Homenaje a Mons. Bazán y Bustos a 100 años de su fallecimiento


La comunidad de Paraná se prepara para honrar la memoria de quien fuera su cuarto obispo, Monseñor Dr. Abel Bazán y Bustos, al cumplirse el centenario de su fallecimiento. El prelado, que guió la diócesis entre 1910 y 1926, será recordado a través de una serie de actos que buscan poner en valor su legado.

La ceremonia central consistirá en la celebración de la Santa Misa el próximo 24 de abril a las 19:00, en la Catedral. Al finalizar la liturgia, se realizará una ofrenda floral. El encuentro concluirá con una alocución especial a cargo de la Junta de Estudios de Historia de la Iglesia, cuyos miembros compartirán reflexiones sobre el profundo legado pastoral e intelectual del recordado obispo en la región.

Propuesta de formación para el servicio en Cáritas

Bajo el lema “Abrazar heridas y organizar la esperanza: Hacia una conversión de Cáritas en salida”, los días 9 y 10 de mayo se realizarán unas Jornadas de Formación para el servicio en Cáritas.
“Serán días de reflexión destinados a 70 fieles de nuestras comunidades que deseen acompañar este camino. Valorando la presencia fiel y fecunda de nuestras Cáritas parroquiales nos vemos, sin embargo, impulsados a buscar una renovación de su estilo de servicio”, se indicó desde la organización.

Como el cupo de esta primera Jornada es limitado, se invita a definir por decanato una o dos parroquias que estén interesadas en comenzar y cuenten con dos/tres personas (incluyendo al sacerdote, si lo desea) dispuestas a participar. La actividad tendrá lugar en el Centro El Salvador.

Homilía «Bodas de Plata por los 25 años de la Residencia Sacerdotal

Homilia del P. Luis Anaya en ocasión de las Bodas de Plata de la casa Sacerdotal «Jesús Buen Pastor» el día lunes 13 de abril en la Parroquia Nuestra Señora de la Piedad.

BODAS DE PLATA

Celebramos los 25 años de la Residencia Sacerdotal “Jesús Buen Pastor”.

La residencia es uno de los “sueños” del entonces arzobispo Mons. Karlic. Sueño que se pudo concretar en el año 2001. Fue de mucha providencia para ello la presencia de las hermanas religiosas de la Divina Providencia en Paraná y la gestión de la entonces madre general de la congregación: Suor Marcella Cessa. El diálogo entre la diócesis y la congregación, con la presencia estable y apostólica de las hermanas permitieron concretar un anhelo, que era parte del carisma de las religiosas.

De este modo, el 19 de marzo del 2001 comenzó formalmente su vida de acogida a los sacerdotes mayores adultos o aquejados por alguna enfermedad el Hogar sacerdotal. Contó provisoriamente para funcionar con una casa cercana a la actual residencia, sobre la misma calle Italia. Más tarde se trasladaría la residencia al “Paracao”, para luego volver a calle Italia en su actual emplazamiento.

Después de muchos años de atención cuidadosa a varios sacerdotes residentes en la Casa, las hermanas de la Divina Providencia advirtieron que no podían continuar con la obra. Diversas razones les dieron a entender que era prudente entregar la obra a la arquidiócesis. Facilitaron el traspaso con un comodato de la casa que hoy los alberga, la disponibilidad del personal que los atendía y la experiencia de muchos años de cuidado. Así fue como el 23 de abril del 2020, en tiempos de pandemia, pudo ejecutarse la decisión de su gestión diocesana.

Siete eran los sacerdotes residentes en el Hogar en el inicio de esta nueva etapa. En la actualidad son 11, que es la capacidad del Hogar.

Pero los datos históricos revelan mucho más. Sin forzar el texto, el evangelio de este día nos ayuda a pensar en ello, en celebrar esta acción de gracias con el sentido que le corresponde. Porque los veinticinco años transcurridos no han sido solo un transcurso de tiempo; las bodas de plata son la expresión de un don de Dios al que, como Iglesia local, queremos ser fieles. No celebramos una cronología sino un kairós, es decir, la manifestación de las maravillas de Dios, de su misericordia.

Pregunta Nicodemo en el evangelio “¿cómo puede un hombre nacer de nuevo cuando ya es viejo?” Tomo algo de la respuesta de Jesús: “el viento sopla donde quiere: tu oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va”. Es la novedad, es lo eterno que se hace presente en el tiempo, es la perenne juventud del nacimiento en el Espíritu. La Residencia sacerdotal quiere ser fiel en este sentido: ser un espacio para que el Espíritu del Señor nos recree en la permanente renovación de la condición de hijos y en el ministerio sacerdotal.

¿Cómo continuar con la entrega sacerdotal cuando los límites de la edad o de salud no permiten o dificultan el ejercicio ordinario del ministerio? Sabemos que Dios es fuente de vida y de fecundidad en todo momento de la existencia personal. El tiempo cronológico no lo interrumpe.

Una reciente reflexión sapiencial a este propósito nos llega en “Reaviva el Don”, reciente texto de la CEMIN. “Reducidas las obligaciones pastorales queda la parte mejor, que en la vida del presbítero mayor puede traducirse – según las posibilidades – en un creciente tiempo para la escucha espiritual, la lectura, la oración, la presencia en el mundo del dolor, el acompañamiento de los sacerdotes. También en la ayuda y asistencia ocasional a distintas comunidades”.

Es un tiempo precioso para recrear el don del sacerdocio. La historia de la Residencia lo muestra en la atención y el cuidado sanitario – que Dios quiere para cada uno de nosotros –, por la fraternidad ejercida en el día a día, por la eucaristía compartida, por la oración común, por la virtud de la entrega expresada en los sencillos gestos de la convivencia.

Son muchos los sacerdotes que han vivido esta experiencia y lo continúan haciendo. Sacerdotes del presbiterio de Paraná y de otras diócesis, que nos enriquecen con su presencia e integración. De este modo podemos vivir sacerdotalmente, animados por el Espíritu, en el kairós que Dios nos regala.

El “permanecer” de la residencia a lo largo de veinticinco años y el esfuerzo de la arquidiócesis en su sostenimiento no solo ha sido una actitud de perseverancia.  Se quiso ser fiel a un regalo de Dios. Es lo que agradecemos a Cristo Resucitado, que es el Dios de la misericordia y la fuente del don.

Nuestra Señora del Rosario nos cobije bajo su protección y san José nos cuide en el Amor del Padre.

Celebración por los 25 años de la Residencia Sacerdotal

La Arquidiócesis de Paraná, celebró este lunes 13, los 25 años de la Residencia Sacerdotal “Jesús Buen Pastor”, con una Misa en Acción de Gracias en la Parroquia Nuestra Señora de la Piedad.
“La residencia es uno de los “sueños” del entonces arzobispo Mons. Karlic. Sueño que se pudo concretar en el año 2001. Fue de mucha providencia para ello la presencia de las hermanas religiosas de la Divina Providencia en Paraná”, expresó el P. Luis Anaya, responsable de la Casa Sacerdotal, en la homilía.
La Eucaristía estuvo presidida por el Arzobispo Mons. Raúl Martín, y también estuvieron presentes los sacerdotes de la casa así como también la comunidad que quiso agradecer tantos años de acompañamiento.

“Son muchos los sacerdotes que han vivido esta experiencia y lo continúan haciendo. Sacerdotes del presbiterio de Paraná y de otras diócesis, que nos enriquecen con su presencia e integración. De este modo podemos vivir sacerdotalmente, animados por el Espíritu, en el kairós que Dios nos regala.
El “permanecer” de la residencia a lo largo de veinticinco años y el esfuerzo de la arquidiócesis en su sostenimiento no solo ha sido una actitud de perseverancia. Se quiso ser fiel a un regalo de Dios. Es lo que agradecemos a Cristo Resucitado, que es el Dios de la misericordia y la fuente del don”, agregó.
La homilía completa del P. Anaya, puede leerse aquí.

Vida diocesana

El Arzobispo de Paraná, Mons. Raúl Martín, ha realizado los siguientes nombramientos:

Fr. Miguel Ángel Céspedes OP. administrador parroquial de San Agustín.

P. Javier Margheim, vicario parroquial de San Cayetano.

P. Cristian Scarpone, asesor diocesano de la Renovación Carismática.

Encomendamos a María del Rosario a estos hermanos nuestros.

Iniciativas para colaborar en el Sostenimiento de la Iglesia

La Arquidiócesis de Paraná desarrollará una nueva edición de la Campaña de Sostenimiento de la Iglesia, que tendrá lugar el fin de semana del 25 y 26 de abril.

En este sentido, como preparación a esta importante iniciativa y en consonancia con todo el país, el próximo 19 de abril, tendrá lugar “El Domingo del Compartir”. Se trata de una oportunidad para renovar la conciencia de que la Iglesia vive y se sostiene gracias al compromiso de todos sus miembros. Cada comunidad, cada parroquia y cada obra pastoral es posible por la generosidad de tantos fieles que ofrecen su tiempo, sus talentos y también sus bienes para anunciar el Evangelio.

En este marco, es importante recordar que el compromiso de todos sostiene la Iglesia presente: una Iglesia que celebra la Fe, que acompaña a las familias, que educa, que sirve a los más necesitados y que anuncia la esperanza de Cristo en cada rincón de nuestra patria.

El Domingo del Compartir ayudará a formar a la comunidad en el compromiso de sostener las distintas iniciativas pastorales de la Iglesia particular. La finalidad de la colecta 2026 es esa, sostener todas las iniciativas pastorales diocesanas.

Cómo colaborar

CBU 0720192520000005914968

Alias: colectabuenpastor26

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Aniversario de la visita de San Juan Pablo II a Paraná

Hoy, 9 de abril, se cumple un nuevo aniversario de la visita de Juan Pablo ll a la ciudad de Paraná. En su segundo viaje apostólico a la Argentina visitó las ciudades de Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, San Miguel de Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario. En la tarde del 9 de abril de 1987, el Santo Padre Juan Pablo II llegaba a Paraná y fue recibido por el entonces arzobispo, monseñor Estanislao Esteban Karlic. Aquí, el encuentro tuvo como tema «El mundo y los inmigrantes» debido a la gran cantidad de inmigrantes radicados en esta provincia.

La histórica visita culminó con la Jornada Mundial de la Juventud con una asistencia de un millón de personas.

 

Jornada Mundial por la Paz

El Papa León XIV convocó a una oración mundial por la paz para el sábado 11 de abril. Este llamado se realizó durante su bendición Urbi et Orbi del Domingo de Resurrección, con el objetivo de unir a fieles de todo el mundo en una vigilia especial ante el contexto de violencia y guerra.
De este modo, la Conferencia Episcopal Argentina, en consonancia con este llamado del Papa León, pidió -a través de un mensaje firmado por el presidente Mons. Marcelo Colombo-, se promuevan tanto en las acciones litúrgicas de ese día como en las comunidades y familias momentos de oración “en los que se suplique al Señor el fin de los conflictos y la gracia de un diálogo auténtico entre las naciones”.

Dale una mano a tu Iglesia


El Domingo del Compartir: Sostener la misión es tarea de todos

LaArquidiócesis de Paraná se prepara para llevar a cabo una nueva edición de la Campaña de Sostenimiento de la Iglesia, que tendrá lugar el fin de semana del 25 y 26 de abril.

Para prepararnos este año, que remos unirnos con toda argentina al El Domingo del Compartir, el próximo 19 de abril que es una oportunidad para renovar nuestra conciencia de que la Iglesia vive y se sostiene gracias al compromiso de todos sus miembros. Cada comunidad, cada parroquia y cada obra pastoral es posible por la generosidad de tantos fieles que ofrecen su tiempo, sus talentos y también sus bienes para anunciar el Evangelio.

En este marco queremos recordar que tu compromiso sostiene la Iglesia presente: una Iglesia que celebra la Fe, que acompaña a las familias, que educa, que sirve a los más necesitados y que anuncia la esperanza de Cristo en cada rincón de nuestra patria.

El Domingo del Compartir nos ayudará a formarnos en el compromiso de sostener las distintas iniciativas pastorales de nuestra Iglesia particular. La finalidad de la colecta 2026 es esa, sostener todas las iniciativas pastorales diocesanas.

Lo recaudado será destinado íntegramente para sostener proyectos pastorales de nuestra arquidiócesis. 

Cómo colaborar

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Alias: colectabuenpastor26

Materiales de difusión

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MISA CRISMAL 2026: “Tomados por Él, ungidos y enviados”

Después de larga espera, las promesas de Dios toman un rostro en este carpintero, hijo de María y de José.

Resuena en aquella sinagoga, un “hoy se ha cumplido”, palabras que golpean sin dudar el corazón de los presentes, testigos inocentes de una gran revelación.

La mirada del Pueblo que busca a Dios, se posa ahora sobre el Señor, sin poder ver, sin descubrir, sin entender.

Aquel Anunciado y Esperado de los tiempos, hoy está presente, y ellos no lo descubren, como ocurría unos años antes en la gruta de Belén: “encontrarán un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.

Jesús se revela a sí mismo.

Es Él, en quien se da cumplimiento al sueño salvador del Padre Dios.

Es Él, el Ungido y el Enviado.

Es Él, la Palabra encarnada y cumplida, hasta la obediencia en la cruz.

Como aquel día, también nuestra mirada se vuelve a Jesús, sabiendo que Él es el Camino.

Mirar a Jesús, experimentar la misericordia para reconocer su rostro en la persona de los hombres, especialmente en los más pequeños, y reconocer su misericordia, que cubre nuestras miserias y perdona nuestros pecados.

Hoy, la mirada de los hombres, como aquel Sábado de Nazaret, sigue buscando dónde descansar al encontrar, y sigue buscando caminos que lleven al cielo. Sigue esa mirada y cada mirada, también las nuestras, buscando al Dios de la vida. Ese Dios, Padre de todos, y a su Hijo Jesucristo, nuestro hermano.

Ese Jesucristo, que nos invita a seguirlo y que nos dice que todo es poco a cambio del cielo, a cambio de la Vida que Él ofrece, y que llamándonos nos colma.

Es Jesucristo, que en cada Misa, vuelve a ofrecerse por amor a vos, a mí, a todos, a cada hombre.

Que vuelve a recordarnos que sigue en medio nuestro, haciéndose cargo de todos, queriendo necesitar de nosotros, y que su Espíritu sigue guiando a la Iglesia, buscando corazones que quieran ser consagrados por la unción para llevar la Buena Noticia a los pobres, liberar a los cautivos, para dar la vista a los ciegos y proclamar un año de gracia.

Nos recuerda el Papa León, en su exhortación (Dilexit te n.21), sobre el amor hacia los pobres, “Jesús, se presenta como Aquel que viene a manifestar en el hoy de la historia la cercanía amorosa de Dios, que es ante todo, obra de liberación para quienes son prisioneros del mal, para los débiles y los pobres. Los signos que acompañan la predicación de Jesús son manifestación del amor y de la compasión con la que Dios mira a los enfermos, a los pobres y a los pecadores que, en virtud de su condición, eran marginados por la sociedad, pero también por la religión. En efecto, Dios muestra predilección hacia los pobres, a ellos se dirige la palabra de esperanza y de liberación del Señor y, por eso, aún en la condición de pobreza o debilidad, ya ninguno debe sentirse abandonado.

Y la Iglesia, si quiere ser de Cristo, debe ser la Iglesia de las Bienaventuranzas, una Iglesia que hace espacio a los pequeños y camina pobre con los pobres, un lugar donde los pobres tienen un sitio privilegiado.”

Llegamos a la Misa Crismal, signos de comunión en la Iglesia, a pocos días de la Pascua, para renovar nuestra vida consagrada, escuchar el mandato y el envío del Señor.

Queridos hermanos, somos pastores de su Pueblo. Por vocación, tenemos que hacer presente a Jesús sacerdote, asemejándonos al Buen Pastor que da la vida por sus ovejas.

Hoy, renovamos aquel SI, con que respondimos al primer llamado de nuestra historia ministerial, para hacernos servidores del Pueblo, que es Pueblo de Dios.

Jesús “nos toma consigo”, como lo hizo con sus discípulos, Pedro, Santiago, Juan el día de la Transfiguración, o en cada llamada a seguirlo. Es Él, quien nos ha amado, nos ha elegido, nos ha llamado.

En el origen, está el misterio de su elección. Ante todo, no hemos sido nosotros quienes tomamos una decisión, sino que fue Él quien nos llamó, sin ningún mérito de nuestra parte.

“Descalzate Moisés, porque estás pisando tierra santa”, le dirá Dios a ese titubeante y frágil hombre, salvado de las aguas, cuidador de rebaños ajenos, que se dejaba sorprender por una zarza que no se apaga. Quiero contar con vos. Quiero necesitarte.

Y desde esa realidad y de la nuestra, vuelve a llamar una y mil veces. Nos enseña a escuchar el dolor de nuestra gente, nos enseña a descalzarnos, nos enseña a confiar, no en nuestras fuerzas, no en sueños propios, sino en su mandato y en la fuerza de su gracia.

¡Cuánto dolor en este tiempo, cuánto dolor en este mundo, cuántos Egiptos, cuánta desilusión, cuánta desilusión en tantas vidas. Desconciertos, enfermedades, guerras, violencias, indiferencias y tantas pobrezas!

La cruz, enseñaba san Juan Pablo II, “es la inclinación más profunda de Dios en Cristo hacia el hombre. Un toque divino de amor eterno sobre las heridas más dolorosas de la existencia humana”.  ¡Cuántas cruces Señor, en estos días y en cada día!!!

Y Dios se abaja a cada uno de nosotros, vuelve a regalarnos su gracia salvadora, su ternura de Padre, su fuerza para no claudicar en el camino al cielo.

Y en medio de tanto, es Dios quien en su querer salvador, quiere contar con nosotros, con todos sus hijos. Con todos.

Quiere hacer de nosotros, como aquel samaritano bueno, que se apiadó del golpeado y acercándose, lo vendó con ternura.

Hacer de nosotros, un padre misericordioso, que lejos de enojarse, espera a la puerta y corre al abrazo de su hijo amado, porque es su hijo. Y hace fiesta.

Hacer de nosotros, hombres capaces de detenernos frente al hermano necesitado, sin pedir o tener más razones que el amor.

Antes de ser aquellos, que han hecho de su vida una ofrenda, somos quienes hemos recibido un regalo, el regalo de la gratuidad de Dios en su llamado. Nos llamó por nuestro nombre, y nos tomó con Él.

Ahí, a su monte santo, nos lleva su gracia primera. Por eso, cuando experimentemos amargura, nos decía el Papa Francisco, cuando experimentemos decepción o nos sintamos menospreciados o incomprendidos, no caigamos en quejas ni nostalgias. Son tentaciones que paralizan el camino, senderos que no llevan a ninguna parte.

En cambio, a partir de la gracia de la llamada, tomemos nuestra vida en nuestras manos, acogiendo el regalo de vivir cada día, como un tramo del camino hacia la meta.

No nos cansemos de pedir fuerzas para construir y conservar la comunión, y ser fermento de fidelidad en la Iglesia.

Invitados así, a alegrarnos y renovar cada día, con mayor conciencia, el inmenso don de su llamada, la gracia enorme de sabernos “tomados por Jesús” y hechos capaces de lavar los pies de los hermanos, ungir sus corazones, sostenernos en el camino al cielo.

¡Qué gracia enorme, inmerecida, transformadora hemos recibido que nos hace servidores en su nombre, instrumentos de su gracia para todos!

Hacer de cada uno de nosotros, “otro Jesús”, que en medio de dolores y cruces, se deja robar el cielo por un ladrón arrepentido.”

En medio de nuestra fragilidad, limitación y pecado también, la gracia de Dios nos hace familia en esta iglesia de Paraná, de enorme grandeza, trabajo, entrega generosa.

Demos gracias a Dios por tanto, y renovemos el compromiso de la propia conversión, y de una mayor entrega cada día, con alegría y entusiasmo con que queremos gastar la vida, amando.

Le pido a Dios, que no nos guardemos nada de esa misericordia, con la que Él quiere llegar al corazón de todos.

Que no nos cansemos de hacer el bien. Que no nos cansemos de llevar el amor, el perdón y la gracia de Dios, acompañando las alegrías de los hombres, pero también de llegar a los dolores más profundos, para alcanzar Su ternura y compasión.

Que no nos cansemos de rezar y cuidar, ahora y siempre a los hijos que nos puso en el camino y nos confía.

María, Señora del Rosario, madre de Jesús y madre nuestra, sostenenos junto a tu corazón, aprendiendo a escuchar las riquezas que nos hablan de Dios.

+ Raúl Martín