Homilía de Monseñor Puiggari para la Apertura del lll Sínodo Arquidiocesano de Paraná

“Sr. Cardenal Estanislao Esteban Karlic

Sr Arzobispo Emérito de Paraná Mons. Mario Bautista Maulión

Queridos hermanos sacerdotes y diáconos

Queridos hermanos y hermanas de la Vida Consagrada

Queridos seminaristas y hermanos en el Señor:

Jesucristo  «trajo a la tierra» el Espíritu Santo, el amor de Dios que «renueva la faz de la tierra» purificándola del mal y liberándola del dominio de la muerte. Este «fuego», fuego del amor, vino sobre los Apóstoles, reunidos en oración con María en el Cenáculo, para hacer de la Iglesia la prolongación de la obra renovadora de Cristo… el Espíritu de Dios, donde entra, expulsa el miedo; nos hace conocer y sentir que estamos en las manos de una Omnipotencia de amor: suceda lo que suceda, su amor infinito no nos abandona. Lo demuestra el testimonio de los mártires, la valentía de los confesores de la fe, el ímpetu intrépido de los misioneros, la franqueza de los predicadores, el ejemplo de todos los santos algunos, incluso adolescentes y niños. Lo demuestra la existencia misma de la Iglesia que, a pesar de los límites y las culpas de los hombres, sigue cruzando el océano de la historia, impulsada por el soplo de Dios y animada por su fuego purificador… (Benedicto XVI)

El Espíritu Santo infunde en nosotros las virtudes teologales y recrea  esas recias aspiraciones que constituyen la condición del progreso espiritual.

Queremos hoy renovar el compromiso de vivir plenamente nuestra vida cristiana con deseos fuertes que preparan las gracias de Dios e introducen en nuestra existencia todo lo que es bello, digno y generoso. Esto vale tanto para nuestra vida particular como para nuestra vida  eclesial. Magnanimidad es sinónimo del Espíritu.

En el Pentecostés histórico, el Espíritu Santo se expresa mediante tres símbolos que acabamos de escuchar en los Hechos de los Apóstoles: el viento, el fuego y las lenguas.

Con una ráfaga de viento  el Espíritu nos manifiesta su capacidad de dar un fuerte impulso, un poderoso dinamismo. Debemos acoger este impulso con el fin de no quedarnos inactivos por la pereza espiritual o pastoral.

También se manifiesta como fuego, no se trata de algo material, sino espiritual,  un impulso de amor. Un fuego de caridad que transforma y  purifica  todo aquello con lo que entra en contacto.

El tercer símbolo, referido al Espíritu, es el de lenguas. No es un lenguaje común, es el que expresa todas las realidades sobrenaturales y que es capaz de ser comprendido por todos los puebles. Y así  se superan todas las divisiones y se restablece la unidad. En Babel el orgullo del hombre,  confunda sus lenguas,  en Pentecostés, el Espíritu llega a todos, a cada uno en su lengua y así se realiza la unidad.

En esta actualización de Pentecostés, damos comienzo al III Sínodo Arquidiocesano.

Creo humildemente, que estamos siguiendo las mociones del Espíritu Santo,  que se manifestaron de muchas maneras pero especialmente en las Palabras del Santo Padre en Brasil y que las reitera en su Exhortación Evangelii Gaudium:   “en orden a que este impulso misionero sea cada vez más intenso, generoso y fecundo, exhorto  también a cada Iglesia particular a entrar en un proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma.” (EG 30).

Muchas veces me ha resonado en lo profundo, aquellas palabras lúcidas de nuestro Papa Emérito Benedicto XVI que después las asumió el Documento de Aparecida:  ¡ Pobres de nosotros ¡ sí, satisfechos, contentos, pero sin inquietud en el alma, seguimos viviendo, como si, de hecho, nada hubiera ocurrido, sin cambiar nada, haciendo lo mismo de lo mismo, acostumbrados a ese  gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia, en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad” DA.n.12.

Nos apremia la Nueva Evangelización, la cual no es un programa  o estrategia que se agrega a  su pastoral ordinaria. Es la misma vida de la Iglesia que continúa y actualiza el mandato de Jesús. “Vayan y anuncien el Evangelio” Mt, 28

Pero tenemos que  recordar, para que podamos cumplir este mandato, que todos los bautizados estamos llamados a “recomenzar desde Cristo” a reconocer y seguir Su presencia con la misma realidad y novedad y el mismo poder de persuasión y esperanza  que tuvieron los Apóstoles, a orillas del Jordán hace 2000 años. “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da nuevo horizonte a la vida y, con ello una orientación decisiva” (Deus Caritas est, n.1). Para que sea eficaz nuestro compromiso de discípulo-misionero debe partir de un corazón que cree, espera y ama; un corazón que adora a Cristo y cree en la fuerza del Espíritu Santo”

El Papa Francisco no se cansa de llamar a una conversión personal que supone implicarse en primera persona, en su testimonio personal y ésta ha de ser inseparable de la conversión pastoral y misionera. Necesitamos un nuevo Pentecostés.

Pero hay que insistir: primero  una conversión de nuestros corazones (de nada serviría el cambio de estructuras sino cambia el corazón). No conseguiremos la Nueva Evangelización con la multiplicación de proyectos y estrategias. Se trata de proponer y compartir de persona a persona, de experiencia en experiencia, de comunidad en comunidad, una nueva Vida plena para todos. La primera evangelización fue fruto de la fe vivida, no sólo por cada uno de los cristianos sino también por toda la Iglesia. Así debe ser la nuestra. No hay reforma sin una tensión a la santidad, sin una corriente de santidad, sin un testimonio de vida que fascine a los que nos ven

En el contexto de la nueva Evangelización, la Parroquia al servicio de una vida plena para todos, será el tema de este Sínodo que estamos comenzando.

Memoria, presencia y profecía: ése es el lema de este acontecimiento eclesial. Mientras se enmarca en el centenario del primer Sínodo, quiere ser una “mirada” actualizada del caminar de la Iglesia Arquidiocesana hoy y, a su vez, una proyección hacia adelante, procurando hacerla más lúcida, más disponible, más cercana, en continuidad con el pedido del Papa argentino.

Hemos elegido la parroquia como tema central. Nos dice Francisco en EG. : “La parroquia no es una estructura caduca; precisamente porque tiene una gran plasticidad, puede tomar formas muy diversas que requieren la docilidad y la creatividad misionera del Pastor y de la comunidad…  si es capaz de reformarse y adaptarse continuamente, seguirá siendo « la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas ».26 …La parroquia es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración.27  A través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros para que sean agentes de evangelización.28 Es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero. Pero tenemos que reconocer que el llamado a la revisión y renovación de las parroquias todavía no ha dado suficientes frutos en orden a que estén todavía más cerca de la gente, que sean ámbitos de viva comunión y participación, y se orienten completamente a la misión.”, nos decía el Papa. Estas palabras nos interpelan.

Hay que pensarla  como una comunidad que forme discípulos misioneros de Cristo, desde un encuentro personal con Él y con una fuerte experiencia de “envío”. Pensar una parroquia que en todas sus actividades pastorales se organice “en salida”.

 “Por otro lado la nota característica de esta comunidad debe ser la de la misericordia. La fe se hace creíble cuando se expresa en el amor. La organización de la caridad y la experiencia comunitaria fraterna y en orden a una “cultura del encuentro” tendrán que hacerse visible en especial a través de la preocupación y el compromiso con los más solos, débiles y pobres.”.

Por este motivo he convocado el Sínodo de la Arquidiócesis de Paraná: buscar una más intensa y activa comunión eclesial a través de propuestas para una adecuada pastoral de conjunto en el contexto de la Nueva Evangelización dando continuidad a su peculiar tradición.

El Espíritu santo es el que sostiene e inspira a la Iglesia  y es el protagonista de la evangelización. Él suscita el nuevo ardor. Nosotros debemos ser dóciles instrumentos. Tenemos que suplicar como mendicantes. En la Iglesia nada ocurre si no es porque la presencia suave, fecunda y entusiasmante del Espíritu Santo; es por eso que hoy nos reunimos para implorar a Dios que derrame abundantemente al Espíritu sobre nosotros, sobre los sinodales y la comunidad diocesana.

Sin oración, no hay sitio para el Espíritu. Pedir a Dios que nos mande este don: ‘Señor, danos el Espíritu Santo para que podamos discernir en cada momento qué debemos hacer’. El mensaje es el mismo: la Iglesia va adelante,  con las  sorpresas, con las novedades del Espíritu Santo”.  Francisco ha recordado que “es necesario discernirlas, y para discernirlas es necesario rezar, pedir esta gracia”.

‘Pero, padre, ¿por qué meterse en tantos problemas?”, se preguntaba el Papa, También me lo he preguntado. Hagamos las cosas como las hemos hecho siempre, que estamos más seguros…»

Al respecto, Francisco, ha advertido que hacer las cosas como se han hecho siempre es una alternativa “de muerte”. Por eso ha exhortado a “correr el riesgo, con la oración,  con la humildad, de aceptar lo que el Espíritu Santo”, nos pide “cambiar”.

Pidamos en esta Eucaristía “la gracia de no tener miedo cuando el Espíritu, con seguridad, me pide dar un paso adelante”, así como “tener la valentía apostólica de llevar vida y no hacer de nuestra vida cristiana un museo de recuerdos”.

No hay gracia, en la historia de la salvación, que no pase  a través de María, desde su Fiat obediente al designio de Dios.

Por eso y avalados por la historia de nuestros pueblos, podemos afirmar con alegría: no hay Nueva Evangelización si no es profundamente mariana. Es la “Pedagoga del Evangelio” que nos indica los caminos de amor,  sacrificio y servicio como en su visita a su prima Isabel. Es la perfecta discípula-misionera.  Ella es la Aurora de la mañana del Evangelio y la Estrella en la noche de la primera y la Nueva Evangelización (EG, 28)

A Ti Madre,  Nuestra Señora del Rosario, Patrona y Fundadora de nuestra Iglesia, encomendamos este camino sinodal, contamos con tu intercesión, tu ternura y tú esperanza.

 

San Juan Pablo II, que peregrinaste por Paraná, acompáñanos.

Beato Cura Brochero, ruega por la santidad de nuestras parroquias.

Apertura del Sínodo y Sesión Inaugural

 

 

Este domingo 24 comenzó formalmente el Tercer Sínodo Arquiodicesano con la celebración de la Eucaristía en Catedral. Luego, las actividades continuaron con la Adoración al Santísimo y los sinodales se trasladaron hasta el Auditorio de la UCA.
Allí el programa de actividades se desarrolló del siguiente modo: tras la acreditación, se escuchó el Himno del Sínodo. Luego Monseñor Juan Alberto realizó la invocación al Espíritu Santo, y el Cardenal Estanislao Esteban Karlic brindó una iluminación teológica.
A su turno, el padre Marcelino Moya, compartió las décimas sobre Evangelii Gaudium y sobre el Sínodo. Asimismo, la presentación resumida del Reglamento estuvo a cargo del Padre Mario Haller.  En tanto que las observaciones preliminares y presentación de la dinámica de la asamblea sinodal, fueron desarrolladas por Pablo Cassano y Fabiana Minatta.
Finalmente los sinodales recibieron indicaciones acerca de las comunicaciones, por parte del Padre Fabián Castro y luego juraron fidelidad, para concluir con la oración por el Sínodo, guiada por Mons. Maulión y la bendición del arzobispo.

 

Compartimos el texto de la

Homilía de Monseñor Puiggari para la Apertura del lll Sínodo Arquidiocesano de Paraná

(Abrir)
 

San Expedito

 

 

Este martes 19 se celebra a San Expedito, por eso la capilla de San Martín de Porres y los Yaros, del Barrio Anacleto Medina Norte, invita a las celebraciones que tienen lugar durante todo este día.

Por la mañana una de las misas tuvo lugar a las 10.00. En tanto que durante el resto del día, los horarios serán los siguientes: 14.30, 17.00 y 19.00

Allí además se atenderán confesiones.

Este domingo comienza formalmente el Tercer Sínodo

 

El próximo domingo 24 de mayo a las 16 horas en la Catedral de Paraná, tendrá lugar la Misa de Apertura que dará comienzo de manera formal al III Sínodo Arquidiocesano “Memoria, Presencia y Profecía”.

La celebración de la Eucaristía, que será presidida por Monseñor Juan Alberto Puiggari servirá para poner  en marcha el sínodo propiamente dicho, ya que la instancia preparatoria comenzó hace ya más de un año con la selección de los temas y la designación de los participantes de las distintas áreas y comisiones.

Finalizada la misa, los sinodales se trasladarán a la sede de la Universidad Católica Argentina para concretar la Sesión Inaugural donde, además de explicar cuestiones vinculadas al reglamento y metodología de trabajo, habrá un momento de iluminación teológica y plática espiritual.

 

Sobre el Sínodo

El sínodo – que significa “caminar juntos” – es una Asamblea en la cual el Pueblo de Dios realiza un proceso de discernimiento de la acción pastoral, para colaborar con el Arzobispo en su tarea de convocar y hacer crecer la Iglesia local. Es una asamblea consultiva a través de la cual los sinodales prestan su ayuda al Obispo formulando su parecer acerca de las cuestiones por él propuestas.

Este sínodo fue convocado por el Obispo al cumplirse 100 años del primer sínodo de nuestra Diócesis realizado en 1915 en la ciudad de Paraná, y en esta ocasión el tema central a abordar es “La Parroquia”.

En la presentación de propuestas a debatir pueden participar todos los miembros de la Iglesia. Las propuestas son analizadas por una comisión de trabajo para luego ser discutidas en las sesiones de las que participan los sinodales designados de cada parroquia, que son los que tienen voz y voto.

Temas:

Para llegar a esta instancia se han desarrollado varias instancias de consulta y participación de la Comunidad. Todo comenzó con una Encuesta para conocer nuestra realidad arquidiocesana. Luego se celebraron las Asambleas Pastorales Parroquiales que hicieron propuestas al Arzobispo sobre posibles cuestiones a tratar dentro del gran tema convocante: la parroquia. Con todos los aportes recibidos, el Arzobispo determinó las diez cuestiones que abordará la Asamblea Sinodal a lo largo de dos años.

Si bien hay 10 cuestiones a tratar, este año la Asamblea Sinodal sólo estudiará cinco. Estas son: 1°- Corresponsabilidad de los miembros de la comunidad en la renovación misionera de la parroquia (20 de junio)2°- Parroquia e iniciación cristiana (11 de julio)3°- La comunicación en la vida parroquial (12 de septiembre)4°- Parroquia como comunidad eucarística (21 de noviembre)5°- Parroquia como comunidad caritativa (12 de diciembre).

Por mayor información: www.arzparan.org.ar/sinodo

Tedéum

 

 

Este lunes 25 se celebrará el Solemne Tedéum en la Parroquia Santo Domingo Savio, sito en calle Miguel David 151.

La Acción de Gracias por nuestra Patria, tendrá lugar a partir de las 9.15, presidida por Monseñor Juan Alberto Puiggari y la presencia de autoridades civiles, religiosas y de las distintas fuerzas.

Luego de la celebración las actividades se trasladan a calle Juan Baéz, donde tendrá lugar el desfile patrio.

Colecta Anual de Cáritas

 

La Colecta Anual de Cáritas se desarrollará los días 13 y 14 de junio; este año el lema es » Lo que se comparte se multiplica».

Cáritas Diocesana Paraná se prepara para que esta la colecta sea una invitación a expresar a través de un gesto concreto de amor, una colaboración económica, el compromiso por los más necesitados, brindándoles oportunidades para su promoción humana e inclusión social.

En nuestra arquidiócesis el lanzamiento tuvo lugar el jueves 7 en la Parroquia Santa Teresita, con una reunión informativa y luego la celebración de la Misa en la que Mons. Juan Alberto Puiggari realizó la bendición y el envío misionero.

Asamblea Nacional de Comunidades Eclesiales de Base

La Asamblea Nacional de Comunidades Eclesiales de Base (CEB) se realizará del 22 al 24 de mayo en la Capilla San Francisco de Asís, sita en Avenida Montiel  1695, del Barrio Gaucho Rivero.

Del encuentro participarán los delegados y subdelegados de las siguientes diócesis del país:

Región NEA: Posadas, Formosa, Resistencia, Iguazú, San Roque.

Región NOA: Jujuy, Salta, Catamarca, Santiago del Estero, La Rioja, Orán, Cafayate.

Región Buenos Aires: Zárate, Campana, Mar del Plata, Capital Federal, San Isidro, Merlo, Moreno, Quilmes, Laferrere, San Miguel, José C. Paz.

Región Sur: Viedma, Bariloche, Alto Valle, Neuquén.

Región Litoral, Rosario, Santa Fe, Paraná.

Asimismo, se informó que estará presente el articulador de CEB del Cono Sur, P. Alwin Nagy y los obispos asesores de CEB, ante la Conferencia Episcopal Argentina de Merlo-Moreno Monseñor Fernando Maletti y de Viedma Monseñor Esteban Laxague.

Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

 

Este domingo 17 se celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales en su edición XLIX. El tema elegido por Francisco para el mensaje de este año es “Comunicar la Familia: ambiente privilegiado del encuentro en la gratuidad del amor”.

El tema entra en el ámbito de lo que será la materia central de los próximos Sínodos de la Iglesia Universal: la familia. La Jornada Mundial de las Comunicaciones se celebra el domingo anterior a la fiesta de Pentecostés y el Mensaje del Papa se publica tradicionalmente en la festividad de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas, el 24 de enero.

El mensaje completo lo puede leer AQUÍ

Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

 

 

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA XLIX JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIAL
ES

 

Comunicar la familia:
ambiente privilegiado del encuentro en la gratuidad del amor

 

El tema de la familia está en el centro de una profunda reflexión eclesial y de un proceso sinodal que prevé dos sínodos, uno extraordinario –apenas celebrado– y otro ordinario, convocado para el próximo mes de octubre. En este contexto, he considerado oportuno que el tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales tuviera como punto de referencia la familia. En efecto, la familia es el primer lugar donde aprendemos a comunicar. Volver a este momento originario nos puede ayudar, tanto a comunicar de modo más auténtico y humano, como a observar la familia desde un nuevo punto de vista.

Podemos dejarnos inspirar por el episodio evangélico de la visita de María a Isabel (cf. Lc 1,39-56). «En cuanto Isabel oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a voz en grito: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”» (vv. 41-42).

Este episodio nos muestra ante todo la comunicación como un diálogo que se entrelaza con el lenguaje del cuerpo. En efecto, la primera respuesta al saludo de María la da el niño saltando gozosamente en el vientre de Isabel. Exultar por la alegría del encuentro es, en cierto sentido, el arquetipo y el símbolo de cualquier otra comunicación que aprendemos incluso antes de venir al mundo. El seno materno que nos acoge es la primera «escuela» de comunicación, hecha de escucha y de contacto corpóreo, donde comenzamos a familiarizarnos con el mundo externo en un ambiente protegido y con el sonido tranquilizador del palpitar del corazón de la mamá. Este encuentro entre dos seres a la vez tan íntimos, aunque todavía tan extraños uno de otro, es un encuentro lleno de promesas, es nuestra primera experiencia de comunicación. Y es una experiencia que nos acomuna a todos, porque todos nosotros hemos nacido de una madre.

Después de llegar al mundo, permanecemos en un «seno», que es la familia. Un seno hecho de personas diversas en relación; la familia es el «lugar donde se aprende a convivir en la diferencia» (Exort. ap. Evangelii gaudium, 66): diferencias de géneros y de generaciones, que comunican antes que nada porque se acogen mutuamente, porque entre ellos existe un vínculo. Y cuanto más amplio es el abanico de estas relaciones y más diversas son las edades, más rico es nuestro ambiente de vida. Es el vínculo el que fundamenta la palabra, que a su vez fortalece el vínculo. Nosotros no inventamos las palabras: las podemos usar porque las hemos recibido. En la familia se aprende a hablar la lengua materna, es decir, la lengua de nuestros antepasados (cf. 2 M 7,25.27). En la familia se percibe que otros nos han precedido, y nos han puesto en condiciones de existir y de poder, también nosotros, generar vida y hacer algo bueno y hermoso. Podemos dar porque hemos recibido, y este círculo virtuoso está en el corazón de la capacidad de la familia de comunicarse y de comunicar; y, más en general, es el paradigma de toda comunicación.

La experiencia del vínculo que nos «precede» hace que la familia sea también el contexto en el que se transmite esa forma fundamental de comunicación que es la oración. Cuando la mamá y el papá acuestan para dormir a sus niños recién nacidos, a menudo los confían a Dios para que vele por ellos; y cuando los niños son un poco más mayores, recitan junto a ellos oraciones simples, recordando con afecto a otras personas: a los abuelos y otros familiares, a los enfermos y los que sufren, a todos aquellos que más necesitan de la ayuda de Dios. Así, la mayor parte de nosotros ha aprendido en la familia la dimensión religiosa de la comunicación, que en el cristianismo está impregnada de amor, el amor de Dios que se nos da y que nosotros ofrecemos a los demás.

Lo que nos hace entender en la familia lo que es verdaderamente la comunicación como descubrimiento y construcción de proximidad es la capacidad de abrazarse, sostenerse, acompañarse, descifrar las miradas y los silencios, reír y llorar juntos, entre personas que no se han elegido y que, sin embargo, son tan importantes las unas para las otras. Reducir las distancias, saliendo los unos al encuentro de los otros y acogiéndose, es motivo de gratitud y alegría: del saludo de María y del salto del niño brota la bendición de Isabel, a la que sigue el bellísimo canto del Magnificat, en el que María alaba el plan de amor de Dios sobre ella y su pueblo. De un «sí» pronunciado con fe, surgen consecuencias que van mucho más allá de nosotros mismos y se expanden por el mundo. «Visitar» comporta abrir las puertas, no encerrarse en uno mismo, salir, ir hacia el otro. También la familia está viva si respira abriéndose más allá de sí misma, y las familias que hacen esto pueden comunicar su mensaje de vida y de comunión, pueden dar consuelo y esperanza a las familias más heridas, y hacer crecer la Iglesia misma, que es familia de familias.

La familia es, más que ningún otro, el lugar en el que, viviendo juntos la cotidianidad, se experimentan los límites propios y ajenos, los pequeños y grandes problemas de la convivencia, del ponerse de acuerdo. No existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección, a la fragilidad, ni siquiera a los conflictos; hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva. Por eso, la familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón. El perdón es una dinámica de comunicación: una comunicación que se desgasta, se rompe y que, mediante el arrepentimiento expresado y acogido, se puede reanudar y acrecentar. Un niño que aprende en la familia a escuchar a los demás, a hablar de modo respetuoso, expresando su propio punto de vista sin negar el de los demás, será un constructor de diálogo y reconciliación en la sociedad.

A propósito de límites y comunicación, tienen mucho que enseñarnos las familias con hijos afectados por una o más discapacidades. El déficit en el movimiento, los sentidos o el intelecto supone siempre una tentación de encerrarse; pero puede convertirse, gracias al amor de los padres, de los hermanos y de otras personas amigas, en un estímulo para abrirse, compartir, comunicar de modo inclusivo; y puede ayudar a la escuela, la parroquia, las asociaciones, a que sean más acogedoras con todos, a que no excluyan a nadie.

Además, en un mundo donde tan a menudo se maldice, se habla mal, se siembra cizaña, se contamina nuestro ambiente humano con las habladurías, la familia puede ser una escuela de comunicación como bendición. Y esto también allí donde parece que prevalece inevitablemente el odio y la violencia, cuando las familias están separadas entre ellas por muros de piedra o por los muros no menos impenetrables del prejuicio y del resentimiento, cuando parece que hay buenas razones para decir «ahora basta»; el único modo para romper la espiral del mal, para testimoniar que el bien es siempre posible, para educar a los hijos en la fraternidad, es en realidad bendecir en lugar de maldecir, visitar en vez de rechazar, acoger en lugar de combatir.

Hoy, los medios de comunicación más modernos, que son irrenunciables sobre todo para los más jóvenes, pueden tanto obstaculizar como ayudar a la comunicación en la familia y entre familias. La pueden obstaculizar si se convierten en un modo de sustraerse a la escucha, de aislarse de la presencia de los otros, de saturar cualquier momento de silencio y de espera, olvidando que «el silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido» (Benedicto XVI, Mensaje para la XLVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 enero 2012). La pueden favorecer si ayudan a contar y compartir, a permanecer en contacto con quienes están lejos, a agradecer y a pedir perdón, a hacer posible una y otra vez el encuentro. Redescubriendo cotidianamente este centro vital que es el encuentro, este «inicio vivo», sabremos orientar nuestra relación con las tecnologías, en lugar de ser guiados por ellas. También en este campo, los padres son los primeros educadores. Pero no hay que dejarlos solos; la comunidad cristiana está llamada a ayudarles para vivir en el mundo de la comunicación según los criterios de la dignidad de la persona humana y del bien común.

El desafío que hoy se nos propone es, por tanto, volver a aprender a narrar, no simplemente a producir y consumir información. Esta es la dirección hacia la que nos empujan los potentes y valiosos medios de la comunicación contemporánea. La información es importante pero no basta, porque a menudo simplifica, contrapone las diferencias y las visiones distintas, invitando a ponerse de una u otra parte, en lugar de favorecer una visión de conjunto.

La familia, en conclusión, no es un campo en el que se comunican opiniones, o un terreno en el que se combaten batallas ideológicas, sino un ambiente en el que se aprende a comunicar en la proximidad y un sujeto que comunica, una «comunidad comunicante». Una comunidad que sabe acompañar, festejar y fructificar. En este sentido, es posible restablecer una mirada capaz de reconocer que la familia sigue siendo un gran recurso, y no sólo un problema o una institución en crisis. Los medios de comunicación tienden en ocasiones a presentar la familia como si fuera un modelo abstracto que hay que defender o atacar, en lugar de una realidad concreta que se ha de vivir; o como si fuera una ideología de uno contra la de algún otro, en lugar del espacio donde todos aprendemos lo que significa comunicar en el amor recibido y entregado. Narrar significa más bien comprender que nuestras vidas están entrelazadas en una trama unitaria, que las voces son múltiples y que cada una es insustituible.

La familia más hermosa, protagonista y no problema, es la que sabe comunicar, partiendo del testimonio, la belleza y la riqueza de la relación entre hombre y mujer, y entre padres e hijos. No luchamos para defender el pasado, sino que trabajamos con paciencia y confianza, en todos los ambientes en que vivimos cotidianamente, para construir el futuro.

 

Vaticano, 23 de enero de 2015

Vigilia de la fiesta de San Francisco de Sales.

Francisco

Patronal de la Parroquia Santa Rafaela María

 

 

Bajo el lema “Darlo todo por la Paz”, la comunidad de Santa Rafaela honra a su patrona. La celebración central tendrá lugar el domingo 17, con la procesión a las 17.00 y luego la misa presidida por Mons. Juan Alberto Puiggari.

Además se invita a la cena patronal que tendrá lugar el sábado 23 a partir de las 21.00.