Clausura de la Acción Católica

Desde este viernes 11 hasta el domingo 13 se desarrollará la Clausura de la Acción Católica Arquidiocesana en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario (Iglesia Catedral). Se trata de tres días de intenso trabajo,  reflexión y oración con sede en las instalaciones del Colegio Nuestra Señora del Huerto.

Según se informó, el viernes la jornada de Juveniles será desde las 19.00. El sábado, la actividad arranca de manera conjunta desde las 8.00. Ese día, a las 18.00, se compartirá la Misa de Cierre del Año Santo de la Misericordia con la comunidad.

El domingo 13, las actividades serán desde las 8.00, teniendo como punto central el encuentro de Jóvenes y Adultos con nuestro Arzobispo al finalizar la mañana.

12.30: Santa Misa en la Iglesia Catedral en la cual un grupo de niños y jóvenes realizarán sus promesas y oficialización en la institución.

Finalmente alrededor de  las 14.30 del domingo está previsto que comience el Acto de Clausura 2016.

Convivencia Diocesana para Egresados 2016

 

Bajo el lema “Unidos en Cristo, proyectémonos en el Amor”, el viernes 18 de noviembre se realizará el Jubileo de los Egresados 2016. La actividad está organizada por El Instituto “Madre de Jesús” de Ramírez y tendrá lugar en el Polideportivo Municipal de esa localidad entrerriana.

Según de informó desde la organización, está destinado específicamente a egresados 2016 y la colaboración para la entrada es un rosario, un alimento no perecedero o un útil escolar.

Ese día, el cronograma será el siguiente:

11.00: Llegada. Presentación e integración.

12.30 Almuerzo a la canasta.

14.00: Flashmob a cargo de sexto año.

15.30: Actividades de reflexión grupales. Testimonios.

17.00: Celebración de la misa.

18.30: Concierto de Pablo Martínez.

La Pastoral de Drogadependencia pide que se declare la emergencia nacional en adicciones

 

La Comisión Nacional de Pastoral sobre Drogadependencia – constituida por los delegados diocesanos de todo el país- pidió a las autoridades la pronta declaración de la “emergencia nacional de adicciones”. 

En el documento expresan la gran preocupación por el momento que se está viviendo: “Es un problema que fue creciendo y avanza profundizando el deterioro de la vida de nuestros jóvenes y destruyendo el tejido social”.

 

 

Texto del documento

Como Comisión Nacional de pastoral sobre adicciones y drogadependencia, constituida por los delegados diocesanos de todo el país, queremos expresar nuestra gran preocupación por el momento que atraviesa nuestra patria respecto del tema que nos ocupa. Con claridad decimos que no se trata de un gobierno u otro, sino más bien de un problema que fue creciendo y, como una espiral, avanza profundizando el deterioro de la vida de nuestros jóvenes y destruyendo el tejido social.

Es así que, cotidianamente, llegan a nuestras parroquias e instituciones presentes a lo largo del territorio nacional, en nuestros pueblos y ciudades muchos pibes, gurisas, changos y chinitas que perdieron su libertad por la falta de sentido y oportunidades, y quedaron entrampados en las redes del consumo de alguna droga, tanto legal como ilegal. Acompañamos el sufrimiento de sus familias y seres queridos. Esto sucede incluso en los pueblos más chiquitos, en los que para poder ver a un psicólogo o especialista en salud mental hay que viajar 100 o 200 km. La situación es desesperante y nos preguntamos cuál es la respuesta que como sociedad estamos ofreciendo. Debemos sincerarnos. En los centros urbanos estamos discutiendo modos novedosos de intervenir, organizando congresos y analizando las falencias de los distintos paradigmas y modelos teóricos, muchas veces importados, y la respuesta sigue siendo insuficiente, mientras hay cerca de un millón de jóvenes que no estudia ni trabaja en nuestro país.

En ese sentido, advertimos que la respuesta que se sigue dando es con un acentuado enfoque en la dimensión represiva hacia los sectores más vulnerables. Basta comparar el presupuesto del Ministerio de Seguridad con el de la Sedronar para comprender la desproporción de la que estamos hablando. Pero hay que decirlo, si a nuestros jóvenes no les ofrecemos oportunidades reales para crecer, para descubrir el sentido de la vida, políticas públicas de prevención y un sistema de salud adecuado, van a ser estructuralmente vulnerables. No alcanza con perseguir al narcotráfico, hay que cuidar a los pibes.

Desde ya que no queremos drogas en nuestros lugares y apoyamos los intentos por erradicarlo. En ese sentido, entendemos que sería bueno poner la mirada también en los circuitos financieros que lo hacen posible, porque sino queda como un problema de los pobres y las fuerzas de seguridad cometen atropellos con los pibes. ¡No! el narcotráfico es una red multinacional con gerentes y CEOs, que saben tanto de complicidades políticas como de comunicación, de maquillar la realidad con teorías novedosas surgidas en universidades prestigiosas, de hacer lobby y buscar leyes favorables a su negocio.

En este contexto de ausencia de oportunidades y respuestas aparece una voz que es imprescindible escuchar: la situación dramática de niños y jóvenes que padecen epilepsia refractaria y que encuentran en un derivado del cannabis el paliativo a sus dolencias. Entendemos que es imprescindible que quienes padecen esta enfermedad puedan tener su medicina, y que corresponde al Estado proveerla gratuitamente.

Lo que no queremos es que el reclamo justo de los familiares se entremezcle con políticas que hacen daño a otros. En definitiva, no estamos de acuerdo con las políticas liberales que reclaman el derecho de cultivar, tener o consumir drogas, porque entendemos que no todas las personas están en la misma situación, y vemos que a los pibes que no tienen o tienen pocas oportunidades en la vida, estas acciones les pueden costar carísimas.

Por último, por la gravedad del momento que estamos viviendo, por las muertes, tragedias, y sufrimientos de miles de pibes y pibas a lo largo del país, de hombres y mujeres, por el dolor de sus familias, por nuestros barrios, villas, pueblos y ciudades, por el Padre Juan Viroche y todos los que día a día dan la vida, este equipo pide la pronta declaración de la emergencia nacional en adicciones, y reclama a los distintos niveles del estado: municipales, provinciales y nacional, a los medios de comunicación, a las empresas, a las iglesias y distintos credos que se hagan eco de este pedido, que como un grito que se eleva al cielo de la patria: ¡Basta! ¡Basta! ¡¡¡¡Ni un pibe menos por la droga!!!! Hay que ponerse a trabajar.

Invitamos a todos a ponernos la Patria al hombro como nos pide el Papa. Que la Virgen de Luján, patrona de nuestra Patria nos enseñe el camino del compromiso y nos revele las fibras de solidaridad que son la identidad de nuestro pueblo argentino.

12º Asamblea Plenaria del Episcopado

 

Con la participación de 106 obispos, este lunes comenzó la 112° Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina en la Casa de Retiros Espirituales El Cenáculo en Pilar.

Las deliberaciones se iniciaron durante la tarde dedicando el tiempo previsto al intercambio pastoral donde los obispos plantearon libremente temas referidos a la acción pastoral y el país.

En este sentido se ha reflexionado sobre el rol de la Iglesia en torno a las situaciones de pobreza, el narcotráfico y la reconciliación. Los obispos destacaron algunos acontecimientos vividos durante el año: el Congreso Eucarístico Nacional, la beatificación de Mama Antula y la Canonización del Cura Brochero. En este sentido se ha destacado el crecimiento de la devoción hacia el nuevo santo en el Año de la Misericordia.

 

Homilía de Mons. Arancedo

 

A continuación compartimos el texto completo de la Homilía pronunciada por Mons. José María Arancedo – Arzobispo de Santa Fe y Presidente de la Conferencia Episcopal-  en la misa de Apertura.

 

“Queridos hermanos:

Iniciamos una nueva Asamblea en la que reflexionaremos el camino y las orientaciones pastorales de la Conferencia Episcopal. La pertenencia al cuerpo episcopal es un don, una gracia al servicio del Pueblo de Dios que, vivido como “expresión del afecto eclesial” guía nuestra “acción evangelizadora y afianza la comunión eclesial”. Qué bien nos hace en este ámbito volver a las palabras del salmista, cuando nos habla del gozo del encuentro fraterno: “¡Qué bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos…. Allí el Señor da su bendición” (Sal. 133). Vivir la alegría de nuestro encuentro es un signo de la presencia del Espíritu.

Al iniciar la 112° Asamblea Plenaria no podemos dejar de tener una mirada agradecida  a Dios por este año que estamos concluyendo. Hemos sido testigos de varios acontecimientos que hacen a la Historia de la Iglesia en Argentina y que han enriquecido la vida de nuestras comunidades. En el marco del Año Santo de la Misericordia con su mensaje de conversión y santidad, celebramos en Tucumán, junto al Bicentenario de nuestra Patria, el XI Congreso Eucarístico Nacional que fue una Fiesta de fe eucarística y comunión eclesial. Asistimos, finalmente, a la Beatificación de Mama Antula, y a la canonización de nuestro Cura Brochero, ya nombrado Patrono del clero argentino. ¡Cuántos momentos fuertes y fecundos hemos vivido!

En un mundo con tantas actividades y envueltos en esa fugacidad que debilita la asimilación de los acontecimientos vividos, no dejemos de valorar su espesura y profundidad histórica y de gracia, son hechos que han marcado nuestro camino eclesial a lo largo del año. Es el Señor de la Historia quién nos ha visitado y hemos sido testigos de su paso. Este tiempo vivido compromete, además, nuestro reconocimiento y gratitud a las personas e instituciones que han sido instrumentos en este año de gracia. Que sepamos, Señor, vivir y desarrollar todas las riquezas espirituales y pastorales que encierra este camino de gracia.   

Celebramos la memoria de Santa María, Madre y medianera de la gracia. El evangelio de san Juan nos presenta a María en las bodas Caná, intercediendo ante su Hijo. Es una imagen que nos revela su cercanía de Madre ante las necesidades humanas, y nos muestra su papel de intercesora. Así lo vivió y trasmitió la tradición, así lo definió la Iglesia. Son muchas los signos que nos hablan de esta misión de María. Nuestros Santuarios son un testimonio elocuente de su intercesión. Ella orienta nuestro corazón al encuentro con su Hijo. 

Con su simple: “Hagan todo lo que él les diga” (Jn. 2, 5), es ella misma la que nos manifiesta su lugar en el plan de Dios. Cuánta confianza nos da el saber que está atenta y nos acompaña con su amor de madre. Ante la multiplicidad de temas que nos ocupan, somos los primeros necesitados de su presencia maternal e intercesora. En  la intimidad de este ámbito colegial quiero decirle, una vez más: María, intercede por nosotros, tus hijos, llamados a ser pastores del pueblo que la Iglesia nos ha confiado.  

Esta atenta y activa actitud de María ante las necesidades humanas, es una imagen en la que encontramos rasgos que nos ayudan en nuestro ministerio pastoral. Es una presencia cercana que ve y se hace cargo de la necesidad del otro. Ella vive su misión con la certeza de ese amor providente de Dios que en su Hijo nos manifestó su amor y misericordia. Su mirada de fe la hace vivir con gozo su “pequeñez de servidora”, y lo hace con la confianza de que su fuerza proviene de lo alto, “el todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas” (Lc. 1, 46). Esta experiencia de María es, también para nosotros como pastores, la certeza de vivir un camino sostenido por el amor providente de Dios. 

Su cercanía y sensibilidad es, además, una escuela que nos enseña a asumir las necesidades materiales y espirituales de nuestros hermanos, sobre todo los más necesitados. Conocemos la realidad de la pobreza y las dificultades en la que viven muchos hermanos nuestros. Sabemos que la situación social sigue siendo difícil, incluido especialmente el flagelo del narcotráfico con su secuela de destrucción y muerte.  Esta deuda social reclama caminos que permitan cubrir tanto las necesidades básicas como la creación de trabajos dignos que, junto a la educación y capacitación, eleve y aliente proyectos de vida, de modo especial en los jóvenes.

Para alcanzar una sociedad más justa e inclusiva, es necesario junto a la presencia activa del Estado, el compromiso de una dirigencia capaz de salir de una cultura individualista encerrada en sus intereses, para abrirse a las exigencias de la solidaridad y el bien común. La pobreza no es solo un tema económico, es también un tema moral y cultural.

Vuelvo a un tema pendiente en nuestra sociedad. Como argentinos venimos de una historia de desencuentros y heridas que necesitan ser sanadas, para crear juntos una Patria de hermanos. Este espíritu nos llevó a ordenar y disponer nuestros archivos como un servicio que ilumine nuestra historia reciente, de acuerdo a lo dispuesto por la Asamblea de noviembre de 2012. Cuando hablamos de reconciliación lo hacemos desde el evangelio y la dignidad de la persona humana. La reconciliación no es impunidad ni debilidad, ella necesita de la verdad y del ejercicio de una justicia respetuosa de las garantías constitucionales, en la que todos se sientan incluidos. Cuando abrimos nuestra mente y nuestro corazón al valor humano, espiritual y social de la reconciliación caminamos en la justicia hacia la concordia. La reconciliación mira el pasado, ciertamente, pero es camino y profecía de una sociedad nueva. No hay, por lo mismo, futuro posible  de una Patria de hermanos sin espíritu de reconciliación.  

Pongo a los pies de María Santísima, Nuestra Madre de Luján, el comienzo de los trabajos de esta Asamblea Plenaria para que  nos acompañe y nos haga mirar a su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Amén”.  

12º Asamblea Plenaria del Episcopado

 

Con la participación de 106 obispos, este lunes comenzó la 112° Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina en la Casa de Retiros Espirituales El Cenáculo en Pilar.

Las deliberaciones se iniciaron durante la tarde dedicando el tiempo previsto al intercambio pastoral donde los obispos plantearon libremente temas referidos a la acción pastoral y el país.

En este sentido se ha reflexionado sobre el rol de la Iglesia en torno a las situaciones de pobreza, el narcotráfico y la reconciliación. Los obispos destacaron algunos acontecimientos vividos durante el año: el Congreso Eucarístico Nacional, la beatificación de Mama Antula y la Canonización del Cura Brochero. En este sentido se ha destacado el crecimiento de la devoción hacia el nuevo santo en el Año de la Misericordia.

 

Homilía de Mons. Arancedo

 

A continuación compartimos el texto completo de la Homilía pronunciada por Mons. José María Arancedo – Arzobispo de Santa Fe y Presidente de la Conferencia Episcopal-  en la misa de Apertura.

 

“Queridos hermanos:

Iniciamos una nueva Asamblea en la que reflexionaremos el camino y las orientaciones pastorales de la Conferencia Episcopal. La pertenencia al cuerpo episcopal es un don, una gracia al servicio del Pueblo de Dios que, vivido como “expresión del afecto eclesial” guía nuestra “acción evangelizadora y afianza la comunión eclesial”. Qué bien nos hace en este ámbito volver a las palabras del salmista, cuando nos habla del gozo del encuentro fraterno: “¡Qué bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos…. Allí el Señor da su bendición” (Sal. 133). Vivir la alegría de nuestro encuentro es un signo de la presencia del Espíritu.

Al iniciar la 112° Asamblea Plenaria no podemos dejar de tener una mirada agradecida  a Dios por este año que estamos concluyendo. Hemos sido testigos de varios acontecimientos que hacen a la Historia de la Iglesia en Argentina y que han enriquecido la vida de nuestras comunidades. En el marco del Año Santo de la Misericordia con su mensaje de conversión y santidad, celebramos en Tucumán, junto al Bicentenario de nuestra Patria, el XI Congreso Eucarístico Nacional que fue una Fiesta de fe eucarística y comunión eclesial. Asistimos, finalmente, a la Beatificación de Mama Antula, y a la canonización de nuestro Cura Brochero, ya nombrado Patrono del clero argentino. ¡Cuántos momentos fuertes y fecundos hemos vivido!

En un mundo con tantas actividades y envueltos en esa fugacidad que debilita la asimilación de los acontecimientos vividos, no dejemos de valorar su espesura y profundidad histórica y de gracia, son hechos que han marcado nuestro camino eclesial a lo largo del año. Es el Señor de la Historia quién nos ha visitado y hemos sido testigos de su paso. Este tiempo vivido compromete, además, nuestro reconocimiento y gratitud a las personas e instituciones que han sido instrumentos en este año de gracia. Que sepamos, Señor, vivir y desarrollar todas las riquezas espirituales y pastorales que encierra este camino de gracia.   

Celebramos la memoria de Santa María, Madre y medianera de la gracia. El evangelio de san Juan nos presenta a María en las bodas Caná, intercediendo ante su Hijo. Es una imagen que nos revela su cercanía de Madre ante las necesidades humanas, y nos muestra su papel de intercesora. Así lo vivió y trasmitió la tradición, así lo definió la Iglesia. Son muchas los signos que nos hablan de esta misión de María. Nuestros Santuarios son un testimonio elocuente de su intercesión. Ella orienta nuestro corazón al encuentro con su Hijo. 

Con su simple: “Hagan todo lo que él les diga” (Jn. 2, 5), es ella misma la que nos manifiesta su lugar en el plan de Dios. Cuánta confianza nos da el saber que está atenta y nos acompaña con su amor de madre. Ante la multiplicidad de temas que nos ocupan, somos los primeros necesitados de su presencia maternal e intercesora. En  la intimidad de este ámbito colegial quiero decirle, una vez más: María, intercede por nosotros, tus hijos, llamados a ser pastores del pueblo que la Iglesia nos ha confiado.  

Esta atenta y activa actitud de María ante las necesidades humanas, es una imagen en la que encontramos rasgos que nos ayudan en nuestro ministerio pastoral. Es una presencia cercana que ve y se hace cargo de la necesidad del otro. Ella vive su misión con la certeza de ese amor providente de Dios que en su Hijo nos manifestó su amor y misericordia. Su mirada de fe la hace vivir con gozo su “pequeñez de servidora”, y lo hace con la confianza de que su fuerza proviene de lo alto, “el todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas” (Lc. 1, 46). Esta experiencia de María es, también para nosotros como pastores, la certeza de vivir un camino sostenido por el amor providente de Dios. 

Su cercanía y sensibilidad es, además, una escuela que nos enseña a asumir las necesidades materiales y espirituales de nuestros hermanos, sobre todo los más necesitados. Conocemos la realidad de la pobreza y las dificultades en la que viven muchos hermanos nuestros. Sabemos que la situación social sigue siendo difícil, incluido especialmente el flagelo del narcotráfico con su secuela de destrucción y muerte.  Esta deuda social reclama caminos que permitan cubrir tanto las necesidades básicas como la creación de trabajos dignos que, junto a la educación y capacitación, eleve y aliente proyectos de vida, de modo especial en los jóvenes.

Para alcanzar una sociedad más justa e inclusiva, es necesario junto a la presencia activa del Estado, el compromiso de una dirigencia capaz de salir de una cultura individualista encerrada en sus intereses, para abrirse a las exigencias de la solidaridad y el bien común. La pobreza no es solo un tema económico, es también un tema moral y cultural.

Vuelvo a un tema pendiente en nuestra sociedad. Como argentinos venimos de una historia de desencuentros y heridas que necesitan ser sanadas, para crear juntos una Patria de hermanos. Este espíritu nos llevó a ordenar y disponer nuestros archivos como un servicio que ilumine nuestra historia reciente, de acuerdo a lo dispuesto por la Asamblea de noviembre de 2012. Cuando hablamos de reconciliación lo hacemos desde el evangelio y la dignidad de la persona humana. La reconciliación no es impunidad ni debilidad, ella necesita de la verdad y del ejercicio de una justicia respetuosa de las garantías constitucionales, en la que todos se sientan incluidos. Cuando abrimos nuestra mente y nuestro corazón al valor humano, espiritual y social de la reconciliación caminamos en la justicia hacia la concordia. La reconciliación mira el pasado, ciertamente, pero es camino y profecía de una sociedad nueva. No hay, por lo mismo, futuro posible  de una Patria de hermanos sin espíritu de reconciliación.  

Pongo a los pies de María Santísima, Nuestra Madre de Luján, el comienzo de los trabajos de esta Asamblea Plenaria para que  nos acompañe y nos haga mirar a su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Amén”.  

Francisco: “El diálogo es el único camino para todos los conflictos”

 

A continuación compartimos algunas de las declaraciones del Papa en el avión de regreso de Suecia a Roma.

El Papa Francisco afirmó que “el diálogo que favorece la negociación es el único camino para salir de los conflictos”, concretamente para Venezuela, país sudamericano sumido en una grave crisis política, social y económica.

Así lo indicó el Santo Padre en la rueda de prensa que concedió en el avión de regreso de Suecia a Roma tras una pregunta sobre su audiencia con el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el pasado 24 de octubre.

Las declaraciones del Papa se dan luego del inicio de las conversaciones entre el gobierno y la oposición en Venezuela, alentadas por los obispos del país que exhortaron a los líderes del país a emprender esta vía.

Francisco explicó que recibió a Maduro porque él fue quien pidió “una entrevista” y porque “si el Presidente lo pide se le recibe”.

“Lo he escuchado durante media hora (…) le he hecho alguna pregunta y he escuchado su opinión”, dijo el Pontífice.

El Papa Francisco subrayó que el diálogo es “el único camino para todos los conflictos, para todos los conflictos… no hay otra. Yo con el corazón daré lo mejor con el diálogo, y creo que se debe ir por ese camino, no sé cómo terminará, no sé porque es muy complicado”.

“La gente que está en el diálogo es gente de una estatura política importante. Zapatero, que ha sido dos veces Presidente del gobierno de España, y ese otro, Restrepo, han pedido a la Santa Sede que esté presente en el diálogo. Las dos partes. Y la Santa Sede ha asignado”, un representante.

Asamblea Plenaria de Obispos

 

Del 7 al 11 de noviembre próximo se realizará en la Casa de Ejercicios El Cenáculo en Pilar la 112° Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina.

 

Las deliberaciones comenzarán el lunes por la tarde con el habitual intercambio pastoral, donde los obispos presentan libremente sus inquietudes y reflexiones pastorales en torno a temas diversos. Luego, Mons. José María Arancedo presidirá la Misa de Apertura.

El martes se dedicará la jornada completa a reflexionar sobre la Exhortación Apostólica del Papa Francisco “Amoris Laetitia”.  El miércoles se abordará el tema de la Vocaciones al sacerdocio y se profundizará en torno a la Encíclica Laudato Si y las implicancias de sus enseñanzas en nuestro país. En tanto, el jueves se tratarán varios temas: el Presupuesto Económico 2017; la organización del Encuentro Nacional de Jóvenes que tendrá lugar en Rosario el año venidero; se realizará una evaluación del Congreso Eucarístico Nacional de Tucumán, la Beatificación de Mama Antula y la Canonización del Cura Brochero; la realidad de la pastoral penitenciaria y habrá un tiempo para reuniones de la comisiones episcopales. Finalmente el viernes por la mañana se revisará el texto de la nueva Liturgia de las Horas y otros temas propuestos por los obispos durante la Asamblea.

Qué es la Asamblea Plenaria

Según su estatuto, “la Asamblea Plenaria es el órgano primario y principal de la Conferencia Episcopal que expresa de forma particular el afecto colegial de sus miembros” y se realiza dos veces al año.  Están convocados 89 obispos (diocesanos, coadjutores, auxiliares) y 2 sacerdotes Administradores Diocesanos; e invitados 37 obispos eméritos, el nuncio apostólico y un obispo electo.

Regulación Natural de la Familia

 

El 5 de noviembre en la Parroquia San Miguel, se realizará una charla informativa sobre el Método de la Ovulación Billings. La actividad tendrá lugar en el salón de la Liga de Madres desde las 15.30 hasta las 19.30.

No se requiere inscripción previa y quienes deseen mayor información pueden contactarse al 4221636 o  4223621.

Brochero fue declarado Patrón del Clero Argentino

 

En una nota dirigida al presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Mons. José María Arancedo, la Santa Sede –a través de las autoridades pertinentes-, informó que se aprobó la solicitud de declarar a San José Gabriel del Rosario Brochero como Patrón del Clero Argentino. En la carta, que puede leerse de modo completo en el siguiente adjunto, se indica que “la Congregación espera que tan excelso patrocinio contribuya a suscitar entre el Clero un verdadero anhelo de santidad”.

 

(ABRIR)

Declaración conjunta de católicos y luteranos con ocasión de la conmemoración de la Reforma

 

 

Lunes, 31 de octubre de 2016

               

«Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí» (Jn 15,4).

Con corazones agradecidos

Con esta Declaración Conjunta, expresamos gratitud gozosa a Dios por este momento de oración en común en la Catedral de Lund, cuando comenzamos el año en el que se conmemora el quinientos aniversario de la Reforma. Los cincuenta años de constante y fructuoso diálogo ecuménico entre Católicos y Luteranos nos ha ayudado a superar muchas diferencias, y ha hecho más profunda nuestra mutua comprensión y confianza. Al mismo tiempo, nos hemos acercado más unos a otros a través del servicio al prójimo, a menudo en circunstancias de sufrimiento y persecución. A través del diálogo y el testimonio compartido, ya no somos extraños. Más bien, hemos aprendido que lo que nos une es más de lo que nos divide.

Pasar del conflicto a la comunión

Aunque estamos agradecidos profundamente por los dones espirituales y teológicos recibidos a través de la Reforma, también reconocemos y lamentamos ante Cristo que Luteranos y Católicos hayamos dañado la unidad vivible de la Iglesia. Las diferencias teológicas estuvieron acompañadas por el prejuicio y por los conflictos, y la religión fue instrumentalizada con fines políticos. Nuestra fe común en Jesucristo y nuestro bautismo nos pide una conversión permanente, para que dejemos atrás los desacuerdos históricos y los conflictos que obstruyen el ministerio de la reconciliación. Aunque el pasado no puede ser cambiado, lo que se recuerda y cómo se recuerda, puede ser trasformado. Rezamos por la curación de nuestras heridas y de la memoria, que nublan nuestra visión recíproca. Rechazamos de manera enérgica todo odio y violencia, pasada y presente, especialmente la cometida en nombre de la religión. Hoy, escuchamos el mandamiento de Dios de dejar de lado cualquier conflicto. Reconocemos que somos liberados por gracia para caminar hacia la comunión, a la que Dios nos llama constantemente.

Nuestro compromiso para un testimonio común

A medida que avanzamos en esos episodios de la historia que nos pesan, nos comprometemos a testimoniar juntos la gracia misericordiosa de Dios, hecha visible en Cristo crucificado y resucitado. Conscientes de que el modo en que nos relacionamos unos con otros da forma a nuestro testimonio del Evangelio, nos comprometemos a seguir creciendo en la comunión fundada en el Bautismo, mientras intentamos quitar los obstáculos restantes que nos impiden alcanzar la plena unidad. Cristo desea que seamos uno, para que el mundo crea (cf. Jn 17,21). Muchos miembros de nuestras comunidades anhelan recibir la Eucaristía en una mesa, como expresión concreta de la unidad  plena. Sentimos el dolor de los que comparten su vida entera, pero no pueden compartir la presencia redentora de Dios en la mesa de la Eucaristía. Reconocemos nuestra conjunta responsabilidad pastoral para responder al hambre y sed espiritual de nuestro pueblo con el fin de ser uno en Cristo. Anhelamos que sea sanada esta herida en el Cuerpo de Cristo. Este es el propósito de nuestros esfuerzos ecuménicos, que deseamos que progresen, también con la renovación de nuestro compromiso en el diálogo teológico. Pedimos a Dios que Católicos y Luteranos sean capaces de testimoniar juntos el Evangelio de Jesucristo, invitando a la humanidad a escuchar y recibir la buena noticia de la acción redentora de Dios. Pedimos a Dios inspiración, impulso y fortaleza para que podamos seguir juntos en el servicio, defendiendo los derechos humanos y la dignidad, especialmente la de los pobres, trabajando por la justicia y rechazando toda forma de violencia. Dios nos convoca para estar cerca de todos los que anhelan dignidad, justicia, paz y reconciliación. Hoy, en particular, elevamos nuestras voces para que termine la violencia y el radicalismo, que afecta a muchos países y comunidades, y a innumerables hermanos y hermanas en Cristo. Nosotros, Luteranos y Católicos, instamos a trabajar conjuntamente para acoger al extranjero, para socorrer las necesidades de los que son forzados a huir a causa de la guerra y la persecución, y para defender los derechos de los refugiados y de los que buscan asilo.  Hoy más que nunca, comprendemos que nuestro servicio conjunto en este mundo debe extenderse a la creación de Dios, que sufre explotación y los efectos de la codicia insaciable. Reconocemos el derecho de las generaciones futuras a gozar de lo creado por Dios con todo su potencial y belleza. Rogamos por un cambio de corazón y mente que conduzca a una actitud amorosa y responsable en el cuidado de la creación.

 Uno en Cristo

En esta ocasión propicia, manifestamos nuestra gratitud a nuestros hermanos y hermanas, representantes de las diferentes Comunidades y Asociaciones Cristianas Mundiales, que están presentes y quienes se unen a nosotros en oración. Al comprometernos de nuevo a pasar del conflicto a la comunión, lo hacemos como parte del único Cuerpo de Cristo, en el que estamos incorporados por el Bautismo. Invitamos a nuestros interlocutores ecuménicos para que nos recuerden nuestros compromisos y para animarnos. Les pedimos que sigan rezando por nosotros, que caminen con nosotros, que nos sostengan viviendo los compromisos de oración que manifestamos hoy.

Exhortación a los Católicos y Luteranos del mundo entero

Exhortamos a todas las comunidades y parroquias Luteranas y Católicas a que sean valientes, creativas, alegres y que tengan esperanza en su compromiso para continuar el gran itinerario que tenemos ante nosotros. En vez de los conflictos del pasado, el don de Dios de la unidad entre nosotros guiará la cooperación y hará más profunda nuestra solidaridad. Nosotros, Católicos y Luteranos, acercándonos en la fe a Cristo, rezando juntos, escuchándonos unos a otros, y viviendo el amor de Cristo en nuestras relaciones, nos abrimos al poder de Dios Trino. Fundados en Cristo y dando testimonio de él, renovamos nuestra determinación para ser fieles heraldos del amor infinito de Dios para toda la humanidad.