese sentido, agradecieron además al “Hogar de Cristo con quienes compartimos y coordinamos este servicio y a la Municipalidad de Paraná, con quienes trabajamos articuladamente”, concluyeron.

Comunicado de la Arquidiócesis de Paraná

Como es de público conocimiento, y tal como hemos hecho saber en el Encuentro de Equipos Directivos de inicio de año, la justicia se encuentra investigando al señor Víctor Adrián Godoy, quien era representante legal de varias escuelas que dependen de nuestro Arzobispado.

La investigación se inició a raíz de la denuncia presentada por el Consejo General de Educación, por presuntas adulteraciones en las rendiciones.

El Arzobispado de Paraná se puso desde el inicio a disposición para colaborar con la Justicia. En su momento se constituyó también como querellante.

La jueza de Garantías de Paraná, Dra. Paola Firpo, dispuso el levantamiento del secreto bancario y fiscal del imputado en el marco de la causa por el presunto delito de Defraudación a la Administración Pública.

Confiamos en el trabajo de quienes están a cargo de este proceso judicial. Como Iglesia, reiteramos nuestro compromiso con la verdad y la justicia, en fidelidad a la misión pastoral y educativa que nos ha sido confiada.

Paraná, 2 de septiembre de 2025

Arzobispado de Paraná

Jornada Nacional de la Infancia y Adolescencia Misionera

La Jornada Nacional de la Infancia y Adolescencia Misionera (IAM) conmemoró los 182 años de la fundación de esta obra. En nuestra arquidiócesis, el 23 de agosto se organizó un encuentro especial en el Santuario «La Loma», aprovechando la gracia del Jubileo para quienes peregrinan a este lugar. Alrededor de 200 niños y adolescentes, junto a sus animadores, participaron en la jornada. Asistieron no solo grupos de la IAM de Paraná, sino también de localidades como Crespo, Oro Verde, Colonia Avellaneda, Valle María y San Benito.

Desde la mañana, los asistentes compartieron diversas actividades, incluyendo juegos, talleres y momentos de espiritualidad. Se realizó una Adoración Eucarística frente a la Puerta Santa, seguida de un almuerzo comunitario. La jornada culminó con la celebración de la misa, presidida por nuestro Arzobispo, Monseñor Raúl Martín, quien visitaba el santuario por primera vez.

La Infancia y Adolescencia Misionera busca que los jóvenes se acerquen a Jesús y ayuden a otros a conocerlo. Este encuentro fortalece la identidad de la obra misionera y anima a los participantes a seguir creciendo en su carisma. En otras zonas más distantes de la arquidiócesis, también se llevaron a cabo actividades similares para celebrar este día.

Cuarta Peregrinación de Madres

El próximo 7 de septiembre el grupo de madres Gianna Beretta Molla organiza una peregrinación donde se invita a madres, esposas, novias, consagradas y jóvenes mayores de 18 años.
Todas llamadas a desplegar la maternidad física o espiritual sobre este mundo que clama por el renacer del espíritu verdaderamente femenino.
Caminaremos ofreciendo este sacrificio por los grandes amores:

DIOS, PATRIA, FAMILIA, VIDA.
“Es con la sangre del sacrificio que el amor se afirma y se confirma.”
Sta Gianna Beretta Mollar

Compartimos el link de inscripción

🔗 https://forms.gle/rxRuPy5KxHq4kMVEA

Misa de Envío de la Acción Católica Arquidiocesana

El arzobispo de Paraná, Monseñor Raúl Martín, presidió la misa de envío de quienes participarán en la 31° asamblea Federal de Acción Católica, que tendrá lugar en la arquidiócesis de Tucumán.

La celebración tuvo lugar este domingo 10, en la iglesia Catedral y allí el arzobispo invitó a los jóvenes “a llevar el Evangelio con alegría, hacer misioneros en cada lugar llevando la palabra con esperanza y la alegría del encuentro”.

En el momento final de la bendición les expresó que no van solos: “Van con la oración y la compañía de toda la arquidiócesis y sobre todo con el testimonio alegre de los siervos de Dios de nuestra Iglesia particular”.

Homilía en la Misa Exequial del Cardenal Estanislao Esteban Karlic 

Este sábado 9 se desarrolló en la Catedral Metropolitana la Misa Exequial en la que la feligresía local le dio su último adiós al Cardenal Estanislao Esteban Karlic.
La ceremonia religiosa fue presidida por Monseñor Raúl Martín y contó con la presencia del Obispo de Rafaela, Pedro Torres; el Obispo Auxiliar de La Plata Alberto Bochatey y el Obispo de Villa María Samuel Jofre.
Monseñor Juan Alberto Puiggari, Arzobispo emérito de Paraná pronunció la homilía para despedir al Cardenal quien falleció este viernes 8 a la edad de 99 años.
“La muerte, aunque siempre dolorosa, para un creyente no es el final, sino el paso a la vida plena prometida por Cristo”, expresó Puiggari en la homilía, en la que destacó su figura como hombre de Eucaristía, hombre de Iglesia y hombre de la Verdad.
A continuación compartimos el texto completo.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo: 

Hoy nos congrega la fe y el afecto para despedir a nuestro hermano y pastor, el Cardenal Estanislao Esteban Karlic, que ha partido a la Casa del Padre. La muerte, aunque siempre dolorosa, para un creyente no es el final, sino el paso a la vida plena prometida por Cristo: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en , aunque muera, vivirá» (Jn 11,25). Como decía San Agustín «La muerte es la compañera del amor, la que abre la puerta y nos permite llegar a Aquel que amamos» y San Alberto Hurtado nos recordaba que «la vida se nos ha dado para buscar a Dios, la muerte para encontrarlo, la eternidad para poseerlo»; por eso podemos hacer nuestras las palabras del Apocalipsis y exclamar con gozo: «Bienaventurados los que mueren en el Señor». 

Con insistencia, el Cardenal, nos recordaba que la Eucaristía es la acción de gracias de Jesucristo por el don de la creación, de la recreación en Jesucristo, de la santificación y de la prenda de la vida eterna. En esta tarde esta Eucaristía adquiere un sentido muy profundo para nosotros, porque nos asociamos a la Pascua del querido Cardenal dando gracias por su vida y por su servicio Cuánto para agradecer a Dios!!! 

La homilía de un funeral no es para hacer un panegírico de la persona pero si para agradecer Dios todo los que nos regaló por medio de ella, Los regalos de Dios son personas, como el gran regalo es Jesucristo. 

Cuánto regaló Dios a la Iglesia por medio del Cardenal, en sus primeros años en su querida Córdoba, como docente que enseñaba lo que vivía y lo hacía amar, Desde entonces, dedicó su vida al ministerio pastoral y a la enseñanza teológica, formando a generaciones de sacerdotes y laicos en la fe y la doctrina de la Iglesia. También en Buenos Aires y en Paraná.

Cuánto regaló Dios a la Iglesia por medio de su persona como Obispo Auxiliar de Córdoba y luego Arzobispo de Paraná. 

Cuánto a la Iglesia Argentina como vicepresidente primero y segundo y luego como presidente en dos periodos de la Conferencia Episcopal. Como presidente de varias Comisiones Episcopales, Delegado a varios Sínodos y tantas otras tareas. 

Cuanto regaló a la Iglesia Universal como miembro del Comité para la Redacción del catecismo de la Iglesia católica, como Consejero de la Comisión Pro América Latina y Expositor de la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo. 

Y cuánto regalo Dios nuestra querida Argentina, en momentos difíciles, como hombre de diálogo, de pacificación durante la tremenda crisis del 2001, especialmente como artífice de la mesa de Diálogo. 

Y cuánto regalo Dios a nuestra Provincia, animando la mesa por el trabajo en esos años de desencuentro, tratando de mediar y pacificar corazones. En su testamento dejo escrito: «Al pueblo que peregrina en la Argentina le digo que he querido servir a mi bendita patria con toda el alma, soñando para ella una vida de auténtica fraternidad, como hijos del mismo Padre, basada en el genuino respeto y diálogo para dar a todos la oportunidad de vivir la vida a la altura de la generosidad que el Señor ha tenido con esta tierra a la que ha colmado de tantos y tan espléndidos dones. Comprometo mi oración para que todos los argentinos seamos capaces de ponernos de pie y salir con sabiduría, valentía y de verdad de la pobreza material y espiritual en que lamentablemente nos hemos sumergido con el paso de los años. Quiera el Señor perdonar nuestros muchos pecados y darnos la gracia de una auténtica conversión moral para hacerlo posible». 

Cuánto nuestra Arquidiócesis. Fue un soñador y gracias a ello, Paraná pudo tener la gracia inmensa e histórica de la visita del Santo Padre San Juan Pablo II. Por sus sueños se hizo realidad el COMLA VI CAM I que llenó de entusiasmo misionero a nuestra Diócesis. 

Cuántas otras acciones animando las pastorales, promoviendo la iniciación cristiana, la formación para los Seminaristas, consagrados y laicos y tantas otras, imposible de enumerar que nos llevan a exclamar un enorme MAGNIFICAT!!! Pastor y maestro en la fe.

Y haciendo síntesis de su vida podríamos decir que fue una vida entregada al servicio de Dios, de la Iglesia y de nuestra patria. 

1. Hombre de Eucaristía 

La Eucaristía fue el centro y la fuente de su vida sacerdotal y episcopal. Cada Misa que celebró, cada hora de adoración, cada homilía en torno al Pan de Vida, fue un acto de amor al Señor presente en el Santísimo Sacramento. Él sabía que allí se alimenta la Iglesia, allí se renueva el sacrificio redentor y allí el pastor encuentra fuerza para cuidar a su rebaño. Quienes lo conocieron saben que no sólo hablaba de la Eucaristía: la vivía, la respiraba, y nos invitaba a todos a ponerla en el centro de nuestras vidas. Con cuanta pasión citaba aquella frase del concilio «La Eucaristía es fuente y culmen de la vida de la Iglesia» Celebró la misa diariamente, incluso en sus últimos tiempos aun en medio de las dificultades más grandes. Con sus 99 años, da cada día daba gracias a Dios por su sacerdocio para siempre. Como repetía una y otra vez: hijo de Dios, sacerdote  para siempre. Su fidelidad a la celebración diaria continúo hasta su última enfermedad. 

2. Hombre de Iglesia 

Su amor a la Iglesia fue incondicional, sin reservas ni cálculos. La sirvió en los tiempos de gozo y en las horas de prueba, con lealtad al Papa y comunión fraterna con los obispos, sacerdotes, consagrados y laicos. Tenía un profundo sentido de pertenencia: no concebía la fe como algo aislado, sino como comunión viva en el Cuerpo de Cristo. Su ministerio episcopal en Paraná fue un constante esfuerzo por unir, sanar heridas y conducir con firmeza y mansedumbre a la grey que el Señor le confió. 

Sintió con la la Iglesia, sufrió con sus dificultades, gozo con sus logros evangelizadores. 

3. Hombre de la Verdad 

En un mundo tentado por la confusión y la ambigüedad, el Cardenal Karlic fue un testigo valiente de la verdad del Evangelio. No buscó agradar a los hombres, sino ser fiel a Dios. Anunció la Palabra sin recortes ni acomodos, pero con caridad pastoral, convencida de que sólo la verdad libera. Ese amor a la verdad lo encaminaba a buscarla en cada cosa que veía y que le tocaba hacer. Su predicación y sus escritos quedaron marcados por la claridad doctrinal y la luz de la fe con el deseo que fuera conocida y gozada por todos y su gran preocupación pasaba por qué más podíamos hacer para que sus hermanos pudieran disfrutarla. Este amor por la verdad estaba en el corazón del teólogo. Toda conversación se terminaba hablando de Dios. Hay que hacer teología hasta de los zapatos, solía decir citando a otro gran sacerdote. Todo hablaba de Dios, todo llevaba a Dios.

Anoche una monjita recordaba que él le decía con fuerza y reiteradamente «al cielo se va con la Verdad», «por sólo permanecer en la verdad».

A lo largo de su vida, el Cardenal Karlic se destacó por su humildad, su capacidad de diálogo y su compromiso con la unidad de la Iglesia. Fue un hombre de oración, de escucha atenta y de profunda sensibilidad pastoral, siempre dispuesto a servir con generosidad y entrega. Escuchó a todos.

Siempre manifestó una sencilla espiritualidad mariana, confiándole todas sus misiones. Desgranaba las cuentas del Rosario en sus viajes a pesar que el sueño lo vencía. 

Cuando uno llega a la madurez espiritual va simplificando el Evangelio y sus ideas fundamentales. Hay algunas ideas reiteradas que descubre su alma: 

«No tengo otra razón de la que soy, sino una participación del misterio del sacerdocio de Jesús, eso me ha hecho muy feliz siempre… Ser un sacramento, participación real del misterio del misterio de Jesús para gloria suya porque quiero manifestar su amor al mundo… Lo más lindo de mi sacerdocio es el misterio de servir a los hombres y mostrarles el camino hacia Dios.» 

Recordaba su infancia y decía «cuando mis padres me gestaron comenzó mi eternidad y nos jugamos la vida en cada acto de libertad». 

«El tiempo no es algo que pasa sino Alguien que viene” Ya se encontraron Cardenal… 

No quiero terminar sin agradecer a Haydee Copati, su secretaria fiel, a la Comunidad de la Benedictinas, que lo hicieron anticipar el cielo, como solía decir y en estos tres meses a la Residencia Buen Pastor que lo cuido con tanto amor. 

Encomendamos su alma al Señor, confiando en que ya goza de la plenitud de la vida eterna. Descanse en paz, querido Cardenal. Tu vida entregada, tu amor a la Eucaristía, a la Iglesia y a la Verdad, serán siempre semilla fecunda para nuestra comunidad A la Virgen del Rosario, Madre y Patrona de nuestra arquidiócesis, le confiamos su alma. Que Ella lo reciba como madre, lo conduzca al encuentro con Cristo y lo presente ante el Padre como ofrenda agradable.

Conferencia Episcopal: “Cercanía en momentos de tristeza esperanzada”

La Conferencia Episcopal Argentina expresó su “cercanía a toda la Iglesia que peregrina en Paraná en estos momentos de tristeza esperanzada por la partida de este suelo del Cardenal Karlic, quien fuera pastor de esta Iglesia diocesana durante casi veinte años”.
A través de una carta dirigida al arzobispo de Paraná Mons. Raúl Martín; el presidente de la CEA Marcelo Daniel Colombo destacó “la lucidez intelectual del Card. Karlic. Agudeza que puso al servicio de la teología en la enseñanza y en la promoción de esta disciplina en el mundo académico lo que tuvo su corolario al ser elegido miembro de la Comisión redactora del Catecismo de la Iglesia Católica. La pasión del cardenal por la Academia lo llevó a impulsar la creación de la Comisión Episcopal de Pastoral Universitaria de la que fue su primer presidente”.
“Pedimos al Señor que lo reciba en la casa del Padre dando cumplimiento a su palabra: ‘servidor bueno y fiel, entra a participar del gozo de tu señor’”, afirma la misiva firmada también por el Secretario General de la CEA, Raúl Pizarro.

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