Catequesis del Papa -30/05

 

A continuación compartimos el texto completo de la Audiencia General de este miércoles 30 de mayo. Francisco recordó los compromisos de quienes reciben el sacramento de la Confirmación.

 

“Queridos hermanos y hermanas:

 

Continuando con el tema de la Confirmación o Cresimación, hoy deseo resaltar la “íntima relación de este sacramento con toda la iniciación cristiana» (Sacrosanctum Concilium, 71).

 

Antes de recibir la unción espiritual que confirma y fortalece la gracia del bautismo, los que van a ser confirmados están llamados a renovar las promesas hechas un día por sus padres y padrinos. Ahora son ellos mismos los que profesan la fe de la Iglesia, dispuestos a responder «creo» a las preguntas del obispo. Dispuestos, en particular, a creer «en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que hoy os será comunicado de un modo singular por el sacramento de la Confirmación, como fue dado a los Apóstoles el día de Pentecostés» (Rito de Confirmación, No. 26).

 

Ya que la venida del Espíritu Santo requiere corazones reunidos en oración (Hechos 1:14), después de la oración silenciosa de la comunidad, el obispo, con las manos extendidas sobre los que se van a confirmar, suplica a Dios que infunda en ellos su santo Espíritu Paráclito. Uno sólo es el Espíritu, (cf. 1 Cor 12,4) pero viniendo a nosotros trae consigo riqueza de dones: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y santo temor de Dios (cf. Rito de la confirmación, 28-29).

 

Hemos escuchado el pasaje de la Biblia con estos dones que trae el Espíritu Santo. Según el profeta Isaías (11: 2), estas son las siete virtudes del Espíritu derramadas sobre el Mesías para el cumplimiento de su misión. También San Pablo describe el abundante fruto del Espíritu que es «amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí» (Gal 5, 22).

 

El único Espíritu distribuye los múltiples dones que enriquecen a la única Iglesia: él es el Autor de la diversidad, pero al mismo tiempo el Creador de la unidad. Así, el Espíritu da todas estas riquezas que son diversas, pero del mismo modo aporta la armonía, es decir la unidad de todas estas riquezas espirituales que tenemos nosotros, los cristianos.

 

Por tradición atestiguada por los Apóstoles, el Espíritu que completa la gracia del bautismo se comunica a través de la imposición de las manos (cf. Hechos 8.15 a 17; 19.5 a 6; Heb 6,2). A este gesto bíblico, para reflejar mejor la efusión del Espíritu que impregna a los que la reciben, muy pronto, para mejor significar el don del Espíritu Santo, se añadió a la imposición de las manos una unción con óleo perfumado (crisma)[1]], mantenida en uso hasta hoy, tanto en Oriente como en Occidente. (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1289).

 

 

El óleo –el crisma- es una sustancia terapéutica y cosmética que, al penetrar en los tejidos del cuerpo cura las heridas y perfuma los miembros; por estas cualidades fue asumido por el simbolismo bíblico y litúrgico para expresar la acción del Espíritu Santo que consagra e impregna al bautizado, embelleciéndolo con carismas.

 

El sacramento es conferido mediante la unción con el crisma en la frente, efectuada por el obispo con la imposición de la mano y con estas palabras: «Recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo»[2].El Espíritu Santo es el don invisible otorgado y el crisma es su sello visible.

 

Al recibir en la frente la señal de la cruz con el óleo perfumado, el confirmado recibe así una huella espiritual indeleble, el «carácter» que lo configura más perfectamente a Cristo y le da la gracia para difundir entre los hombres el «buen olor» (ver 2 Cor 2:15).

 

Escuchemos nuevamente la invitación de San Ambrosio al recién confirmado. Dice así: «Recuerda que has recibido el sello espiritual […] y guarda lo que has recibido. Dios Padre te ha marcado, Cristo el Señor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón como prenda al Espíritu «(De mysteriis 7,42: CSEL 73,106; cf. CIC, 1303). El Espíritu es un don inmerecido, que hay que recibir con gratitud, dejando espacio a su creatividad inagotable. Es un don para conservar con cuidado, para secundar con docilidad, dejándose moldear, como la cera, por su ardiente caridad, ‘para reflejar a Jesucristo en el mundo de hoy’ (ibid.Gaudete et Exsultate, 23).”

Secretariado Nacional Movimiento de Jornadas de Vida Cristiana

La XVI Asamblea Nacional de Secretariados Diocesanos del Movimiento de Jornadas de Vida Cristiana eligió a la arquidiócesis de Paraná como sede del Secretariado Nacional para periodo 2018-2019.

Por esto, mediante decreto Monseñor Juan Alberto Puiggari- de acuerdo a los estatutos, el obispo de la nueva sede cumple funciones de director general-, designó a los presbíteros Eduardo Jacob y Sergio Hayy como directores nacionales. En tanto designó a los integrantes del secretariado nacional a Hernán Barón, Cecilia Tizzoni, Nicolás Senger,  Greta López Müller, Leonel Benavidez, Virginia Scoreanzi, María Squilachi Hernán Maidana.

En tanto, mediante decreto también designó  para el secretariado Arquidiocesano de Jornadas de Vida Cristiana a Fabiola Viviana Dias  como presidente y Marta Rudel como vicepresidente.  Y confirmó al Pbro. Sergio Hayy como Director Diocesano.

“Con Vos Renovamos la Historia”

 

Convocados para renovar la historia, jóvenes de Argentina fueron protagonistas del II Encuentro Nacional de Juventud durante los días 25, 26 y 27 de mayo en la ciudad de Rosario.

 

En el mensaje final dado a conocer al término del Encuentro se expresó: “En estos días hemos compartido la diversidad y riqueza que tiene nuestro país, nos hemos visto cuestionados por la realidad en la que vivimos e interpelados por nuestra historia. También redescubrimos las raíces que con gran anhelo jóvenes soñadores hicieron crecer, dando pasos certeros en un camino de fe que hoy seguimos callejeando.

 

Las necesidades de nuestra sociedad, a las que no podemos ser ajenos, nos demandan un verdadero compromiso para su transformación. Esto no es posible si lo intentamos solos, requiere de todos y cada uno; necesitamos del impulso, de la creatividad, la sinceridad y la sensibilidad que nos son propias. Y así, con la certeza de que Jesús será el guionista en esta aventura, sigamos haciendo camino, escribiendo nuestro presente sin pretender borrar el pasado, sabiendo que aún nos queda mucho por contar.

 

Queremos ser jóvenes que hagan pogo de la esperanza. Que fieles a nuestras convicciones y siendo protagonistas de la iglesia misionera, construyamos una sociedad que no le dé la espalda a la pobreza, ni a la exclusión, sino que procure el bien común, amando en la diversidad y empatizando con los más vulnerables.

 

Nos sostiene la fe en un Dios cercano, amigo, que está entre nosotros, en las sonrisas, las miradas, los abrazos, en los gestos concretos con los demás. Creemos en un Dios que “no es cuadrado”, que incluye, que no sabe de diferencias y que sobretodo escucha a los que no tienen voz. Este Dios es compañero, nos conduce respetando nuestra libertad, nos perdona, nos sostiene, nos cuida. Este Dios de corazón enorme, es ternura, paciencia, esperanza y consuelo. ES AMOR.

 

Cada una de nuestras vidas es un sueño de Dios que reclama su realización y depende de nosotros concretarlo. Como jóvenes sabemos que la vida sin Jesús es superflua. Por eso, es preciso aprender a ver como Él nos ve. Sólo en la medida que podamos descubrir nuestra propia historia como una historia de salvación, vamos a encontrar el verdadero sentido.

 

Tenemos la convicción de que la vida es un regalo invaluable. Cualquiera sea su condición, toda vida es amada por Dios. Como jóvenes queremos ser artesanos de una patria que promueva la dignidad humana. Por eso, queremos crecer en sensibilidad, para que cada herida de nuestra sociedad pueda ser transformada al amor. Salir de la burbuja para meternos de lleno en la realidad del otro. Embarrarnos con y para el otro, porque es caminando juntos que se transforma la historia.

 

Queremos ser una Iglesia que se arriesgue; sin miedo a equivocarse. Una Iglesia que se la juegue, que pueda ser testimonio de un amor sin límites. Queremos construir una Iglesia que sea para todos, que sea casa que recibe y que también salga al encuentro, especialmente en situaciones de dolor. Queremos una Iglesia transparente, que no tenga miedo de mostrarse frágil y que esté en permanente conversión. Soñamos una comunidad de comunidades, donde personas de distintas generaciones, carismas, culturas, contextos puedan tejer redes; y hacer de la diversidad potencia.

 

Las palabras no son ingenuas. Escuchar expresiones como “la juventud está perdida”  puede llevarnos a pensar que no tenemos valor, que no servimos para nada. ¿Pero es realmente así? No podemos permitirnos enterrar nuestros talentos; regalos de Dios y tesoros que el mundo se está perdiendo de conocer. Animémonos a desplegarlos. Sigamos soñando. Pero no nos cortemos solos, hagámoslo juntos.

 

Hoy queremos hacer memoria agradecida de los jóvenes que nos precedieron, demostrando que la civilización del amor no es una utopía, sino una realidad que se concreta cuando dos o más deciden apostar al amor. Ahora es nuestro tiempo, tiempo de transpirar sueños, transformar realidades, testimoniar apasionadamente que Dios está vivo, que en Él se renuevan todas las cosas.

 

Con María, nuestra Madre, animémonos a decir Sí a la voluntad del Padre para hacer presente a Jesús en medio de la realidad que nos rodea; que al igual que ella actuemos con valentía frente al llamado de Dios, confiados en el auxilio del Espíritu Santo, para poder gritar juntos como pueblo: “Con Vos Renovamos la Historia”.

Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo

El próximo sábado 2 de junio a las 16.00, la Iglesia en Paraná celebrará la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre del Señor. La celebración tendrá lugar en la Iglesia Catedral y será la única celebración de Misa en horario vespertino en la ciudad.

Además desde las 15:00, Radio Corazón realizará una transmisión especial en la que se compartirán todas las instancias sobre la llegada de las delegaciones, acercando todo lo acontecido a quienes no pueden participar por distintos motivos.

 

Sobre la Festividad

La fiesta, extendida en 1269 por el Papa Urbano IV a toda la Iglesia latina, por una parte constituyó una respuesta de fe y de culto a doctrinas acerca del misterio de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, por otra parte fue la culminación de un movimiento de devoción hacia el Sacramento del altar.

Durante siglos, la celebración del Corpus Christi fue el principal punto de confluencia de la piedad popular a la Eucaristía. En los siglos XVI-XVII, la fe, reavivada por la necesidad de responder a las negaciones del movimiento protestante, y la cultura – arte, literatura, folclore – han contribuido a dar vida a muchas y significativas expresiones de la piedad popular para con el misterio de la Eucaristía.

 

Ordenaciones Sacerdotales y Diaconal

El sábado 9 de junio habrá ordenaciones en el Arquidiócesis en una ceremonia que tendrá lugar en Catedral a partir de las 10.00.

Recibirán la ordenación Presbiteral los diáconos Leonel Augusto Fabricio Leguizamón, Pablo Daniel Ortiz y Ricardo Gabriel Vera. En tanto el acólito Emanuel Del Castillo recibirá la ordenación diaconal.

Luego de la misa se compartirá un almuerzo a la canasta.

La misa de acción de gracias de Leguizamón será en la Parroquia Santa Lucía el domingo 10 a las 19.00 y en la Parroquia Inmaculada Concepción de María de Villaguay el sábado 16 a las 19.00. En tanto la misa de acción de gracias de Ortiz será en la Parroquia Santa Rafaela María el domingo 10 a las 10.00 y en la Parroquia de Santa Elena el sábado 16 a las 18.00. Por su parte, Vera hará lo propio el sábado 9 a las 19.00 en San José Obrero y el sábado 16 a las 20.00 en La Paz.

Conferencia de los Espartanos

“No permanecer caído”, la historia de los Espartanos, el equipo de rugby de la Unidad N 48 de la provincia de Buenos Aires, será el núcleo de una conferencia que tendrá lugar el miércoles 30 de mayo desde las 19.30 en el Arzobispado de Paraná.

La charla estará a cargo de  Ezequiel Baraja y Federico Gallardo.

Invitan: Librería San Francisco Javier, Fundación Espartanos y Logos.

Fiesta de María Auxiliadora

Hoy, como cada 24 de Mayo se realizará en la Obra de Don Bosco de la ciudad de Paraná, la tradicional fiesta a María Auxiliadora, patrona de la Congregación y del Agro Argentino.  Por tal motivo, la celebración arranca a partir de las 15.30 con una chocolateada para todos los integrantes de la gran familia Salesiana, en el Centro Paraná de Exalumnos (Avda. Don Bosco 485).

Jornada de ayuno y oración por la Vida

La Iglesia en Argentina invita a una Jornada de Ayuno y Oración por la vida que tendrá lugar el jueves 7 de junio.  Con esta jornada se “quiere valorar y cuidar el don de la vida,  estando más disponibles y abiertos con aquellos cuya dignidad se ve vulnerada”.

En los próximos días se darán en el Congreso de la Nación instancias legislativas en las que se debatirá el proyecto para la legalización del aborto. Por eso, se invita a realizar este gesto para profundizar el compromiso de rezar unidos en este Jornada de Ayuno y Oración prevista para el jueves 7.

La Iglesia enseña que el ayuno es una oportunidad para dominar el orgullo, reconocer y agradecer los dones que vienen de Dios e imitar su generosidad compartiendo nuestros bienes con los necesitados.

Catequesis del Papa

 

A continuación compartimos el texto completo de la catequesis de Francisco sobre el Sacramento de la Confirmación.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Después de la catequesis sobre el Bautismo, estos días que siguen a la solemnidad de Pentecostés nos invitan a reflexionar sobre el testimonio que el Espíritu suscita en los bautizados, poniendo sus vidas en movimiento, abriéndolas al bien de los demás. Jesús confió a sus discípulos una gran misión: «Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5, 13-16). Estas son imágenes que nos hacen pensar en nuestro comportamiento, porque tanto la falta de sal como su exceso vuelven poco apetecible la comida, así como la ausencia y el exceso de luz nos impiden ver. El que puede hacernos realmente sal que da sabor y conserva de la corrupción y  luz que ilumina el mundo es solo el Espíritu de Cristo. Y este es el don que recibimos en el Sacramento de la Confirmación o Crismación, sobre el que deseo detenerme y reflexionar con vosotros. Se llama «Confirmación» porque confirma el Bautismo y refuerza su gracia (véase Catecismo de la Iglesia Católica, 1289); así como «Crismación»,  porque recibimos el Espíritu a través de la unción con el «crisma» –aceite mezclado con fragancias consagrado por el obispo – un término que se refiere a «Cristo,» el ungido del Espíritu Santo.

Renacer a la vida divina en el Bautismo es el primer paso. Por lo tanto es necesario que nos comportemos como hijos de Dios, es decir, que  nos conformemos al Cristo que obra en la santa Iglesia, dejándonos involucrar en su misión en el mundo. Esto es lo que otorga la unción del Espíritu Santo: “ Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro» (véase Secuencia de Pentecostés). Sin la fuerza del Espíritu Santo no podemos hacer nada: el Espíritu es el que nos da fuerzas para ir adelante. Como toda la vida de Jesús estuvo animada por el Espíritu, así también la vida de la Iglesia y de cada uno de sus miembros está bajo la guía del mismo Espíritu.

Concebido por la Virgen por obra el Espíritu Santo, Jesús emprende su misión después de que, salido del agua del Jordán, es consagrado por el Espíritu que desciende y permanece sobre Él (cf Mc 1,10; Jn 1:32). Él lo declara explícitamente en la sinagoga de Nazaret. ¡Es hermoso como se presenta Jesús, cual es el carnet de identidad de Jesús en la sinagoga de Nazaret! Escuchemos como hace: «El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva»(Lc 4, 18). Jesús se presenta en la sinagoga de su pueblo como el Ungido, El que ha sido ungido por el Espíritu.

Jesús está lleno del Espíritu Santo y es la fuente del Espíritu prometido por el Padre (Jn 15, 26; Lc 24, 39; Hch 1, 8, 2.33). En realidad, en la noche de Pascua el Resucitado sopló sobre los discípulos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo» (Jn 20,22); y en el día de Pentecostés, la fuerza del Espíritu desciende sobre los Apóstoles de forma extraordinaria (véase Hechos 2: 1-4), como sabemos.

El «Respiro» de Cristo resucitado llena los pulmones de la Iglesia de vida y, en efecto, las bocas de los discípulos, «llenos del Espíritu Santo», se abren para proclamar a todos las grandes obras de Dios (véase Hechos 2: 1-11).

Pentecostés – que celebramos el domingo pasado- es para la Iglesia lo que para Cristo fue  la unción del Espíritu recibida en el Jordán; es decir, Pentecostés es  el impulso misionero a consumir la vida por la santificación de los hombres, para gloria de Dios. Si en todo sacramento obra el Espíritu, de manera especial es en la Confirmación en el cual «los fieles reciben como don el Espíritu Santo » (Pablo VI, Const. ap., Divinae consortium naturae). Y en el momento de efectuar la unción, el obispo dice estas palabras: “Recibe al Espíritu Santo que te ha sido dado en don”: es el gran don de Dios, el Espíritu Santo. Y todos nosotros llevamos al Espíritu dentro. El Espíritu está en nuestro corazón, en nuestra alma. Y el Espíritu nos guía en la vida para que nos convirtamos en sal justa y luz justa para los hombres.

Si en el bautismo es el Espíritu Santo quien nos sumerge en Cristo, en la Confirmación es el Cristo quien nos llena de su Espíritu, consagrándonos como testigos suyos, partícipes del mismo principio de vida y de misión, según el diseño del Padre celestial. El testimonio que dan los confirmados manifiesta la recepción del Espíritu Santo y la docilidad a su inspiración creativa. Yo me pregunto: ¿Cómo vemos que hemos recibido el Don del Espíritu? Si realizamos las obras del Espíritu, si pronunciamos palabras enseñadas por el Espíritu (véase 1 Cor 2:13). El testimonio cristiano consiste en hacer solo y todo lo que el Espíritu de Cristo nos pide, otorgándonos la fuerza para hacerlo.

Nuevo Arzobispo en Mendoza

El Papa Francisco designó a Monseñor Marcelo Daniel Colombo como Arzobispo de la Arquidiócesis de Mendoza.

Mons. Colombo es oriundo de la diócesis de Quilmes y actualmente desempeña su misión episcopal en la Diócesis de La Rioja.

La arquidiócesis de Mendoza había quedado vacante el 8 de diciembre de 2017 por el fallecimiento del arzobispo, monseñor Carlos María Franzini.