Cuarta Peregrinación de Madres

El próximo 7 de septiembre el grupo de madres Gianna Beretta Molla organiza una peregrinación donde se invita a madres, esposas, novias, consagradas y jóvenes mayores de 18 años.
Todas llamadas a desplegar la maternidad física o espiritual sobre este mundo que clama por el renacer del espíritu verdaderamente femenino.
Caminaremos ofreciendo este sacrificio por los grandes amores:

DIOS, PATRIA, FAMILIA, VIDA.
“Es con la sangre del sacrificio que el amor se afirma y se confirma.”
Sta Gianna Beretta Mollar

Compartimos el link de inscripción

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Misa de Envío de la Acción Católica Arquidiocesana

El arzobispo de Paraná, Monseñor Raúl Martín, presidió la misa de envío de quienes participarán en la 31° asamblea Federal de Acción Católica, que tendrá lugar en la arquidiócesis de Tucumán.

La celebración tuvo lugar este domingo 10, en la iglesia Catedral y allí el arzobispo invitó a los jóvenes “a llevar el Evangelio con alegría, hacer misioneros en cada lugar llevando la palabra con esperanza y la alegría del encuentro”.

En el momento final de la bendición les expresó que no van solos: “Van con la oración y la compañía de toda la arquidiócesis y sobre todo con el testimonio alegre de los siervos de Dios de nuestra Iglesia particular”.

Homilía en la Misa Exequial del Cardenal Estanislao Esteban Karlic 

Este sábado 9 se desarrolló en la Catedral Metropolitana la Misa Exequial en la que la feligresía local le dio su último adiós al Cardenal Estanislao Esteban Karlic.
La ceremonia religiosa fue presidida por Monseñor Raúl Martín y contó con la presencia del Obispo de Rafaela, Pedro Torres; el Obispo Auxiliar de La Plata Alberto Bochatey y el Obispo de Villa María Samuel Jofre.
Monseñor Juan Alberto Puiggari, Arzobispo emérito de Paraná pronunció la homilía para despedir al Cardenal quien falleció este viernes 8 a la edad de 99 años.
“La muerte, aunque siempre dolorosa, para un creyente no es el final, sino el paso a la vida plena prometida por Cristo”, expresó Puiggari en la homilía, en la que destacó su figura como hombre de Eucaristía, hombre de Iglesia y hombre de la Verdad.
A continuación compartimos el texto completo.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo: 

Hoy nos congrega la fe y el afecto para despedir a nuestro hermano y pastor, el Cardenal Estanislao Esteban Karlic, que ha partido a la Casa del Padre. La muerte, aunque siempre dolorosa, para un creyente no es el final, sino el paso a la vida plena prometida por Cristo: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en , aunque muera, vivirá» (Jn 11,25). Como decía San Agustín «La muerte es la compañera del amor, la que abre la puerta y nos permite llegar a Aquel que amamos» y San Alberto Hurtado nos recordaba que «la vida se nos ha dado para buscar a Dios, la muerte para encontrarlo, la eternidad para poseerlo»; por eso podemos hacer nuestras las palabras del Apocalipsis y exclamar con gozo: «Bienaventurados los que mueren en el Señor». 

Con insistencia, el Cardenal, nos recordaba que la Eucaristía es la acción de gracias de Jesucristo por el don de la creación, de la recreación en Jesucristo, de la santificación y de la prenda de la vida eterna. En esta tarde esta Eucaristía adquiere un sentido muy profundo para nosotros, porque nos asociamos a la Pascua del querido Cardenal dando gracias por su vida y por su servicio Cuánto para agradecer a Dios!!! 

La homilía de un funeral no es para hacer un panegírico de la persona pero si para agradecer Dios todo los que nos regaló por medio de ella, Los regalos de Dios son personas, como el gran regalo es Jesucristo. 

Cuánto regaló Dios a la Iglesia por medio del Cardenal, en sus primeros años en su querida Córdoba, como docente que enseñaba lo que vivía y lo hacía amar, Desde entonces, dedicó su vida al ministerio pastoral y a la enseñanza teológica, formando a generaciones de sacerdotes y laicos en la fe y la doctrina de la Iglesia. También en Buenos Aires y en Paraná.

Cuánto regaló Dios a la Iglesia por medio de su persona como Obispo Auxiliar de Córdoba y luego Arzobispo de Paraná. 

Cuánto a la Iglesia Argentina como vicepresidente primero y segundo y luego como presidente en dos periodos de la Conferencia Episcopal. Como presidente de varias Comisiones Episcopales, Delegado a varios Sínodos y tantas otras tareas. 

Cuanto regaló a la Iglesia Universal como miembro del Comité para la Redacción del catecismo de la Iglesia católica, como Consejero de la Comisión Pro América Latina y Expositor de la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo. 

Y cuánto regalo Dios nuestra querida Argentina, en momentos difíciles, como hombre de diálogo, de pacificación durante la tremenda crisis del 2001, especialmente como artífice de la mesa de Diálogo. 

Y cuánto regalo Dios a nuestra Provincia, animando la mesa por el trabajo en esos años de desencuentro, tratando de mediar y pacificar corazones. En su testamento dejo escrito: «Al pueblo que peregrina en la Argentina le digo que he querido servir a mi bendita patria con toda el alma, soñando para ella una vida de auténtica fraternidad, como hijos del mismo Padre, basada en el genuino respeto y diálogo para dar a todos la oportunidad de vivir la vida a la altura de la generosidad que el Señor ha tenido con esta tierra a la que ha colmado de tantos y tan espléndidos dones. Comprometo mi oración para que todos los argentinos seamos capaces de ponernos de pie y salir con sabiduría, valentía y de verdad de la pobreza material y espiritual en que lamentablemente nos hemos sumergido con el paso de los años. Quiera el Señor perdonar nuestros muchos pecados y darnos la gracia de una auténtica conversión moral para hacerlo posible». 

Cuánto nuestra Arquidiócesis. Fue un soñador y gracias a ello, Paraná pudo tener la gracia inmensa e histórica de la visita del Santo Padre San Juan Pablo II. Por sus sueños se hizo realidad el COMLA VI CAM I que llenó de entusiasmo misionero a nuestra Diócesis. 

Cuántas otras acciones animando las pastorales, promoviendo la iniciación cristiana, la formación para los Seminaristas, consagrados y laicos y tantas otras, imposible de enumerar que nos llevan a exclamar un enorme MAGNIFICAT!!! Pastor y maestro en la fe.

Y haciendo síntesis de su vida podríamos decir que fue una vida entregada al servicio de Dios, de la Iglesia y de nuestra patria. 

1. Hombre de Eucaristía 

La Eucaristía fue el centro y la fuente de su vida sacerdotal y episcopal. Cada Misa que celebró, cada hora de adoración, cada homilía en torno al Pan de Vida, fue un acto de amor al Señor presente en el Santísimo Sacramento. Él sabía que allí se alimenta la Iglesia, allí se renueva el sacrificio redentor y allí el pastor encuentra fuerza para cuidar a su rebaño. Quienes lo conocieron saben que no sólo hablaba de la Eucaristía: la vivía, la respiraba, y nos invitaba a todos a ponerla en el centro de nuestras vidas. Con cuanta pasión citaba aquella frase del concilio «La Eucaristía es fuente y culmen de la vida de la Iglesia» Celebró la misa diariamente, incluso en sus últimos tiempos aun en medio de las dificultades más grandes. Con sus 99 años, da cada día daba gracias a Dios por su sacerdocio para siempre. Como repetía una y otra vez: hijo de Dios, sacerdote  para siempre. Su fidelidad a la celebración diaria continúo hasta su última enfermedad. 

2. Hombre de Iglesia 

Su amor a la Iglesia fue incondicional, sin reservas ni cálculos. La sirvió en los tiempos de gozo y en las horas de prueba, con lealtad al Papa y comunión fraterna con los obispos, sacerdotes, consagrados y laicos. Tenía un profundo sentido de pertenencia: no concebía la fe como algo aislado, sino como comunión viva en el Cuerpo de Cristo. Su ministerio episcopal en Paraná fue un constante esfuerzo por unir, sanar heridas y conducir con firmeza y mansedumbre a la grey que el Señor le confió. 

Sintió con la la Iglesia, sufrió con sus dificultades, gozo con sus logros evangelizadores. 

3. Hombre de la Verdad 

En un mundo tentado por la confusión y la ambigüedad, el Cardenal Karlic fue un testigo valiente de la verdad del Evangelio. No buscó agradar a los hombres, sino ser fiel a Dios. Anunció la Palabra sin recortes ni acomodos, pero con caridad pastoral, convencida de que sólo la verdad libera. Ese amor a la verdad lo encaminaba a buscarla en cada cosa que veía y que le tocaba hacer. Su predicación y sus escritos quedaron marcados por la claridad doctrinal y la luz de la fe con el deseo que fuera conocida y gozada por todos y su gran preocupación pasaba por qué más podíamos hacer para que sus hermanos pudieran disfrutarla. Este amor por la verdad estaba en el corazón del teólogo. Toda conversación se terminaba hablando de Dios. Hay que hacer teología hasta de los zapatos, solía decir citando a otro gran sacerdote. Todo hablaba de Dios, todo llevaba a Dios.

Anoche una monjita recordaba que él le decía con fuerza y reiteradamente «al cielo se va con la Verdad», «por sólo permanecer en la verdad».

A lo largo de su vida, el Cardenal Karlic se destacó por su humildad, su capacidad de diálogo y su compromiso con la unidad de la Iglesia. Fue un hombre de oración, de escucha atenta y de profunda sensibilidad pastoral, siempre dispuesto a servir con generosidad y entrega. Escuchó a todos.

Siempre manifestó una sencilla espiritualidad mariana, confiándole todas sus misiones. Desgranaba las cuentas del Rosario en sus viajes a pesar que el sueño lo vencía. 

Cuando uno llega a la madurez espiritual va simplificando el Evangelio y sus ideas fundamentales. Hay algunas ideas reiteradas que descubre su alma: 

«No tengo otra razón de la que soy, sino una participación del misterio del sacerdocio de Jesús, eso me ha hecho muy feliz siempre… Ser un sacramento, participación real del misterio del misterio de Jesús para gloria suya porque quiero manifestar su amor al mundo… Lo más lindo de mi sacerdocio es el misterio de servir a los hombres y mostrarles el camino hacia Dios.» 

Recordaba su infancia y decía «cuando mis padres me gestaron comenzó mi eternidad y nos jugamos la vida en cada acto de libertad». 

«El tiempo no es algo que pasa sino Alguien que viene” Ya se encontraron Cardenal… 

No quiero terminar sin agradecer a Haydee Copati, su secretaria fiel, a la Comunidad de la Benedictinas, que lo hicieron anticipar el cielo, como solía decir y en estos tres meses a la Residencia Buen Pastor que lo cuido con tanto amor. 

Encomendamos su alma al Señor, confiando en que ya goza de la plenitud de la vida eterna. Descanse en paz, querido Cardenal. Tu vida entregada, tu amor a la Eucaristía, a la Iglesia y a la Verdad, serán siempre semilla fecunda para nuestra comunidad A la Virgen del Rosario, Madre y Patrona de nuestra arquidiócesis, le confiamos su alma. Que Ella lo reciba como madre, lo conduzca al encuentro con Cristo y lo presente ante el Padre como ofrenda agradable.

Conferencia Episcopal: “Cercanía en momentos de tristeza esperanzada”

La Conferencia Episcopal Argentina expresó su “cercanía a toda la Iglesia que peregrina en Paraná en estos momentos de tristeza esperanzada por la partida de este suelo del Cardenal Karlic, quien fuera pastor de esta Iglesia diocesana durante casi veinte años”.
A través de una carta dirigida al arzobispo de Paraná Mons. Raúl Martín; el presidente de la CEA Marcelo Daniel Colombo destacó “la lucidez intelectual del Card. Karlic. Agudeza que puso al servicio de la teología en la enseñanza y en la promoción de esta disciplina en el mundo académico lo que tuvo su corolario al ser elegido miembro de la Comisión redactora del Catecismo de la Iglesia Católica. La pasión del cardenal por la Academia lo llevó a impulsar la creación de la Comisión Episcopal de Pastoral Universitaria de la que fue su primer presidente”.
“Pedimos al Señor que lo reciba en la casa del Padre dando cumplimiento a su palabra: ‘servidor bueno y fiel, entra a participar del gozo de tu señor’”, afirma la misiva firmada también por el Secretario General de la CEA, Raúl Pizarro.

Texto completo

El Cardenal Estanislao Esteban Karlic descansa en la paz del Señor

Con profundo pesar informamos que hoy, viernes 8 de agosto el Cardenal Estanislao Esteban Karlic ha partido a la casa del Padre.

Como Iglesia de Paraná encomendamos su alma a nuestra Madre del Rosario.

Rogamos una oración por su eterno descanso.

El velatorio está previsto desde este viernes 8:00 a las 19:00 hasta la medianoche,
y el sábado 9 desde las 8. A las 16:30 se celebrará la Misa Exequial y posterior sepultura.

Una vida entregada a la Iglesia

Estanislao Esteban Karlic estuvo al frente del Arzobispado de Paraná durante dos décadas (1983-2003), presidió la Conferencia Episcopal Argentina en dos períodos consecutivos (1996-2002), y en 2007, a sus 81 años, el Papa lo promovió a Cardenal.

Monseñor Estanislao Karlic nació en Oliva, Provincia de Córdoba el 7 de febrero de 1926, hijo de dos inmigrantes croatas, Juan Karlic y Milka Emilia Mavric, de Grizane, Croacia. Después de la muerte del primer hijo, Juan, nacerían otros tres, de los cuales dos se entregarían a la vida consagrada: el padre Estanislao y su hermana Milka, que ingresaría a la Congregación de las Hermanas de la Virgen Niña.

Estanislao realizó sus estudios secundarios en el Colegio Montserrat, de la ciudad de Córdoba. Allí recibió el premio Duarte Quirós al mejor bachiller de su promoción.

Después de realizar un año de estudios de Derecho en la Universidad de Córdoba, en 1947 ingresó en el Seminario Arquidiocesano de Córdoba para ser sacerdote. En 1948 fue enviado a Roma a estudiar Filosofía y Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana. En Roma recibió la ordenación sacerdotal el 8 de diciembre de 1954. Entre 1955 y 1963 ejerció el ministerio y la actividad docente en Argentina, especialmente en el Seminario de Córdoba. De regreso a Roma, en 1965 obtuvo el doctorado en Teología en la Universidad Gregoriana.

Posteriormente ejerció su ministerio en la Arquidiócesis de Córdoba y fue profesor en el Seminario de dicha arquidiócesis, en la Universidad Católica de Córdoba y en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica en Buenos Aires, además de otros institutos de formación.

El 6 de junio de 1977 fue designado por el Papa San Pablo VI como Obispo Titular de Castro y Auxiliar de Córdoba. El 15 de agosto de ese mismo año fue consagrado por el Cardenal Raúl Primatesta en la Catedral de Córdoba.

El 19 de enero de 1983 fue elegido Coadjutor de Paraná y Administrador Apostólico Sede Plena. Asumió el 20 de marzo de 1983. Debió ir haciéndose cargo del gobierno de la Arquidiócesis de Paraná por las condiciones de salud del Arzobispo, Mons. Adolfo Tortolo, a quien sucedió como Arzobispo de esa sede el 1º de abril de 1986.

Entre sus aportes reconocidos en el nivel internacional está el haber sido uno de los siete obispos del comité a quienes el Papa San Juan Pablo II encomendó redactar el Catecismo de la Iglesia Católica (1986-1992).

Desde su llegada a Paraná como Arzobispo Coadjutor en 1983, reactivó y reorganizó el trabajo en la curia, el Seminario, las parroquias, las delegaciones pastorales y toda la diócesis. El archivo diocesano fue uno de sus proyectos mimados. Impulsó el envío como misioneros en África de algunos sacerdotes del clero de Paraná, promovió el reconocimiento oficial de nivel terciario de los estudios filosóficos y teológicos del Seminario Arquidiocesano y la afiliación a la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica.

El 9 de abril de 1987 le tocó ser anfitrión en la histórica visita del Papa San Juan Pablo II en el aeropuerto de la ciudad de Paraná.

Uno de los momentos más importantes que marcaron la historia de la Iglesia en Paraná y de la vida de Mons. Estanislao Karlic fue la organización del VIº Congreso Misionero Latinoamericano y Iº Congreso Americano Misionero (COMLA VI CAM I) octubre de 1999 con el lema «América, con Cristo sal de tu tierra», cuando la ciudad se vio conmovida por la presencia de cientos de clérigos, consagrados y laicos de todo el mundo en unas jornadas inolvidables.

Presidió a los obispos argentinos en dos períodos consecutivos de la Conferencia episcopal (1996-1999 y 1999-2002). En la Conferencia Episcopal Argentina se desempeñó como: Delegado a la III° Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Puebla (1979), Delegado al Sínodo de Obispos sobre Reconciliación y Penitencia (1983), Presidente de la Comisión de Fe y Cultura (hasta 1990,1999-2002, 2002-2005, 2005-2008), Presidente de la Comisión para el Gran Jubileo del Año 2000 (desde 1995-2000), Presidente de la Comisión de Pastoral Universitaria (1993-1996, 2002-2005, 2005-2008), Miembro de la Comisión de Catequesis (1993-1996), Vicepresidente 2° (1987-1990) y Vicepresidente 1° del Episcopado (1990-1996), Consejero de la Pontificia Comisión Pro América Latina (1989-2000), Expositor en la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo (1992), Presidente de la Comisión del Pontificio Colegio Pío Latinoamericano de Roma (1992-1994), Secretario Especial para la Asamblea de Obispos del Sínodo para América, Miembro de la Comisión Post-sinodal, Miembro del Sínodo Permanente para los Obispos, participó en el Sínodo de los Obispos sobre “El episcopado”, en octubre de 2001.

Durante su segunda presidencia de la Conferencia Episcopal, en 2002, Mons. Karlic presidió el aporte de la Iglesia argentina para el diálogo social argentino convocado por el Presidente de la Nación Argentina, Eduardo Duhalde.

El 29 de abril de 2003 el Santo Padre aceptó su renuncia al gobierno de la Arquidiócesis de Paraná, presentada al haber cumplido sus 75 años, conforme a lo establecido por el Derecho Canónico. El 9 de julio de 2003, llegó a la ciudad a tomar posesión del cargo, su sucesor Mons. Mario Luis Bautista Maulión.

El 17 de octubre de 2007 Benedicto XVI, anunció, la creación como Cardenal de Mons. Estanislao Karlic, Arzobispo Emérito de Paraná, en el Consistorio del 24 de noviembre de 2007, con el título de la Santísima Virgen María de los Dolores en la Plaza Buenos Aires, la iglesia nacional argentina en Roma.

Se encontraba retirado en el Monasterio de las Hermanas Benedictinas Nuestra Señora del Paraná en la Aldea María Luisa, departamento Paraná, hasta este año que se trasladó a la Residencia Buen Pastor, donde vivió sus últimos días, siempre ofreciendo su vida por el bien y la santidad de la Iglesia.

Saludo de Mons. Raúl Martín a los sacerdotes

En ocasión de la festividad de San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, patrono de todos los sacerdotes y párrocos, nuestro arzobispo, Mons. Raúl Martín, saludó a los sacerdotes de la diócesis.

A pocos días de haberme sumado a ustedes, en esta familia de Paraná, quería saludarlos al celebrar la fiesta de San Juan María Vianney.
Quiero que juntos, demos gracias al Buen Dios, que a pesar de nuestra pequeñez, nos eligió y nos invita a ser sacerdotes según su corazón.
Que con nuestra vida, le mostremos a los hombres, el camino del cielo.
Los encomiendo al cuidado de nuestra Madre, Señora del Rosario, y le pido a Dios, los bendiga y haga cada vez más, fecunda su entrega.

+ Raúl Martín
Arzobispo de Paraná

Convocan al Quinto Encuentro Nacional de Grupos Misioneros

La Comisión Episcopal de Misiones de la Conferencia Episcopal Argentina convoca al Quinto Encuentro Nacional de Grupos Misioneros que se realizará del 23 al 25 de mayo de 2026 en la ciudad de Córdoba.

En nuestro país los Encuentros Nacionales de Grupos Misioneros se desarrollan desde el año 1991. El primero tuvo lugar en la ciudad de Posadas. En el año 1998 se realizó en San Miguel de Tucumán, en 2010 en la ciudad de San Miguel (Buenos Aires) y en el año 2015 en la ciudad de Santiago del Estero.

Estos encuentros reúnen a miembros, animadores y asesores de Grupos Misioneros de todo el país: grupos misioneros parroquiales o de movimientos eclesiales, de colegios, congregaciones, etc.

“Queremos que este encuentro sea semilla de una nueva etapa misionera, en comunión, creativa, encarnada, sinodal y sostenida en la esperanza. Un espacio de encuentro personal y comunitario con Jesús permitiéndoles compartir su fe en Él y sus experiencias como discípulos misioneros, despertando y fortaleciendo la vocación misionera comunitaria, animando a los Grupos Misioneros existentes y promoviendo el surgimiento de nuevos espacios y expresiones organizadas de vida misionera en la Iglesia Argentina, a la luz del magisterio y de los desafíos del mundo actual, abiertos a la misión Ad Gentes. Esta propuesta ha sido evaluada por la Comisión Nacional de Misiones y la Asamblea de directores Diocesanos de Obras Misionales Pontificias, los cuales han coincidido en la oportunidad de organizar un nuevo encuentro nacional”, expresa una carta firmada por el presidente de esta Comisión Fray Carlos Azpiroz Costa, O.P.

José María Rodríguez Olaizola en Paraná

El martes 5 de agosto visitará nuestra ciudad el sacerdote jesuita español José María Rodríguez Olaizola, reconocido internacionalmente por sus libros y reflexiones —entre los que destacan «Bailar con la soledad» y «Bailar con el tiempo».

Se invita a la Santa Misa que se celebrará a las 19 hs. y luego a la conferencia: «María, espejo de nuestras vidas», la cual se presenta como «una reflexión profunda, cercana y actual sobre María y su mirada como madre, mujer y creyente. Una oportunidad para descubrir cómo su vida ilumina la nuestra, en medio de las búsquedas y desafíos de hoy». El autor firmará libros al finalizar la charla.
Entrada gratuita con inscripción previa al 1132640285

Vida Diocesana

Mediante decreto el arzobispo de Paraná, Monseñor Raúl Martín, confirmó en la continuidad de su oficio al Vicario General, Pbro. Eduardo Hugo
Tanger, “con todos los derechos y obligaciones que el Derecho le confiere”. Además , confirmó en la continuidad de su oficio al Ecónomo Arquidiocesano, Cdor. Andrés Sebastián Ríos , ”con todos los derechos y obligaciones que el
Derecho le confiere”.

Homilía de Mons. Raúl Martín en la Toma de Posesión como Arzobispo de Paraná

Catedral de Paraná

26 de Julio de 2025

¡¡¡GRACIAS SEÑOR!!!

Una pregunta de Jesús a Pedro, con eco en cada uno de nosotros en todo tiempo: “¿Me amas más que estos?”

Pregunta que, lejos de hacerse reproche, se hace camino de encuentro en nuestras vidas.

Jesús nos tiende una mano para acercarnos a su corazón. Nos hace experimentar su misericordia, y la alegría de ser llamados.

Una vez más, el Señor, “que es mi Pastor”, vuelve a invitarme, vuelve a llamarme y me anima a seguirlo.

Y esa pregunta se hace razón de cada SÍ. “SÍ, Señor, sabés que te quiero”.

Como lo hizo con los primeros discípulos, así en la historia. Como con Abraham, nuestro padre en la fe, “salí de tu tierra y vení a la tierra que yo te mostraré”. El Señor, vuelve a hacerse realidad y promesa.

Realidad de ese amor que quiere seguir contando conmigo, en el servicio a este Pueblo que me confía como padre.

Promesa, siempre renovada y fortalecida, de que Él, siempre está como Buen Pastor a nuestro lado, y que nunca nos abandona. Promesa que, en ellos, sus discípulos, nos hace “pescadores de hombres”.

Es Él el que llama, es Él el que envía. Y en esta fe le respondí.

Vengo a sumarme ahora, al caminar de esta iglesia de Paraná, a la historia tan rica de esta iglesia, y al servicio de ustedes como lo hicieron mis predecesores, especialmente el Cardenal Estanislao Karlic y Mons. Juan Alberto Puiggari.

Caminar con estos hijos hermanos, que Dios en su Providencia me confía para servirlos como pastor, compartiendo con ustedes la fe que el Señor nos regaló.

Esta fe que, con la gracia de Dios, va rumbeando nuestra vida, mirando a Jesús, reconociendo su rostro en los hermanos, sabiéndonos familia, necesitados todos de darnos una mano para seguir adelante. Como diría el Papa Francisco, “dejando que el Señor, nos escriba la vida”.

Aceptando como don la diversidad de cada uno de nosotros, enriqueciendo y construyendo la unidad, que es signo de que algo es de Dios, cuando es el bien de todos.

Ser testigos de este regalo del amor del Padre, que nos une y reúne, será el mejor mensaje que atraiga a los hombres, descubriendo en la iglesia una familia.

Con la riqueza y pobreza de la familia humana, siempre necesitada de conversión, pero con la certeza de la ayuda de la gracia de Dios, que en la cruz nos hizo hermanos, y manifiesta su poder en la misericordia y el perdón.

Somos «peregrinos de esperanza». Pero no sólo de caminar se trata. Ni sólo es expresión de la tarea, de la misión, poniendo a Jesús, nuestro tesoro, en el corazón de todos. No sólo ir juntos para ir lejos, tan sólo al cielo. Necesitados de la gracia de Dios para ser compartida, y del hombro del hermano para seguir andando.

Peregrinos de esperanza, invitados a dejar huella en esta tierra. A no ser indiferentes, ni hacernos los distraídos.

Una imagen de la Virgen María, muy querida por mí, en la advocación de nuestra Señora de La Pampa, lleva los pies descalzos. Es una invitación a descalzarnos, tocar con humildad la tierra y hacernos cercanos a todos, para sentir con ellos, especialmente con los más necesitados y pobres, los que están tristes, desamparados y más, reconociendo que la mayor pobreza es no amar, es no conocer a Jesús. Si nos animamos a descalzar, seguramente nos duela, sintamos más de cerca los dolores del otro, perderemos seguridades al andar, tal vez nos embarremos para sacar al otro del barro. Pero valdría la pena.

Llamados a dejar huellas en esta tierra nuestra y en el corazón de los hermanos. Pero huellas de vida, sembradas, para que Dios dé el crecimiento. Huellas de cercanía y esperanza. Huellas que hablen de compasión, de misericordia, de alegría, de lucha buena. Huellas que otros puedan seguir para llegar a Dios.

«No la tenemos tan clara». Necesitamos aprender a mirar, a sentir, a escuchar. Por eso queremos mirar los pies de María, que va apurada detrás de cada hijo, como aquel día a visitar a Isabel, o atenta a la necesidad de los esposos en Caná, para sostenerlo, para levantarlo, para llevarlo hasta la cruz, para que también la cruz, diría Santa Rosa, se haga escalera al cielo como aquel Viernes Santo a la espera del Domingo.

Quiero yo también, detenerme con los pies descalzos, ahora y siempre, como quien quiere aprender a caminar abarcando la vida, cada vida y toda vida, de hoy y de esta historia que hasta aquí nos trajo, y mirar con enorme esperanza el mañana.

«Descalzate, estás pisando tierra santa», «les he lavado los pies para que hagan ustedes lo mismo también», «el que quiera ser el primero que se haga servidor de todos, que se haga el último».

«Sólo te falta una cosa, dijo Jesús al hombre que presuroso corría a su encuentro para ganarse la vida eterna, andá, despójate de todo, que nada te ate».

El ciego tiró su poncho y lo siguió por el camino. El leproso agradecido volvió sobre sus pasos. El paralítico dejó sus muletas y no pudo dejar de gritar quién lo curó. Y así, cada encuentro de Jesús con sus hermanos.

Dejaron las redes, tiraron el poncho, las muletas. La pobre viuda ofrecía sus dos moneditas de cobre, y aquella otra mujer derramaba el perfume de nardo sobre los pies de Jesús, secándolos con sus cabellos.

«Quemaron sus naves», decimos a veces. Se dejaron lavar los pies de maneras diferente, aprendiendo a hacerlo a los demás.

Encontrarnos con Jesús, es perder otras seguridades, pero es tenerlas todas. Nos hace capaces de mucho más. Nos desinstala, nos moviliza. «Yo los envío, no lleven más que unas sandalias, el bastón y poco más».

«Señor, en esta tarde, vuelvo a decirte una vez más, sabés que te quiero», y como aquellos, tus amigos, «volveré una y mil veces a tirar las redes en tu nombre», confiado en tu amor de Padre, que no nos deja solos.»

Doy gracias a Dios en primer lugar, y al Papa León, que en su nombre me confió este servicio en la iglesia.

Agradezco al Sr. Nuncio, llegado para acompañarme en el inicio de mi ministerio aquí en Paraná, sus llamadas, sus atenciones.

Quiero agradecer particularmente a Mons. Juan Alberto Puiggari, por sus delicadezas y preocupaciones en este tiempo de transición preparando mi llegada.

Gracias a mis hermanos obispos, venidos de distintos pueblos, a los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y laicos, que se hicieron compañeros de camino y con quienes ahora, lo continuamos en esperanza.

Agradecer a las autoridades presentes, civiles y militares, (Sr. gobernador y Sra. intendenta, el Sr. ministro de culto) y a todos los que fueron preparando este día, y esta Eucaristía.

Gracias a mi familia y amigos, presentes y ausentes que desde su oración hoy me acompañan, también a la distancia, pero en la fecunda calidez del corazón.

A vos, Madre del Rosario, encomiendo mi vida y la del Pueblo que tu Hijo me confía, Pueblo de Dios, peregrino de esperanza, en esta tierra entrerriana. En el silencio de la oración, alcanzanos de Jesús, Madre querida, un corazón atento y sabio, que sepa escuchar, compadecerse y comprometerse en esta historia, sabiendo que la vida sólo se gana, si se entrega.

Y que Santa Ana y San Joaquín, en su día, nos enseñen a gustar los sueños de Dios.