Mensaje para la Cuaresma

 

“La Palabra es un don. El otro es un don”, es el título del mensaje del  Papa Francisco para la Cuaresma 2017.

En este año, la Cuaresma tiene lugar del 1 de Marzo al 13 de Abril.

A continuación, compartimos el texto completo.

La Palabra es un don. El otro es un don

 

“Queridos hermanos y hermanas:

 

         La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016).

         La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31). Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión.

El otro es un don

         La parábola comienza presentando a los dos personajes principales, pero el pobre es el que viene descrito con más detalle: él se encuentra en una situación desesperada y no tiene fuerza ni para levantarse, está echado a la puerta del rico y come las migajas que caen de su mesa, tiene llagas por todo el cuerpo y los perros vienen a lamérselas (cf. vv. 20-21). El cuadro es sombrío, y el hombre degradado y humillado.

         La escena resulta aún más dramática si consideramos que el pobre se llama Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa literalmente «Dios ayuda». Este no es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como alguien con una historia personal. Mientras que para el rico es como si fuera invisible, para nosotros es alguien conocido y casi familiar, tiene un rostro; y, como tal, es un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano (cf. Homilía, 8 enero 2016).

         Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico.

El pecado nos ciega

         La parábola es despiadada al mostrar las contradicciones en las que se encuentra el rico (cf. v. 19). Este personaje, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene un nombre, se le califica sólo como «rico». Su opulencia se manifiesta en la ropa que viste, de un lujo exagerado. La púrpura, en efecto, era muy valiosa, más que la plata y el oro, y por eso estaba reservada a las divinidades (cf. Jr 10,9) y a los reyes (cf. Jc 8,26). La tela era de un lino especial que contribuía a dar al aspecto un carácter casi sagrado. Por tanto, la riqueza de este hombre es excesiva, también porque la exhibía de manera habitual todos los días: «Banqueteaba espléndidamente cada día» (v. 19). En él se vislumbra de forma patente la corrupción del pecado, que se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia (cf. Homilía, 20 septiembre 2013).

         El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Exh. ap. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz.

         La parábola nos muestra cómo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir. Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la existencia (cf. ibíd., 62).

         El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal. Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación.

         Cuando miramos a este personaje, se entiende por qué el Evangelio condena con tanta claridad el amor al dinero: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24).

La Palabra es un don

El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática. El sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». El rico y el pobre, en efecto, mueren, y la parte principal de la parábola se desarrolla en el más allá. Los dos personajes descubren de repente que «sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él» (1 Tm 6,7).

         También nuestra mirada se dirige al más allá, donde el rico mantiene un diálogo con Abraham, al que llama «padre» (Lc 16,24.27), demostrando que pertenece al pueblo de Dios. Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había lugar para Dios, siendo él mismo su único dios.

         El rico sólo reconoce a Lázaro en medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie su sufrimiento con un poco de agua. Los gestos que se piden a Lázaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y nunca realizó. Abraham, sin embargo, le explica: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces» (v. 25). En el más allá se restablece una cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes.

         La parábola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los cristianos. En efecto, el rico, cuyos hermanos todavía viven, pide a Abraham que les envíe a Lázaro para advertirles; pero Abraham le responde: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen» (v. 29). Y, frente a la objeción del rico, añade: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto» (v. 31).

         De esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano.

         Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor ―que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador― nos muestra el camino a seguir. Que el Espíritu Santo nos guie a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados. Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana. Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua”.

         Vaticano, 18 de octubre de 2016

         Fiesta de San Lucas Evangelista

FRANCISCO

Vida Diocesana

Mediante decreto Monseñor Juan Alberto Puiggari designó al Pbro. Javier Balcar como administrador de la Parroquia San Lucas Evangelista. 

12º Asamblea Plenaria del Episcopado

 

Con la participación de 106 obispos, este lunes comenzó la 112° Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina en la Casa de Retiros Espirituales El Cenáculo en Pilar.

Las deliberaciones se iniciaron durante la tarde dedicando el tiempo previsto al intercambio pastoral donde los obispos plantearon libremente temas referidos a la acción pastoral y el país.

En este sentido se ha reflexionado sobre el rol de la Iglesia en torno a las situaciones de pobreza, el narcotráfico y la reconciliación. Los obispos destacaron algunos acontecimientos vividos durante el año: el Congreso Eucarístico Nacional, la beatificación de Mama Antula y la Canonización del Cura Brochero. En este sentido se ha destacado el crecimiento de la devoción hacia el nuevo santo en el Año de la Misericordia.

 

Homilía de Mons. Arancedo

 

A continuación compartimos el texto completo de la Homilía pronunciada por Mons. José María Arancedo – Arzobispo de Santa Fe y Presidente de la Conferencia Episcopal-  en la misa de Apertura.

 

“Queridos hermanos:

Iniciamos una nueva Asamblea en la que reflexionaremos el camino y las orientaciones pastorales de la Conferencia Episcopal. La pertenencia al cuerpo episcopal es un don, una gracia al servicio del Pueblo de Dios que, vivido como “expresión del afecto eclesial” guía nuestra “acción evangelizadora y afianza la comunión eclesial”. Qué bien nos hace en este ámbito volver a las palabras del salmista, cuando nos habla del gozo del encuentro fraterno: “¡Qué bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos…. Allí el Señor da su bendición” (Sal. 133). Vivir la alegría de nuestro encuentro es un signo de la presencia del Espíritu.

Al iniciar la 112° Asamblea Plenaria no podemos dejar de tener una mirada agradecida  a Dios por este año que estamos concluyendo. Hemos sido testigos de varios acontecimientos que hacen a la Historia de la Iglesia en Argentina y que han enriquecido la vida de nuestras comunidades. En el marco del Año Santo de la Misericordia con su mensaje de conversión y santidad, celebramos en Tucumán, junto al Bicentenario de nuestra Patria, el XI Congreso Eucarístico Nacional que fue una Fiesta de fe eucarística y comunión eclesial. Asistimos, finalmente, a la Beatificación de Mama Antula, y a la canonización de nuestro Cura Brochero, ya nombrado Patrono del clero argentino. ¡Cuántos momentos fuertes y fecundos hemos vivido!

En un mundo con tantas actividades y envueltos en esa fugacidad que debilita la asimilación de los acontecimientos vividos, no dejemos de valorar su espesura y profundidad histórica y de gracia, son hechos que han marcado nuestro camino eclesial a lo largo del año. Es el Señor de la Historia quién nos ha visitado y hemos sido testigos de su paso. Este tiempo vivido compromete, además, nuestro reconocimiento y gratitud a las personas e instituciones que han sido instrumentos en este año de gracia. Que sepamos, Señor, vivir y desarrollar todas las riquezas espirituales y pastorales que encierra este camino de gracia.   

Celebramos la memoria de Santa María, Madre y medianera de la gracia. El evangelio de san Juan nos presenta a María en las bodas Caná, intercediendo ante su Hijo. Es una imagen que nos revela su cercanía de Madre ante las necesidades humanas, y nos muestra su papel de intercesora. Así lo vivió y trasmitió la tradición, así lo definió la Iglesia. Son muchas los signos que nos hablan de esta misión de María. Nuestros Santuarios son un testimonio elocuente de su intercesión. Ella orienta nuestro corazón al encuentro con su Hijo. 

Con su simple: “Hagan todo lo que él les diga” (Jn. 2, 5), es ella misma la que nos manifiesta su lugar en el plan de Dios. Cuánta confianza nos da el saber que está atenta y nos acompaña con su amor de madre. Ante la multiplicidad de temas que nos ocupan, somos los primeros necesitados de su presencia maternal e intercesora. En  la intimidad de este ámbito colegial quiero decirle, una vez más: María, intercede por nosotros, tus hijos, llamados a ser pastores del pueblo que la Iglesia nos ha confiado.  

Esta atenta y activa actitud de María ante las necesidades humanas, es una imagen en la que encontramos rasgos que nos ayudan en nuestro ministerio pastoral. Es una presencia cercana que ve y se hace cargo de la necesidad del otro. Ella vive su misión con la certeza de ese amor providente de Dios que en su Hijo nos manifestó su amor y misericordia. Su mirada de fe la hace vivir con gozo su “pequeñez de servidora”, y lo hace con la confianza de que su fuerza proviene de lo alto, “el todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas” (Lc. 1, 46). Esta experiencia de María es, también para nosotros como pastores, la certeza de vivir un camino sostenido por el amor providente de Dios. 

Su cercanía y sensibilidad es, además, una escuela que nos enseña a asumir las necesidades materiales y espirituales de nuestros hermanos, sobre todo los más necesitados. Conocemos la realidad de la pobreza y las dificultades en la que viven muchos hermanos nuestros. Sabemos que la situación social sigue siendo difícil, incluido especialmente el flagelo del narcotráfico con su secuela de destrucción y muerte.  Esta deuda social reclama caminos que permitan cubrir tanto las necesidades básicas como la creación de trabajos dignos que, junto a la educación y capacitación, eleve y aliente proyectos de vida, de modo especial en los jóvenes.

Para alcanzar una sociedad más justa e inclusiva, es necesario junto a la presencia activa del Estado, el compromiso de una dirigencia capaz de salir de una cultura individualista encerrada en sus intereses, para abrirse a las exigencias de la solidaridad y el bien común. La pobreza no es solo un tema económico, es también un tema moral y cultural.

Vuelvo a un tema pendiente en nuestra sociedad. Como argentinos venimos de una historia de desencuentros y heridas que necesitan ser sanadas, para crear juntos una Patria de hermanos. Este espíritu nos llevó a ordenar y disponer nuestros archivos como un servicio que ilumine nuestra historia reciente, de acuerdo a lo dispuesto por la Asamblea de noviembre de 2012. Cuando hablamos de reconciliación lo hacemos desde el evangelio y la dignidad de la persona humana. La reconciliación no es impunidad ni debilidad, ella necesita de la verdad y del ejercicio de una justicia respetuosa de las garantías constitucionales, en la que todos se sientan incluidos. Cuando abrimos nuestra mente y nuestro corazón al valor humano, espiritual y social de la reconciliación caminamos en la justicia hacia la concordia. La reconciliación mira el pasado, ciertamente, pero es camino y profecía de una sociedad nueva. No hay, por lo mismo, futuro posible  de una Patria de hermanos sin espíritu de reconciliación.  

Pongo a los pies de María Santísima, Nuestra Madre de Luján, el comienzo de los trabajos de esta Asamblea Plenaria para que  nos acompañe y nos haga mirar a su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Amén”.  

Conclusiones del Sínodo

 

En la sección SINODO de nuestra web (www.arzparan.org.ar/sinodo) están disponibles todas las conclusiones del Tercer Sínodo Arquidiocesano.

Allí, los interesados encontrarán el trabajo final al que se arribó luego de abordar cada una de las diez cuestiones en las distintas sesiones.

(VER CONCLUSIONES)

Conclusiones del Sínodo

 

En la SECCION SINODO de nuestra página web (www.arzparan.org.ar/sinodo) están disponibles todas las conclusiones del Tercer Sínodo Arquidiocesano.

Allí, los interesados encontrarán el trabajo final al que se arribó luego de abordar cada una de las diez cuestiones en las distintas sesiones.

(VER CONCLUSIONES)

Año de la Misericordia: Templos donde se pueden obtener las indulgencias

 

Mediante Decreto, Monseñor Juan Alberto Puiggari, designó los siguientes templos de la Arquidiócesis de Paraná para que durante el Jubileo de la Misericordia se pueda obtener la Indulgencia del Padre cada vez que, peregrinando a cualquiera de ellos, los fieles participen de una celebración sagrada o, al menos, se recojan durante un tiempo en meditación y concluyan con el rezo del Padrenuestro, la Profesión de Fe y la invocación a la Santísima Virgen María y, según el caso, a los santos o patronos: CATEDRAL METROPOLITANA NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO, en la ciudad de Paraná; Basílica de NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN, en Nogoyá; NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ, en La Paz; y SANTA ROSA DE LIMA, en Villaguay.

Cómo ganar indulgencias

En su carta por el Año de la Misericordia, el Papa Francisco explicó las formas en las que los fieles podrán obtener la indulgencia durante este jubileo; ya sea en Roma, en cualquier lugar del mundo e incluso en las cárceles.

En cualquiera de los siguientes casos que se mencionan para obtener la indulgencia se debe cumplir primeramente con las condiciones habituales: confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre.

1.- Los fieles “están llamados a realizar una breve peregrinación hacia la Puerta Santa, abierta en cada catedral o en las iglesias establecidas por el obispo diocesano y en las cuatro basílicas papales en Roma, como signo del deseo profundo de auténtica conversión”.

2.- “Igualmente dispongo que se pueda ganar la indulgencia en los santuarios donde se abra la Puerta de la Misericordia y en las iglesias que tradicionalmente se identifican como Jubilares.

3.- El Papa Francisco señala también que cada vez que un fiel realice personalmente una o más las obras de misericordia corporales y espirituales “obtendrá ciertamente la indulgencia jubilar”.

4.- Sobre los enfermos y las personas ancianas que no pueden salir de casa, el Pontífice afirma que para ellos “será de gran ayuda vivir la enfermedad y el sufrimiento como experiencia de cercanía al Señor que en el misterio de su pasión, muerte y resurrección indica la vía maestra para dar sentido al dolor y a la soledad”.

5.- Sobre los presos, el Pontífice explica que “en las capillas de las cárceles podrán ganar la indulgencia, y cada vez que atraviesen la puerta de su celda, dirigiendo su pensamiento y la oración al Padre, pueda este gesto ser para ellos el paso de la Puerta Santa, porque la misericordia de Dios, capaz de convertir los corazones, es también capaz de convertir las rejas en experiencia de libertad”.

6.- Indulgencia para los difuntos: “de igual modo que los recordamos en la celebración eucarística, también podemos, en el gran misterio de la comunión de los santos, rezar por ellos para que el rostro misericordioso del Padre los libere de todo residuo de culpa y pueda abrazarlos en la bienaventuranza que no tiene fin”.

Año de la Misericordia

 

En la tarde del sábado 11 de abril, víspera del II Domingo de Pascua, el Papa Francisco convocó oficialmente el Jubileo Extraordinario de la Misericordia con la publicación de la Bula «Misericordiae vultus».  Al ingreso de la Basílica de San Pedro, el Obispo de Roma entregó la Bula a los cuatro cardenales arciprestes de las basílicas papales de Roma.  Con la lectura de algunos extractos del documento oficial de convocatoria del Año Santo extraordinario a cargo del Regente de la Casa Pontificia, Mons. Leonardo Sapienza, Protonotario Apostólico, se dio inicio a la celebración de las Primeras Vísperas del Domingo de la Divina Misericordia.

Aquí puede leer el texto completo.

Campaña de Sostenimiento del Culto

 

La Iglesia necesita de medios materiales para poder llevar a cabo su misión, anuncio de la Palabra de Dios, celebración de los sacramentos y servicio de la caridad.

Por eso nuestra arquidiócesis está llevando adelante, un año más, la campaña anual de sostenimiento del culto. Es una instancia para ayudarnos a ver la importancia de sostener, con nuestro aporte voluntario, la obra evangelizadora que lleva la Iglesia en distintos ámbitos.

Beatificación del Cura Brochero: Mensaje de los Obispos

 

Mensaje de los obispos al santo pueblo de Dios con ocasión de la Beatificación del Cura Brochero

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Estamos viviendo tiempos muy especiales como Iglesia y como argentinos. El próximo 14 de septiembre, y en el marco del Año de la fe, viviremos la alegría de la beatificación del Padre Brochero. Además, tuvimos la gracia de la beatificación de la Hna. María Crescencia Pérez, religiosa argentina, y el gozo de que un hermano nuestro fuera elegido por Dios como Obispo de Roma y Pastor Universal.

José Gabriel del Rosario Brochero, un «Pastor según el corazón de Dios…quien fue… ungido para ungir al pueblo fiel, un verdadero Pastor con olor a oveja1, al decir del Papa Francisco, nació en Santa Rosa de Río Primero en 1840. Se formó en el Seminario de Córdoba y en 1869 fue destinado como cura párroco a Traslasierra. Desde las Altas Cumbres, divisando el valle, vio que estaba todo por hacer. Pastor dotado de gran espíritu de sacrificio y extraordinaria caridad pastoral y social, sirvió a la gente más pobre del campo, compartió su vida y promovió en ella la elevación humana y religiosa, especialmente a través de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola2.

La devoción del cura Brochero a la Virgen María, con el profundo y cálido título de “Mi Purísima”, nos abre a su amor hondo y concreto, muy atento a las necesidades de cada persona. Como la Virgen en las Bodas de Caná3, también Brochero supo decir a Jesús: “no tienen agua”, “no tienen educación”, “no tienen caminos”, “no tienen medios acordes para encontrarse como hermanos y comercializar sus productos…”. Y él hizo lo que Jesús dijo: ayudó a todos sus contemporáneos a escuchar esa misma voz que abre las cataratas del amor de Dios y que se vuelca en el amor concreto al hermano: abrió escuelas, fue pionero en abrir un colegio para niñas, proyectó el ferrocarril, y entre todos hicieron caminos, acequias, diques, telégrafos, y la misma Casa de Ejercicios. Durante su breve período en la ciudad de Córdoba, nombrado capellán de la cárcel, veló con amor de padre por las necesidades físicas y espirituales de sus hermanos privados de libertad.

Él no fue un cristiano triste. Sabía de la alegría que da Jesús y la quería contagiar. Por eso al visitar a la gente en sus casas, les decía: “Aquí vengo a darles música”. La música de saberse amados por Dios. Hoy la alegría del cielo que nos transmite la beatificación del Padre Brochero, le permite multiplicar sus brazos, sus pies, su corazón, a través de cada uno de nosotros, y nos invita a ser discípulos misioneros de Jesucristo: “Si en mi corazón no llevo la caridad, ni a cristiano llego”, decía él.

Brochero nos anima, como bautizados, a salir a las fronteras, “de tal manera que la unción llegue a todos, también a las «periferias», allí donde nuestro pueblo fiel más lo espera y valora”4. A ir hacia los que no conocen el amor de Dios porque no se les ha anunciado o porque la cruda realidad que les toca vivir les habla de que Dios pareciera estar ausente de sus vidas. Nos invita a compartir con ellos que Dios los ama.

Por eso, los obispos argentinos expresamos nuestro gozo y gratitud por el don de la vida sacerdotal del Padre Brochero, modelo e intercesor, que reconocemos como una gracia singular para la Iglesia en nuestra Patria. En una carta a su condiscípulo y amigo obispo Yaniz, estando enfermo y con sus fuerzas físicas desgastadas, le decía: “Es un grandísimo favor el que me hecho Dios Nuestro Señor en desocuparme por completo de la vida activa y dejarme la ocupación de buscar mi fin, y de orar por los hombres pasados, por los presentes y por los que han de venir hasta el fin del mundo”5. ¡Cómo no acudir a él con confianza!

Esta beatificación es una nueva llamada de Dios para responder a la vocación a la santidad que todos recibimos en el bautismo. El beato Juan Pablo II, al comienzo del nuevo milenio, expresó: ”Preguntar quieres recibir el bautismo es lo mismo que preguntar si quieres ser santo”6. Y el Papa Benedicto XVI nos recordaba que “Los santos no son representantes del pasado sino que constituyen el presente y el futuro de la Iglesia y de la sociedad. Son como las caras de un prisma, sobre las cuales con matices distintos, se refleja la única luz que es Cristo” 7.

Queridos hermanos, los tiempos nos urgen, para que siguiendo el ejemplo de los santos, experimentemos la dulce y confortadora alegría de evangelizar8.

Los Obispos de La Argentina

105º Asamblea plenaria de la CEA

Pilar, 20 de abril de 2013.

_____________

1 Papa Francisco: Misa Crismal, 28 de marzo de 2013.

2 Decreto de Venerable. Abril de 2005.

3 Cf. San Juan, 2,1-12.

4 Papa Francisco, Misa Crismal…

5 El Cura Brochero, carta y sermones, CEA, Buenos Aires 1999, pp. 801-802.

6 Novo Millennio Ineunte, 31.

7 Benedicto XVI, Discurso, 22 de diciembre de 2009.

8 Evangelii Nuntiandi, 80.