Misiones

 

Delegados: Pbro. Eduardo Armándola y Ramón Zapata

Visita de Imagen de la Virgen del Rosario

 

Recorrido por las parroquias de la CIUDAD de PARANÁ de las réplicas de NS del Rosario

 

Fechas Imagen 1 Imagen 2
domingo, 28 de julio de 2013 San Agustín Santa Ana
jueves, 08 de agosto de 2013
     
viernes, 09 de agosto de 2013 Guadalupe Borja
martes, 20 de agosto de 2013
     
miércoles, 21 de agosto de 2013 Bajada Grande San Benito
domingo, 01 de septiembre de 2013
     
lunes, 02 de septiembre de 2013 NS del Carmen María Luisa y Benedictinas
viernes, 13 de septiembre de 2013
     
sábado, 14 de septiembre de 2013 NS de la Piedad Oro Verde y Padre Lamy
miércoles, 25 de septiembre de 2013
     
jueves, 26 de septiembre de 2013 San Miguel Pompeya y Sta. Rafaela
domingo, 06 de octubre de 2013

 

Recorrido por las parroquias del Interior de las réplicas de NS del Rosario

 

Fechas Imagen 1 Imagen 2
lunes 22 de julio de 2013 Hasenkamp NS del Carmen de Nogoyá
sábado 3 de agosto de 2013
     
domingo 4 de agosto de 2013 Cerrito Lucas Gonzalez
jueves 15 de agosto de 2013
     
viernes 16 de agosto de 2013 Hernandarias San Ramón de Nogoyá
miércoles 28 de agosto de 2013
     
jueves 29 de agosto de 2013 Villa Urquiza Hernández
martes 10 de septiembre de 2013
     
miércoles 11 de septiembre de 2013 San José de Crespo Diamante y Las Cuevas
lunes 23 de septiembre de 2013
     
martes 24 de septiembre de 2013 NS del Rosario de Crespo Valle María
domingo 6 de octubre de 2013

Boletín 2013

 

Boletín Arquidiocesano

Año 2013

 

 

Noviembre 2013

 

 

 

 

Octubre 2013

 

 

  

Septiembre 2013

 

 

Agosto 2013

 

 

 

 

 

 

 

 

Boletínes 2012

Encuentro de ordenanzas y personal no docente

 

La Junta Arquidiocesana de Educación organiza este encuentro que se llevará a cabo en Paraná y el interior de la provincia. Se hará dos veces el mismo encuentro en el mismo lugar, para que las escuelas puedan enviar a su personal no docente.

 

Fundamentación

 

• El personal no docente –porteros, ordenanzas, personas encargadas de cobrar las cuotas, personas a cargo de mantenimiento, personas que atienden el quiosco, personas que atienden los comedores escolares, etc- forma parte del plantel estable de una comunidad educativa. Muchas veces ellos son como el «rostro» de la escuela, ya que quien se acerca por primera vez o quien viene habitualmente se puede encontrar fácilmente con ellos. Desempeñan también algunas tareas en nombre de la escuela fuera de la misma, como trámites, pagos, etc.

• Según el concepto de «comunidad educativa» que inspira la vida de nuestras escuelas, la educación de los alumnos no acontece sólo en los momentos áulicos, sino que todo encuentro entre personas es educativo o, en su defecto, puede ser un factor deseducante. Por ello el personal no docente debe ser considerado como educador, aunque desde un lugar diferente que el de los docentes y directivos. Lo mismo vale para la misión evangelizadora de la Escuela.

• Si bien la situación de cada escuela es bien diversa, se puede observar que en muchos casos el personal no docente no es elegido con criterios pedagógicos, ni siempre se ha pensado en que las personas elegidas deben conocer e intentar encarnar el ideario de la escuela. No siempre saben la diferencia entre una escuela católica.

• Por último, algunas escuelas les brindan formación, pero no siempre son invitados a los momentos de formación o espiritualidad –charlas, convivencias, adoraciones, retiros, etc.- La presencia en el encuentro de algunos que han recibido más formación y otros que no lo han hecho puede ser sumamente enriquecedor en sí mismo.

 

Objetivos

 

Ofrecerles un espacio de encuentro e intercambio de experiencias.
Ayudarlos a descubrir la identidad de la escuela católica
Hacerles tomar conciencia de lo importante que son como educadores
Ayudarles a vivir su servicio con una dimensión sobrenatural

 

Cronograma

 

El encuentro que se realizará en Santa Elena está destinado a las escuelas de: Santa Elena, La Paz, Feliciano, Bovril, Hasenkamp, Cerrito y Hernandarias.

Antes de las vacaciones

 

Martes 2 de Julio: Paraná (Parroquia Santa Lucía)

Jueves 4 de Julio: Santa Elena (Salón Parroquial Juan Pablo II)

Después de las vacaciones

Martes 13 de Agosto: Paraná (Parroquia Santa Lucía)

Jueves 29 de Agosto: Santa Elena (Salón Parroquial)

Estructura del encuentro

8:00 Acreditación

8:30 Oración inicial. Palabras de bienvenida. Presentación de la Junta de Educación Católica.

8:45 El personal no docente, educador y evangelizador en la Escuela Católica. (P. Leandro Bonnin)

 

A)¿Qué es una escuela católica? Identidad, finalidad, en qué se diferencia de las demás. La importancia de un clima institucional. La importancia de la vida comunitaria y de los vínculos. Un principio clave: en la escuela católica, todos educan y evangelizan.

 

B) El personal no docente: educador y evangelizador en la Escuela católica. Qué es educar. Distinción entre docente y educador. Distinción entre catequizar y evangelizar.

 

9:45 Taller y merienda: Trabajo en grupo con preguntas de reflexión comunitaria.

10:30 Breve puesta en común

11:00 Educar y evangelizar en el trabajo diario: el modelo de la familia de Nazareth. (Lic. María Inés Franco)

La Escuela católica a la luz de la casa y de la familia de Nazareth. Las actitudes que educan y forman: la alegría, la disponibilidad para el servicio, la capacidad de escucha, la sinceridad, la discreción. La relación con las familias. La relación con el contexto en que está la escuela.

Espacio para preguntas

12:00Reflexión y oración conclusiva ante la imagen de la Virgen del Rosario, madre y educadora en la casita de Nazareth.

 

Costo del Encuentro:

 

En Santa Elena

$10 por persona, para los gastos de combustible, impresión de certificados, material a entregar y la merienda.

En Paraná:

$20 por persona para los participantes de las escuelas de Paraná, $5 para los de las demás localidades (decanato Diamante, decanato Villaguay, decanato Nogoyá)

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Biografía

 

Monseñor Juan Alberto Puiggari nació en la ciudad de Buenos Aires el 21 de noviembre de 1949, hijo del abogado Juan Alberto Puiggari y de la señora Elida Etcheverry Boneo.

Realizó sus estudios primarios y secundarios en el colegio San Pablo, de Buenos Aires, de donde egresó como bachiller en 1967, figurando entre los alumnos más distinguidos.

Recibió formación del presbítero Luis María Etcheverry Boneo, su tío, actualmente en proceso de beatificación, y estuvo vinculado apostólicamente a la Obra fundada por su tío, especialmente en el colegio San Pablo y la Agrupación Universitaria Misión (1968-1973).

Después de completar estudios universitarios en la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica Argentina

Santa María de los Buenos Aires (1968-1973) realizó estudios teológicos en el Seminario Arquidiocesano de Paraná (1973-1976), y recibió la ordenación sacerdotal de manos de monseñor Adolfo Servando Tortolo el 13 de noviembre de 1976. Desde entonces se desempeñó como sacerdote diocesano incardinado en la arquidiócesis de Paraná a la que sirvió con fidelidad y dedicación durante los gobiernos pastorales

de los arzobispos Adolfo Tortolo, José María Mestres y

Estanislao Karlic.

Su ministerio pastoral estuvo siempre vinculado al Seminario Arquidiocesano, cuyo equipo de Superiores integró desde 1977. Fue profesor de asignaturas filosóficas en los Seminarios Menor y Mayor y rector del Instituto Secundario del Seminario, incorporado a la enseñanza oficial. Se desempeñó como rector del Seminario de 1992 a 1997. Fue miembro del Colegio de Consultores y del Consejo Presbiteral de la arquidiócesis de Paraná.

El 20 de febrero de 1998 el papa Juan Pablo II lo nombró obispo titular de Turuzi y auxiliar de Paraná. El 8 de mayo de ese mismo año recibió la consagración episcopal en la catedral Nuestra Señora del Rosario, de Paraná, de manos de monseñor Estanislao Esteban Karlic, arzobispo de Paraná; de monseñor Luis Guillermo Eichhorn, obispo de Gualeguaychú y de monseñor Mario Antonio Cargnelo, en ese entonces obispo de Orán. Después de su ordenación episcopal continuó desempeñándose como rector del Seminario Mayor Nuestra Señora del Cenáculo.

Trasladado como obispo de Mar del Plata el 7 de junio de 2003; tomó posesión e inició su ministerio pastoral como quinto obispo de Mar del Plata el 10 de agosto de 2003. Promovido a arzobispo de Paraná por Benedicto XVI el 4 de octubre de 2010. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión de Ecumenismo, relaciones con Judaísmo, el Islam y las Religiones (CEERJIR).

Jornadas de Procreación Responsable

La Universidad Católica Argentina, sede Paraná, junto al Instituto de Bioética Jérôme Lejeune, de la Universidad Católica de Santa Fe organizan las Jornadas de Procreación Responsable. «Alternativa humanizadora a las Políticas de Salud Reproductiva». Perspectiva bioética, a realizarse el día 19 de marzo de 2013, de 18 a 21 hs. a cargo de la Dra. Zelmira Bottini de Rey, Lic. Josefina Perrieaux de Videla.

Mensaje del Papa para la Cuaresma

MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2013

 

Creer en la caridad suscita caridad
«Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn
4,16)

 

Queridos hermanos y hermanas:

La celebración de la Cuaresma, en el marco del Año de la fe, nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la relación entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto de la acción del Espíritu Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás.

 

1. La fe como respuesta al amor de Dios

En mi primera Encíclica expuse ya algunos elementos para comprender el estrecho vínculo entre estas dos virtudes teologales, la fe y la caridad. Partiendo de la afirmación fundamental del apóstol Juan: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16), recordaba que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva… Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un «mandamiento», sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro» (Deus caritas est, 1). La fe constituye la adhesión personal ―que incluye todas nuestras facultades― a la revelación del amor gratuito y «apasionado» que Dios tiene por nosotros y que se manifiesta plenamente en Jesucristo. El encuentro con Dios Amor no sólo comprende el corazón, sino también el entendimiento: «El reconocimiento del Dios vivo es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor. Sin embargo, éste es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por «concluido» y completado» (ibídem, 17). De aquí deriva para todos los cristianos y, en particular, para los «agentes de la caridad», la necesidad de la fe, del «encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad» (ib., 31a). El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor ―«caritas Christi urget nos» (2 Co 5,14)―, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo (cf. ib., 33). Esta actitud nace ante todo de la conciencia de que el Señor nos ama, nos perdona, incluso nos sirve, se inclina a lavar los pies de los apóstoles y se entrega a sí mismo en la cruz para atraer a la humanidad al amor de Dios.

«La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor… La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz ―en el fondo la única― que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar» (ib., 39). Todo esto nos lleva a comprender que la principal actitud característica de los cristianos es precisamente «el amor fundado en la fe y plasmado por ella» (ib., 7).

 

2. La caridad como vida en la fe

Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios. La primera respuesta es precisamente la fe, acoger llenos de estupor y gratitud una inaudita iniciativa divina que nos precede y nos reclama. Y el «sí» de la fe marca el comienzo de una luminosa historia de amistad con el Señor, que llena toda nuestra existencia y le da pleno sentido. Sin embargo, Dios no se contenta con que nosotros aceptemos su amor gratuito. No se limita a amarnos, quiere atraernos hacia sí, transformarnos de un modo tan profundo que podamos decir con san Pablo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (cf. Ga 2,20).

Cuando dejamos espacio al amor de Dios, nos hace semejantes a él, partícipes de su misma caridad. Abrirnos a su amor significa dejar que él viva en nosotros y nos lleve a amar con él, en él y como él; sólo entonces nuestra fe llega verdaderamente «a actuar por la caridad» (Ga 5,6) y él mora en nosotros (cf. 1 Jn 4,12).

La fe es conocer la verdad y adherirse a ella (cf. 1 Tm 2,4); la caridad es «caminar» en la verdad (cf. Ef 4,15). Con la fe se entra en la amistad con el Señor; con la caridad se vive y se cultiva esta amistad (cf. Jn 15,14s). La fe nos hace acoger el mandamiento del Señor y Maestro; la caridad nos da la dicha de ponerlo en práctica (cf. Jn 13,13-17). En la fe somos engendrados como hijos de Dios (cf. Jn 1,12s); la caridad nos hace perseverar concretamente en este vínculo divino y dar el fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22). La fe nos lleva a reconocer los dones que el Dios bueno y generoso nos encomienda; la caridad hace que fructifiquen (cf. Mt 25,14-30).

 

3. El lazo indisoluble entre fe y caridad

A la luz de cuanto hemos dicho, resulta claro que nunca podemos separar, o incluso oponer, fe y caridad. Estas dos virtudes teologales están íntimamente unidas por lo que es equivocado ver en ellas un contraste o una «dialéctica». Por un lado, en efecto, representa una limitación la actitud de quien hace fuerte hincapié en la prioridad y el carácter decisivo de la fe, subestimando y casi despreciando las obras concretas de caridad y reduciéndolas a un humanitarismo genérico. Por otro, sin embargo, también es limitado sostener una supremacía exagerada de la caridad y de su laboriosidad, pensando que las obras puedan sustituir a la fe. Para una vida espiritual sana es necesario rehuir tanto el fideísmo como el activismo moralista.

La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios. En la Sagrada Escritura vemos que el celo de los apóstoles en el anuncio del Evangelio que suscita la fe está estrechamente vinculado a la solicitud caritativa respecto al servicio de los pobres (cf. Hch 6,1-4). En la Iglesia, contemplación y acción, simbolizadas de alguna manera por las figuras evangélicas de las hermanas Marta y María, deben coexistir e integrarse (cf. Lc 10,38-42). La prioridad corresponde siempre a la relación con Dios y el verdadero compartir evangélico debe estar arraigado en la fe (cf. Audiencia general 25 abril 2012). A veces, de hecho, se tiene la tendencia a reducir el término «caridad» a la solidaridad o a la simple ayuda humanitaria. En cambio, es importante recordar que la mayor obra de caridad es precisamente la evangelización, es decir, el «servicio de la Palabra». Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio, introducirlo en la relación con Dios: la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana. Como escribe el siervo de Dios el Papa Pablo VI en la Encíclica Populorum progressio, es el anuncio de Cristo el primer y principal factor de desarrollo (cf. n. 16). La verdad originaria del amor de Dios por nosotros, vivida y anunciada, abre nuestra existencia a aceptar este amor haciendo posible el desarrollo integral de la humanidad y de cada hombre (cf. Caritas in veritate, 8).

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