Marcha Juvenil de las Siete Iglesias

Como cada año, este Viernes Santo se realizará una nueva edición de la Marcha de las Siete Iglesias. El 30 de marzo la Peregrinación partirá desde Catedral a las 20.00 y recorrerá:

Mercedarias.

Hospital San Martín.

Nuestra Señora de la Piedad.

Jesús Misericordioso.

Nuestra Señora de Lourdes.

San Miguel.

La actividad está organizada por Pastoral de la Juventud.

 

Horarios de celebraciones y actividades que presidirá Mons. Juan Alberto Puiggari

28 de marzo: Miércoles Santo: 19.00: Misa Crismal. Catedral

29 de marzo: Jueves Santo: 20.30. Misa de la Cena del Señor. Catedral

30 de marzo. Viernes Santo:

9.30: Cárcel de mujeres

16.30: Celebración de la Pasión del Señor. Catedral

20.30: Marcha Juvenil. Sale de Catedral

 

31 de marzo: Sábado Santo: 21:00 Vigilia Pascual. Catedral

Tercera Acampada Juvenil Arquidiocesana

En Villaguay, el fin de semana del 14 y 15 de abril, se realizará la tercera edición de la Acampada Juvenil Arquidiocesana.

Esta acampada tiene como finalidad convocar a jóvenes entre 16 y 30 años,  que estén o no colaborando en la comunidades (parroquia, capillas, colegios, etc.).

Será un espacio para vivir momentos de formación, recreación y espiritualidad y para el encuentro además con Monseñor Juan Alberto Puiggari, sacerdotes, consagrados, laicos y jóvenes de la arquidiócesis.

Según se informó desde la organización la acampada será en el predio del Regimiento de Infantería Mec.N°5 Gral. Félix Olazabal.

Los interesados en participar pueden inscribirse hasta el 8 abril. Por más información escribir a acampada.juvenil.arq@gmail.com

Vía Crucis Viviente

Este Viernes Santo (30 de marzo), se realizará una nueva edición del Vía Crucis Viviente.

La vigésima séptima edición de esta representación se llevará a cabo en el predio del kilómetro cinco y medio y en ella participarán más de 100 actores con una vestimenta adecuada a la época.

Se brindarán gratuitamente sillas, tribunas y un amplio estacionamiento iluminado y custodiado. Asimismo, se recomienda asistir con un abrigo adicional y un sillón para mayor comodidad.

La comunidad de la Capilla Nuestra Señora del Perpetuo Socorro recuerda que la actividad es con entrada libre y gratuita.

Viernes Santo: Retiro

Desde el Movimiento Apostólico de Schoenstatt a través de la Liga de Familias, invitan a un Retiro que tendrá lugar este viernes Santo (30 de marzo) en el Santuario La Loma.

Se trata de una propuesta dirigida a parejas y matrimonios en la que disertará el Pbro. Ricardo Abalde.

La actividad comenzará a las 9.00 y culminará alrededor de las 12.30. Los interesados pueden comunicarse al 155 184185 (Claudio) o al 155 217966 (Mónica).

Cena de la Caridad

Como cada año, se renueva la oportunidad de participar de la Cena de la Caridad. El viernes 23, la Parroquia de Nuestra Señora de Luján –Santo Domínguez y 4 de enero-, será sede de este espacio en el que se nos invita a vivir el espíritu de la Cuaresma ofreciendo por quienes más lo necesitan. En la cena se comparte un simbólico plato de arroz, agua y pan.

Inspirado en un fragmento del mensaje del Papa Francisco para esta Cuaresma: “Dios siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo”, la actividad está organizada por Cáritas. El costo de la tarjeta se fijó en $70 (pesos setenta) y se puede adquirir en la secretaria parroquial.

La actividad comenzará a las 21.00 y lo recaudado quedará para cada Cáritas Parroquial.

 

Domingo de Ramos – Comenzamos a contemplar la vida plena

Este domingo 25 de marzo se celebramos el Domingo de Ramos. Se da comienzo a la semana donde contemplamos el misterio de la Vida Plena manifestado en Cristo

La Iglesia argentina, a través de la Comisión Episcopal de Laicos y Familia y de la Comisión Episcopal de Comunicación Social, propone un gesto a nivel nacional: “invitamos a toda la comunidad eclesial a unirnos especialmente en la procesión de los ramos, llevando adelante juntos un gesto que exprese nuestro anhelo de cuidar y respetar la vida como un DON. Preparar los ramos que usaremos en nuestras celebraciones uniendo a ellos la siguiente frase impresa: VALE TODA VIDA. El sentido es que esos ramos puedan ser agitados para aclamar la VIDA. Y entrar en la Semana Santa unidos al Señor”.

A través de una carta, fechada el 17 de marzo, se recuerda además que el domingo también se celebra el Día Del Niño por Nacer y que muchos participarán de diversas marchas organizadas por grupos de laicos que invitan a expresar la defensa de la vida por nacer: “Acompañamos a quienes participan y que utilizan el derecho a la libertad de expresión propio de la democracia y anhelamos que esta y otras manifestaciones las vivamos como una oportunidad y seamos así, como dice el Papa Francisco: “canales del bien y de la belleza, para que puedan hacer su aporte en la defensa de la vida y la justicia.”

Jornada de Oración en Santa Rafaela

Con motivo de acercarse la Semana Santa y el día del niño por nacer, el grupo de adultos y jóvenes de Acción Católica de la comunidad de Santa Rafaela está organizando una Adoración abierta por la vida.

La Adoración será este sábado 24 a partir de las 20:00 en la Parroquia. Participará la Banda Jeser. Se invita a todos quienes participar y prepararse espiritualmente para el tiempo de Semana Santa y orar por los niños por nacer.

Catequesis del Papa

Compartimos el texto completo de la catequesis durante la Audiencia General del miércoles 21. Francisco habló de lo que significa recibir la Comunión en Misa.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Y hoy es el primer día de la primavera: ¡buena primavera! ¿Pero qué pasa en primavera? Las plantas florecen, los árboles florecen. Os haré algunas preguntas. Un árbol o una planta enfermos, ¿florecen bien si están enfermos? ¡No! Un árbol, una planta que no es regada por la lluvia o artificialmente, ¿puede florecer bien? No. Y un árbol y una planta de la que se han arrancado las raíces o que no tiene raíces, ¿puede florecer? No. Pero sin raíces, ¿se puede florecer? ¡No! Y este es un mensaje: la vida cristiana debe ser una vida que debe florecer en obras de caridad, en hacer el bien. Pero si no tienes raíces, no podrás florecer, y la raíz ¿quién es? Jesús! Si no estás con Jesús, allí, en la raíz, no florecerás. Si no riegas tu vida con la oración y los sacramentos, ¿tendrás flores cristianas? ¡No! Porque la oración y los sacramentos riegan las raíces y nuestra vida florece. Os deseo que esta primavera sea una primavera florida para vosotros, como será la Pascua florida. Florida de buenas obras, de virtud, de hacer el bien a los demás. Recordad esto, este es un verso muy hermoso de mi país: «Lo que el árbol tiene de flor, viene de lo que tiene enterrado». Nunca cortéis las raíces con Jesús.

Y continuemos ahora con la catequesis de la santa misa. La celebración de la misa, de la que estamos recorriendo los varios momentos, se ordena a la Comunión, es decir a unirnos con Jesús. La comunión sacramental, no la comunión espiritual, que puedes hacer en casa diciendo: “Jesús, yo querría recibirte espiritualmente”. No, la comunión sacramental, con el cuerpo y la sangre de Cristo. Celebramos la Eucaristía para alimentarnos de Cristo, que se nos da tanto en la Palabra como en el Sacramento del altar, para conformarnos a él. Lo dice el Señor mismo:. «El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él «(Jn 6:56). Efectivamente, el gesto de Jesús que dio a sus discípulos su Cuerpo y su Sangre en la Última Cena, continúa todavía hoy a través del ministerio del sacerdote y del diácono, ministros ordinarios de la distribución a los hermanos del Pan de la vida y del Cáliz de la salvación.

En la misa, después de haber partido el Pan consagrado, es decir, el cuerpo de Jesús, el sacerdote lo muestra a los fieles, invitándolos a participar en el banquete eucarístico. Conocemos las palabras que resuenan en el altar sagrado: «Bienaventurados los invitados a la Cena del Señor: este es el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo». Inspirado por un paso del Apocalipsis – «Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero» (Ap 19,9): dice “bodas” porque Jesús es el esposo de la Iglesia, – esta invitación nos llama a experimentar la unión íntima con Cristo, fuente de alegría y santidad. Es una invitación que alegra y al mismo tiempo empuja a un examen de conciencia iluminado por la fe. Si, por un lado, vemos la distancia que nos separa de la santidad de Cristo, por otra, creemos que su Sangre es «derramada para la remisión de los pecados».  Todos nosotros hemos sido perdonados en el bautismo, y todos nosotros somos perdonados o seremos perdonados cada vez que nos acercamos al sacramento de la penitencia. Y ¡no lo olvidéis! Jesús perdona siempre. Jesús no se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Precisamente pensando en el valor salvífico de esta Sangre, San Ambrosio exclama: «Yo que siempre peco, siempre debo disponer de la medicina» (De sacramentis, 4, 28: PL 16, 446A). En esta fe, también nosotros dirigimos la mirada al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo y le invocamos: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme». Esto lo decimos en cada misa.

Si somos nosotros los que vamos en procesión para hacer la Comunión, nosotros vamos en procesión hacia el altar para comulgar, en realidad es Cristo quien viene a nosotros para asimilarnos a él. ¡Hay un encuentro con Jesús! Alimentarse de la Eucaristía significa dejarse cambiar en cuanto recibimos. San Agustín nos ayuda a entenderlo, cuando nos habla de la luz que recibió cuando sintió que Cristo le decía: «Yo soy el alimento de los grandes. Crece, y me comerás. Y no serás tú el que me transformará en ti, como el alimento de tu carne; sino que tú serás transformado en mí «(Confesiones VII, 10, 16: PL 32, 742). Cada vez que comulgamos, nos asemejamos más a Jesús, nos transformamos más en Jesús. Así como el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor, del mismo modo los que los reciben con fe se transforman en Eucaristía viviente. Al sacerdote que, cuando  distribuye  la Eucaristía, te dice: «El Cuerpo de Cristo», tu respondes: «Amén», es decir, reconoces la gracia y el compromiso que conlleva convertirse en el Cuerpo de Cristo.  Porque cuando tu recibes la Eucaristía te vuelves cuerpo de Cristo. ¡Es hermoso esto; es muy hermoso! Al mismo tiempo que nos une a Cristo, arrancándonos de nuestro egoísmo, la Comunión nos abre y nos une a todos aquellos que son uno en Él. Este es el prodigio de la Comunión: ¡nos convertimos en lo que recibimos!

La Iglesia desea fervientemente que los fieles también reciban el Cuerpo del Señor con las hostias consagradas en la misma misa; y el signo del banquete eucarístico es más completo si la santa Comunión se hace bajo las dos especies, aun sabiendo que la doctrina católica enseña que también bajo una sola  de las dos especies se recibe a  Cristo todo e íntegro (cf. Instrucción General del Misal Romano, 85; 281-282). Según la práctica eclesial, el fiel se acerca a  la Eucaristía normalmente en forma de procesión, como hemos dicho,  y comulga de pie con devoción, o de rodillas, tal como establece  la Conferencia Episcopal, recibiendo el Sacramento en la boca o, donde haya sido concedido, en la mano, según desee (ver OGMR, 160-161). Después de la Comunión, nos ayuda a custodiar  en nuestros corazones el don recibido el silencio, la oración silenciosa. Alargar un poco ese momento de silencio, hablando con Jesús en el corazón nos ayuda mucho, así como un salmo o un himno de alabanza IGMR, 88) que nos ayude a estar con el Señor.  (Véase IGMR, 88).

La Liturgia Eucarística se concluye con la oración después de la Comunión. En ella, en nombre de todos, el sacerdote se dirige a Dios para agradecerle de habernos hecho invitados suyos y para pedir que lo que se ha recibido transforme nuestra vida. La Eucaristía nos hace fuertes para dar frutos de buenas obras y para vivir como cristianos. Es significativa la oración de hoy, en la que  pedimos al Señor que «el sacramento que acabamos de recibir sea medicina para nuestra debilidad, sane las enfermedades de nuestro espíritu y nos asegure tu constante protección» (Misal Romano, miércoles de la 5ª semana de Cuaresma). Acerquémonos a la Eucaristía: recibir a Jesús que nos transforma en Él nos hace más fuertes. ¡Qué bueno y qué grande es el Señor!